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4 noviembre 2021 4 04 /11 /noviembre /2021 00:00

Aun cuando la historia no pueda decirnos exactamente qué significa la música, ésta sí que puede decirnos algo sobre la historia

Alex Ross

Estamos asistiendo, de un tiempo acá, a todo un proceso de revisión histórica sobre la génesis del Arte Flamenco, o si se prefiere, gitano-andaluz. En efecto, una serie de autores, investigadores, escritores, flamencólogos, musicólogos, historiadores, etc., están intentando divulgar, bajo un manto de apariencia científica, toda una revisión sobre los postulados en los que se asentaba lo que se conocía sobre el tema, corriente que estos autores denominan “Flamencología clásica”, y que, siempre según ellos, estaba basada en mitos, falacias y fantasías. Frente a esta flamencología clásica, ellos ofrecen lo que denominan “Flamencología científica”, a la que abonan, en sus diferentes obras, con toda una suerte de datos, descubrimientos y sobre todo, opiniones. Lo que pretendo argumentar en este artículo son las visiones y los intereses que subyacen a los nuevos planteamientos que presentan estos flamencólogos “científicos”, así como también las deficiencias de los planteamientos de la flamencología clásica, imperante, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo XX.

 

En primer lugar, quiero aclarar por qué uso el entrecomillado para la palabra “científica”, aplicado a la Flamencología. Y es que como ocurre por ejemplo con la Economía, ésta es presentada a la opinión pública como si fuera una ciencia exacta (al mismo nivel de las Matemáticas, la Física, la Química…), y esto es un hecho interesado, practicado precisamente por los autores que quieren ofrecer un barniz científico a sus verdaderas intenciones ideológicas: se trata de disfrazar, como si fueran verdades científicas irrebatibles, lo que no son más que postulados basados en corrientes ideológicas, para hacer creer a la opinión pública que sus opiniones (que responden, como decimos, a una evidente carga ideológica, y por tanto a la defensa de sus intereses) son la única alternativa y la verdad absoluta. En realidad, la Economía, como otras muchas disciplinas, es una Ciencia Social, como la Historia, la Sociología, y muchas otras, encuadradas en el gran grupo de las Humanidades, donde sus postulados obedecen a una determinada interpretación de los acontecimientos históricos, y por tanto, a las conclusiones que podamos obtener de dichas interpretaciones. No existe, por tanto, una Flamencología que pueda ser más “científica” que otra, sino corrientes de opinión y de interpretación sobre los diferentes hechos históricos que determinan estos fenómenos.

 

¿Dónde se asentaba la flamencología del siglo XX? Grandes nombres como Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” (padre de los egregios poetas Antonio y Manuel Machado), cuya obra situamos a finales del siglo XIX, junto a Carlos y Pedro Caba, Manuel de Falla (a principios del siglo XX), y posteriormente Anselmo González Climent, Ricardo Molina, José Manuel Caballero Bonald, Juan de la Plata, Félix Grande, Manuel Ríos Ruiz, Manuel Barrios, José Blas Vega, Fernando Quiñones, etc., dieron a conocer el grueso de los fundamentos de la Flamencología actual, justamente la que los autores revisionistas pretenden criticar. Hemos omitido expresamente un nombre fundamental: Blas Infante, precisamente porque queremos basarnos en su aportación para rescatar los planteamientos que, pensamos, no quisieron o no pudieron asumir estos autores del siglo pasado. En efecto, todos ellos, más o menos, con sus diferencias y matices, asumían y presentaban un relato de la gestación del Arte Flamenco basado en la propia historia e idiosincrasia del pueblo andaluz, que como crisol de culturas, iba a actuar como cuna para la formación de un nuevo arte musical, y de una cultura, la flamenca, basada en las aportaciones de todas ellas (judía, morisca, gitana…), siempre sobre la base y el sustrato del solar andaluz.

 

Pero hablábamos anteriormente de la fundamental aportación de Blas Infante, de hecho el único autor del siglo XX que se atrevió (y usamos deliberadamente esta palabra, lo cual le costó, entre otros motivos, su asesinato en 1936 por parte de los militares fascistas sublevados en la Guerra Civil) a formular una hipótesis completa e íntegra sobre la gestación del Arte Flamenco, sostenida sobre la base fundamental de la aportación morisca, entendida ésta como lo que era: andaluza. Pero para ello (y por eso decimos que se “atrevió”) tuvo que contemplar un hecho fundamental que el resto de los autores (previos y posteriores a él) no contemplaron: la visión de la cultura y la civilización de Al-Ándalus como lo que realmente fue: una civilización esplendorosa, genial, avanzada y completa, y lo que es más importante, de dimensión andaluza, y por ende, española, europea y occidental. Contemplar este hecho fundamental de nuestra historia se oponía radicalmente a la influencia del pensamiento dominante que históricamente nos invade desde los tiempos de la mal llamada “Reconquista”, es decir, desde finales del siglo XV. Para hacerlo, por tanto, había que exhibir grandes dosis de valentía e integridad, y es exactamente lo que hizo Blas Infante.

 

Todos los autores del siglo XX que hemos mencionado, todos ellos brillantes, omitieron, ignoraron o no concedieron toda la credibilidad al relato de Blas Infante, entendemos que porque todos ellos también eran hijos del pensamiento dominante, pero sobre todo, porque ningún otro autor había continuado las investigaciones del insigne casareño, y por tanto, aún existían grandes lagunas en todos los campos (históricos, lingüísticos, musicológicos, etc.) que permitieran abonar la tesis de Blas Infante con más solidez y apoyos. Hoy día, no obstante, gracias a las investigaciones y aportaciones de muchos otros autores, de diferentes disciplinas, desde el propio Blas Infante, pasando por Félix Grande, y actualmente Antonio Manuel Rodríguez Ramos, José Ruiz Mata, etc., historiadores como Bernard Vicent, Emilio González Ferrín o Mª Jesús Viguera Molins, etc., o antropólogos como Isidoro Moreno, disponemos ya de una base conceptual e histórica para poder documentar, con más firmeza, los postulados originarios de Blas Infante, completarlos y ofrecerlos con más fuerza e integridad.

 

Dicha teoría, que es la que nosotros defendemos, parte como decimos de un puntal fundamental, que es el reconocimiento de la civilización de Al-Ándalus, como una civilización esplendorosa, cuyo epicentro estuvo situado en la actual Andalucía (Califato de Córdoba), y que se proyecta hasta nuestros días a través de los vestigios culturales de todo tipo que proceden de los moriscos (descendientes de los andalusíes, que fueron expulsados masivamente a principios del siglo XVII), y que se manifiestan en el orden musical, pero también en el orden folklórico, costumbrista, cultural, lingüístico, etc. En cualquier caso, por tanto, ligado a la historia y a la cultura andaluza. Ahí es donde entendemos que hemos de encuadrar el fenómeno flamenco, como un hecho diferencial y propio del acervo cultural andaluz. Por supuesto, este fenómeno fue enriquecido y completado con las aportaciones del pueblo gitano, sin el cual posiblemente tampoco hubiésemos llegado a conformar el arte flamenco tal y como hoy lo conocemos.

 

Pero frente a esta teoría, se ha desencadenado toda una reacción por parte de ciertos autores, e incluso algunos de los más radicales ponen en entredicho todas las bases donde se asienta, para ofrecer otros puntos de vista absolutamente descafeinados, y por supuesto, interesados. Básicamente, los bulos que se están publicando y difundiendo sobre nuestra cultura flamenca, parten de ignorar la civilización de Al-Ándalus y todo su legado, de negar la aportación del pueblo gitano, e incluso de desvincular la propia historia e idiosincrasia del pueblo andaluz, como elemento aglutinador para la génesis del arte flamenco. ¿Cómo explican entonces el fenómeno flamenco? Pues básicamente como un “hecho escénico”, que se da durante el siglo XIX, es decir, durante la época del Romanticismo (ligada a la exaltación del magismo y del gitanismo), y que proviene de un proceso de andaluzamiento o agitanamiento en los modos expresivos y musicales, de lo que antes se venían denominando como “bailes y cantes del país”, “bailes de palillos”, “bailes de candil”, “cantos andaluces”, etc. Es decir, niegan que la propia historia andaluza tenga algo que ver con el flamenco, niegan las aportaciones de moriscos, gitanos, judíos y otros pueblos en su proceso de gestación, y niegan, por supuesto, que el arte flamenco se gestara antes del siglo XIX, precisamente para no tener que reconocer la aportación de Al-Ándalus y de los moriscos en dicho proceso.

 

Esta equivocada teoría, a nuestro entender, es hija de la conceptualidad cultural de la globalización imperante, que intenta por todos los medios anular la identidad cultural de los pueblos del mundo, para integrarlos bajo unos mismos parámetros culturales, ignorando su historia y sus propios marcadores de identidad. Mediante un proceso cultural globalizador, lo que se practica es una suerte de apropiación de la cultura de los pueblos (en este caso del pueblo andaluz) para integrarla como perteneciente a la cultura de sus Estados-nación, incluso de la cultura de su continente, hasta llegar al ámbito de la cultura universal. Y en efecto, el arte flamenco es ya hoy día una cultura y una música universal, pero la universalización no anula la paternidad. Y la paternidad, las bases culturales y musicales, las materias primas, la savia y el genio que crean el arte flamenco son exclusivamente andaluces, pues andaluces eran todos los miembros de los pueblos que fueron aportando en su proceso de gestación.

 

Por tanto, frente a toda esta pléyade de autores revisionistas que intentan despojar de toda carga histórico-cultural al fenómeno flamenco, desligándolo de la propia historia de Andalucía y de su identidad y acervo cultural, como fenómeno antropológico ligado a nuestro pueblo, nosotros nos seguimos alineando y continuaremos defendiendo la que pensamos que es la visión justa y correcta del fenómeno flamenco, completamente ligado a la cultura autóctona y a la historia andaluza. Es hora de combatir la historia oficial, y de rescatar la memoria sepultada de tantos siglos. Porque para alcanzar la verdad, la historia y la memoria han de darse la mano, han de complementarse y casar a la perfección. Únicamente mediante esta visión holística seremos capaces de entender el fenómeno flamenco en toda su dimensión.

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12 septiembre 2021 7 12 /09 /septiembre /2021 23:00
Suicidios: ¿Sólo un problema de salud mental?

No podemos considerar sinónimos trastorno mental y suicidio, porque no todas las personas que se suicidan tienen un trastorno mental

José Antonio Luengo (Decano del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid)

Durante estos últimos meses, afortunadamente, el asunto de la salud mental en nuestro país viene siendo objeto de debate político. En efecto, es evidente que se necesita, desde el enfoque público, un mayor grado de protección para las personas con este tipo de problemas, dotando a las plantillas de los Centros de Salud y de los Hospitales  de un mayor número de psicólogos y de psiquiatras, para que puedan atender debidamente a las personas que lo necesiten. Y es que al igual que otras facetas de la salud pública, la salud mental es una de las que se encuentra más desprotegida en nuestra sociedad, por parte del Sistema Público de Salud. De esta forma, hoy día, los problemas relacionados con el acoso, el stress, los trastornos alimentarios, la ansiedad, la depresión, el refugio en el trabajo, y otras muchas manifestaciones de desequilibrio, se manifiestan en un porcentaje cada vez más elevado de la población, y sin embargo, el Sistema Público de Salud no contempla o se ve desbordado para amparar a las personas que sufren este tipo de problemas.

 

Pero lo más grave y perverso de esta situación, es que en muchas ocasiones, algunas de estas personas llegan a tal grado de desolación, a tal punto de abatimiento y desesperación, que se quitan la vida, recurriendo al suicidio de cualquier forma. Básicamente, esta situación extrema se produce cuando la persona en cuestión no encuentra salida, ni dispone de la ayuda para poder buscarla. Su termómetro vital ha alcanzado tal temperatura que, simplemente, entienden que la única forma de liberarse de tanto sufrimiento es dejar de existir. Y así lo hacen. Y lo hacen porque el sistema no les protege, es cierto, pero también lo hacen porque es éste mismo sistema quien crea las condiciones para que determinadas personas, abandonadas a su suerte, alcancen tal grado de desesperación vital. Una situación límite que no saben, que no pueden gestionar, que les colapsa y les bloquea de tal modo que únicamente mediante el suicidio son capaces de ponerle fin.

 

Las estadísticas en este sentido son terribles: más de 3.000 personas se suicidan anualmente en nuestro país, lo cual arroja un ratio diario de unas 10 personas por día. Es decir, que cada día del año, diez personas se quitan la vida, diez vidas son autoaniquiladas, en cualquier punto de España (y en mundo lo hacen un millón de personas cada año, lo cual significa un suicidio cada 40 segundos). Pensémoslo más fríamente: un lunes, desde 10 puntos de nuestra geografía, esas personas acaban con su vida, y el martes otros 10, y el miércoles los 10 siguientes, etc. Es una estadística absolutamente demoledora, que no nos podemos permitir como sociedad. El suicidio es la tercera causa de muerte entre los 15 y los 29 años, y su principal causa de muerte no natural, y a causa de la pandemia, han aumentado en un 250%. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2019 se suicidaron en España 2.771 hombres y 900 mujeres, que según el Colegio de Psicología de Madrid, es una cifra que debiera estar multiplicada por dos o tres, ya que muchos de estos casos se registran como accidentes, como otro tipo de muerte, o bien son enmascarados bajo el silencio, el estigma o el tabú.

 

El pasado sábado, 11 de septiembre, y por primera vez, la plataforma Stop Suicidios organizó en Madrid una manifestación para llamar la atención sobre este problema (https://zonaretiro.com/salud/manifestacion-suicidios-madrid/). Ojalá haya concienciado la mente de muchas personas sobre el asunto, y sobre todo, de muchos de los políticos que tienen en sus manos poder prevenir estas terribles situaciones. Su reivindicación principal ha sido la de exigir al Gobierno un Plan Nacional de Prevención del Suicidio (sólo 28 países en el mundo lo poseen). Esperemos que se diseñe, y que se cumpla. La manifestación ha sido apoyada por el Colegio de Psicología de Madrid. Pero intentando ir un poco más allá de la fría estadística, sería bueno preguntarse por las causas que originan estas terribles situaciones, plantear la gravedad de este fenómeno, y preguntarnos qué aspectos deberíamos cambiar, como sociedad, para evitar o prevenir estas situaciones límite. Quizá debamos comprender, y los psicólogos avalan esta idea, que no se trata de un fenómeno exclusivamente clínico, sino que también posee una vertiente económica y social de suma importancia. Abundando en ello, podríamos llegar a la conclusión de que las herramientas de prevención, que tanta falta hacen, no debieran centrarse únicamente en los aspectos de la salud mental, sino también en los aspectos económicos y sociales.

 

Veamos: es evidente que, debido a cualquier tipo de problema mental, originado desde cualquier causa (un desengaño amoroso, un fracaso profesional, una decepción personal, un refugio en el trabajo, la pérdida de un ser querido…), alguien puede llegar a estas terribles situaciones límite. Incluso existen personas que, fisiológicamente, poseen niveles bajos de determinadas sustancias, lo cual les provoca cierta tendencia hacia estados anímicos proclives a estas situaciones. Está claro, entonces, que la prevención clínica es fundamental (al igual por ejemplo que la prevención hacia cualquier tipo de cáncer), para poder llegar a ayudar, a tiempo, a estas personas. Pero…¿son éstas las únicas situaciones que conducen a la gente al suicidio en nuestro modelo de sociedad? Creemos que no. Pensamos que existen muchas más situaciones, que conducen igualmente a la extrema desesperación a las personas que las padecen, pero cuya etiología no se encuentra en la casuística anterior, sino en las propias situaciones vitales y personales a las que el sistema aboca a estas personas. En estos casos, aunque no posean ningún trastorno mental, entienden que la muerte, la desaparición, el escapar definitivamente, es la única liberación a su situación.

 

Los informes de diversas ONG’s, año tras año, denuncian la tremenda situación de precariedad vital que sufren muchas personas en nuestro país, personas solas o acompañadas, familias con o sin hijos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, que simplemente, experimentan un grado de desesperación causado por estas situaciones de precariedad vital. La falta de trabajo, la falta de ingresos mínimos para poder proveer los necesarios suministros, la pobreza energética y alimentaria, la pérdida de sus viviendas, los desalojos y desahucios, muchas veces incluso desde una falta de colchón familiar que les proteja, los aboca a situaciones absolutamente desesperadas, ante las cuales no encuentran otra salida que el suicidio. Pero entiéndase bien: no estamos haciendo apología de este terrible fenómeno, estamos intentando explicar sus causas. No estamos justificando a los suicidas, estamos intentando comprenderlos, asimilar las razones y los motivos que les conducen a acabar con sus vidas de forma trágica.

 

La prevención del suicidio pasa, por tanto, no sólo por el desarrollo de un músculo sanitario y clínico que tenga la suficiente capacidad pública como para atender a todas las personas que lo necesiten, sino y sobre todo, por eliminar las terribles situaciones de desprotección social y de precariedad vital que pueden conducir a determinadas personas a recurrir al suicidio como solución a sus problemas, o mejor dicho, como liberación ante los mismos. En este sentido, debemos desarrollar políticas públicas que incidan en la protección social absoluta, de tal forma que ninguna persona llegue a encontrarse en situación de pérdida total de sus apoyos o círculos sociales y económicos. Se deben desarrollar mecanismos que, ante la falta de empleo, o ante la existencia de trabajos precarios, protejan mediante una Renta Básica Universal a todas las personas, se deben desarrollar planes de construcción de Vivienda de Protección Social (hoy día absolutamente ridículos o inexistentes) que garanticen el derecho humano fundamental a una vivienda asequible según el nivel de renta, se deben garantizar de forma universal e indefinida los suministros básicos a toda la población (energía, transporte…), y se deben robustecer los recursos dedicados a la Sanidad Pública y a la Educación Pública, de tal forma que nadie quede excluido de los mismos, por ningún motivo, o ante ninguna pérdida de ingresos.

 

Estamos firmemente convencidos de que, el día en que seamos capaces de diseñar un modelo político, económico y social lo suficientemente robusto como para no dejar a nadie atrás, en el que todo el mundo vea garantizados sus derechos fundamentales y sus necesidades básicas, y donde nadie tenga que sufrir situaciones de precariedad vital, ese día el número de suicidios descenderá de manera importante. Por supuesto que continuará habiendo suicidios, eso no podremos evitarlo nunca, pero además de evitarlos desde la protección sanitaria pública (ante los casos que efectivamente provienen de una enfermedad mental), los evitaremos también desde la óptica de la falta de referentes de protección social y económica. La desesperación, el abatimiento y la desolación más absoluta también llegan por estas vías, también provocan suicidios, y también podemos evitarlos. Ya lo hemos afirmado muchas veces, y aquí viene de nuevo a colación: el capitalismo mata. También provocando suicidios.

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10 julio 2021 6 10 /07 /julio /2021 23:00
Fuente: Greenpeace (https://es.greenpeace.org/es/)

Fuente: Greenpeace (https://es.greenpeace.org/es/)

Pedro Sánchez se ha desautorizado a sí mismo y a su gobierno. Por cuñado, por negacionista climático, y por ir en contra de su propia ley de cambio climático, de su agenda 2050 y de la doctrina ideológica de su gobierno

Antonio Maestre

Alberto Garzón no ha hecho más que decir lo que dicen los pediatras, lo que dice la ONU, la UE y la OMS: no puede haber un consumo de carne elevado. Cuando uno dirige un ministerio tiene que preocuparse por el bien común y no por hacer lobby para nadie

Enrique Santiago

El Ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha lanzado recientemente su campaña “Menos carne, más vida”, y lejos de ser acogida y respaldada por el Gobierno de coalición, éste ha desplegado una rotunda desautorización del Ministro. La campaña pretende, únicamente, volver a concienciar a la población (desde los puntos de vista ambiental y nutricional, además del bienestar animal) sobre la necesidad de reducir nuestro consumo de carnes rojas (España es el mayor consumidor de Europa), con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, cuidar nuestra salud, practicando una dieta más saludable, y contribuir al desmontaje de los grandes negocios de ganadería intensiva. Por supuesto, esperábamos las críticas de la derecha política, social y mediática de este país, esperábamos lo mismo del sector cárnico de este país (que no va a contemplar otra cosa que no sea su propio ombligo), pero no lo esperábamos de sus propios compañeros de gabinete.

 

Siendo una campaña lógica y bien fundamentada, necesaria y justa, todo un linchamiento del Ministro Garzón se está llevando a cabo, con la connivencia, desde el Presidente del Gobierno, el resto de Ministros “socialistas” (con alguna honrosa excepción, como la Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera), pasando por los “barones” socialistas, hasta llegar, por supuesto, a los partidos de la derecha y al sector cárnico-industrial de este país. La propuesta no está sacada de la manga, ni es un conejo de una chistera, sino que ya había sido contemplada dentro de las medidas del Acuerdo para un Gobierno de Coalición, pero como decimos, y tantas veces estamos comprobando en la presente legislatura, la lealtad del PSOE brilla por su ausencia. Veamos el alcance de lo ocurrido desde dos puntos de vista, las formas y el fondo:

 

1.- Las Formas. Quizá cuando crearon y ofrecieron a Alberto Garzón el Ministerio de Consumo, el PSOE pensó que tendría “de cascarilla”, como decimos en mi tierra, a este gran político ocupado y entretenido en cosas banales, y no se esperarían que interviniera en grandes asuntos de importancia, como el que nos ocupa. Y por supuesto, una cosa es que los gabinetes ministeriales estén coordinados (Garzón asegura que la cartera de Agricultura, con Luis Planas al frente, estaba plenamente informada), y otra cosa es que los Ministerios no puedan (y deban) tener plena autonomía para organizar su propia agenda política, con el horizonte de consecución de los objetivos marcados. Y eso es exactamente lo que el Ministro Garzón ha hecho: lanzar una campaña desde el Ministerio de su competencia, absolutamente respetuosa (incluso diríamos que muy suave, pues ni siquiera se marca objetivos concretos, limitándose a aportar datos para concienciar a la población sobre el problema) con el resto de agentes políticos y sociales, pero miren ustedes por dónde, en vez de ser acogida y respaldada por su propio Gobierno, éste ha decidido no solamente desautorizar y criticar, sino incluso ridiculizar, la campaña de Garzón. El rosario de declaraciones falaces e impresentables que hemos tenido que soportar es interminable. Es posible que durante los próximos días aún tengamos que soportar algunas más.

 

Veamos algunos ejemplos: el Presidente del Gobierno, requerido por los periodistas en rueda de prensa, aseguró sin despeinarse que “A mí, donde me pongan un chuletón al punto…¡Eso es imbatible!”. Sin comentarios. El Ministro Planas aseguró que no conocía la campaña, y que en cualquier caso, era una campaña “desafortunada” e “injusta” que los ganaderos de este país “no se merecen”. De entre los “barones socialistas” destaca (como siempre últimamente, debe ser que le ríen mucho sus gracias) el Presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, cuya crítica podemos tildar de feroz y despiadada: “Algunos ministros se están inventando cada día su cargo…¡Es que no tienen nada que hacer!”. No comprendemos cómo personajes de esta guisa continúan en un partido que se llama “Socialista”, y que en lo alto de una tarima y ante un micrófono proclaman un discurso absolutamente impresentable. Podríamos continuar. Lo peor de todo es que no es la primera vez que el PSOE es completamente desleal con Unidas-Podemos en este Gobierno de Coalición: el apoyo es nulo, las críticas abundan, y los Ministros de Unidas-Podemos han de estar continuamente peleando sus iniciativas con este PSOE de pacotilla, a veces tan conservador y reaccionario como el mismo PP.

 

Pero las formas del Gobierno no solo han fallado en lo que se refiere al fuego amigo, sino en lo tocante a la hipocresía desplegada: como señala el medio Contrainformacion en este artículo,El Presidente del Gobierno presentaba ante los medios la ambiciosa estrategia España 2050 en mayo de este año, un documento elaborado por expertos por encargo de Moncloa en el que se dibujaba cómo sería el país dentro de tres décadas. El documento fijaba cambios en el modelo de consumo de los españoles como consecuencia de la crisis climática y hablaba claramente de una reducción de las dietas cárnicas para disminuir la huella ecológica de la agroindustria”. No se entiende, por tanto, la desfachatez de Pedro Sánchez refiriéndose al chuletón, cuando lo que debería haber hecho es respaldar y elogiar a su Ministro.

 

Y por su parte, las críticas de la derecha tampoco se hicieron esperar. Son éstas las que más tiran al monte, por su propia naturaleza: han pedido ya la dimisión del Ministro Garzón, después de asegurar cosas como que “dejen de meterse en lo que las personas hacen en su casa, y se vayan a su casa, porque no saben gestionar” (Pablo Casado dixit). Por lo visto, para Pablo Casado, el consumo también es una dimensión absolutamente privada, en la que el Estado tampoco debe intervenir. Se suman así a los impuestos, a la educación, y a mil asuntos más a los que vetan a la iniciativa pública, porque entienden que son asuntos que deben ser abordados únicamente en el entorno privado (la familia, fundamentalmente). Por su parte, el Consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo (PP), ha instado al Ministro Garzón a “pedir perdón” a las explotaciones ganaderas andaluzas. Suma y sigue en los despropósitos y desatinos.

 

Y por último, como cabía esperar, han llovido críticas del sector más directamente afectado, como es el sector cárnico-industrial de nuestro país: que si el Ministro está mal informado, que si los datos que aporta son engañosos, y mil argumentos más para no reconocer que, en efecto, la dimensión y características del sector en nuestro país (y en el resto de países, cada uno con sus características) debe sufrir un acomodo y una transformación si pretendemos contribuir y aportar en la buena dirección no ya solo al cambio climático, no ya solo a una dieta correcta, sino también (asunto normalmente olvidado) al bienestar animal. Concretamente, un total de seis asociaciones del lobby de la carne en nuestro país remitieron al Ministro una carta abierta, donde se podía leer: “Queremos manifestarle el estupor de los cientos de miles de ganaderos, empresas, trabajadores y técnicos de toda España vinculados a los sectores ganaderos y cárnicos a los que representamos, ante la campaña suscrita por usted mismo y el Ministerio del que es titular, en la cual difama al conjunto del sector ganadero-cárnico…”…Palabras demasiado gruesas. Por la misma lógica, si recomendáramos comprar y usar menos coches, ¿también estaríamos difamando al sector del automóvil? Como decimos, fallan las formas. Parece que este país está tan embrutecido que no consiente un debate sosegado y tranquilo. Y a todo ello, y como siempre, los medios de comunicación dominantes, que contribuyen, cada uno a su modo, a desprestigiar toda iniciativa que provenga de Unidas-Podemos, y que ponga en cuestión el sistema-mundo establecido. En resumidas cuentas, el nivel intelectual de nuestra clase política y de nuestros empresarios es de puñetera pena.

 

2.- El Fondo. Al observar críticas tan generalizadas, podríamos llegar a pensar que el Ministro Garzón está proponiendo poco menos que una barbaridad, que es una campaña desquiciada, o que su objetivo no ofrece el debido fundamento. Nada más lejos de la verdad. El fondo de la campaña, lo que el Ministro está proponiendo, no solo es una cuestión de absoluta lógica y justicia, sino que está de acuerdo con TODOS los organismos nacionales e internacionales que abordan el asunto (ONU, OMS, OCU, FAO, OCDE, OMC…), con el Parlamento y la Comisión Europea, y con todas las organizaciones científicas y ONG’s de carácter ambientalista y animalista. Un informe de Greenpeace de 2018 ofrece amplia información sobre datos, cifras, tendencias y objetivos. Y por su parte, la OMS ha realizado estudios donde se pone de manifiesto la posibilidad de que la carne roja y la procesada (hamburguesas, salchichas…) puedan ser productos cancerígenos. Pero parece que una cosa es que vengan una serie de recomendaciones escritas en un papel, y otra cosa bien distinta es proponer llevarlas a la práctica. Ocurre, salvando las distancias, como con el independentismo catalán, al cual se le da el siguiente mensaje: “Podéis pensar lo que os dé la gana, pero que no se os ocurra llevarlo a la práctica”. Y es que un determinado debate podrá ser todo lo justo y verdadero que quiera, pero si me toca el bolsillo…no hay nada que hacer. En este caso toca el bolsillo y la mesa, aspectos infranqueables para una sociedad tan alienada como la que tenemos.

 

Y por supuesto, tampoco hay nada que hacer si una determinada campaña o iniciativa política nos toca directamente nuestros hábitos o costumbres más íntimas, como en este caso la comida. Veamos algunos datos aportados en el vídeo de la campaña, que vamos a completar con algunos otros, y los enlaces a dichos informes o estudios: en nuestro país se producen, cada año, 7,6 millones de toneladas de carne para el consumo humano, obtenidas a través del sacrificio de 70 millones de animales. Un sacrificio que, en gran parte de las veces, ocurre con un tremendo sufrimiento para ellos. Las cantidades recomendadas de consumo de carne (según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que no es un nido de comunistas intervencionistas, que sepamos) están entre 200 y 500 gr. semanales, pero en nuestro país el consumo medio es de más de 1 kg.

 

Durante el pasado año, y debido a la pandemia, el consumo de carne se ha incrementado, situándose en 49,86 kg. por persona/año, lo cual significa un aumento del 10,2% con respecto al año anterior. Y según un estudio de Justicia Alimentaria, los españoles tienen una ingesta de carne semanal cuatro veces superior a lo estipulado por dichos organismos internacionales. La llamada, por tanto, es a la moderación. No se trata de prohibir, sino de alertar y de concienciar. El peligro para la salud está más que demostrado: según la OMS, un alto consumo de carnes rojas puede traducirse en infartos, diabetes, y otras enfermedades. Por otra parte, y de cara al bienestar animal, deberíamos fomentar (y los poderes públicos también están para eso, por muy íntimos y privados que sean los hábitos alimenticios) una dieta cada vez más vegetariana y vegana, ya que es la mejor forma (al igual que el reciclaje de los residuos de cara a la contaminación ambiental) en que cada persona, a nivel individual, puede contribuir a erradicar dicho problema.

 

Pero es que el consumo de carne también perjudica al planeta: las flatulencias de las vacas y las heces de los cerdos, así como sus piensos, generan ya, a nivel planetario, más contaminación que la de los vehículos a motor (es decir, que todo el sector del transporte a nivel mundial). Todos los estudios científicos apuntan a que la macro ganadería industrial, en su conjunto, representa casi el 15% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera (fundamentalmente metano), responsables del calentamiento global y de los terribles efectos del cambio climático. Según datos de la FAO, las cadenas de suministro de ganado son responsables, en conjunto, de más de 8.000 millones de toneladas de GEI, donde el metano (CH4) representa aproximadamente la mitad del total. Y resulta que el metano es un GEI tan potente que un solo kg. de este gas liberado a la atmósfera posee el mismo potencial de calentamiento que 25 kg. de CO2. Los datos apuntan a que si fuéramos capaces de situarnos en los niveles de consumo de carne recomendados, reduciríamos un 50% las emisiones de gases procedentes de esta industria, y hasta un 20% el número de muertes prematuras debidas a esta causa.

 

Pero además, resulta que, según todas las ONG’s que abordan el problema, el mantenimiento de este tipo de industria a nivel mundial también es insostenible. Por ejemplo, en América Latina se están deforestando a marchas forzadas pulmones naturales del planeta (selvas, bosques, acuíferos…), para poder sostener el ritmo de dedicación a esta industria: por ejemplo, para producir soja con la que se elaboran los piensos con los que se alimentan las vacas. Los niveles de agua y de pastos necesarios también son insostenibles. Está estudiada la huella hídrica, es decir, los niveles necesarios de agua para que, al final, podamos tener en nuestra mesa ese chuletón al que se refería Pedro Sánchez con ironía manifiesta. No nos referimos a la ingesta de agua necesaria durante la vida de estos animales, sino precisamente a la cantidad de agua necesaria durante todos los eslabones de la cadena de valor, desde el agua requerida para el pienso hasta la requerida para el transporte: los cálculos nos indican que cada kg. de carne de vaca lista para el consumo requiere para su producción unos 15.000 litros de agua.

 

Cambiando nuestra dieta, por tanto, podemos contribuir a mejorar la salud de nuestro planeta (evidentemente, junto con muchos más cambios en determinados sectores, ya que tampoco estamos queriendo situar a la industria agroganadera como la máxima responsable del calentamiento global). Pero cambiando nuestra dieta, también podemos contribuir a que las grandes empresas de ganadería industrial extensiva (nos referimos a las macrogranjas, que también existen en nuestro país) no puedan continuar con sus crueles prácticas hacia los animales, en lo que atañe a su hacinamiento, falta de movilidad y libertad, prácticas diversas de mutilación, así como al sufrimiento causado durante los procesos de sacrificio para la obtención y fabricación de carne procesada. Ello no obstante, hay que seguir defendiendo las pequeñas explotaciones ganaderas familiares, que sí se plasman mediante modelos sostenibles. Éstas sí aportan valor añadido al sistema, tales como ayudar a enriquecer los suelos, prevenir los incendios forestales, ofrecer un entorno libertario a los animales, y fomentar la economía local y los productos de proximidad.

 

Evidentemente, somos conscientes de que estamos tratando un tema delicado, porque los hábitos y costumbres alimentarias constituyen uno de los elementos más tradicionales de los pueblos, y por lo tanto, conseguir cambiar estos hábitos requiere tiempo y campañas de concienciación. Desde pequeños nos han habituado a este tipo de dietas y de productos alimenticios, y romperlos cuesta mucho trabajo, esfuerzo, paciencia y dedicación. Por otra parte, los modelos de vida actuales, los marcos de consumo fomentados por el capitalismo, las prisas de nuestra vida cotidiana, los productos manufacturados que llegan a las estanterías de los supermercados, etc., influyen poderosamente en nuestros hábitos y normas de consumo. Por tanto, es preciso atacar todo este entorno para poder conseguir, poco a poco, avances en este sentido.

 

Hacen falta, además de campañas como ésta, medidas concretas que faciliten y potencien esta necesaria tendencia: entre otras, se podría subir el IVA de las carnes rojas y procesadas, se podrían financiar y ayudar públicamente a las ganaderías que cierren (al igual que se hizo en su momento con las minas de carbón), se podría prohibir la publicidad de este tipo de productos, y se podrían implementar menús sin carne (o con poca carne) en los restaurantes de las Administraciones y colegios públicos. Se pueden estudiar muchas otras propuestas, fórmulas y medidas que contribuyan a hacer realidad un nuevo escenario de consumo de carne, marcando además un objetivo temporal concreto (por ejemplo, cinco años), así como un porcentaje de reducción del consumo. En cualquier caso, creemos absolutamente necesaria esta campaña, fundada en la necesidad de cambiar nuestros hábitos alimentarios para fomentar no solo una dieta más saludable, sino una mayor contribución a la salud del planeta y al bienestar animal.

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16 mayo 2021 7 16 /05 /mayo /2021 23:00
Fuente Ilustración: https://www.federacionanarquista.net

Fuente Ilustración: https://www.federacionanarquista.net

No somos mercancía en manos de banqueros y políticos corruptos
No es una crisis, es el sistema
Nuestros sueños no caben en vuestras urnas
PSOE y PP, la misma mierda es
Lo llaman democracia y no lo es
No hay pan para tanto chorizo

Lemas del Movimiento 15-M

En el 15M había frustración de clases medias a las que se les había interrumpido el ascensor social, jóvenes sobradamente preparados que vivían peor que sus padres, gente que ya no veía en la democracia aquello por lo que habían luchado sus padres sino un fraude. Pero el 15M fue capturado por un imaginario de los de abajo que señaló correctamente al responsable de este desastre, a banqueros y multinacionales y fondos buitre, y criticó las desigualdades en vez de echar la culpa a los inmigrantes o a la política

Juan Carlos Monedero

Se cumple en estos días el décimo aniversario del movimiento que fue llamado del 15-M, que levantó toneladas de ilusión entre una gran parte de la población, pues por primera vez planteaba, de forma masiva y pública, una serie de quejas, problemas, demandas y reivindicaciones que hasta entonces habían quedado solapadas, bajo el falso paraguas de la mal llamada “modélica” Transición. Es momento, por tanto, de detenerse a pensar si aquélla semilla ha fructificado lo suficiente, o bien sus raíces han quedado sepultadas ante la aplastante fuerza del capitalismo neoliberal y globalizado. De entrada, muchos analistas piensan que un lapso de tiempo de diez años, hablando en el contexto de los movimientos políticos y sociales, es poco tiempo para poder hacer un balance definitivo, pero creemos que, a la luz de la situación y de los acontecimientos actuales, el saldo o balance de aquél movimiento es tristemente decepcionante. El movimiento del 15-M, secundado en otras grandes ciudades del mundo (París, Nueva York, etc.) y favorecido por movimientos previos como la PAH o Juventud Sin Futuro, aglutinó en las plazas y calles de todas las ciudades del país a cientos de miles de personas que, bajo unos lemas simplistas pero profundos, denunciaban los males que aquejaban a nuestra sociedad, plasmados básicamente en un modelo político bipartidista y corrupto, y en un modelo económico injusto y desigual.

 

Tres años más tarde de aquella primera fecha, surgió la formación política asociada al color morado, Podemos, desde el núcleo de unos profesores de la Universidad Complutense de Madrid, capitaneados por Pablo Iglesias, y que pretendía encauzar políticamente de forma activa las demandas del movimiento. Sus planteamientos comenzaron siendo radicales, es decir, fieles a las demandas del movimiento popular, y comenzó un despegue espectacular que pronto le abrió camino en el Parlamento Europeo, y sucesivamente en los Parlamentos locales, autonómicos y en las Cortes Generales, donde se alcanzó un buen número de diputados (69 escaños en diciembre de 2015), que transformaron la ética y la estética de nuestras instituciones públicas. Se lograron las alcaldías de las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Cádiz, Santiago…) mediante acuerdos con las franquicias locales de Podemos (Ganemos, Adelante…). Pero parece que entonces se tocó techo. La unión estratégica con la histórica Izquierda Unida, formando Unidas Podemos, no amplió el techo electoral tal y como se pretendía. Los grandes poderes fácticos del país, todos evidentemente reaccionarios y conservadores (la Iglesia Católica, la banca privada, las instancias judiciales, las grandes empresas, el Ejército, la derecha política, social y mediática…) no estaban dispuestos a sucumbir ante la amenaza de aquélla nueva formación política que pretendía reducir sus privilegios en aras de una mayor justicia social para las mayorías, así que pusieron en práctica todas sus males artes, apoyadas en su enorme poder, para hacer campaña sucia contra Podemos, sus líderes, sus programas, sus iniciativas…

 

En el ámbito político, en primer lugar se catapultó a Ciudadanos, un partido de ámbito catalán y de ideario de derechas (aunque sus líderes insistan en la falacia del “centro político”), para que se difundiera y tuviera presencia en el ámbito estatal, como una especie de “Podemos de derechas” (Josep Oliu dixit, Presidente del Banco Sabadell en aquélla época), y que afortunadamente hoy día está a punto de desaparecer, absorbido por el Partido Popular. Y en segundo lugar, se llevó a cabo una escisión del ala más extrema del Partido Popular, más rancia y conservadora, más fascista y reaccionaria, surgiendo la formación política Vox, que no hubiese tenido cabida (dado su ideario) en una sociedad democrática plena, si España lo hubiese sido. Y por su parte, en el ámbito mediático y judicial, las guerras contra Podemos han sido continuas: persecuciones mediáticas, insultos, denuncias, calumnias, portadas falsas, ecos mediáticos insoportables, juicios cuyas causas han sido archivadas, y un largo etcétera de mecanismos de hostigamiento hacia la formación morada, para desgastarla al máximo en su credibilidad, han tenido lugar durante estos últimos años.

 

Mientras, se iban apeando del proyecto (al menos de su primera línea) prácticamente la totalidad de los líderes que contribuyeron a su fundación (Juan Carlos Monedero, Luis Alegre, Tania Sánchez, Ramón Espinar, Carolina Bescansa, Iñigo Errejón…), por discrepancias internas, y por la sucesiva moderación de las propuestas políticas con las que la formación morada acudía a cada cita electoral, causando igualmente el cansancio y la desafección de la militancia, de los círculos y de las bases. Por fin, durante la presente legislatura y en función a los resultados electorales, se alcanzó un Gobierno de Coalición (PSOE+Unidas Podemos), que además de tener la mala suerte de haberse tenido que enfrentar a la mayor pandemia mundial del último siglo, ha resultado ser un Gobierno muy tibio y descafeinado en sus medidas (no podía esperarse otra cosa estando el PSOE a su mando), que ni siquiera ha sido capaz, a día de hoy, de revertir las peligrosas y antisociales contrarreformas que el Gobierno del PP de Mariano Rajoy llevó a cabo (LOMCE, Ley Mordaza, Reforma de las Pensiones, Reforma Laboral…). Algunos avances interesantes sí se han alcanzado, como por ejemplo la subida sustancial del salario mínimo, la ley que despenaliza la eutanasia, o el fin del voto rogado, que impedía en la práctica que las personas residentes en el exterior (jóvenes en su mayor parte) pudieran votar.

 

Pero nos preguntábamos en el título de este artículo si habíamos conseguido algo, o hasta qué punto el surgimiento del 15-M había removido los cimientos de una política basada en el corsé impuesto por el Régimen del 78, que lo dejaba todo “atado y bien atado”, tal y como el dictador había previsto. Y la respuesta, en mi opinión, es que el panorama es ciertamente desolador. Hoy día, han fallecido algunos de los mayores referentes teóricos del movimiento, tales como José Luis Sampedro (en el ámbito filosófico y económico), y Julio Anguita (en el ámbito político), y Pablo Iglesias acaba de abandonar todos sus cargos y la política activa, después del descalabro en las recientes elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. Por supuesto, ni las tremendas desigualdades sociales que nos asolan como sociedad, ni la precariedad laboral y vital que aqueja a la clase trabajadora han descendido, antes bien, se han incrementado, según los sucesivos informes, entre otros, de Intermón-Oxfam.

 

Los grandes agentes económicos son aún más poderosos si cabe, pues hace 10 años (bajo el Gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero) asistíamos a un proceso de fusión y bancarización de las antiguas Cajas de Ahorros, que sostenían proyectos de financiación local muy útiles y necesarios, para crear entidades más poderosas, y hoy día, superado ya ampliamente ese proceso, a lo que asistimos, desgraciadamente, es a una fusión sobre la fusión, es decir, a una fusión de los (ya grandes) bancos actuales, para ser aún más grandes y poderosos, permitiendo no sólo la peligrosidad innata a dicho proceso, sino que, sin ir más lejos (véase la fusión Caixabank+Bankia), se puedan poner en la calle a más de 8.000 trabajadores/as, mientras los directivos de la nueva entidad resultante se triplican el sueldo. Absolutamente indignante e inmoral. Continúa sin existir el mecanismo por el que tantas veces hemos abogado, la Renta Básica Universal (RBU), con carácter individual, incondicional y universal, para garantizar a todas las personas, sin condiciones previas, unos ingresos mínimos, dignos y adecuados para poder mantener un proyecto vital. A lo más que se ha llegado es a un sucedáneo, igualmente injusto y discriminatorio, al que han bautizado como Ingreso Mínimo Vital, que es una nueva vuelta de tuerca sobre las ya clásicas prestaciones condicionadas para las personas desempleadas, que por supuesto no cubre los objetivos previstos ni en población destinataria ni en cuantía de la prestación. Lamentable.

 

A su vez, ninguno de los grandes derechos sociales que se pretendían blindar (Vivienda, Energía…), contemplados por la Constitución con la boca pequeña, se han blindado de hecho, y al igual que antes, lo único que tenemos son pequeñas concesiones de los grandes agentes económicos (bancos, empresas eléctricas…) para mirar hacia otro lado con respecto a las personas y familias que se declaran insolventes para hacer frente a estos gastos. Y así, por ejemplo, aún no tenemos regulados por ley los precios de los alquileres, ni tampoco la garantía absoluta de que ningún hogar se queda sin energía, como derecho fundamental que es. Pero no se ha abordado, como decimos, una Ley Integral sobre el Derecho a la Vivienda, que contemple todos los escenarios de forma justa y rotunda, ni una Ley de Servicios Básicos de Suministros, que impida que las compañías privadas puedan seguir haciendo la vida imposible a los más desfavorecidos. Tampoco se ha implementado la versión pública de estas empresas, es decir, seguimos sin disfrutar de un polo de Banca Pública que gestione los fondos económicos de la población de forma justa y democrática, ni hemos procedido a la nacionalización de las grandes empresas energéticas (ni farmacéuticas, ni de alimentación…), para poder contrarrestar los efectos perniciosos de sus modos de actuación.

 

Y si el reclamo por excelencia del movimiento del 15-M fue poder disfrutar de una Democracia con mayúsculas, real y completa, es evidente que, después de 10 años, no lo hemos conseguido, pues el panorama continúa siendo desalentador. Enumeraremos solo algunos rasgos de nuestras limitaciones democráticas: no hemos superado el franquismo (más allá de meros gestos como la salida del dictador del Valle de los Caídos o una Ley de Memoria Democrática insuficiente), poseemos un estamento militar profundamente antidemocrático y anclado a épocas anteriores y negras de nuestro pasado, la Iglesia Católica continúa disfrutando de un poder y una influencia desorbitada, hemos de soportar que la Jefatura del Estado recaiga sobre una dinastía borbónica corrupta y anacrónica, aún son legales organizaciones políticas que han sido condenadas por corrupción (léase PP), hemos de contemplar cómo los líderes políticos de formaciones independentistas son encarcelados o se tienen que exiliar por plantear un referéndum a la población, o continuamos asistiendo al fenómeno de las puertas giratorias como práctica habitual entre el mundo político y económico de nuestro país.

 

El 15-M demandaba que el bipartidismo, responsable de implementar y mantener todo el modelo político y económico que nos había conducido a esta situación de desastre, debía ser superado. En realidad, estos dos partidos (PSOE y PP) son acérrimos defensores del capitalismo neoliberal, aunque a veces pueda parecer que existen diferencias entre ambos. Esas diferencias únicamente se dejan entrever en cuestiones sociales, pero en cuestiones económicas y de modelo de Estado, tanto monta monta tanto…Y lo cierto es que el bipartidismo no solo no ha sido derrotado (aunque es verdad que su peso político ha descendido durante la última década), sino que aún no ha sido modificada la Ley Electoral que lo beneficia, y además hoy día, tal como afirmábamos más arriba, hemos de contemplar con estupor cómo resurge social y políticamente la alternativa más peligrosa que nos podemos imaginar, una amenaza fascista en toda regla, llamada Vox, que lejos de ser ilegalizada como debiera suceder bajo una sociedad democrática (que no puede albergar idearios ni actitudes fascistas), disfruta de un peso político creciente en las últimas citas electorales, tanto nacionales como autonómicas. En efecto, Vox es un engendro político peligroso y aberrante, un partido que desprecia los Derechos Humanos, y que practica una constante apología de la dictadura franquista, además de poner en cuestión la violencia machista, el cambio climático, etc., y de perseguir únicamente que las instituciones democráticas disminuyan su tamaño como receta para “sanear” el país. Vox representa todo lo diametralmente opuesto a las demandas del 15-M, Vox es la degeneración política llevada a su máxima expresión, y aún sí, se mantiene e incluso sube en expectativas y encuestas de intención de voto. El panorama, por tanto, no puede ser más sombrío.

 

Por último, no quisiera finalizar sin hacer una referencia explícita a la pandemia de Coronavirus que nos afecta desde hace más de un año, y que ha venido a alterar nuestras vidas en todos los sentidos, como consecuencia del caos ecológico al que estamos sometiendo al planeta. Muchos de nosotros, activistas, políticos, blogueros, científicos, profesores, periodistas, escritores, etc., junto a diversas organizaciones de todo tipo, llevamos mucho tiempo denunciando la peligrosa deriva ecosocial que venimos provocando, y los tremendos efectos que el cambio climático está proyectando sobre el planeta. La modalidad de coronavirus que crea la actual pandemia se debe a un proceso de zoonosis, mediante el cual un patógeno salta de una especie animal al ser humano, a consecuencia de que se viola, se extermina o se altera el ecosistema natural donde dicho animal vive. Y ello es causado a su vez por la ferocidad y agresividad de nuestras políticas económicas, que nos llevan a depredar la naturaleza de forma creciente, y a destruir los equilibrios naturales que permiten la vida. Frente a ello, la nueva política (abanderada en el 15-M) no puede aspirar a una “vuelta a la normalidad”, sino a que nunca más vuelva la normalidad anterior, es decir, a que se superen de una vez por todas los antiguos y fallidos paradigmas donde hemos sustentado los conceptos de “progreso”, “bienestar”, “desarrollo”, etc., para ser sustituidos por otros nuevos paradigmas donde hagamos gala de una convivencia armónica con el planeta y el resto de animales y seres vivos que cohabitamos en él.

 

Sin embargo, lo que desgraciadamente estamos comprobando durante la pandemia (en España y en el resto de países del mundo) es una completa oda a la estupidez, a la ignorancia y a la imbecilidad, y no solo mediante actitudes y proclamas negacionistas, sino también mediante planteamientos políticos que calan perversamente en la ciudadanía, precisamente aprovechándose de los salvajes postulados capitalistas, que nos instan a romper o a enfrentarnos con las restricciones a la movilidad, a los horarios o a la apertura de negocios, bajo la suprema bandera de la mal entendida “libertad” y a que “tenemos que trabajar”. En la Comunidad de Madrid, entre otras razones, la actual Presidenta Isabel Díaz Ayuso (PP), acaba de arrasar en las recientes elecciones precisamente planteando el dilema en estos términos. ¿Hemos conseguido algo? Creo que muy poco. Es absolutamente necesario y urgente regresar a la movilización callejera, a las asambleas de barrio, a la protesta popular, para continuar creando conciencia sobre todos estos asuntos. En caso contrario, el panorama se volverá aún más desolador. Parafraseando uno de los eslóganes del movimiento, podríamos concluir diciendo: “15-M, estás como ausente”.

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18 marzo 2021 4 18 /03 /marzo /2021 00:00

Los defensores del capitalismo tienden a apelar a los sagrados principios de la libertad, que se encarnan en una sola máxima: los afortunados no deben verse limitados en el ejercicio de la tiranía sobre los desafortunados

Bertrand Russell

Para las próximas elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid, la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, había pensado inicialmente presentar el lema “Socialismo o Libertad”, que para más inri ha virado a “Comunismo o Libertad” desde que se conoció la noticia de que Pablo Iglesias iba a participar en dicha pugna electoral, dejando su actual cargo en la Vicepresidencia del Gobierno de coalición. Bien, el lema es una completa falacia en sí mismo, en dos sentidos. El primero es que realmente no existe ninguna formación política, de todas las que se van a presentar a dichos comicios, que presente un plan de Gobierno auténticamente socialista, no digamos ya comunista. Ni el PSOE (que dejó de ser socialista desde la década de los 70 del siglo pasado) ni por supuesto Podemos (o las otras formaciones surgidas a su sombra) poseen idearios verdaderamente socialistas o comunistas, aunque algunos de sus líderes, candidatos, dirigentes o militantes puedan provenir de formaciones políticas más a la izquierda. Pero en lo concreto, en las medidas concretas que se vierten en sus programas electorales (por lo menos en lo que hemos conocido hasta la fecha), sus propuestas son meras fórmulas cosméticas y suavizadas de lo que podría (y debería) ser un plan de Gobierno socialista. Esto debe entenderse como una crítica constructiva, no estoy invalidando el programa de Podemos (o de Más Madrid), que me parece el mejor de todos los que pueden ser votados en dichos comicios, sino intentando aclarar conceptos.

 

Bien, pero habíamos dicho que el lema de Isabel Díaz Ayuso era una completa falacia en dos sentidos, y solo hemos comentado el primero de ellos. El segundo es más amplio, sutil y tramposo, más impregnado de manipulación y de alienación cultural capitalista. Veamos: el antecedente más remoto y auténtico que tenemos de dicho lema fue enunciado por Rosa Luxemburgo, la legendaria marxista y una de las lideresas históricas más valientes e íntegras, bajo la forma: “Socialismo o Barbarie”. Y en efecto, su significado está bien claro: hay que elegir entre la barbarie, salvajismo, crueldad y criminalidad del sistema capitalista (hoy día aún más criminal que en los tiempos de Rosa), frente a la idea de un socialismo que cree en el reparto justo de la riqueza, en la igualdad y en la justicia social. Para todo ello hay que creer en la sociedad, que es precisamente el declarado Talón de Aquiles del capitalismo: para el capitalismo (y su reciente engendro, el neoliberalismo globalizado), la sociedad no existe, solo somos un puñado de miles de millones de individuos, pululando por el mundo, y compitiendo entre nosotros de forma salvaje para apropiarnos cada vez de una mayor cantidad de recursos, con el objetivo simple, llano y criminal de que unos pocos vivan cada vez mejor a costa de la pobreza y de la miseria de la inmensa mayoría. Es obvio y evidente que toda la bancada de la derecha política, económica, social y mediática de este país no cree en la sociedad, sino en ese concepto de “libertad” alienado y manipulado, que consiste en la libertad de cada cual para explotar a sus semejantes.

 

En realidad, el lema debería “Socialismo o Esclavitud”, ya que optamos entre un concepto de libertad auténtica, socialista y republicana, que limita los derechos y libertades individuales para primar los derechos y libertades colectivas, frente a una situación (la que defiende la derecha) de total sumisión y esclavismo al gran capital, de continuo vasallaje a sus abusos, para permitir precisamente que la libertad de los grandes agentes del capitalismo campen a sus anchas, mientras la inmensa mayoría social se sumerge cada vez más en la pobreza, en la miseria y en la precariedad vital. Y así, cuando ellos defienden los derechos y libertades de la “sociedad”, se están refiriendo a las “sociedades anónimas” que constituyen las empresas, las corporaciones, los holdings, la banca privada, los grandes agentes del capitalismo transnacional, que son, en palabras de Noam Chomsky, “lo más parecido al totalitarismo”. La “libertad” que ellos promueven y entienden no es otra que la libertad para que se pueda discriminar y explotar cuanto más mejor, la libertad que permite el incremento a perpetuidad de la desigualdad, la libertad que de forma cruel e injusta instala una arquitectura social retrógrada y criminal. La libertad, en definitiva, para continuar destrozando la vida de la gente.

 

Pero por desgracia, y gracias a la ingente labor del capitalismo durante siglos para instalar un imaginario colectivo que defienda sus principios, hoy día es precisamente éste el concepto dominante de libertad. La “libertad” para ellos es la libertad de los mercados para avasallar, para convertir en mercancías no solo sujetos físicos (como los animales o la propia naturaleza, provocando las graves crisis climáticas que nos amenazan), sino también los propios derechos humanos, sometidos igualmente de forma cruel a las leyes de la oferta y la demanda: el trabajo, la vivienda, la educación, la sanidad, los servicios sociales, etc. Es la libertad para privatizarlo todo, para mercantilizarlo todo, para arrasar todos los valores que pretendan algún atisbo de igualitarismo social. Es la libertad para continuar demoliendo el Estado, mientras estimulan que las grandes empresas crezcan aún más, aumentando su poder, precisamente para poder intervenir cada vez más en las políticas públicas, e imponer sus criterios. Es la libertad, en definitiva, ligada al pensamiento único. Pero curiosamente, la derecha ha desarrollado la habilidad (la alienación mental y cultural es parte de su estrategia) de dar la vuelta a todo este argumento, y presentar al socialismo como la ideología que “impone” un modo de pensar. De hecho, Isabel Díaz Ayuso lo ha vuelto a recalcar recientemente, en el discurso donde anunciaba precisamente la convocatoria electoral. Presenta su ideario como el de la “libertad” de los madrileños, frente a las imposiciones de “un modo de pensar” socialista. Es una manipulación tan completa que casi podría decirse que es perfecta.

 

Pero no nos engañemos: su concepto de “libertad” está absolutamente manipulado. Es la libertad entendida como el tener y no como el ser, para favorecer la competitividad, el individualismo, el egoísmo y la insolidaridad. Es la libertad para poder continuar desregulando los mercados, practicando reformas que incidan en los recortes de derechos básicos, para seguir incrementando la precariedad en la vida de las personas. Una precariedad que conduce a estados de dependencia cada vez mayores, a que tengamos que vivir con el permiso de otros, de los poderosos. Libertad para ellos, precariedad para nosotros. Es la libertad para continuar apoyando a los más ricos y poderosos (empresas, banca, grandes fortunas, elevados patrimonios…), y defendiendo que precisamente el resto de la sociedad los tome como referentes y les rinda culto y vasallaje. Es la libertad que adora el dinero, la fama, el poder, las riquezas materiales, las influencias, etc., y margina la capacidad real de las personas. Es la libertad que valora y potencia el “éxito” individual frente al éxito colectivo y cooperativo de la sociedad. Es la libertad para continuar difundiendo y potenciando una visión uniforme y excluyente de la sociedad, que sataniza cualquier modelo de sociedad alternativo. Precisamente en estas prácticas y valores justifican los ataques a determinados países que se convierten en “peligrosos” precisamente porque intentan implantar en sus sociedades modelos distintos (Cuba, Venezuela…), que para “su” modelo de “libertad” representan una amenaza. La carga cultural del capitalismo se utiliza como arma arrojadiza contra los pueblos que libremente deciden emanciparse de esta aberrante cultura, y que entienden la libertad de otra forma. Es la libertad, por tanto, para seguir impidiendo a otros que libremente decidan llevar a cabo otros planteamientos sociales.

 

Es la libertad para continuar con la cruzada por la desigualdad, para seguir incrementándola, para seguir justificándola y explicándola como algo natural, extrapolada además a otros países y continentes. Es la libertad para hacer de la competencia un credo, un dogma, una máxima suprema, fomentando la agresividad hasta el extremo, lo cual favorece también el individualismo, denostando toda idea de bien común o toda acción cooperativa, de reparto, de redistribución o de igualitarismo. Es la libertad para seguir justificando a los defraudadores, a los corruptos y a los corruptores, a los privatizadores, y a todos los que atacan la solidaridad social. Es la libertad para continuar saqueando y expoliando todos los recursos naturales, los ataques a la naturaleza como objeto de despojo, y el uso y abuso del resto de animales. Es la libertad para seguir atacando al planeta, y aumentando el riesgo de colapso ecosocial. Y por supuesto, es la libertad para seguir defendiendo sus propios modelos (religioso, de familia, de inclusión…), y atacando al resto. Por ejemplo, la libertad para atacar al colectivo LGTBI, para atacar a los extranjeros, para defender a la Iglesia Católica y sus privilegios, para impedir los avances del feminismo, etc. En definitiva, es la libertad para seguir defendiendo a los incluidos y atacando a los excluidos. En definitiva, esa es, en resumidas cuentas, la “libertad” que se esconde detrás del lema de Isabel Díaz Ayuso y todos sus adalides de PP, Ciudadanos y Vox. Pues lo dicho, el auténtico lema es “Socialismo o Barbarie” (de Rosa Luxemburgo), o “Socialismo o Esclavismo”. La Comunidad de Madrid elegirá entre estos dos modelos el próximo 4 de mayo. Y veremos qué elige.

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16 febrero 2021 2 16 /02 /febrero /2021 00:00

En efecto, los “dinosaurios” vuelven al ataque. Parece ser que se han sentido de nuevo amenazados en sus privilegios, pues evidentemente, cualquier afirmación que cuestione las bases donde se asienta el Régimen del 78 atenta contra sus prebendas. Y el blanco de sus ataques, otra vez, vuelve a ser el actual Vicepresidente Segundo del Gobierno de coalición, Pablo Iglesias, precisamente por cuestionar públicamente la normalidad democrática que vivimos en nuestro país. En esta ocasión, una plataforma titulada “La España que reúne” (no sabemos exactamente lo que reúne, a no ser personajes de lo más casposo y reaccionario de nuestro pasado y presente político, económico, social y mediático) es la que aglutina en esta ocasión a casi 200 personalidades de nuestro mundo intelectual, político, académico, diplomático y económico, que han firmado un Manifiesto bajo el enigmático título “César la infamia”, en el que se acusa a Pablo Iglesias de “socavar la imagen de nuestro país”. No nos debe extrañar tanto acoso, pues desde que Podemos nació como formación política, tanto su ideario como sus propios líderes han estado en el blanco de todos los ataques de esa casta política que nos gobierna desde la Transición (lo cual ya, de por sí, constituye una falta de normalidad democrática, dicho sea de paso).

 

Entre los y las firmantes destacan antiguos dirigentes del PSOE como Joaquín Leguina o Nicolás Redondo Terreros (Presidente de la Asociación referida), otros del PP como Soledad Becerril, y otros de Ciudadanos como Francisco Igea (actual Vicepresidente de la Junta de Castilla y León), Félix de Azúa, la Catedrática de Ética Adela Cortina, o el escritor y ex Ministro de Cultura César Antonio Molina. También se encuentran entre los firmantes José Luis Corcuera, Antonio Miguel Carmona, Tomás Gómez, Fernando Savater, Arcadi Espada, Manuel Valls, Amando de Miguel, Cayetana Álvarez de Toledo, o José Manuel García Margallo. Como vemos, toda una muestra de la “flor y nata” de nuestros dirigentes y ex dirigentes políticos, mediáticos e intelectuales. La idea es básica y sencilla: según estas personalidades, todo gobernante ha de proclamar a los cuatro vientos la soflama de que “España es un gran país”, y sobre todo si es miembro del Gobierno. Ésta es una máxima que no se puede cuestionar. Si consigues ser miembro del Gobierno de tu país, todas las deficiencias que señalaste en campaña electoral y cuya superación sería buena para tu país ya no pueden ser denunciadas, porque entonces poco menos que estás cometiendo un delito de alta traición. A Pablo Iglesias se le ocurrió asegurar hace pocos días que “en España no existe normalidad democrática” (refiriéndose, entre otros asuntos, a la existencia de los presos políticos del Procés), y dicha afirmación ha levantado muchas ampollas, precisamente por ser total y absolutamente cierta.

 

Pero vayamos primero a destacar algunas perlas del citado Manifiesto, antes de discutir la certeza de dicha afirmación. De entrada, el primer párrafo ya es demoledor, pues reza así: “A lo largo de su historia, la democracia española ha tenido gobernantes buenos, malos y mediocres, idóneos y vulgares, ejemplares y corruptos. Gobernantes con sentido de estado y gobernantes que antepusieron sus intereses al bien común. Lo que no había tenido nunca hasta ahora es un gobernante que no creyera en la dignidad democrática de su país, y así lo aventara al mundo para afrenta de la ciudadanía y desprestigio del nombre de España. Un gobernante que se pusiera del lado del crimen”. O sea que para los/as firmantes, gobernantes malos, vulgares, corruptos, incluso los que antepongan sus intereses al bien común están todos disculpados, siempre que “crean en la dignidad democrática de su país”, lo que es un claro contrasentido, pues difícilmente podrá un gobernante corrupto contribuir a la dignidad democrática de su país, sino más bien a su perversión o involución democrática. Pero la frase final es la apoteósica, pues equipara criticar la normalidad democrática de tu país con “ponerte del lado del crimen”. Absolutamente demencial.

 

Un poco más tarde afirman: “…A la injuria se suma así la deslealtad, con sus propios compañeros de gobierno, con todas las instituciones del Estado y con una inmensa mayoría de españoles, que seguimos apostando por la democracia nacida en 1978…”. Parece que se les olvida a los firmantes del documento un pequeño detalle: existe una (aún) minoría de españoles que no apostamos por la democracia nacida en 1978, a los que precisamente nos representa en el Gobierno de coalición la facción representada por Unidas Podemos, y tenemos todo el derecho, a través de nuestros representantes (entre ellos el Vicepresidente del Gobierno y el resto de Ministros de dicha formación), a expresarnos en relación a lo que pensamos sobre dicha “democracia nacida en 1978”. Entonces, la pregunta sería: ¿todos los que pensamos así estamos injuriando a nuestro país? El planteamiento, por tanto, no se sostiene, porque en el fondo, obedece a una visión sesgada, excluyente, recortada y parcial de la democracia, en la que estos personajes creen. Y para ellos, todo el que no piense así (en este caso, los que no tenemos su visión de la democracia) estamos “injuriando” a nuestro país. Acusan a renglón seguido a Pablo Iglesias de poseer una “torrencial chabacanería intelectual y moral” y de ser “una persona socializada en el rencor e incapaz de comprender la importancia histórica y la altura moral del gesto de reconciliación entre españoles que, en una Transición que desprecia, fundó nuestro régimen de convivencia democrático”. De nuevo, la visión excluyente: todos los que no asuman su relato sobre la Transición son poco menos que unos indeseables, y punto.

 

Añaden posteriormente que “…cabe preguntarse por qué forma parte del gobierno de un Estado que él mismo no considera plenamente democrático…”, y se les olvida de nuevo un pequeño matiz fundamental: ¿No será porque le han votado unos cuantos millones de personas? A ver si respetamos la democracia, por favor…¿O no son ellos/as los que afirman que España sí es una democracia plena? Y añaden: “Si realmente cree que España no es una democracia su deber es combatir a su gobierno gallardamente desde la oposición…”. Y nosotros nos preguntamos: ¿Y eso por qué? ¿Dónde está escrito que eso tenga que ser así? ¿No se puede combatir la insuficiencia democrática de un país desde dentro de su gobierno? De hecho, estoy seguro de que muchas de las personas que lo hemos votado lo hemos hecho precisamente para que lo haga. Evidentemente, el planteamiento que los/as firmantes del Manifiesto hacen es legítimo, pero no es obligatorio: Unidas Podemos podría haber optado por quedarse en la oposición, pero sus dirigentes entendieron (y además fue ratificado en referéndum interno) que su labor desde dentro del Gobierno sería más útil…¿Y es que entonces, si pasan a formar parte del Gobierno, deben dejar de pensar como piensan y expresarlo en público? De nuevo, una visión muy estrecha y particular de la democracia y del “patriotismo” de banderita y pandereta.

 

Bien, una vez rescatados los párrafos más sustanciosos del citado Manifiesto, no sería lógico finalizar este artículo sin irnos a la raíz del asunto, es decir, sin argumentar por qué creemos (junto con Pablo Iglesias) que en nuestro país no existe una plena normalidad democrática. De entrada, como decimos, nuestro concepto sobre la democracia está a años luz de la idea que poseen los/as firmantes del Manifiesto (para los cuales tenemos democracia porque votamos cada cuatro años), pero no vamos a perdernos en disquisiciones profundas, que ya hemos explicado a fondo en otras series de artículos. Aquí lo que se requiere son argumentos concretos y hechos fehacientes y demostrables que desmonten su tesis de que “España es una democracia plena”, porque la verdad es que no lo es. Y se nos ocurren muchísimos. Quizá a los autores/as del Manifiesto se les haya olvidado que la formación política morada se gesta desde las semillas de un movimiento social que se denominó del 15-M (2011), y cuya reivindicación principal era, precisamente, la denuncia de una democracia en nuestro país de carácter tibio, incompleto, de baja intensidad, pobre y recortada. Lo que viene a continuación no es una lista exhaustiva, pero sí un pequeño resumen de nuestro enfoque, que plasmamos en el siguiente decálogo:

 

1.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando aún existen cientos de miles de cuerpos de fusilados y represaliados por el franquismo que se encuentran en cunetas y fosas comunes, y cuyas familias llevan décadas esperando que el Estado se arrogue la responsabilidad de rescatar dichos cuerpos, así como de poner en marcha todos los mecanismos para que la Memoria Democrática (de la Segunda República), la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición sean por fin un hecho en este país. No existirá plena normalidad democrática hasta que la asignatura pendiente del franquismo sea por fin superada.

 

2.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando, abundando en el punto anterior, poseemos un estamento militar profundamente antidemocrático y anclado a épocas anteriores y negras de nuestro pasado, un estamento militar donde la formación de ultraderecha de nuestro país posee una amplia aceptación, y donde algunos militares retirados se permiten comentarios execrables en un chat, como que “habría que fusilar a 26 millones de españoles”, y nada les ocurre.

 

3.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando en nuestro país continúan reflejándose en el Código Penal cierto tipo de delitos absolutamente anacrónicos, tales como el delito de “ofensa a los sentimientos religiosos”, o el de “injurias a la Corona”, que deberían haber sido erradicados hace ya mucho tiempo, pues se encuentran encuadrados dentro de los límites del derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, aún continúan entrando en prisión determinadas personas en nuestro país por hacer uso de este derecho (el último ha sido el joven rapero Pablo Hasel, justamente en estos días).

 

4.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando en nuestro país no se acaban de respetar los Derechos Humanos (así, en mayúscula), y esto es especialmente palpable en el trato que se le concede a los migrantes, más concretamente en la existencia de los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros, centros de reclusión donde pueden ir aunque no hayan cometido delito alguno), en la existencia de procesos de “devolución en caliente” a sus países de origen, o en los múltiples impedimentos a la hora de conceder los derechos de asilo o refugio, o de velar por la integración de los migrantes, los MENAS y los jóvenes que finalizan su período de acogida en residencias cuando cumplen la mayoría de edad.

 

5.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando la pobreza, la exclusión social y las desigualdades no solo campan a sus anchas, sino que cada día, cada semana, cada mes y cada año alcanzan cotas más sangrantes. Un “Estado Social y Democrático de Derecho” (como la Constitución de 1978 define a nuestro país) que de verdad se precie de serlo no puede consentir unos ratios de desigualdades sociales tan alarmantes, que ya han sido denunciados por los Relatores de la ONU y por infinidad de ONG’s y organizaciones sociales en varias ocasiones.

 

6.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando en nuestra sociedad la fuerza y el poder de la Iglesia Católica continúan disfrutando de una influencia desorbitada, plasmada tanto en los privilegios concedidos por el Estado (infinidad de inmatriculaciones, exención de impuestos, concesión de dinero público, presencia de simbología religiosa en multitud de actos públicos…), como en el inmenso radio de acción de su órbita ideológica, plasmada no solo en el mundo de la enseñanza privada y concertada, sino también en su atribución para discutir y oponerse a determinados proyectos legislativos que nuestra sociedad reclama (matrimonio homosexual, leyes de apoyo al mundo LGTBI, avances del feminismo, eutanasia, extensión de la red de centros educativos públicos…). Desde este punto de vista, solo un Estado Laico (que separe completamente las esferas de las creencias en el ámbito privado de la neutralidad en el ámbito público) será plenamente democrático.

 

7.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando aún tenemos que soportar una Jefatura del Estado (la Monarquía) no solo que no ha sido elegida por nadie, sino que además disfruta de privilegios absolutamente anacrónicos y aberrantes, tales como la inviolabilidad. Pero curiosamente, los autores/as del Manifiesto critican a Pablo Iglesias y lo quieren fuera del Gobierno por denunciar la ausencia de normalidad democrática, pero apoyan incondicionalmente y sin fisuras no solo al actual monarca Felipe VI, sino a su padre, el Rey Emérito Juan Carlos I, a pesar de haber huido del país por estar acorralado por múltiples investigaciones judiciales que, cuando menos, ponen en serias dudas su ejemplaridad como Jefe del Estado durante 39 años. Desde este punto de vista, solo un modelo republicano es plenamente democrático.

 

8.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando asistimos perplejos y asqueados a terribles episodios de una corrupción nauseabunda y generalizada en el principal partido de la oposición, el Partido Popular, formación política que además ha sido condenada como tal por jueces y tribunales de nuestro país. ¿Es que acaso es normalidad democrática que tengamos de asistir diariamente al destape de las vergüenzas y procesos corruptos que adornaban la actividad diaria de una formación política que nos ha gobernado durante años, y que enriquecía sistemáticamente a gente ya de por sí poderosa, mientras recortaba en inversión pública, en ciencia, en investigación, en educación pública, en prestaciones y protección social, en vivienda, en sanidad, etc., aumentando la pobreza y la precariedad de la clase trabajadora?

 

9.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando un determinado pueblo de los que conforman el Estado Español (más en concreto, Cataluña), a través de sus representantes políticos legítima y democráticamente elegidos, plantea un referéndum pactado con el resto del Estado para que su población elija si desea erigirse en un pueblo independiente o no, y en vez de crear, habilitar, diseñar o preparar los mecanismos constitucionales (que los hay) para permitir dicho referéndum, se criminaliza a la población catalana, se impide por la fuerza que tenga lugar una jornada de votación tranquila y pacífica, y se acusa, procesa, juzga, sentencia y condena a sus líderes políticos, que aún hoy día permanecen en prisión o en el exilio. La plena normalidad democrática no puede permitir la existencia de presos políticos, y en España existen.

 

10.- Por último, no nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando se viola la propia esencia de la democracia (el gobierno del pueblo), permitiendo que el poder económico se vaya convirtiendo cada vez más en un monstruo de incalculable poder (superando al del propio Estado), expresado (entre otras muchas manifestaciones) en el terrible e inmenso poder de la banca privada, de las grandes multinacionales, de los gigantes fondos de inversión, de los holdings y corporaciones transnacionales, de los grandes medios de comunicación, de las fusiones empresariales…y todo ello mientras se violan los derechos fundamentales de la ciudadanía a la vivienda, a la energía, a la educación, a la sanidad, al trabajo, etc. No puede existir jamás plena normalidad democrática (ni siquiera existe democracia a secas) cuando los grandes agentes del poder económico poseen tanto poder que someten diaria y descaradamente al poder político (entre otros medios mediante las llamadas “puertas giratorias”, tan pródigas en nuestro país).

 

En fin, pensamos haber justificado nuestra postura con creces, cosa que no hacen los/as firmantes del Manifiesto. En vez de tanta crítica torpe y malintencionada, podrían haber argumentado, como acabamos de hacer nosotros, cuáles son los motivos por los que piensan que nuestro país es plenamente democrático. Pero es más fácil limitarse a criticar…

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18 enero 2021 1 18 /01 /enero /2021 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (122)

En definitiva, si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo sin parar virus y pandemias; y va a seguir produciendo, también sin parar, vacunas y medicamentos selectivos y mal distribuidos. Ese es el futuro y no es halagüeño para la humanidad. Pero si el capitalismo es una sindemia, entonces la política y la ciencia, hoy cautivas, deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a sí mismas del capitalismo. Eso sí sería bueno para todos

Santiago Alba Rico

Vivimos en un mundo de las muchas crisis. Pero la más básica es la crisis de nuestra relación con la biosfera: aún no hemos aprendido a habitar en esta Tierra. En nuestro tercer planeta del sistema solar, llevamos un par de siglos –y, sobre todo, el medio siglo último– viviendo dentro de una máquina infernal. Si crece, destruye (lo ecológico, pero no solo lo ecológico). Y si no crece, devasta (lo social, pero no solo lo social): ¿no ha llegado la hora de salir fuera de esa máquina diabólica?

Jorge Riechmann

El Informe "Global Trends 2025", que ya comentamos en la entrega anterior, advertía de la posible aparición de la pandemia en los siguientes términos: "Si surgiera una enfermedad pandémica, probablemente ocurriría en un área marcada por una alta densidad de población y una estrecha asociación entre humanos y animales, como muchas áreas del sur de China y del sudeste de Asia, donde no están reguladas las prácticas de cría de animales silvestres lo cual podría permitir que un virus mute y provoque una enfermedad zoonótica potencialmente pandémica...". Bien, hagamos aquí un inciso: muchas personas que hayan podido conocer estas noticias, en concreto el hecho de que varios años antes se "intuyera" por parte de la comunidad científica la posible aparición de una pandemia, y que no conozcan el fenómeno de la zoonosis y las peligrosas prácticas que el capitalismo viene desarrollando en este ámbito, han podido pensar lo siguiente: si los patrocinadores del informe conocían esta información, sólo hay una explicación posible: ellos mismos la estaban preparando. Es uno de los bulos que han circulado por las redes sociales, y que los negacionistas y algunos gobernantes de la extrema derecha (Trump, Bolsonaro...) han difundido. Esa equivocada tesis también abonaría que el Coronavirus Sars-Cov-2 fuese un virus creado en laboratorio, pero esto tampoco es así. La explicación, volvemos a repetir, son las aberrantes prácticas que el capitalismo desaforado lleva experimentando contra la naturaleza, desequilibrando los ecosistemas, y provocando que determinados patógenos que existen en el mundo animal puedan saltar al ser humano. Las decisiones de Donald Trump, ya siendo presidente, en su país, fueron especialmente criminales: despidió a todos los autores de un informe del Pentágono ya en enero de 2017, y como es público y notorio, cuando aparecieron los primeros casos (además de llamarlo "virus chino" en tono despectivo), les restó importancia, no tomó las medidas adecuadas, ignoró la peligrosidad de la pandemia, arremetió contra la Organización Mundial de la Salud, hizo caso omiso de las recomendaciones de los expertos, y aseguró un sinfín de estupideces propias de la escala más imbécil de la ciudadanía. 

 

Trump entrará en la historia, además de por otras muchas barbaridades, por haber sido responsable de una de las crisis de salud pública más catastróficas de la historia de los Estados Unidos. Pero aunque Trump fue el adalid de los gobernantes negacionistas, no estuvo solo: Jair Bolsonaro en Brasil, o Boris Johnson en Reino Unido, también siguieron su mismo camino, contagiándose ellos mismos y creando situaciones de alarma esperpénticas en sus respectivos países. Es exactamente lo que lleva ocurriendo con el cambio climático: infinidad de expertos y de organizaciones llevan anunciando los graves efectos del calentamiento global, así como las medidas urgentes que habría que tomar para, al menos, mitigar los efectos. Sin embargo, los principales gobernantes mundiales continúan sin hacer caso a estos informes y a estas recomendaciones. Con el colapso ecosocial de carácter civilizatorio ocurre tres cuartos de lo mismo: se lleva avisando por activa y por pasiva desde hace más de una década, se lleva sugiriendo la necesidad de cambiar los modelos productivos y consumistas, los modelos energéticos, los modos de vida, pero la tozuda realidad se abrirá paso sin que nuestros gobernantes hagan nada para evitarlo. Y se lleva repitiendo hasta la saciedad que el Buen Vivir es el camino, la senda que hay que ir recorriendo, no para detener el colapso, que es ya inevitable, sino para, al menos, conseguir que sus efectos sean menos perniciosos, buscando alternativas reales en nuestros modos de vida para ir migrando paulatinamente a otros modelos productivos más acordes con los límites biogeofísicos de la Naturaleza. ¿Hacen caso nuestros gobernantes? En absoluto. Así nos va. La actual pandemia de Coronavirus, que no será la última, es sólo un síntoma, un aviso, una llamada de atención: la naturaleza nos avisa de que así no vamos por buen camino. Pero no hay más ciego que el que no quiere ver. Una humanidad capitalista desbocada no es capaz siquiera de detectar el peligro de lo que se avecina. Por tanto, no nos engañemos: la ciencia sabía que podía ocurrir, los gobernantes estaban avisados, pero no se molestaron en prepararse. Las advertencias sobre el ataque inminente de un nuevo coronavirus eran sobradas y notorias. Como son sobradas y notorias las advertencias del pico de muchas sustancias y energías fósiles, pero tampoco se hace nada al respecto. En su momento vendrá, desgraciadamente, las lamentaciones. 

 

Como hemos venido destacando durante esta serie de artículos, los ecologistas vienen advirtiendo que la destrucción humana de la biodiversidad está creando las condiciones objetivas para que nuevos virus y nuevas amenazas aparezcan. Y así, la deforestación, la construcción salvaje de infraestructuras, la minería a cielo abierto, la ganadería intensiva, el comercio de especies exóticas, y muchas actividades más, son actividades que están creando el caldo de cultivo para diferentes epidemias. Diversos virus se encuentran en los animales salvajes, y cuando las actividades humanas destruyen sus hábitats o fuerzan las condiciones de vida de estas especies, determinados patógenos que únicamente existen en su ámbito pueden saltar a la especie humana y contagiarnos. Cuando el ser humano retira a un animal de su entorno natural, ese equilibrio se rompe, se altera, y un virus puede transmitirse a otra especie con la que dicho animal no convivió nunca. Esto es exactamente lo que está ocurriendo. La invasión de los ecosistemas silvestres por parte del ser humano, debido a proyectos urbanísticos, a planificación de infraestructuras, o a proyectos industriales, crean situaciones propias que causan la mutación acelerada de los virus. Es probablemente lo que ocurrió en Wuhan. De hecho, y desde hace años, muchas organizaciones animalistas chinas reclamaban la prohibición permanente del comercio y consumo de animales salvajes con el fin de conservar las especies, y sobre todo, evitar previsibles pandemias. La pandemia también nos ha mostrado una determinada especie de "guerra por los recursos", al darse la circunstancia de que el material sanitario se necesitaba de forma global, por todos los países casi a la vez. En este sentido, como era de prever, no ha primado la solidaridad, sino que los egoísmos nacionales se han manifestado con sorprendente y brutal rapidez. Los diferentes países no han dudado en lanzarse a una guerra por las mascarillas que escaseaban, o en apoderarse, cual piratas, haciendo acopio de material sanitario (respiradores, trajes EPI, etc.). Hemos presenciado con pavor cómo los Gobiernos pagaban el doble o el triple del precio justo del material sanitario para conseguir los productos, e impedir que fuesen vendidos a otras naciones. Y aquí también ha habido lugar para la picaresca. 

 

Es la lucha por los recursos cuando éstos escasean, una lucha que ya hemos descrito en la presente serie de artículos a tenor del alcance de los picos de determinadas sustancias, y de determinadas tecnologías. Los países se han denunciado entre sí por mor del referido acopio, y por supuesto, como siempre, han pagado los más débiles. Y por su parte, algunos fanáticos ultraliberales no han tardado en reclamar sin tapujos la eliminación maltusiana de los más débiles. Por ejemplo, un vicegobernador en Estados Unidos declaró: "Los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía". Jamás se vieron declaraciones tan aberrantes. En nuestro país, sin ir más lejos, muchos ancianos procedentes de residencias de mayores no fueron desviados a los hospitales, muriendo en aislamiento, en soledad. Y aquí debemos introducir un nuevo elemento en el debate: muchas veces se ha dicho que el virus es "democrático", en el sentido de que ataca a todo el mundo por igual. Bien, pero una cosa es aceptar que el virus puede atacar a cualquier cuerpo humano que se ponga en su camino, y otra cosa muy distinta es que hay que reconocer que las sociedades desigualitarias, como todas las que conforman nuestro planeta, sí distinguen, porque cuando la salud es una mercancía más, los grupos sociales pobres, discriminados, marginados, vulnerables o explotados, quedan mucho más expuestos a la infección. El colapso ocurre cuando, como en este caso, ante un Coronavirus nuevo aparecido por zoonosis, no se dispone de vacuna ni tratamiento alguno, y los contagios ocurren en una curva muy pronunciada. Algunas personas han argumentado que de gripe también mueren miles de personas cada año, pero la gripe está controlada: nunca tendremos (a no ser que el virus mute muy violenta y rápidamente y la vacuna se vuelva ineficaz) un colapso sanitario debido al patógeno que la causa. En cambio, el Sars-Cov-2 ha llenado los hospitales, ha agotado las camas disponibles, ha agotado las camas UCI de los centros sanitarios, ha vuelto insuficiente al personal de los hospitales, así como el material sanitario de que se disponía. Esto es exactamente el colapso: los recursos se agotan, el personal disponible no es suficiente, el goteo de contagios y de fallecimientos se vuelve insoportable, y la sociedad se apaga como la llama de un candil. 

 

Y qué decir del ámbito económico: ante sociedades injustas, desiguales, que no garantizan los derechos básicos y elementales al conjunto de la población, colocar a los habitantes en situación de confinamiento puede soportarse por los trabajadores "formales", aquellos que trabajan oficialmente en sus empresas y poseen una nómina, pues han entrado en situación de Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) hasta que el período de confinamiento ha finalizado. ¿Pero qué ha ocurrido con las personas que no disponen de una nómina, que trabajan en la economía informal, sumergida, o que han de salir a la calle diariamente a buscar su sustento? Solo en América Latina, el 56% de los trabajadores y trabajadoras activos viven de la economía informal. ¿Cómo colocamos a toda esa gente en confinamiento? Son los que se han debatido (y aún lo siguen haciendo) entre morir por el Covid-19 o morir por hambre. Y por supuesto, no todos los continentes y los países pueden resistir por igual las condiciones de aislamiento y de seguridad, porque si en países ricos (la mayoría de los occidentales) el virus ha provocado los terribles estragos que ya conocemos...¿qué ha ocurrido en algunas zonas depauperadas del continente africano? ¿Cómo hablar de confinamiento o de aislamiento, o de gel desinfectante, o de distancia de seguridad, o de lavado frecuente de manos, a millones de personas que viven sin agua corriente, hacinadas en favelas, en chabolas, o que no tienen hogar, que duermen en las calles, o viven en campamentos improvisados de refugiados, o en las ruinas de edificios destruidos por las guerras (véase Yemen o Palestina, por ejemplo)? Pero incluso en los países ricos que han desplegado sistemas neoliberales desalmados y violentos, la situación también es muy complicada: piénsese por ejemplo en Estados Unidos, paradigma del "mundo libre y civilizado". Pues bien, ese país posee el récord mundial de contagios y de fallecidos, y no es por su extensión (Rusia o China son más grandes que USA). Ello se debe a que unas 27 millones de personas (el 8,5% de la población aproximadamente) no poseen seguro médico, y la sanidad pública no es universal, sino muy limitada. Por su parte, otros 11 millones de personas son trabajadores ilegales, indocumentados, que no se atreven a acudir a los hospitales. El panorama, por tanto, es absolutamente desolador. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 enero 2021 1 11 /01 /enero /2021 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (121)

Los bosques preceden a las civilizaciones. Los desiertos las siguen

Chateaubriand

El colapso, entendido como proceso de creciente pérdida de complejidad y de estabilidad social, no es algo nuevo en la historia humana. De una manera u otra todas las civilizaciones se han enfrentado a problemas similares de crecimiento, deterioro ambiental y, en ocasiones, de desbordamiento de los límites ecosistémicos que han tenido nefastas consecuencias sobre la capacidad de cubrir las necesidades básicas de la población y mantener la organización social. La singularidad del problema actual es que dichos procesos alcanzan a todo el planeta y se están produciendo a enorme velocidad

Fragmento de “La Gran Encrucijada”

Como ya advertimos en nuestra entrega anterior, vamos a finalizar esta serie de artículos, como no podía ser de otra manera dada la rabiosa actualidad del asunto, con una panorámica sobre la pandemia de Coronavirus, que azota a toda la humanidad como un hecho social global, precisamente derivado (como venimos denunciando a lo largo de toda la serie) de nuestra peligrosa deriva civilizatoria. Nosotros comenzamos a publicar la presente serie en agosto de 2018, y por entonces, aún era impensable el despliegue mundial de una pandemia como la actual, aunque ya habíamos tenido algunos precedentes (SARS, MERS...) en años anteriores. Desde febrero de 2020 comenzaron a extenderse los casos procedentes del epicentro en China (en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei), y a partir de marzo se comenzaron a tomar las medidas drásticas para atajar la pandemia, que aún continúa a día de hoy amenazando a millones de personas, contagiadas, hospitalizadas y fallecidas. La pregunta sería: ¿por qué hablar de la pandemia de coronavirus en esta serie que trata sobre el Buen Vivir? Pues precisamente porque la actual pandemia (y muchas otras que seguramente nos afectarán en el futuro) es consecuencia directa del modo de vida que nos ha traído hasta aquí, del orden civilizatorio fallido que hemos creado y que nos está conduciendo al precipicio. Utilizando como siempre diversas fuentes, vamos a intentar exponer el hecho pandémico en sus últimas motivaciones, y la necesidad de un cambio de rumbo civilizatorio si pretendemos superar esta situación. Tomo como referencia en primer lugar un reciente artículo de Santiago Alba Rico, uno de nuestros más lúcidos y brillantes pensadores, que bajo el título "Capitalismo pandémico" fue publicado, entre otras fuentes, en el medio digital Contexto y Acción. Alba Rico nos introduce (a partir de otro artículo de Richard Horton) en el concepto de "Sindemia": "un cuadro epidémico en el que la enfermedad infecciosa se entrelaza con otras enfermedades, crónicas o recurrentes, asociadas a su vez a la desigual distribución de la riqueza, la jerarquía social, el mayor o menor acceso a la vivienda o la salud, etc., factores todos ellos atravesados por una inevitable marca de raza, de clase y de género. La sindemia es una pandemia en la que los factores biológicos, económicos y sociales se entreveran de tal modo que hacen imposible una solución parcial o especializada y menos mágica y definitiva". Atención, por tanto, al nuevo concepto, que sobrepasa al concepto clásico de salud, para introducirnos a un concepto integral de necesidades humanas no cubiertas. 

 

Santiago Alba Rico nos introduce, en base a este concepto, el de "Capitalismo sindémico", entendido éste como un contexto donde ya no es fácil distinguir entre naturaleza y cultura, ni, por lo tanto, entre muerte natural y muerte artificial. La muerte natural sería la causada por cualquier enfermedad, la muerte artificial sería la causada por el propio sistema capitalista que se basa en la necropolítica, es decir, en la política de la muerte. Y a continuación, relacionemos todo esto con los diversos aspectos que ya hemos tratado en esta serie: por ejemplo, con el Animalismo. Pensemos, por ejemplo, en la multiplicación muy reciente de nuevos virus inseparables del desarrollo de la industria agroalimentaria y de la presión extractiva sobre el mundo animal. Todo este maltrato a determinadas especies animales hace inevitable la generación de nuevas cepas virales y su transmisión a los seres humanos, en un proceso llamado "zoonosis", y que desarrollaremos más extensamente en su momento. Este capitalismo sindémico ha convertido la naturaleza misma en un laboratorio vivo, en permanente ebullición patológica, incontrolable incluso para sus propios gestores y beneficiarios. Granjas gigantescas, proyectadas expresamente para acelerar el crecimiento de los animales mediante cócteles antibióticos y en condiciones de concentración absolutamente infernales, son precisamente los mejores "laboratorios" donde los virus pueden multiplicarse y saltar a la especie humana. De esta forma, el capitalismo sindémico inscribe en la naturaleza sus propias leyes mortales. Como explica Alba Rico: "Los nuevos virus, nacidos en los "laboratorios naturales" de las grandes granjas agropecuarias, sin intervención de ningún maligno conspirador, pasan a sociedades humanas muy estratificadas en las que las mujeres, las minorías racializadas y las poblaciones urbanas marginadas, más expuestas a contactos de riesgo y víctimas ya de enfermedades no contagiosas o crónicas, acaban sucumbiendo a la epidemia y justificando, además, aislamientos selectivos y discriminaciones adicionales que, en una nueva vuelta de tuerca, agravan sus condiciones sociales y multiplican los riesgos de contagio global. Los virus pasan de animales maltratados a humanos maltratados en una sinergia potencialmente apocalíptica". 

 

Y por supuesto, el capitalismo sindémico selecciona siempre qué enfermedades son curables y cuáles no, en virtud de criterios puramente económicos, al igual que ocurre con la distribución mundial de las vacunas. Contemplé recientemente un cartel que decía: "Hay algo que da más miedo que las vacunas: No tenerlas". Pero volvamos al concepto de zoonosis, que habíamos mencionado más arriba, para intentar delimitarlo mejor, en cuanto a su alcance y peligrosidad. En su artículo para el libro colectivo "2020: La Pandemia del Capitalismo Global", Pascual García-Macías y Wilder Rai Espinoza explican, sobre la etiología del coronavirus Sars-Cov-2, lo siguiente: "Empero, más allá de lo que ha provocado esta epidemia, es importante decir que quien la produjo es el sistema de producción capitalista. Volvemos a desempolvar los conceptos marxistas, como el de "ruptura metabólica" grosso modo es el desequilibrio provocado por el capitalismo entre la naturaleza y lo humano. De esta manera, la huella ecológica generada por la explotación de la naturaleza actual conlleva a que las sociedades sean susceptibles a patógenos que afectan su fisiología. De acuerdo a Rob Wallace (2020), biólogo evolutivo, el incremento en la aparición de virus se vincula estrechamente con la producción agroalimentaria y los beneficios de las multinacionales; no existen patógenos independientes del capital. El constante interés del capital de apropiarse de los bosques primigenios y de tierras cultivadas por pequeños productores implica deforestación, y esto conlleva a que muchos "nuevos" patógenos que se mantenían bajo control por las ecologías de bosques largamente evolucionados, empiecen a brotar y a amenazar al mundo. Se debe reparar la grieta metabólica que separa a la ecología de la economía, debemos dejar de pensar que somos más fuertes que la naturaleza; replantearnos los modos de vida y desvelar estos procesos de acumulación por desposesión que persisten, se adaptan y refuerzan al sistema y cumplen con la lógica de reproducción del capital". Y por su parte, Jerôme Baschet concluye de forma categórica: "Está claramente comprobado que la actual multiplicación de las zoonosis es el resultado de las transformaciones inducidas por la expansión desmesurada de la economía mundial, con sus lógicas de mercantilización y su falta de atención a los equilibrios de los ecosistemas". 

 

Es, pues, absolutamente imprescindible, para intentar evitar futuras pandemias, reducir al máximo las posibilidades zoonóticas: en ese sentido, valga tener en cuenta como causas principales la destrucción continua de bosques y selvas, en virtud de la ampliación de las urbes, lo cual implica la destrucción del hábitat de muchas especies animales para el monocultivo o la explotación de ganado, entre otros, como se hace ahora intensamente en Brasil, por ejemplo. Si no lo hacemos, estaremos siempre ante el riesgo del previsible contagio por nuevos virus que, de hoy en adelante, saltarán desde otros reservorios animales a nosotros los humanos, como ya sucedió con el camello en el MERS o con el murciélago en el anterior SARS. Pero la pandemia, contemplada desde la lógica del Buen Vivir, es en realidad solo un escalón más en el colapso ecosocial al que nos dirigimos indefectiblemente. La pandemia ya, de hecho, convulsiona el conjunto de las relaciones sociales y conmociona la totalidad de los actores, de las instituciones y de los valores de una sociedad. Si miramos atrás unos meses, esto es justamente lo que nos está ocurriendo. Toda la humanidad está viviendo con miedo, con perplejidad y con angustia esta situación, y esto ya en gran medida representa un colapso: economías detenidas, millones de personas en desempleo, cifras de muertos escandalosas, experiencias vitales al límite de lo imaginable, cambios en nuestros modos de vivir y de relacionarnos, etc., irrumpen de forma violenta en nuestra cotidianidad y nos obligan a cambiar, a adaptarnos: esto es el colapso. "Nuestras sociedades siguen temblando sobre sus bases, como sacudidas por un cataclismo cósmico", describe magistralmente Ignacio Ramonet en su documento "La pandemia y el sistema mundo", que tomamos como referencia a continuación. Explica Ramonet: "Estamos padeciendo en nuestra propia existencia el famoso "efecto mariposa": alguien al otro lado del planeta se come un extraño animal, y tres meses después, media humanidad se encuentra en cuarentena...Prueba de que el mundo es un sistema en el que todo elemento que lo compone, por insignificante que parezca, interactúa con otros y acaba por influenciar al conjunto". El planeta descubre, estupefacto, que no hay comandante a bordo. Toda la ciudadanía mundial descubre que está sola ante la catástrofe, que cada país mira hacia sus adentros, que no existen varitas mágicas, que no existen fronteras para el virus, y que lo que parecía distópico y propio de dictaduras de ciencia-ficción se ha vuelto normal.

 

Aceptamos y normalizamos la política de la vigilancia, siempre para controlar males mayores. Contemplamos con pavor hasta qué punto han debilitado los sistemas públicos de salud, que se colapsan, que faltan sanitarios, y reflexionamos hasta qué punto el binomio economía-vida debe ser reconstruido. Nos damos cuenta hasta qué punto son importantes la soberanía alimentaria, científica, farmacéutica y sanitaria. Pero son precisamente estas situaciones límite las que nos ayudan a concienciarnos sobre otros asuntos. Como indica Ramonet: "La única lucecita de esperanza es que, con el planeta en modo pausa, el medio ambiente ha tenido un respiro. El aire es más transparente, la vegetación más expansiva, la vida animal más libre. Ha retrocedido la contaminación atmosférica que cada año mata a millones de personas. De pronto, sin la mugre de la polución, la naturaleza ha vuelto a lucir tan hermosa...Como si el ultimátum a la Tierra que nos lanza el coronavirus fuese también una desesperada alerta final en nuestra suicida ruta hacia el cambio climático: "¡Ojo! Próxima parada: colapso". Y es entonces cuando nos damos cuenta de que todos los dogmas económicos y todas aquellas "grandes verdades" incuestionables que nos habían contado se pueden cuestionar. Se puede cuestionar el modelo económico, las relaciones sociales, la redistribución de la riqueza, la importancia de los bienes comunes, de la solidaridad y de la cooperación...Todo eso, que es exactamente lo que nos reclama el Buen Vivir, puede y debe ser llevado a cabo. Es posible Lo malo es que no tendría que haber llegado ninguna pandemia para demostrárnoslo. Hace tiempo que sabemos, a ciencia cierta, que el saqueo y la destrucción del medio ambiente podrían acarrear consecuencias sanitarias nefastas, pero el capitalismo globalizado y sindémico que padecemos ha hecho poco caso al asunto. Y para esta pandemia hubo tiempo de prepararse, pero los gobiernos capitalistas (todos los del mundo, salvo honrosas excepciones) no estaban interesados en prevenir, sino en atajar las consecuencias si éstas se producían. Y se produjeron. Y entonces se desataron todas las pesadillas. Un informe de una fecha tan lejana como noviembre de 2008 titulado "Global Trends 2025", donde habían participado unos 2.500 expertos independientes de Universidades de 35 países de todo el mundo, ya anunciaba "la aparición de una enfermedad respiratoria humana nueva, altamente transmisible y virulenta, para la cual no existen contramedidas adecuadas, y que se podría convertir en una epidemia global". Como siempre, no se le hizo caso. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 enero 2021 5 08 /01 /enero /2021 00:00
Sáhara Occidental: el Régimen del Terror y del Silencio (V)

La Marcha Verde sirvió de pretexto y de cortina de humo para el giro de la política española y la conclusión de los acuerdos de Madrid. Unos acuerdos por los que Marruecos obtuvo la entrega del Sáhara con la participación de Mauritania que, exhausta por el conflicto con el Frente Polisario, se retiró en 1979 de la parte meridional del territorio que le había cedido Marruecos. Por difícil que fuera aquella coyuntura, había una fórmula válida y legal que hubiera salvaguardado el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación. España, que había abdicado de sus responsabilidades, podía haber traspasado la administración a la ONU, para organizar y supervisar el referéndum, como preveía el Plan Waldheim

Víctor Arrogante

Una figura clave en todo el proceso de entrega del Sáhara Occidental a Marruecos fue nuestro actual Rey Emérito, Juan Carlos I. Y resulta que recientemente, documentos desclasificados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos (en total casi un millón de documentos) han destapado el papel que jugó Juan Carlos de Borbón en dicho proceso. De entrada, hay que reseñar, como recoge José Antonio Gómez en este artículo para el medio Diario 16, que la ONU declaró nulos de pleno derecho los Acuerdos Tripartitos de Madrid (nos hemos referido a ellos en anteriores entregas) de 1975, firmados por Juan Carlos de Borbón por los que se cedía la administración del Sáhara a Marruecos y a Mauritania. Es precisamente esta nulidad la que provoca que dicho territorio se encuentre aún entre los 16 territorios no autónomos supervisados por el Comité Especial de Descolonización de la ONU. Explica José Antonio Gómez: "En el año 1979 Marruecos estaba perdiendo la guerra contra el Frente Polisario hasta que varios países, entre ellos España, decidieron ayudar a Hassan II: Estados Unidos, Francia, España y Arabia Saudí. Todo esto fue posible gracias a las buenas relaciones del rey marroquí con Henry Kissinger, consejero de seguridad nacional de los Estados Unidos, y con los Saud de Arabia Saudí". Entonces, en el mes de agosto de 1975, el Departamento de Estado de los Estados Unidos aprobó un proyecto secreto de la CIA y financiado por Arabia Saudí para arrebatar el Sáhara Occidental a España. En medio de la Guerra Fría, el territorio era vital desde un punto de vista geoestratégico, debido a los recursos naturales que poseía. En octubre del mismo año la inteligencia militar española informó a Franco del plan de los Estados Unidos. Una vez que el Rey Hassan II anunció la Marcha Verde, tras rechazar el Tribunal de Justicia de la ONU las pretensiones de Marruecos sobre el Sáhara (véase nuestra entrega anterior), Juan Carlos de Borbón, todavía príncipe pero ya heredero del dictador, se negó a aceptar la Jefatura del Estado interina porque, entre otras cosas, pretendía tener poderes absolutos sobre el Sáhara. 

 

Tras el fallido viaje de José Solís a Rabat, donde no pudo frenar la Marcha Verde, Juan Carlos de Borbón se hizo cargo de la Jefatura del Estado. Se mostró preocupado por la situación del Sáhara, sobre todo porque aún estaba demasiado reciente la Revolución de los Claveles portuguesa (1974), y no quería que algo parecido ocurriese en nuestro país tras la muerte de Franco. Como ya contamos en el resumen inicial que relatamos en nuestra primera entrega, en su primer Consejo de Ministros, Juan Carlos de Borbón manifestó su intención de ponerse al frente de la situación del Sáhara, pero no informó al Gobierno de Arias Navarro de que ya había enviado a Washington a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, para hablar con Henry Kissinger e intentar evitar una guerra colonial que podría haberse traducido en una revolución al estilo portugués que le hiciera perder su corona. Fruto de esas conversaciones, Henry Kissinger aceptó mediar con el Rey Hassan II, y se firmó un pacto secreto por medio del cual Juan Carlos de Borbón entregaría el Sáhara a Marruecos a cambio del total apoyo político de los Estados Unidos a su Jefatura del Estado. Una maniobra rastrera que da perfecta idea de la calaña moral del personaje del Rey Emérito, entonces Rey emergente. Y como hemos contado, tras la Marcha Verde, concretamente el 12 de noviembre de 1975, se produjo la Declaración de Madrid por la que se entregó el territorio del Sáhara a Marruecos y a Mauritania. Como decimos, fue un proceso controlado y tutelado por la CIA y el Departamento de Estado de USA, absolutamente secreto. Nadie supo nada. Nunca salió a la luz. Juan Carlos I movió los hilos necesarios y los contactos a través de sus hombres de confianza, para garantizarse la Corona de España ante posibles eventualidades con el asunto del Sáhara. Afortunadamente, la ONU nunca ha considerado estas maniobras oscuras, pero ello, evidentemente, no ha evitado el tremendo sufrimiento que el pueblo saharaui ha tenido que soportar desde entonces. Volvamos entonces a repetirlo, y lo haremos en infinidad de ocasiones para que quede bien claro: el Sáhara Occidental continúa siendo, a todos los efectos, territorio español. Legalmente y en base al derecho internacional España es la potencia administradora, y por tanto está permitiendo que una nación extranjera ocupe ilegalmente el territorio. Es una mezcla de espurios intereses y de cobardía política lo que mantiene este asunto empantanado desde hace cuatro décadas. 

 

El Sáhara fue, en expresión de Miguel Urbán (a quien seguimos en este artículo para el medio digital Viento Sur), "moneda de cambio para la restauración borbónica". No cabe la menor duda de ello. Por tanto, podemos afirmar que el comienzo de dicha restauración borbónica nacía ligado a una de las páginas más negras de la política exterior española. Un acontecimiento para el que, como tantos otros, parece existir una amnesia colectiva. En primer lugar, porque la historia no se cuenta como es, simplemente porque no interesa a los poderes fácticos. Y en segundo lugar, porque los moldes del capitalismo globalizado han incrementado los acervos nacionalistas de los pueblos, y en ese contexto es muy difícil que el conjunto de la ciudadanía comprenda y asuma el pasado real de su nación (ocurre igual, salvando las distancias, con el relato sobre el Descubrimiento de América, al que ya le dedicamos una serie de artículos). El apagón informativo también actúa ignorando o tergiversando determinadas informaciones, para que no se conozca la verdad. Miguel Urbán explica: "El extremo cuidado por la figura e imagen del monarca que tradicionalmente ha tenido el establishment mediático y político español no solo se ha centrado en tapar sistemáticamente los escándalos "personales" y financieros del rey emérito, sino también en evitar analizar su papel en numerosos episodios históricos de los que ha sido co-protagonista". Pues bien, el caso del Sáhara Occidental es uno de ellos. Durante décadas, todo un entramado de amistad, intercambios de favores, secretos de Estado, negociaciones y acuerdos políticos ocultos, equilibrios geopolíticos, pingües beneficios por medio, etc., han jalonado las relaciones de distintos países, por mor de los mutuos intereses, haciendo caso omiso no solo al Derecho Internacional, sino también a los más elementales principios de justicia. El Rey Hassan II de Marruecos hizo de la anexión del Sáhara español una pieza principal en su política exterior, y la base sobre la que asentar definitivamente el trono, amenazado a comienzos de los años 70 por varias intentonas de Golpe de Estado. Para ello se ayudó también de la amistad con otros países árabes. Y además, Marruecos contó con dos aliados excepcionales: Estados Unidos y Arabia Saudí. Los primeros pusieron el apoyo geopolítico, los segundos el dinero.

 

De hecho, la Marcha Verde, apoyada e ideada por Estados Unidos, y financiada por Arabia Saudí, no era solo una estrategia militar para ocupar el Sáhara español, frustrando así el proceso de descolonización que se habría abierto, sino que también era un movimiento de exaltación patriótica, fundamental para consolidar la monarquía de Hassan II. De hecho, hoy día la Marcha Verde, en Marruecos, constituye uno de los hitos fundamentales en la consolidación de la actual monarquía (personificada hoy en Mohamed VI), y una efeméride en el calendario oficial marroquí. Y así, el 6 de noviembre de 1975, aprovechando la crisis de sucesión en España, una avanzadilla de 350.000 civiles enarbolando banderas marroquíes y acarreando retratos del Rey  Hassan II cruzaron envalentonados en caravana de convoyes la frontera del Sáhara español. Entre los civiles supuestamente desarmados se calcula que marchaban unos 25.000 soldados marroquíes de las Fuerzas Armadas Reales (FAR). Y es exactamente en este momento cuando entra en juego la figura de Juan Carlos I. En resumidas cuentas, una mezcla de oportunismo político, cínico e injusto (por no calibrar las consecuencias futuras que podría acarrear al pueblo saharaui), que condujeron al abandono del Sáhara Occidental a cambio de asegurar su Corona gracias a la influencia de sus "amistades internacionales". Y todo ello se ha sabido porque en enero de 2017 se desclasificaron 12 millones de páginas de la CIA, de las cuales un total de 12.500 tratan sobre España. Y en muchas de ellas destaca el nombre de Juan Carlos I. Concretamente, lo que los papeles desclasificados destapan es que Juan Carlos I pactó en secreto con Hassan II que la avanzadilla de la Marcha Verde pudiera entrar unos cientos de metros en la colonia española de cuya frontera norte se habría ya retirado previamente el Ejército español, para facilitar la maniobra. También aceptó que una delegación de medio centenar de funcionarios y agentes secretos marroquíes entrasen en esas fechas en El Aaiún, la capital del Sáhara. De hecho, las tropas españolas recibieron órdenes desde Madrid de mirar hacia otro lado. Únicamente el Frente Polisario se enfrentó valientemente a los invasores, ante el desconcierto de las tropas coloniales españolas que observaban la ocupación marroquí entre impasibles e impotentes. En fin, unos hechos absolutamente vergonzosos. 

 

Pero el cinismo del joven monarca era aún mayor, pues al llegar a El Aaiún, y ante los mandos militares destacados en el Sáhara, Juan Carlos I afirmó: "España cumplirá sus compromisos y deseamos proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui". Solo dos meses después de estas palabras se firmaron en Madrid los Acuerdos Tripartitos, rechazados posteriormente por la ONU. Una jugada, en suma, muy sucia, indigna de cualquier gobernante o estadista que se precie de tal. Porque como hemos explicado, el objetivo de los susodichos Acuerdos no era otro que legalizar la ocupación marroquí y mauritana del Sáhara. Una ocupación que para entonces ya estaba casi concluida y que iniciaría una sangrienta guerra que duró más de 15 años. Miguel Urbán explica: "Hay autores que señalan que el príncipe Juan Carlos entregó el Sáhara español ante el temor de embarcarse en una guerra colonial con incierto resultado. Y que en esa decisión pesó bastante la experiencia portuguesa en Angola y Mozambique, antesala de la posterior Revolución de los Claveles, muy presente en las decisiones y miedos de la jerarquía franquista y especialmente en el futuro monarca. Pero ese supuesto cálculo "estratégico" omite que siempre hubo una alternativa sobre la mesa: que España hubiese delegado sus responsabilidades como potencia descolonizadora, traspasando la administración del territorio a la ONU, quien de forma interina por un período de seis meses organizaría y supervisaría el referéndum de autodeterminación en el Sáhara comprometido por la administración española. Así se estipulaba en el Plan Waldheim que insistentemente ofreció el Secretario General de la ONU para asegurar una solución que preservara los derechos del pueblo saharaui y permitiera a España cumplir sus compromisos internacionales. Una propuesta que Juan Carlos I, como Jefe del Estado en funciones, directamente rechazó". En efecto, enlazamos así con nuestra cita de entradilla de Víctor Arrogante, que también alude al llamado "Plan Waldheim" en ese mismo sentido: una cosa es proteger los intereses y la estabilidad de tu país, dejando de enzarzarte en peligrosas aventuras coloniales con terceros países, lo cual es muy legítimo, y otra cosa muy distinta es abandonar consciente y planificadamente a todo un pueblo que dependía absolutamente de nosotros, en su administración, para que fuera ocupado por una potencia extranjera, sin importar cuál será el destino de esa gente. Evidentemente, a Juan Carlos I solo le importó su Corona, y estuvo dispuesto a pasar por encima de cualquier otra circunstancia, ni a evaluar siquiera las futuras consecuencias. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 enero 2021 3 06 /01 /enero /2021 00:00

La explotación desgarradora del cuerpo y de la psiquis que constituye la prostitución, busca ser presentada por el poderoso lobby proxeneta (que tiene capital en empresas varias) como un «empoderamiento» y un «ejercicio de libertad». Además de destruir a las personas prostituidas, la banalización de la prostitución vulnera al conjunto de los seres humanos, al hacer que el ejercicio del abuso de poder y de la crueldad sean banalizados; nos vulnera a todas las mujeres porque establece que las mujeres «pueden ser consumibles», «allanables», «saqueables». Entre las promociones más lesivas de la violencia contra las mujeres, encontramos al porno y la prostitución, que es la cosificación absoluta del ser humano

Cecilia Zamudio

Tomando de nuevo como referencia este estupendo artículo de Cecilia Zamudio, de donde procede la cita de entradilla que hemos destacado, recogemos a continuación el testimonio de un ginecólogo alemán que trabaja con mujeres prostituidas: "Las condiciones de salud de estas mujeres son catastróficas: con 30 años muchas han envejecido de manera prematura, todas tienen dolores abdominales permanentes, gastritis e infecciones frecuentes (...) y todo tipo de enfermedades de transmisión sexual. El trauma psicológico lo alivian con alcohol y fármacos. Hay un incremento en la demanda de mujeres embarazadas para ejercer la prostitución. Estas mujeres tienen que dar servicio a entre 15 y 40 hombres diariamente de manera continuada hasta dar a luz. Muy frecuentemente acaban abandonando al bebé, volviendo al trabajo tan pronto como les es posible, lo que en ocasiones es 3 días después de dar a luz. Estas prácticas son irresponsables para la salud de la madre y del bebé, pudiendo provocar daños irreparables". Todo un dantesco panorama, como puede apreciarse. Y en cuanto al hecho de la regulación en el país germano, ya habíamos afirmado en anteriores entregas que la situación no había aportado nada nuevo. De hecho, el Ministerio de la Familia alemán reconoce en un informe que "ni las condiciones laborales ni la posibilidad de salir de la "profesión" han mejorado. La operadora de un burdel afirmó que valoraba la ley de la prostitución porque reducía la probabilidad de redadas. De hecho, afirmó que la ley era más ventajosa para quienes operan burdeles que para las prostitutas". Por su parte, el fenómeno del turismo sexual se ha globalizado como efecto de la misma globalización del capitalismo, y es un fenómeno que crece de la mano de un sistema que por un lado empobrece, y por otro promueve la barbarie, la tortura y la misoginia a través de todo su aparato cultural. Y son los mismos gobiernos de determinados países los que promocionan su país para el turismo sexual, legitimando toda esta salvaje economía sumergida, y haciéndola aflorar como parte del PIB. ¿Es que acaso pueden medir estas aberraciones el índice de riqueza de un país?

 

Como también hemos señalado en anteriores entregas, la medida de modificación legal en el sentido abolicionista, que es por el que aquí apostamos, debería ir acompañada de varias medidas estructurales y globales, que en el capitalismo no se van a tomar porque contravienen los propios intereses del sistema. Pero si no se adoptan, es evidente que estamos abandonando a su suerte a las mujeres prostituidas, sin medios y sin recursos para poder llevar una vida digna. Estas mujeres deberían tener salidas laborales reales, dignas, que les permitan un sustento para ellas y sus familias. A toda esta problemática se suma que más del 90% de las mujeres prostituidas son migrantes, es decir, mujeres captadas por estas redes, atenazadas entre el empobrecimiento que las empuja al éxodo y leyes de inmigración lesivas y despiadadas que provocan el sometimiento de estas mujeres a todo tipo de organizaciones opresoras. Son mujeres absolutamente dependientes, y anuladas por su propia situación. No podemos ni siquiera imaginar hasta qué punto llega la maldad y la aberración capitalista por conseguir sus objetivos. Estas mujeres viven cosificadas, ignoradas en sus necesidades y maltratadas, sometidas a un tremendo estrés y dependientes de los fármacos y estimulantes para poder funcionar a tiempo completo. Algunas mujeres han contado que después de sus primeras experiencias en la prostitución, tenían la sensación de haber muerto. Ya no son capaces de sonreír, ni de pensar, sus vidas han sido completamente cooptadas. Todas ellas viven traumatizadas, y es típico que desarrollen todo tipo de depresiones, pesadillas, problemas físicos, problemas psicosomáticos, etc. Pero aún hay más: es muy significativa la población de mujeres en riesgo de ser abocadas a la prostitución por causa del maltrato que han padecido durante su infancia. Zamudio recalca: "Una vez más, topamos con los límites que impone el mismo sistema: la existencia de maltrato infantil, de abandono, de familias desestructuradas, de violación intrafamiliar, responde a un sistema que genera barbarie y desestructuración social, al que muy poco le importa la infancia maltratada, con hambre, violada y explotada. Responde a condiciones de vida alienantes y bestializantes". 

 

Y por supuesto, no podemos olvidar las medidas para erradicar la demanda, es decir, a los puteros o prostituidores. Educados en la alienación del sistema dominante, haría falta implementar una educación que restituya los valores, que contemple una correcta educación sexual, y unos productos culturales destinados a fomentar la igualdad, el respeto, la empatía, la dignidad, el pensamiento crítico, la ternura, la solidaridad, etc. Son valores diametralmente opuestos a los que imperan bajo el capitalismo, por lo cual el sistema no los ve con buenos ojos, ya que contraviene su estrategia de perpetuación. Todo el conjunto del aparato cultural también es interesante complementarlo. Hoy día, productos como medios de comunicación, industria cinematográfica, productos musicales, videojuegos, contenidos educativos, instituciones religiosas, etc., promueven incesantemente el machismo, el racismo, el individualismo, el hedonismo, la competitividad, el consumismo, la cosificación, la banalización de los malos tratos y de la tortura, el patriarcado más brutal...Valores que acompañan a la prostitución, pues este fenómeno es hijo de civilizaciones alienantes como la capitalista. Hay que comprender que el capitalismo se sostiene gracias a la violencia descarnada y a la alienación mental de las personas, sus medios (educativos, culturales, de comunicación...) difunden paradigmas de discriminación, de sumisión y de explotación, y legitiman estas cosmovisiones como tolerables. Por tanto, el abolicionismo debe atacar en varios planos a la vez: el plano legal (dictando leyes que imposibiliten de facto la existencia del fenómeno), el plano de trabajar por una cultura emancipadora (para prevenir que nuevas generaciones continúen consumiendo prostitución o turismo sexual), el plano de protección social amplia para las mujeres prostituidas, y por supuesto, y el más difícil de todos, el plano de la lucha sin cuartel contra las mafias que a nivel internacional trafican con el cuerpo de estas mujeres, y se lucran con su captación y venta a redes subsidiarias o a "clientes" finales. 

 

Pero como venimos advirtiendo, el abolicionismo mundial e integral es complicado, aunque no imposible. Y ello porque un abolicionismo integral solo sería posible cuestionando el propio capitalismo, sus relaciones de producción y de consumo, de desecho y de interdependencia, sus redes de explotación, porque todo ello es lo que genera la dramática cantera de mujeres esclavizables, esa cantera de seres humanos indefensas y desprotegidas que son explotadas por empresarios déspotas y salvajes, proxenetas que disfrazan su negocio de múltiples formas bajo el paraguas capitalista, y que tienen el cinismo de banalizar la barbarie. Como venimos afirmando, la prostitución es un complejo fenómeno mundial sostenido por fracciones enteras del imperialismo y de la gran burguesía internacional. Por tanto, dejemos esa consabida frase de que "la prostitución es el trabajo más antiguo del mundo", para concebir y difundir que es una de las explotaciones más criminales, salvajes, antiguas y aberrantes, multiplicada durante siglos de existencia de un sistema de clases sustentado en la explotación, la alienación y la violencia. Si no lo detenemos, si nos hacemos cómplices de él, aunque solo sea bajo un halo de tolerancia, continuará y crecerá aún más la vulnerabilidad social y las peores formas de explotación, como la prostitución o los "vientres de alquiler". Hay que dejar de ser tolerantes con estas manifestaciones. Hay que dejar de mirar para otro lado. Hay que dejar de reír las gracias a los proxenetas y prostituidores, hay que hacer sonar todas las alarmas ante una juventud que no solo no se escandaliza ante este fenómeno, sino que además lo consume cada vez a más tempranas edades. Hay que ser tajantes ante este fenómeno: la legalización, despenalización o regulación de la prostitución es, simplemente, un regalo para los proxenetas y prostituidores, para los traficantes de mujeres y para la industria capitalista del sexo en todas sus vertientes. Sólo el abolicionismo garantiza una clara oposición a los intereses de estos actores. Intentar "dignificar" la prostitución como un trabajo no supone dignificar a la mujer, sino a la toda la industria que la explota y consume. 

 

Pero dejemos claro un asunto: la postura abolicionista jamás puede cargar las tintas contra las mujeres prostituidas. Ellas siempre serán las víctimas. Es decir, no estamos a favor de las acciones de los Cuerpos de Seguridad del Estado (Policía, Guardia Civil...) en contra de estas mujeres, atosigándolas, persiguiéndolas, para impedir su visibilidad en determinadas zonas, hechos que después derivan en detenciones y expulsiones en aplicación de las poco compasivas leyes de extranjería. Lo que defendemos que hay que atacar es la demanda, es decir, los puteros o prostituidores. Si estas mujeres se quedan sin demanda porque el sistema las intercepta, no podrán trabajar y deberán ser rescatadas, para ser objeto a continuación de todo el plan de protección social que hemos indicado más arriba. Es exactamente esto lo que hay que hacer. Se debe acabar con el concepto de sexo como mercancía, que es básicamente lo que hace el capitalismo moderno: mercantilizarlo todo. No solo productos, bienes y servicios, sino además los que están relacionados con los derechos y libertades fundamentales, e incluso, como en el caso de la prostitución, los que están ligados con los propios cuerpos de las personas, de las mujeres en este caso. Y al someterlo todo a los mercados, el capitalismo consigue la enajenación. Por tanto, y desde el punto de vista anticapitalista, la prostitución, al igual que todo el conjunto de la llamada "industria del sexo", es inseparable del capitalismo. Es el capitalismo quien crea estos monstruos. Por tanto, solo acabando con el capitalismo, con sus valores y sus relaciones de producción, se podrá acabar con las condiciones sociales que permiten la existencia de este execrable fenómeno, así como la alienación asociada al mismo. Si conseguimos eliminar (o al menos reducir en gran medida) la pobreza, las mujeres dejarán de tener esa presión encima. Las propias políticas de inmigración también tienen que cambiar, pues de forma indirecta también favorecen la existencia de mafias de todo tipo. Por su parte, la precariedad laboral, la falta de acceso a viviendas, las luchas a favor de la igualdad por los colectivos LGTBI...también son factores de lucha contra la prostitución. Y por supuesto, las guerras y conflictos armados, los Estados fallidos, son otra causa importante de desastres humanos, y de forma indirecta, también aumentan enormemente los índices de prostitución. Continuaremos en siguientes entregas.

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