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21 enero 2022 5 21 /01 /enero /2022 00:00
Imagen: HispanTV (http://www.hispantv.com)

Imagen: HispanTV (http://www.hispantv.com)

Según el borrador para un acuerdo sobre garantías de seguridad, que Moscú quiere alcanzar con EEUU y la OTAN, publicado por el Ministerio de Exteriores de Rusia, Putin propuso que ambas partes confirmen que no se consideran enemigos, se comprometan a resolver pacíficamente sus disputas y se abstengan del uso de la fuerza o la amenaza de su uso de todas formas incompatibles con los objetivos de la ONU, para así reducir las tensiones geopolíticas existentes; que la OTAN dé garantías de no ampliación hacia el este, no admita en dicha alianza a estados que fueron miembros de la URSS y no desplace fuerzas de ataque cerca de las fronteras rusas; que ni EEUU ni Rusia instalen armamentos o efectivos militares fuera de sus territorios, donde la otra parte los considere una amenaza para su seguridad

Rodolfo Bueno

La capacidad de tergiversación de las noticias por parte de los medios de comunicación dominantes es realmente asombrosa, y el relato sobre los posibles “tambores de guerra” en suelo ucraniano es clara muestra de ello. Pero de atrás le viene el pico al garbanzo: los medios “occidentales” del mal llamado “mundo libre” vienen deformando interesadamente la información sobre Rusia desde hace mucho tiempo, por supuesto en favor de los intereses de la Alianza Atlántica (OTAN), brazo armado del imperialismo norteamericano. Y así, desde hace varias décadas (enfoque incrementado además desde la caída del Muro de Berlín), los medios de comunicación occidentales más poderosos llevan haciendo un flaco favor a la neutralidad política y democrática, y por ende, al pacifismo mundial, exponiendo una lectura de los hechos completamente sesgada e interesada. La lectura más resumida que podríamos hacer de lo que se divulga es bien sencilla: la Rusia (de Putin) es la mala, y la OTAN (y, por tanto, Estados Unidos y sus vergonzosos países aliados) es la buena.

 

Pero nada más alejado de la realidad. Vaya por delante que no pretendemos con el presente artículo difundir una imagen suavizada de las políticas de la Federación Rusa, que nos parecen, en muchos casos, absolutamente deleznables. Pero ya es hora de colocar las cosas en su sitio, y de contrarrestar tanta información basada en mentiras interesadas, y en falaces lecturas sobre los actores implicados: lo cierto es que Rusia lleva sufriendo las provocaciones de la OTAN desde hace décadas, comportándose de forma elegante y diplomática, ante los flagrantes ataques a su soberanía, y a los acuerdos firmados al respecto. Y así, desde que se desgajara la antigua URSS, la CIA y el Departamento de Estado norteamericano llevan intentando extender las fronteras de la OTAN más allá de los límites que se acordaron respetar en su momento, de tal forma que no les ha bastado incorporar a dicha organización desde 1999 a países de la antigua órbita soviética como Albania, Bulgaria, Chequia, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Montenegro o Rumanía, sino que en los últimos años está interviniendo en aquellos que tienen frontera directa con Rusia, tales como Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán.

 

Por supuesto, para “validar” todas estas acciones en el imaginario colectivo occidental (léase los países europeos), los medios de comunicación dominantes, siempre al servicio de los intereses estadounidenses, llevan practicando una política de difusión de una imagen de la Federación Rusa como un país corrupto y como una dictadura, que ataca (encarcela, envenena, exilia…) a sus “opositores” (en realidad, disidentes), para que sus dirigentes permanezcan en el poder. De esta forma, casi diariamente, los noticieros, prensa e informativos occidentales, mientras obvian, ignoran o minimizan todas las terribles operaciones de Washington sobre terceros países (a los que invaden, chantajean, bombardean, sancionan, bloquean, insultan…), nos presentan una imagen de Rusia terrible, agresiva y tenebrosa, macabra y cruel, que no se corresponde para nada con la realidad de dicho país. Lo cierto es que Rusia (que como decimos, tendrá sus defectos) no practica ninguna injerencia sobre terceros países, siendo absolutamente respetuosa, pero lo que pide, evidentemente, es que los demás también sean respetuosos con ella. Rusia, por tanto, no está “preparando una invasión de Ucrania”, como presentan de forma falaz e interesada los medios occidentales, sino defendiéndose de las agresiones estadounidenses.

 

Porque lo cierto es que las operaciones sobre Ucrania llevadas a cabo desde 2014 han sido organizadas por la CIA y el Departamento de Estado, para infiltrar dirigentes “opositores” que hagan caer los gobiernos prorrusos, para implantar gobiernos prooccidentales, afines a su integración en la OTAN. Rusia, por tanto, se ha limitado a defender su, cada vez más, limitado territorio, afín a las antiguas naciones de la órbita soviética. Remontémonos, para comprenderlo mejor, a los tiempos de la Guerra Fría, cuando ambos bloques militares (la OTAN y el Pacto de Varsovia) se respetaban, y cada uno pertenecía a órbitas geopolíticas distintas. Pero después de la caída del Muro de Berlín, el bando occidental prometió a Mijail Gorgachov que si la antigua URSS permitía la reunificación de Alemania, la OTAN no se expandiría ni un centímetro hacia la Europa del Este (Carta sobre la Seguridad Europea, Estambul, 1999). Es evidente que la OTAN ha incumplido su palabra en numerosas ocasiones, pero este terrible hecho, contrario a la paz mundial (pues lo que la OTAN debería haber hecho en su momento es disolverse, tal como hizo el Pacto de Varsovia, pues ya no tenía sentido su existencia), no se cuenta en los medios de comunicación occidentales, no solo ocultando la realidad, sino además predisponiendo a la población a favor de la OTAN y en contra de Rusia.

 

¿Quién tiene, por tanto, vocación imperialista? ¿Quién no respeta al contrario? ¿Quién pone en peligro la paz? ¿Es Rusia quizá quien hostiga, por ejemplo, a México para instalar allí sus bases militares, justo en la frontera estadounidense? ¿Qué hubiese ocurrido si Rusia hubiera practicado esta política? En el caso concreto de Ucrania, y para obtener la separación de la URSS, aceptó la prohibición de adherirse a ninguna otra alianza militar, pero lo cierto es que desde 2008, la OTAN lleva intentando adherir a dicha nación a sus filas, y de aquellos polvos, estos lodos. Las reuniones al más alto nivel llevadas a cabo en Bruselas la pasada semana solo sirvieron para que cada parte implicada continuara reivindicando sus posiciones, pero como decimos, los medios de comunicación dominantes continúan difundiendo, a diario, que el país que “provoca” y “amenaza” es Rusia, cuando es completamente falso.

 

Digamos, por tanto, alto y claro, que quien provoca y amenaza, quien no respeta los acuerdos, y quien pretende extender su área de influencia más allá de lo que le corresponde es la OTAN, apoyada de forma vergonzosa por esta decadente Unión Europea, en la cual además nuestro país juega un papel de vergonzoso bufón al servicio de dichos espurios y bélicos intereses. De hecho, estos días, nuestro Ministro de Asuntos Exteriores (José Manuel Albares) se ha reunido con el Secretario de Estado estadounidense, Blinken, mostrándole su más fervoroso apoyo, y declarando que “vamos a trabajar juntos para disuadir” a Rusia si fuese necesario. En sentido general, los ministros europeos se han convertido en meros voceros y portavoces de los intereses de Washington, por mucho que intenten ofrecer una imagen de independencia. Por tanto y en resumen, que la población europea lo tenga bien claro: si los tambores de guerra en Ucrania acaban al final materializándose, la responsabilidad no será de Rusia, sino de los Estados Unidos, de la OTAN y de sus perversos aliados europeos, es decir, nuestra.

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6 enero 2022 4 06 /01 /enero /2022 00:00

Acaba de entrar en vigor en nuestro país la ley que prohíbe tratar a los animales como si fueran “cosas” (con la única oposición de Vox, la derecha más salvaje y retrógrada), pasando a la dimensión de “seres sintientes”, lo cual les reconocerá determinados derechos (no podrán ser embargados, hipotecados, abandonados, maltratados o apartados de alguno de sus dueños, en los típicos procesos de separación o divorcio), mediante un nuevo régimen jurídico que ha modificado algunas leyes anteriores, para que sean coherentes con esta nueva situación. Ello supone evidentemente un gran paso adelante, una victoria moral y una llamada de atención para poder erradicar ciertas prácticas injustas contra los animales, como el hecho triste de que alrededor de 200.000 animales sean abandonados cada año en nuestro país. Bien, pero los avances recogidos en esta norma legal no son el fin de nada, sino justo lo contrario: el principio de un largo camino, cuya meta es alcanzar la sensibilidad y conceptualización que los animales se merecen, y que los humanos no les concedemos.

 

Y es que los humanos continuamos tratando a los animales, sobre todo a los domésticos, con absoluto desprecio. Sin ir más lejos, durante estas Fiestas Navideñas, y según estimaciones de la Fundación Affinity, más de 150.000 animales de compañía serán “regalados” (como si fueran un pantalón, un zapato o una muñeca) a los más pequeños de la casa, cuando además, en un porcentaje importante, estos animales no han sido solicitados, es decir, que sus padres se los “regalan por sorpresa”. Ello demuestra, como decíamos, una conceptualización sobre lo que implica la responsabilidad de hacerse compañero/a de un animal doméstico absolutamente distorsionada. No existe la educación necesaria (que debería provenir en primer lugar de la escuela y del entorno familiar) para comprender en toda su dimensión el compromiso que la tenencia de un animal de compañía representa, ante él y ante el resto de la sociedad.

 

Un compromiso que no implica únicamente satisfacerle las necesidades básicas de alimento, cobijo, protección, tratamiento de enfermedades y cumplimiento de la legislación vigente en cada lugar, sino que también abarca la obligación de cubrir el resto de necesidades que ellos, como seres vivos, tienen: juego, esparcimiento, compañía, atención, buen trato, amor…En definitiva, lo que pudiéramos denominar como una “tenencia responsable”, asumiendo, en primer lugar, que dicho animal crecerá, nos acompañará durante los próximos años, envejecerá y morirá, y somos responsables, al igual que con nuestros propios hijos, de proporcionarles la mejor vida posible. Una tenencia responsable que como decimos no se refiere solo a que seamos “buenos ciudadanos” y respetemos las normas que se refieren a ellos en nuestro entorno rural o urbano, sino que además los convirtamos también a ellos en buenos ciudadanos.

 

Todavía hoy, cientos de prácticas, costumbres y tradiciones continúan ejecutándose en nuestras ciudades y pueblos, y en nuestros hogares, que son absolutamente contrarias a la sensibilidad que los animales merecen, como por ejemplo la utilización de petardos, que provocan en ellos incontrolables ataques de pánico, dado su elevado umbral auditivo. Y por supuesto, nuestros entornos urbanos y rurales continúan sin estar realmente preparados para la convivencia plena entre animales domésticos y humanos, como por ejemplo en los aspectos que tienen que ver con el transporte público o con la existencia de parques públicos seguros dedicados a su paseo, juego y esparcimiento. ¿Quién fue primero, la gallina o el huevo? Esta pregunta intenta que reflexionemos sobre si los avances legales han de surgir de una previa educación ciudadana sobre el mundo y el bienestar animal, o si son las leyes las que han de concienciarnos sobre dichos asuntos. Sea como fuere, estamos aún muy lejos de alcanzar el grado de comprensión y sensibilidad hacia el mundo animal al que deberíamos aspirar.

 

De cara a los avances legales, y contemplando todo el mundo animal, estamos aún muy lejos de diseñar una completa Ley Integral de Protección y Bienestar Animal, que sería lo deseable para contemplar todos los aspectos que dicho problema necesita abordar, porque además de resolver muchos aspectos relativos a la “liberación animal” (en expresión de Peter Singer), cubriendo asuntos de tanta importancia como los relativos a la experimentación científica con animales, la utilización de animales para la dieta humana, o el maltrato al que se les somete en todo tipo de festejos populares, tampoco es esa la meta final, sino que también nos interesa avanzar en la consideración de los animales domésticos como ciudadanos de nuestro entorno, así como en el respeto a la soberanía de los animales salvajes. Estos conceptos de “ciudadanía” y “soberanía” han sido clásicamente utilizados únicamente para los contextos humanos, pero estamos convencidos de que también deben referirse al mundo animal. Largo camino, aún, el que nos queda por recorrer.

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8 diciembre 2021 3 08 /12 /diciembre /2021 00:00

Las Constituciones que no se pueden reformar están condenadas a morir. Esta Constitución ha quedado como un traje viejo. Hay que volver a escuchar a la sociedad española, construir nuevos consensos, un nuevo horizonte de esperanza…Hay que asumir los retos que han surgido en la anterior crisis y en ésta. Tres grandes retos tenemos por delante: el reto democrático (…), el reto territorial (…), y el reto social

Jaume Assens (Portavoz de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados)

Se acaba de celebrar, un año más, el Día de la Constitución, siendo ya éste el número 43 desde que fuera ratificada en referéndum en 1978. Y la pregunta es: ¿es deseable una Constitución, en cualquier país democrático del mundo, con 43 años de edad? ¿De verdad tiene sentido su vigencia? No pretendemos afirmar que sus contenidos no sirvan, lo que estamos cuestionando es que, después de 43 años, las formaciones políticas a nivel nacional (salvo Unidas Podemos) se aferren a la idea de que ni una sola coma ha de ser cambiada en el texto constitucional. Nos parece algo absolutamente insólito, ya que las Constituciones son el reflejo de una determinada sociedad, pero en su tiempo histórico, con sus circunstancias concretas, y los que ya tenemos un poco más de edad, recordamos perfectamente cuáles eran las circunstancias de nuestro país en 1978.

 

En efecto, aún sonaba el ruido de sables (de hecho llegaría el intento de Golpe de Estado tres años más tarde), los líderes de la izquierda republicana aún estaban en el exilio, sus respectivas formaciones políticas no estaban legalizadas (únicamente se había legalizado el Partido Comunista, a cambio, entre otras cosas, de aceptar la Monarquía), y los gerifaltes franquistas, que entonces habían formado otros partidos “democráticos”, así como la judicatura, campaban a sus anchas, situándose en los puestos más significativos de las escalas de poder. Hoy día, después de 43 años, no es que haya cambiado mucho el panorama, pero al menos, el transcurso del tiempo ha permitido que determinadas ideas y concepciones políticas ocupen el tablero y la primera plana sin que ello constituya un escándalo nacional. Pero aun así, la tremenda reticencia de los partidos mayoritarios para alterar ni una coma de la Carta Magna nos mantiene con dicho texto absolutamente blindado, como si fuese un fósil, una momia escrita en pergamino que hubiese que loar indefinidamente. A este paso, no ya 43, sino 143 años cumplirá la Constitución sin reformarse, lo cual constituye una enorme anomalía democrática.

 

Vamos a destacar a continuación los que, a nuestro juicio, son los tres motivos fundamentales para debatir y proyectar las reformas constitucionales que hacen falta en nuestro país, de forma urgente:

 

1.- La edad de la Constitución. Como acabamos de comentar, 43 años son muchísimos años para un texto constitucional, no ya en España, sino en cualquier país del mundo. Más de cuarenta años cubren ya dos generaciones completas, dos generaciones que no votaron dicho texto constitucional, y que por tanto, están absolutamente ninguneadas por la Carta Magna. No se trata ya, por tanto, desde este punto de vista, de que la Constitución vigente tenga que cambiarse por obsoleta, incompleta o deficiente, sino que incluso la mejor Constitución del mundo, la más completa y eficaz, la más justa y democrática, al transcurrir tanto tiempo debiera ser actualizada, y si fuese el caso, modificada, y por supuesto, votada por las nuevas generaciones. Si esto no se hace, como hemos apuntado más arriba, la Constitución se convierte en una reliquia, en un tótem que sirve únicamente a los intereses de los que no quieren cambiarla. Las Constituciones deben ser siempre hijas de su tiempo, y eso conlleva que, como muy tarde cada dos décadas, deban ser revisadas, ampliadas, modificadas y votadas, aunque de hecho no se cambie ni una coma de ellas, porque su población esté encantada con su texto constitucional. Pero es imprescindible abrir el debate sobre su reforma cada cierto tiempo, para que las nuevas generaciones se vean referidas e incluidas en ella.

 

2.- Remover los cimientos de poder que la Constitución sustenta. Es evidente que la motivación fundamental de la negativa a abrir el debate constitucional por parte de los partidos mayoritarios a nivel nacional descansa en el hecho de que la Constitución de 1978 sustenta una estructura de poder que les conviene, les refuerza sus privilegios y les asegura sus prebendas, así como la continuidad del propio sistema. Pero ello, de nuevo, es una anomalía democrática, prevista así en un momento histórico determinado, que hay que debatir, creando un nuevo consenso en torno a determinados asuntos, tales como la Jefatura del Estado (la Corona), la forma del mismo (Monarquía o República), la estructura del mismo (Autonomías o Estado Federal), así como el cambio en una serie del articulado concreto, como el que aborda las funciones de las Fuerzas Armadas, o el que debiera recoger el derecho de autodeterminación de los pueblos que forman el Estado Español.

 

3.- Blindar los derechos sociales que la Constitución recoge. Por último, es absolutamente preciso abrir el debate constitucional para recoger el blindaje de los derechos económicos y sociales que la Constitución recoge, pero que actualmente quedan en un ámbito subjetivo, es decir, sin una clara protección por parte del Estado. Aquí entrarían los artículos que recogen el derecho a la vivienda, el derecho del Estado a la intervención pública en la economía, o la derogación del actual artículo 135, que da preferencia al pago de la deuda a las entidades financieras, antes que a la cobertura de los derechos sociales de la ciudadanía. Nosotros pretendemos, además, que el texto constitucional recoja la concesión a todo ciudadano/a de una Renta Básica Universal, así como el blindaje (es decir, su garantía a toda la ciudadanía y la prohibición expresa de su privatización) de los derechos a la sanidad pública, a la educación pública, a los servicios sociales, etc. Así mismo, también pretendemos que la reforma constitucional recoja en su articulado la protección de los derechos de última generación, tales como el derecho a un medio ambiente sano y equilibrado, el derecho a la paz o el derecho igualitario entre hombres y mujeres.

 

Tales son, por tanto, las necesidades fundamentales que la apertura de un debate constitucional debería recoger, pero como decimos, mientras continúen primando los intereses y los privilegios de las élites económicas y políticas del país, situadas en los partidos mayoritarios a nivel nacional, y en la derecha política, económica, social y mediática, este debate seguirá esperando poder realizarse, y continuaremos en esta anómala y anacrónica situación, celebrando cada año el 44, 45, 46…aniversarios de la Carta Magna. Es una actitud perversa e interesada, pues por mucho que cambien los entornos legales concretos y determinados, si no cambiamos los cimientos donde todos ellos se asientan, que se recogen en la Constitución, difícilmente podremos avanzar hacia un modelo y proyecto de país más justo, igualitario y democrático.

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4 noviembre 2021 4 04 /11 /noviembre /2021 00:00

Aun cuando la historia no pueda decirnos exactamente qué significa la música, ésta sí que puede decirnos algo sobre la historia

Alex Ross

Estamos asistiendo, de un tiempo acá, a todo un proceso de revisión histórica sobre la génesis del Arte Flamenco, o si se prefiere, gitano-andaluz. En efecto, una serie de autores, investigadores, escritores, flamencólogos, musicólogos, historiadores, etc., están intentando divulgar, bajo un manto de apariencia científica, toda una revisión sobre los postulados en los que se asentaba lo que se conocía sobre el tema, corriente que estos autores denominan “Flamencología clásica”, y que, siempre según ellos, estaba basada en mitos, falacias y fantasías. Frente a esta flamencología clásica, ellos ofrecen lo que denominan “Flamencología científica”, a la que abonan, en sus diferentes obras, con toda una suerte de datos, descubrimientos y sobre todo, opiniones. Lo que pretendo argumentar en este artículo son las visiones y los intereses que subyacen a los nuevos planteamientos que presentan estos flamencólogos “científicos”, así como también las deficiencias de los planteamientos de la flamencología clásica, imperante, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo XX.

 

En primer lugar, quiero aclarar por qué uso el entrecomillado para la palabra “científica”, aplicado a la Flamencología. Y es que como ocurre por ejemplo con la Economía, ésta es presentada a la opinión pública como si fuera una ciencia exacta (al mismo nivel de las Matemáticas, la Física, la Química…), y esto es un hecho interesado, practicado precisamente por los autores que quieren ofrecer un barniz científico a sus verdaderas intenciones ideológicas: se trata de disfrazar, como si fueran verdades científicas irrebatibles, lo que no son más que postulados basados en corrientes ideológicas, para hacer creer a la opinión pública que sus opiniones (que responden, como decimos, a una evidente carga ideológica, y por tanto a la defensa de sus intereses) son la única alternativa y la verdad absoluta. En realidad, la Economía, como otras muchas disciplinas, es una Ciencia Social, como la Historia, la Sociología, y muchas otras, encuadradas en el gran grupo de las Humanidades, donde sus postulados obedecen a una determinada interpretación de los acontecimientos históricos, y por tanto, a las conclusiones que podamos obtener de dichas interpretaciones. No existe, por tanto, una Flamencología que pueda ser más “científica” que otra, sino corrientes de opinión y de interpretación sobre los diferentes hechos históricos que determinan estos fenómenos.

 

¿Dónde se asentaba la flamencología del siglo XX? Grandes nombres como Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” (padre de los egregios poetas Antonio y Manuel Machado), cuya obra situamos a finales del siglo XIX, junto a Carlos y Pedro Caba, Manuel de Falla (a principios del siglo XX), y posteriormente Anselmo González Climent, Ricardo Molina, José Manuel Caballero Bonald, Juan de la Plata, Félix Grande, Manuel Ríos Ruiz, Manuel Barrios, José Blas Vega, Fernando Quiñones, etc., dieron a conocer el grueso de los fundamentos de la Flamencología actual, justamente la que los autores revisionistas pretenden criticar. Hemos omitido expresamente un nombre fundamental: Blas Infante, precisamente porque queremos basarnos en su aportación para rescatar los planteamientos que, pensamos, no quisieron o no pudieron asumir estos autores del siglo pasado. En efecto, todos ellos, más o menos, con sus diferencias y matices, asumían y presentaban un relato de la gestación del Arte Flamenco basado en la propia historia e idiosincrasia del pueblo andaluz, que como crisol de culturas, iba a actuar como cuna para la formación de un nuevo arte musical, y de una cultura, la flamenca, basada en las aportaciones de todas ellas (judía, morisca, gitana…), siempre sobre la base y el sustrato del solar andaluz.

 

Pero hablábamos anteriormente de la fundamental aportación de Blas Infante, de hecho el único autor del siglo XX que se atrevió (y usamos deliberadamente esta palabra, lo cual le costó, entre otros motivos, su asesinato en 1936 por parte de los militares fascistas sublevados en la Guerra Civil) a formular una hipótesis completa e íntegra sobre la gestación del Arte Flamenco, sostenida sobre la base fundamental de la aportación morisca, entendida ésta como lo que era: andaluza. Pero para ello (y por eso decimos que se “atrevió”) tuvo que contemplar un hecho fundamental que el resto de los autores (previos y posteriores a él) no contemplaron: la visión de la cultura y la civilización de Al-Ándalus como lo que realmente fue: una civilización esplendorosa, genial, avanzada y completa, y lo que es más importante, de dimensión andaluza, y por ende, española, europea y occidental. Contemplar este hecho fundamental de nuestra historia se oponía radicalmente a la influencia del pensamiento dominante que históricamente nos invade desde los tiempos de la mal llamada “Reconquista”, es decir, desde finales del siglo XV. Para hacerlo, por tanto, había que exhibir grandes dosis de valentía e integridad, y es exactamente lo que hizo Blas Infante.

 

Todos los autores del siglo XX que hemos mencionado, todos ellos brillantes, omitieron, ignoraron o no concedieron toda la credibilidad al relato de Blas Infante, entendemos que porque todos ellos también eran hijos del pensamiento dominante, pero sobre todo, porque ningún otro autor había continuado las investigaciones del insigne casareño, y por tanto, aún existían grandes lagunas en todos los campos (históricos, lingüísticos, musicológicos, etc.) que permitieran abonar la tesis de Blas Infante con más solidez y apoyos. Hoy día, no obstante, gracias a las investigaciones y aportaciones de muchos otros autores, de diferentes disciplinas, desde el propio Blas Infante, pasando por Félix Grande, y actualmente Antonio Manuel Rodríguez Ramos, José Ruiz Mata, etc., historiadores como Bernard Vicent, Emilio González Ferrín o Mª Jesús Viguera Molins, etc., o antropólogos como Isidoro Moreno, disponemos ya de una base conceptual e histórica para poder documentar, con más firmeza, los postulados originarios de Blas Infante, completarlos y ofrecerlos con más fuerza e integridad.

 

Dicha teoría, que es la que nosotros defendemos, parte como decimos de un puntal fundamental, que es el reconocimiento de la civilización de Al-Ándalus, como una civilización esplendorosa, cuyo epicentro estuvo situado en la actual Andalucía (Califato de Córdoba), y que se proyecta hasta nuestros días a través de los vestigios culturales de todo tipo que proceden de los moriscos (descendientes de los andalusíes, que fueron expulsados masivamente a principios del siglo XVII), y que se manifiestan en el orden musical, pero también en el orden folklórico, costumbrista, cultural, lingüístico, etc. En cualquier caso, por tanto, ligado a la historia y a la cultura andaluza. Ahí es donde entendemos que hemos de encuadrar el fenómeno flamenco, como un hecho diferencial y propio del acervo cultural andaluz. Por supuesto, este fenómeno fue enriquecido y completado con las aportaciones del pueblo gitano, sin el cual posiblemente tampoco hubiésemos llegado a conformar el arte flamenco tal y como hoy lo conocemos.

 

Pero frente a esta teoría, se ha desencadenado toda una reacción por parte de ciertos autores, e incluso algunos de los más radicales ponen en entredicho todas las bases donde se asienta, para ofrecer otros puntos de vista absolutamente descafeinados, y por supuesto, interesados. Básicamente, los bulos que se están publicando y difundiendo sobre nuestra cultura flamenca, parten de ignorar la civilización de Al-Ándalus y todo su legado, de negar la aportación del pueblo gitano, e incluso de desvincular la propia historia e idiosincrasia del pueblo andaluz, como elemento aglutinador para la génesis del arte flamenco. ¿Cómo explican entonces el fenómeno flamenco? Pues básicamente como un “hecho escénico”, que se da durante el siglo XIX, es decir, durante la época del Romanticismo (ligada a la exaltación del magismo y del gitanismo), y que proviene de un proceso de andaluzamiento o agitanamiento en los modos expresivos y musicales, de lo que antes se venían denominando como “bailes y cantes del país”, “bailes de palillos”, “bailes de candil”, “cantos andaluces”, etc. Es decir, niegan que la propia historia andaluza tenga algo que ver con el flamenco, niegan las aportaciones de moriscos, gitanos, judíos y otros pueblos en su proceso de gestación, y niegan, por supuesto, que el arte flamenco se gestara antes del siglo XIX, precisamente para no tener que reconocer la aportación de Al-Ándalus y de los moriscos en dicho proceso.

 

Esta equivocada teoría, a nuestro entender, es hija de la conceptualidad cultural de la globalización imperante, que intenta por todos los medios anular la identidad cultural de los pueblos del mundo, para integrarlos bajo unos mismos parámetros culturales, ignorando su historia y sus propios marcadores de identidad. Mediante un proceso cultural globalizador, lo que se practica es una suerte de apropiación de la cultura de los pueblos (en este caso del pueblo andaluz) para integrarla como perteneciente a la cultura de sus Estados-nación, incluso de la cultura de su continente, hasta llegar al ámbito de la cultura universal. Y en efecto, el arte flamenco es ya hoy día una cultura y una música universal, pero la universalización no anula la paternidad. Y la paternidad, las bases culturales y musicales, las materias primas, la savia y el genio que crean el arte flamenco son exclusivamente andaluces, pues andaluces eran todos los miembros de los pueblos que fueron aportando en su proceso de gestación.

 

Por tanto, frente a toda esta pléyade de autores revisionistas que intentan despojar de toda carga histórico-cultural al fenómeno flamenco, desligándolo de la propia historia de Andalucía y de su identidad y acervo cultural, como fenómeno antropológico ligado a nuestro pueblo, nosotros nos seguimos alineando y continuaremos defendiendo la que pensamos que es la visión justa y correcta del fenómeno flamenco, completamente ligado a la cultura autóctona y a la historia andaluza. Es hora de combatir la historia oficial, y de rescatar la memoria sepultada de tantos siglos. Porque para alcanzar la verdad, la historia y la memoria han de darse la mano, han de complementarse y casar a la perfección. Únicamente mediante esta visión holística seremos capaces de entender el fenómeno flamenco en toda su dimensión.

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12 septiembre 2021 7 12 /09 /septiembre /2021 23:00
Suicidios: ¿Sólo un problema de salud mental?

No podemos considerar sinónimos trastorno mental y suicidio, porque no todas las personas que se suicidan tienen un trastorno mental

José Antonio Luengo (Decano del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid)

Durante estos últimos meses, afortunadamente, el asunto de la salud mental en nuestro país viene siendo objeto de debate político. En efecto, es evidente que se necesita, desde el enfoque público, un mayor grado de protección para las personas con este tipo de problemas, dotando a las plantillas de los Centros de Salud y de los Hospitales  de un mayor número de psicólogos y de psiquiatras, para que puedan atender debidamente a las personas que lo necesiten. Y es que al igual que otras facetas de la salud pública, la salud mental es una de las que se encuentra más desprotegida en nuestra sociedad, por parte del Sistema Público de Salud. De esta forma, hoy día, los problemas relacionados con el acoso, el stress, los trastornos alimentarios, la ansiedad, la depresión, el refugio en el trabajo, y otras muchas manifestaciones de desequilibrio, se manifiestan en un porcentaje cada vez más elevado de la población, y sin embargo, el Sistema Público de Salud no contempla o se ve desbordado para amparar a las personas que sufren este tipo de problemas.

 

Pero lo más grave y perverso de esta situación, es que en muchas ocasiones, algunas de estas personas llegan a tal grado de desolación, a tal punto de abatimiento y desesperación, que se quitan la vida, recurriendo al suicidio de cualquier forma. Básicamente, esta situación extrema se produce cuando la persona en cuestión no encuentra salida, ni dispone de la ayuda para poder buscarla. Su termómetro vital ha alcanzado tal temperatura que, simplemente, entienden que la única forma de liberarse de tanto sufrimiento es dejar de existir. Y así lo hacen. Y lo hacen porque el sistema no les protege, es cierto, pero también lo hacen porque es éste mismo sistema quien crea las condiciones para que determinadas personas, abandonadas a su suerte, alcancen tal grado de desesperación vital. Una situación límite que no saben, que no pueden gestionar, que les colapsa y les bloquea de tal modo que únicamente mediante el suicidio son capaces de ponerle fin.

 

Las estadísticas en este sentido son terribles: más de 3.000 personas se suicidan anualmente en nuestro país, lo cual arroja un ratio diario de unas 10 personas por día. Es decir, que cada día del año, diez personas se quitan la vida, diez vidas son autoaniquiladas, en cualquier punto de España (y en mundo lo hacen un millón de personas cada año, lo cual significa un suicidio cada 40 segundos). Pensémoslo más fríamente: un lunes, desde 10 puntos de nuestra geografía, esas personas acaban con su vida, y el martes otros 10, y el miércoles los 10 siguientes, etc. Es una estadística absolutamente demoledora, que no nos podemos permitir como sociedad. El suicidio es la tercera causa de muerte entre los 15 y los 29 años, y su principal causa de muerte no natural, y a causa de la pandemia, han aumentado en un 250%. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2019 se suicidaron en España 2.771 hombres y 900 mujeres, que según el Colegio de Psicología de Madrid, es una cifra que debiera estar multiplicada por dos o tres, ya que muchos de estos casos se registran como accidentes, como otro tipo de muerte, o bien son enmascarados bajo el silencio, el estigma o el tabú.

 

El pasado sábado, 11 de septiembre, y por primera vez, la plataforma Stop Suicidios organizó en Madrid una manifestación para llamar la atención sobre este problema (https://zonaretiro.com/salud/manifestacion-suicidios-madrid/). Ojalá haya concienciado la mente de muchas personas sobre el asunto, y sobre todo, de muchos de los políticos que tienen en sus manos poder prevenir estas terribles situaciones. Su reivindicación principal ha sido la de exigir al Gobierno un Plan Nacional de Prevención del Suicidio (sólo 28 países en el mundo lo poseen). Esperemos que se diseñe, y que se cumpla. La manifestación ha sido apoyada por el Colegio de Psicología de Madrid. Pero intentando ir un poco más allá de la fría estadística, sería bueno preguntarse por las causas que originan estas terribles situaciones, plantear la gravedad de este fenómeno, y preguntarnos qué aspectos deberíamos cambiar, como sociedad, para evitar o prevenir estas situaciones límite. Quizá debamos comprender, y los psicólogos avalan esta idea, que no se trata de un fenómeno exclusivamente clínico, sino que también posee una vertiente económica y social de suma importancia. Abundando en ello, podríamos llegar a la conclusión de que las herramientas de prevención, que tanta falta hacen, no debieran centrarse únicamente en los aspectos de la salud mental, sino también en los aspectos económicos y sociales.

 

Veamos: es evidente que, debido a cualquier tipo de problema mental, originado desde cualquier causa (un desengaño amoroso, un fracaso profesional, una decepción personal, un refugio en el trabajo, la pérdida de un ser querido…), alguien puede llegar a estas terribles situaciones límite. Incluso existen personas que, fisiológicamente, poseen niveles bajos de determinadas sustancias, lo cual les provoca cierta tendencia hacia estados anímicos proclives a estas situaciones. Está claro, entonces, que la prevención clínica es fundamental (al igual por ejemplo que la prevención hacia cualquier tipo de cáncer), para poder llegar a ayudar, a tiempo, a estas personas. Pero…¿son éstas las únicas situaciones que conducen a la gente al suicidio en nuestro modelo de sociedad? Creemos que no. Pensamos que existen muchas más situaciones, que conducen igualmente a la extrema desesperación a las personas que las padecen, pero cuya etiología no se encuentra en la casuística anterior, sino en las propias situaciones vitales y personales a las que el sistema aboca a estas personas. En estos casos, aunque no posean ningún trastorno mental, entienden que la muerte, la desaparición, el escapar definitivamente, es la única liberación a su situación.

 

Los informes de diversas ONG’s, año tras año, denuncian la tremenda situación de precariedad vital que sufren muchas personas en nuestro país, personas solas o acompañadas, familias con o sin hijos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres, que simplemente, experimentan un grado de desesperación causado por estas situaciones de precariedad vital. La falta de trabajo, la falta de ingresos mínimos para poder proveer los necesarios suministros, la pobreza energética y alimentaria, la pérdida de sus viviendas, los desalojos y desahucios, muchas veces incluso desde una falta de colchón familiar que les proteja, los aboca a situaciones absolutamente desesperadas, ante las cuales no encuentran otra salida que el suicidio. Pero entiéndase bien: no estamos haciendo apología de este terrible fenómeno, estamos intentando explicar sus causas. No estamos justificando a los suicidas, estamos intentando comprenderlos, asimilar las razones y los motivos que les conducen a acabar con sus vidas de forma trágica.

 

La prevención del suicidio pasa, por tanto, no sólo por el desarrollo de un músculo sanitario y clínico que tenga la suficiente capacidad pública como para atender a todas las personas que lo necesiten, sino y sobre todo, por eliminar las terribles situaciones de desprotección social y de precariedad vital que pueden conducir a determinadas personas a recurrir al suicidio como solución a sus problemas, o mejor dicho, como liberación ante los mismos. En este sentido, debemos desarrollar políticas públicas que incidan en la protección social absoluta, de tal forma que ninguna persona llegue a encontrarse en situación de pérdida total de sus apoyos o círculos sociales y económicos. Se deben desarrollar mecanismos que, ante la falta de empleo, o ante la existencia de trabajos precarios, protejan mediante una Renta Básica Universal a todas las personas, se deben desarrollar planes de construcción de Vivienda de Protección Social (hoy día absolutamente ridículos o inexistentes) que garanticen el derecho humano fundamental a una vivienda asequible según el nivel de renta, se deben garantizar de forma universal e indefinida los suministros básicos a toda la población (energía, transporte…), y se deben robustecer los recursos dedicados a la Sanidad Pública y a la Educación Pública, de tal forma que nadie quede excluido de los mismos, por ningún motivo, o ante ninguna pérdida de ingresos.

 

Estamos firmemente convencidos de que, el día en que seamos capaces de diseñar un modelo político, económico y social lo suficientemente robusto como para no dejar a nadie atrás, en el que todo el mundo vea garantizados sus derechos fundamentales y sus necesidades básicas, y donde nadie tenga que sufrir situaciones de precariedad vital, ese día el número de suicidios descenderá de manera importante. Por supuesto que continuará habiendo suicidios, eso no podremos evitarlo nunca, pero además de evitarlos desde la protección sanitaria pública (ante los casos que efectivamente provienen de una enfermedad mental), los evitaremos también desde la óptica de la falta de referentes de protección social y económica. La desesperación, el abatimiento y la desolación más absoluta también llegan por estas vías, también provocan suicidios, y también podemos evitarlos. Ya lo hemos afirmado muchas veces, y aquí viene de nuevo a colación: el capitalismo mata. También provocando suicidios.

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10 julio 2021 6 10 /07 /julio /2021 23:00
Fuente: Greenpeace (https://es.greenpeace.org/es/)

Fuente: Greenpeace (https://es.greenpeace.org/es/)

Pedro Sánchez se ha desautorizado a sí mismo y a su gobierno. Por cuñado, por negacionista climático, y por ir en contra de su propia ley de cambio climático, de su agenda 2050 y de la doctrina ideológica de su gobierno

Antonio Maestre

Alberto Garzón no ha hecho más que decir lo que dicen los pediatras, lo que dice la ONU, la UE y la OMS: no puede haber un consumo de carne elevado. Cuando uno dirige un ministerio tiene que preocuparse por el bien común y no por hacer lobby para nadie

Enrique Santiago

El Ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha lanzado recientemente su campaña “Menos carne, más vida”, y lejos de ser acogida y respaldada por el Gobierno de coalición, éste ha desplegado una rotunda desautorización del Ministro. La campaña pretende, únicamente, volver a concienciar a la población (desde los puntos de vista ambiental y nutricional, además del bienestar animal) sobre la necesidad de reducir nuestro consumo de carnes rojas (España es el mayor consumidor de Europa), con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, cuidar nuestra salud, practicando una dieta más saludable, y contribuir al desmontaje de los grandes negocios de ganadería intensiva. Por supuesto, esperábamos las críticas de la derecha política, social y mediática de este país, esperábamos lo mismo del sector cárnico de este país (que no va a contemplar otra cosa que no sea su propio ombligo), pero no lo esperábamos de sus propios compañeros de gabinete.

 

Siendo una campaña lógica y bien fundamentada, necesaria y justa, todo un linchamiento del Ministro Garzón se está llevando a cabo, con la connivencia, desde el Presidente del Gobierno, el resto de Ministros “socialistas” (con alguna honrosa excepción, como la Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera), pasando por los “barones” socialistas, hasta llegar, por supuesto, a los partidos de la derecha y al sector cárnico-industrial de este país. La propuesta no está sacada de la manga, ni es un conejo de una chistera, sino que ya había sido contemplada dentro de las medidas del Acuerdo para un Gobierno de Coalición, pero como decimos, y tantas veces estamos comprobando en la presente legislatura, la lealtad del PSOE brilla por su ausencia. Veamos el alcance de lo ocurrido desde dos puntos de vista, las formas y el fondo:

 

1.- Las Formas. Quizá cuando crearon y ofrecieron a Alberto Garzón el Ministerio de Consumo, el PSOE pensó que tendría “de cascarilla”, como decimos en mi tierra, a este gran político ocupado y entretenido en cosas banales, y no se esperarían que interviniera en grandes asuntos de importancia, como el que nos ocupa. Y por supuesto, una cosa es que los gabinetes ministeriales estén coordinados (Garzón asegura que la cartera de Agricultura, con Luis Planas al frente, estaba plenamente informada), y otra cosa es que los Ministerios no puedan (y deban) tener plena autonomía para organizar su propia agenda política, con el horizonte de consecución de los objetivos marcados. Y eso es exactamente lo que el Ministro Garzón ha hecho: lanzar una campaña desde el Ministerio de su competencia, absolutamente respetuosa (incluso diríamos que muy suave, pues ni siquiera se marca objetivos concretos, limitándose a aportar datos para concienciar a la población sobre el problema) con el resto de agentes políticos y sociales, pero miren ustedes por dónde, en vez de ser acogida y respaldada por su propio Gobierno, éste ha decidido no solamente desautorizar y criticar, sino incluso ridiculizar, la campaña de Garzón. El rosario de declaraciones falaces e impresentables que hemos tenido que soportar es interminable. Es posible que durante los próximos días aún tengamos que soportar algunas más.

 

Veamos algunos ejemplos: el Presidente del Gobierno, requerido por los periodistas en rueda de prensa, aseguró sin despeinarse que “A mí, donde me pongan un chuletón al punto…¡Eso es imbatible!”. Sin comentarios. El Ministro Planas aseguró que no conocía la campaña, y que en cualquier caso, era una campaña “desafortunada” e “injusta” que los ganaderos de este país “no se merecen”. De entre los “barones socialistas” destaca (como siempre últimamente, debe ser que le ríen mucho sus gracias) el Presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, cuya crítica podemos tildar de feroz y despiadada: “Algunos ministros se están inventando cada día su cargo…¡Es que no tienen nada que hacer!”. No comprendemos cómo personajes de esta guisa continúan en un partido que se llama “Socialista”, y que en lo alto de una tarima y ante un micrófono proclaman un discurso absolutamente impresentable. Podríamos continuar. Lo peor de todo es que no es la primera vez que el PSOE es completamente desleal con Unidas-Podemos en este Gobierno de Coalición: el apoyo es nulo, las críticas abundan, y los Ministros de Unidas-Podemos han de estar continuamente peleando sus iniciativas con este PSOE de pacotilla, a veces tan conservador y reaccionario como el mismo PP.

 

Pero las formas del Gobierno no solo han fallado en lo que se refiere al fuego amigo, sino en lo tocante a la hipocresía desplegada: como señala el medio Contrainformacion en este artículo,El Presidente del Gobierno presentaba ante los medios la ambiciosa estrategia España 2050 en mayo de este año, un documento elaborado por expertos por encargo de Moncloa en el que se dibujaba cómo sería el país dentro de tres décadas. El documento fijaba cambios en el modelo de consumo de los españoles como consecuencia de la crisis climática y hablaba claramente de una reducción de las dietas cárnicas para disminuir la huella ecológica de la agroindustria”. No se entiende, por tanto, la desfachatez de Pedro Sánchez refiriéndose al chuletón, cuando lo que debería haber hecho es respaldar y elogiar a su Ministro.

 

Y por su parte, las críticas de la derecha tampoco se hicieron esperar. Son éstas las que más tiran al monte, por su propia naturaleza: han pedido ya la dimisión del Ministro Garzón, después de asegurar cosas como que “dejen de meterse en lo que las personas hacen en su casa, y se vayan a su casa, porque no saben gestionar” (Pablo Casado dixit). Por lo visto, para Pablo Casado, el consumo también es una dimensión absolutamente privada, en la que el Estado tampoco debe intervenir. Se suman así a los impuestos, a la educación, y a mil asuntos más a los que vetan a la iniciativa pública, porque entienden que son asuntos que deben ser abordados únicamente en el entorno privado (la familia, fundamentalmente). Por su parte, el Consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo (PP), ha instado al Ministro Garzón a “pedir perdón” a las explotaciones ganaderas andaluzas. Suma y sigue en los despropósitos y desatinos.

 

Y por último, como cabía esperar, han llovido críticas del sector más directamente afectado, como es el sector cárnico-industrial de nuestro país: que si el Ministro está mal informado, que si los datos que aporta son engañosos, y mil argumentos más para no reconocer que, en efecto, la dimensión y características del sector en nuestro país (y en el resto de países, cada uno con sus características) debe sufrir un acomodo y una transformación si pretendemos contribuir y aportar en la buena dirección no ya solo al cambio climático, no ya solo a una dieta correcta, sino también (asunto normalmente olvidado) al bienestar animal. Concretamente, un total de seis asociaciones del lobby de la carne en nuestro país remitieron al Ministro una carta abierta, donde se podía leer: “Queremos manifestarle el estupor de los cientos de miles de ganaderos, empresas, trabajadores y técnicos de toda España vinculados a los sectores ganaderos y cárnicos a los que representamos, ante la campaña suscrita por usted mismo y el Ministerio del que es titular, en la cual difama al conjunto del sector ganadero-cárnico…”…Palabras demasiado gruesas. Por la misma lógica, si recomendáramos comprar y usar menos coches, ¿también estaríamos difamando al sector del automóvil? Como decimos, fallan las formas. Parece que este país está tan embrutecido que no consiente un debate sosegado y tranquilo. Y a todo ello, y como siempre, los medios de comunicación dominantes, que contribuyen, cada uno a su modo, a desprestigiar toda iniciativa que provenga de Unidas-Podemos, y que ponga en cuestión el sistema-mundo establecido. En resumidas cuentas, el nivel intelectual de nuestra clase política y de nuestros empresarios es de puñetera pena.

 

2.- El Fondo. Al observar críticas tan generalizadas, podríamos llegar a pensar que el Ministro Garzón está proponiendo poco menos que una barbaridad, que es una campaña desquiciada, o que su objetivo no ofrece el debido fundamento. Nada más lejos de la verdad. El fondo de la campaña, lo que el Ministro está proponiendo, no solo es una cuestión de absoluta lógica y justicia, sino que está de acuerdo con TODOS los organismos nacionales e internacionales que abordan el asunto (ONU, OMS, OCU, FAO, OCDE, OMC…), con el Parlamento y la Comisión Europea, y con todas las organizaciones científicas y ONG’s de carácter ambientalista y animalista. Un informe de Greenpeace de 2018 ofrece amplia información sobre datos, cifras, tendencias y objetivos. Y por su parte, la OMS ha realizado estudios donde se pone de manifiesto la posibilidad de que la carne roja y la procesada (hamburguesas, salchichas…) puedan ser productos cancerígenos. Pero parece que una cosa es que vengan una serie de recomendaciones escritas en un papel, y otra cosa bien distinta es proponer llevarlas a la práctica. Ocurre, salvando las distancias, como con el independentismo catalán, al cual se le da el siguiente mensaje: “Podéis pensar lo que os dé la gana, pero que no se os ocurra llevarlo a la práctica”. Y es que un determinado debate podrá ser todo lo justo y verdadero que quiera, pero si me toca el bolsillo…no hay nada que hacer. En este caso toca el bolsillo y la mesa, aspectos infranqueables para una sociedad tan alienada como la que tenemos.

 

Y por supuesto, tampoco hay nada que hacer si una determinada campaña o iniciativa política nos toca directamente nuestros hábitos o costumbres más íntimas, como en este caso la comida. Veamos algunos datos aportados en el vídeo de la campaña, que vamos a completar con algunos otros, y los enlaces a dichos informes o estudios: en nuestro país se producen, cada año, 7,6 millones de toneladas de carne para el consumo humano, obtenidas a través del sacrificio de 70 millones de animales. Un sacrificio que, en gran parte de las veces, ocurre con un tremendo sufrimiento para ellos. Las cantidades recomendadas de consumo de carne (según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que no es un nido de comunistas intervencionistas, que sepamos) están entre 200 y 500 gr. semanales, pero en nuestro país el consumo medio es de más de 1 kg.

 

Durante el pasado año, y debido a la pandemia, el consumo de carne se ha incrementado, situándose en 49,86 kg. por persona/año, lo cual significa un aumento del 10,2% con respecto al año anterior. Y según un estudio de Justicia Alimentaria, los españoles tienen una ingesta de carne semanal cuatro veces superior a lo estipulado por dichos organismos internacionales. La llamada, por tanto, es a la moderación. No se trata de prohibir, sino de alertar y de concienciar. El peligro para la salud está más que demostrado: según la OMS, un alto consumo de carnes rojas puede traducirse en infartos, diabetes, y otras enfermedades. Por otra parte, y de cara al bienestar animal, deberíamos fomentar (y los poderes públicos también están para eso, por muy íntimos y privados que sean los hábitos alimenticios) una dieta cada vez más vegetariana y vegana, ya que es la mejor forma (al igual que el reciclaje de los residuos de cara a la contaminación ambiental) en que cada persona, a nivel individual, puede contribuir a erradicar dicho problema.

 

Pero es que el consumo de carne también perjudica al planeta: las flatulencias de las vacas y las heces de los cerdos, así como sus piensos, generan ya, a nivel planetario, más contaminación que la de los vehículos a motor (es decir, que todo el sector del transporte a nivel mundial). Todos los estudios científicos apuntan a que la macro ganadería industrial, en su conjunto, representa casi el 15% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera (fundamentalmente metano), responsables del calentamiento global y de los terribles efectos del cambio climático. Según datos de la FAO, las cadenas de suministro de ganado son responsables, en conjunto, de más de 8.000 millones de toneladas de GEI, donde el metano (CH4) representa aproximadamente la mitad del total. Y resulta que el metano es un GEI tan potente que un solo kg. de este gas liberado a la atmósfera posee el mismo potencial de calentamiento que 25 kg. de CO2. Los datos apuntan a que si fuéramos capaces de situarnos en los niveles de consumo de carne recomendados, reduciríamos un 50% las emisiones de gases procedentes de esta industria, y hasta un 20% el número de muertes prematuras debidas a esta causa.

 

Pero además, resulta que, según todas las ONG’s que abordan el problema, el mantenimiento de este tipo de industria a nivel mundial también es insostenible. Por ejemplo, en América Latina se están deforestando a marchas forzadas pulmones naturales del planeta (selvas, bosques, acuíferos…), para poder sostener el ritmo de dedicación a esta industria: por ejemplo, para producir soja con la que se elaboran los piensos con los que se alimentan las vacas. Los niveles de agua y de pastos necesarios también son insostenibles. Está estudiada la huella hídrica, es decir, los niveles necesarios de agua para que, al final, podamos tener en nuestra mesa ese chuletón al que se refería Pedro Sánchez con ironía manifiesta. No nos referimos a la ingesta de agua necesaria durante la vida de estos animales, sino precisamente a la cantidad de agua necesaria durante todos los eslabones de la cadena de valor, desde el agua requerida para el pienso hasta la requerida para el transporte: los cálculos nos indican que cada kg. de carne de vaca lista para el consumo requiere para su producción unos 15.000 litros de agua.

 

Cambiando nuestra dieta, por tanto, podemos contribuir a mejorar la salud de nuestro planeta (evidentemente, junto con muchos más cambios en determinados sectores, ya que tampoco estamos queriendo situar a la industria agroganadera como la máxima responsable del calentamiento global). Pero cambiando nuestra dieta, también podemos contribuir a que las grandes empresas de ganadería industrial extensiva (nos referimos a las macrogranjas, que también existen en nuestro país) no puedan continuar con sus crueles prácticas hacia los animales, en lo que atañe a su hacinamiento, falta de movilidad y libertad, prácticas diversas de mutilación, así como al sufrimiento causado durante los procesos de sacrificio para la obtención y fabricación de carne procesada. Ello no obstante, hay que seguir defendiendo las pequeñas explotaciones ganaderas familiares, que sí se plasman mediante modelos sostenibles. Éstas sí aportan valor añadido al sistema, tales como ayudar a enriquecer los suelos, prevenir los incendios forestales, ofrecer un entorno libertario a los animales, y fomentar la economía local y los productos de proximidad.

 

Evidentemente, somos conscientes de que estamos tratando un tema delicado, porque los hábitos y costumbres alimentarias constituyen uno de los elementos más tradicionales de los pueblos, y por lo tanto, conseguir cambiar estos hábitos requiere tiempo y campañas de concienciación. Desde pequeños nos han habituado a este tipo de dietas y de productos alimenticios, y romperlos cuesta mucho trabajo, esfuerzo, paciencia y dedicación. Por otra parte, los modelos de vida actuales, los marcos de consumo fomentados por el capitalismo, las prisas de nuestra vida cotidiana, los productos manufacturados que llegan a las estanterías de los supermercados, etc., influyen poderosamente en nuestros hábitos y normas de consumo. Por tanto, es preciso atacar todo este entorno para poder conseguir, poco a poco, avances en este sentido.

 

Hacen falta, además de campañas como ésta, medidas concretas que faciliten y potencien esta necesaria tendencia: entre otras, se podría subir el IVA de las carnes rojas y procesadas, se podrían financiar y ayudar públicamente a las ganaderías que cierren (al igual que se hizo en su momento con las minas de carbón), se podría prohibir la publicidad de este tipo de productos, y se podrían implementar menús sin carne (o con poca carne) en los restaurantes de las Administraciones y colegios públicos. Se pueden estudiar muchas otras propuestas, fórmulas y medidas que contribuyan a hacer realidad un nuevo escenario de consumo de carne, marcando además un objetivo temporal concreto (por ejemplo, cinco años), así como un porcentaje de reducción del consumo. En cualquier caso, creemos absolutamente necesaria esta campaña, fundada en la necesidad de cambiar nuestros hábitos alimentarios para fomentar no solo una dieta más saludable, sino una mayor contribución a la salud del planeta y al bienestar animal.

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16 mayo 2021 7 16 /05 /mayo /2021 23:00
Fuente Ilustración: https://www.federacionanarquista.net

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No somos mercancía en manos de banqueros y políticos corruptos
No es una crisis, es el sistema
Nuestros sueños no caben en vuestras urnas
PSOE y PP, la misma mierda es
Lo llaman democracia y no lo es
No hay pan para tanto chorizo

Lemas del Movimiento 15-M

En el 15M había frustración de clases medias a las que se les había interrumpido el ascensor social, jóvenes sobradamente preparados que vivían peor que sus padres, gente que ya no veía en la democracia aquello por lo que habían luchado sus padres sino un fraude. Pero el 15M fue capturado por un imaginario de los de abajo que señaló correctamente al responsable de este desastre, a banqueros y multinacionales y fondos buitre, y criticó las desigualdades en vez de echar la culpa a los inmigrantes o a la política

Juan Carlos Monedero

Se cumple en estos días el décimo aniversario del movimiento que fue llamado del 15-M, que levantó toneladas de ilusión entre una gran parte de la población, pues por primera vez planteaba, de forma masiva y pública, una serie de quejas, problemas, demandas y reivindicaciones que hasta entonces habían quedado solapadas, bajo el falso paraguas de la mal llamada “modélica” Transición. Es momento, por tanto, de detenerse a pensar si aquélla semilla ha fructificado lo suficiente, o bien sus raíces han quedado sepultadas ante la aplastante fuerza del capitalismo neoliberal y globalizado. De entrada, muchos analistas piensan que un lapso de tiempo de diez años, hablando en el contexto de los movimientos políticos y sociales, es poco tiempo para poder hacer un balance definitivo, pero creemos que, a la luz de la situación y de los acontecimientos actuales, el saldo o balance de aquél movimiento es tristemente decepcionante. El movimiento del 15-M, secundado en otras grandes ciudades del mundo (París, Nueva York, etc.) y favorecido por movimientos previos como la PAH o Juventud Sin Futuro, aglutinó en las plazas y calles de todas las ciudades del país a cientos de miles de personas que, bajo unos lemas simplistas pero profundos, denunciaban los males que aquejaban a nuestra sociedad, plasmados básicamente en un modelo político bipartidista y corrupto, y en un modelo económico injusto y desigual.

 

Tres años más tarde de aquella primera fecha, surgió la formación política asociada al color morado, Podemos, desde el núcleo de unos profesores de la Universidad Complutense de Madrid, capitaneados por Pablo Iglesias, y que pretendía encauzar políticamente de forma activa las demandas del movimiento. Sus planteamientos comenzaron siendo radicales, es decir, fieles a las demandas del movimiento popular, y comenzó un despegue espectacular que pronto le abrió camino en el Parlamento Europeo, y sucesivamente en los Parlamentos locales, autonómicos y en las Cortes Generales, donde se alcanzó un buen número de diputados (69 escaños en diciembre de 2015), que transformaron la ética y la estética de nuestras instituciones públicas. Se lograron las alcaldías de las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Cádiz, Santiago…) mediante acuerdos con las franquicias locales de Podemos (Ganemos, Adelante…). Pero parece que entonces se tocó techo. La unión estratégica con la histórica Izquierda Unida, formando Unidas Podemos, no amplió el techo electoral tal y como se pretendía. Los grandes poderes fácticos del país, todos evidentemente reaccionarios y conservadores (la Iglesia Católica, la banca privada, las instancias judiciales, las grandes empresas, el Ejército, la derecha política, social y mediática…) no estaban dispuestos a sucumbir ante la amenaza de aquélla nueva formación política que pretendía reducir sus privilegios en aras de una mayor justicia social para las mayorías, así que pusieron en práctica todas sus males artes, apoyadas en su enorme poder, para hacer campaña sucia contra Podemos, sus líderes, sus programas, sus iniciativas…

 

En el ámbito político, en primer lugar se catapultó a Ciudadanos, un partido de ámbito catalán y de ideario de derechas (aunque sus líderes insistan en la falacia del “centro político”), para que se difundiera y tuviera presencia en el ámbito estatal, como una especie de “Podemos de derechas” (Josep Oliu dixit, Presidente del Banco Sabadell en aquélla época), y que afortunadamente hoy día está a punto de desaparecer, absorbido por el Partido Popular. Y en segundo lugar, se llevó a cabo una escisión del ala más extrema del Partido Popular, más rancia y conservadora, más fascista y reaccionaria, surgiendo la formación política Vox, que no hubiese tenido cabida (dado su ideario) en una sociedad democrática plena, si España lo hubiese sido. Y por su parte, en el ámbito mediático y judicial, las guerras contra Podemos han sido continuas: persecuciones mediáticas, insultos, denuncias, calumnias, portadas falsas, ecos mediáticos insoportables, juicios cuyas causas han sido archivadas, y un largo etcétera de mecanismos de hostigamiento hacia la formación morada, para desgastarla al máximo en su credibilidad, han tenido lugar durante estos últimos años.

 

Mientras, se iban apeando del proyecto (al menos de su primera línea) prácticamente la totalidad de los líderes que contribuyeron a su fundación (Juan Carlos Monedero, Luis Alegre, Tania Sánchez, Ramón Espinar, Carolina Bescansa, Iñigo Errejón…), por discrepancias internas, y por la sucesiva moderación de las propuestas políticas con las que la formación morada acudía a cada cita electoral, causando igualmente el cansancio y la desafección de la militancia, de los círculos y de las bases. Por fin, durante la presente legislatura y en función a los resultados electorales, se alcanzó un Gobierno de Coalición (PSOE+Unidas Podemos), que además de tener la mala suerte de haberse tenido que enfrentar a la mayor pandemia mundial del último siglo, ha resultado ser un Gobierno muy tibio y descafeinado en sus medidas (no podía esperarse otra cosa estando el PSOE a su mando), que ni siquiera ha sido capaz, a día de hoy, de revertir las peligrosas y antisociales contrarreformas que el Gobierno del PP de Mariano Rajoy llevó a cabo (LOMCE, Ley Mordaza, Reforma de las Pensiones, Reforma Laboral…). Algunos avances interesantes sí se han alcanzado, como por ejemplo la subida sustancial del salario mínimo, la ley que despenaliza la eutanasia, o el fin del voto rogado, que impedía en la práctica que las personas residentes en el exterior (jóvenes en su mayor parte) pudieran votar.

 

Pero nos preguntábamos en el título de este artículo si habíamos conseguido algo, o hasta qué punto el surgimiento del 15-M había removido los cimientos de una política basada en el corsé impuesto por el Régimen del 78, que lo dejaba todo “atado y bien atado”, tal y como el dictador había previsto. Y la respuesta, en mi opinión, es que el panorama es ciertamente desolador. Hoy día, han fallecido algunos de los mayores referentes teóricos del movimiento, tales como José Luis Sampedro (en el ámbito filosófico y económico), y Julio Anguita (en el ámbito político), y Pablo Iglesias acaba de abandonar todos sus cargos y la política activa, después del descalabro en las recientes elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. Por supuesto, ni las tremendas desigualdades sociales que nos asolan como sociedad, ni la precariedad laboral y vital que aqueja a la clase trabajadora han descendido, antes bien, se han incrementado, según los sucesivos informes, entre otros, de Intermón-Oxfam.

 

Los grandes agentes económicos son aún más poderosos si cabe, pues hace 10 años (bajo el Gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero) asistíamos a un proceso de fusión y bancarización de las antiguas Cajas de Ahorros, que sostenían proyectos de financiación local muy útiles y necesarios, para crear entidades más poderosas, y hoy día, superado ya ampliamente ese proceso, a lo que asistimos, desgraciadamente, es a una fusión sobre la fusión, es decir, a una fusión de los (ya grandes) bancos actuales, para ser aún más grandes y poderosos, permitiendo no sólo la peligrosidad innata a dicho proceso, sino que, sin ir más lejos (véase la fusión Caixabank+Bankia), se puedan poner en la calle a más de 8.000 trabajadores/as, mientras los directivos de la nueva entidad resultante se triplican el sueldo. Absolutamente indignante e inmoral. Continúa sin existir el mecanismo por el que tantas veces hemos abogado, la Renta Básica Universal (RBU), con carácter individual, incondicional y universal, para garantizar a todas las personas, sin condiciones previas, unos ingresos mínimos, dignos y adecuados para poder mantener un proyecto vital. A lo más que se ha llegado es a un sucedáneo, igualmente injusto y discriminatorio, al que han bautizado como Ingreso Mínimo Vital, que es una nueva vuelta de tuerca sobre las ya clásicas prestaciones condicionadas para las personas desempleadas, que por supuesto no cubre los objetivos previstos ni en población destinataria ni en cuantía de la prestación. Lamentable.

 

A su vez, ninguno de los grandes derechos sociales que se pretendían blindar (Vivienda, Energía…), contemplados por la Constitución con la boca pequeña, se han blindado de hecho, y al igual que antes, lo único que tenemos son pequeñas concesiones de los grandes agentes económicos (bancos, empresas eléctricas…) para mirar hacia otro lado con respecto a las personas y familias que se declaran insolventes para hacer frente a estos gastos. Y así, por ejemplo, aún no tenemos regulados por ley los precios de los alquileres, ni tampoco la garantía absoluta de que ningún hogar se queda sin energía, como derecho fundamental que es. Pero no se ha abordado, como decimos, una Ley Integral sobre el Derecho a la Vivienda, que contemple todos los escenarios de forma justa y rotunda, ni una Ley de Servicios Básicos de Suministros, que impida que las compañías privadas puedan seguir haciendo la vida imposible a los más desfavorecidos. Tampoco se ha implementado la versión pública de estas empresas, es decir, seguimos sin disfrutar de un polo de Banca Pública que gestione los fondos económicos de la población de forma justa y democrática, ni hemos procedido a la nacionalización de las grandes empresas energéticas (ni farmacéuticas, ni de alimentación…), para poder contrarrestar los efectos perniciosos de sus modos de actuación.

 

Y si el reclamo por excelencia del movimiento del 15-M fue poder disfrutar de una Democracia con mayúsculas, real y completa, es evidente que, después de 10 años, no lo hemos conseguido, pues el panorama continúa siendo desalentador. Enumeraremos solo algunos rasgos de nuestras limitaciones democráticas: no hemos superado el franquismo (más allá de meros gestos como la salida del dictador del Valle de los Caídos o una Ley de Memoria Democrática insuficiente), poseemos un estamento militar profundamente antidemocrático y anclado a épocas anteriores y negras de nuestro pasado, la Iglesia Católica continúa disfrutando de un poder y una influencia desorbitada, hemos de soportar que la Jefatura del Estado recaiga sobre una dinastía borbónica corrupta y anacrónica, aún son legales organizaciones políticas que han sido condenadas por corrupción (léase PP), hemos de contemplar cómo los líderes políticos de formaciones independentistas son encarcelados o se tienen que exiliar por plantear un referéndum a la población, o continuamos asistiendo al fenómeno de las puertas giratorias como práctica habitual entre el mundo político y económico de nuestro país.

 

El 15-M demandaba que el bipartidismo, responsable de implementar y mantener todo el modelo político y económico que nos había conducido a esta situación de desastre, debía ser superado. En realidad, estos dos partidos (PSOE y PP) son acérrimos defensores del capitalismo neoliberal, aunque a veces pueda parecer que existen diferencias entre ambos. Esas diferencias únicamente se dejan entrever en cuestiones sociales, pero en cuestiones económicas y de modelo de Estado, tanto monta monta tanto…Y lo cierto es que el bipartidismo no solo no ha sido derrotado (aunque es verdad que su peso político ha descendido durante la última década), sino que aún no ha sido modificada la Ley Electoral que lo beneficia, y además hoy día, tal como afirmábamos más arriba, hemos de contemplar con estupor cómo resurge social y políticamente la alternativa más peligrosa que nos podemos imaginar, una amenaza fascista en toda regla, llamada Vox, que lejos de ser ilegalizada como debiera suceder bajo una sociedad democrática (que no puede albergar idearios ni actitudes fascistas), disfruta de un peso político creciente en las últimas citas electorales, tanto nacionales como autonómicas. En efecto, Vox es un engendro político peligroso y aberrante, un partido que desprecia los Derechos Humanos, y que practica una constante apología de la dictadura franquista, además de poner en cuestión la violencia machista, el cambio climático, etc., y de perseguir únicamente que las instituciones democráticas disminuyan su tamaño como receta para “sanear” el país. Vox representa todo lo diametralmente opuesto a las demandas del 15-M, Vox es la degeneración política llevada a su máxima expresión, y aún sí, se mantiene e incluso sube en expectativas y encuestas de intención de voto. El panorama, por tanto, no puede ser más sombrío.

 

Por último, no quisiera finalizar sin hacer una referencia explícita a la pandemia de Coronavirus que nos afecta desde hace más de un año, y que ha venido a alterar nuestras vidas en todos los sentidos, como consecuencia del caos ecológico al que estamos sometiendo al planeta. Muchos de nosotros, activistas, políticos, blogueros, científicos, profesores, periodistas, escritores, etc., junto a diversas organizaciones de todo tipo, llevamos mucho tiempo denunciando la peligrosa deriva ecosocial que venimos provocando, y los tremendos efectos que el cambio climático está proyectando sobre el planeta. La modalidad de coronavirus que crea la actual pandemia se debe a un proceso de zoonosis, mediante el cual un patógeno salta de una especie animal al ser humano, a consecuencia de que se viola, se extermina o se altera el ecosistema natural donde dicho animal vive. Y ello es causado a su vez por la ferocidad y agresividad de nuestras políticas económicas, que nos llevan a depredar la naturaleza de forma creciente, y a destruir los equilibrios naturales que permiten la vida. Frente a ello, la nueva política (abanderada en el 15-M) no puede aspirar a una “vuelta a la normalidad”, sino a que nunca más vuelva la normalidad anterior, es decir, a que se superen de una vez por todas los antiguos y fallidos paradigmas donde hemos sustentado los conceptos de “progreso”, “bienestar”, “desarrollo”, etc., para ser sustituidos por otros nuevos paradigmas donde hagamos gala de una convivencia armónica con el planeta y el resto de animales y seres vivos que cohabitamos en él.

 

Sin embargo, lo que desgraciadamente estamos comprobando durante la pandemia (en España y en el resto de países del mundo) es una completa oda a la estupidez, a la ignorancia y a la imbecilidad, y no solo mediante actitudes y proclamas negacionistas, sino también mediante planteamientos políticos que calan perversamente en la ciudadanía, precisamente aprovechándose de los salvajes postulados capitalistas, que nos instan a romper o a enfrentarnos con las restricciones a la movilidad, a los horarios o a la apertura de negocios, bajo la suprema bandera de la mal entendida “libertad” y a que “tenemos que trabajar”. En la Comunidad de Madrid, entre otras razones, la actual Presidenta Isabel Díaz Ayuso (PP), acaba de arrasar en las recientes elecciones precisamente planteando el dilema en estos términos. ¿Hemos conseguido algo? Creo que muy poco. Es absolutamente necesario y urgente regresar a la movilización callejera, a las asambleas de barrio, a la protesta popular, para continuar creando conciencia sobre todos estos asuntos. En caso contrario, el panorama se volverá aún más desolador. Parafraseando uno de los eslóganes del movimiento, podríamos concluir diciendo: “15-M, estás como ausente”.

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18 marzo 2021 4 18 /03 /marzo /2021 00:00

Los defensores del capitalismo tienden a apelar a los sagrados principios de la libertad, que se encarnan en una sola máxima: los afortunados no deben verse limitados en el ejercicio de la tiranía sobre los desafortunados

Bertrand Russell

Para las próximas elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid, la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, había pensado inicialmente presentar el lema “Socialismo o Libertad”, que para más inri ha virado a “Comunismo o Libertad” desde que se conoció la noticia de que Pablo Iglesias iba a participar en dicha pugna electoral, dejando su actual cargo en la Vicepresidencia del Gobierno de coalición. Bien, el lema es una completa falacia en sí mismo, en dos sentidos. El primero es que realmente no existe ninguna formación política, de todas las que se van a presentar a dichos comicios, que presente un plan de Gobierno auténticamente socialista, no digamos ya comunista. Ni el PSOE (que dejó de ser socialista desde la década de los 70 del siglo pasado) ni por supuesto Podemos (o las otras formaciones surgidas a su sombra) poseen idearios verdaderamente socialistas o comunistas, aunque algunos de sus líderes, candidatos, dirigentes o militantes puedan provenir de formaciones políticas más a la izquierda. Pero en lo concreto, en las medidas concretas que se vierten en sus programas electorales (por lo menos en lo que hemos conocido hasta la fecha), sus propuestas son meras fórmulas cosméticas y suavizadas de lo que podría (y debería) ser un plan de Gobierno socialista. Esto debe entenderse como una crítica constructiva, no estoy invalidando el programa de Podemos (o de Más Madrid), que me parece el mejor de todos los que pueden ser votados en dichos comicios, sino intentando aclarar conceptos.

 

Bien, pero habíamos dicho que el lema de Isabel Díaz Ayuso era una completa falacia en dos sentidos, y solo hemos comentado el primero de ellos. El segundo es más amplio, sutil y tramposo, más impregnado de manipulación y de alienación cultural capitalista. Veamos: el antecedente más remoto y auténtico que tenemos de dicho lema fue enunciado por Rosa Luxemburgo, la legendaria marxista y una de las lideresas históricas más valientes e íntegras, bajo la forma: “Socialismo o Barbarie”. Y en efecto, su significado está bien claro: hay que elegir entre la barbarie, salvajismo, crueldad y criminalidad del sistema capitalista (hoy día aún más criminal que en los tiempos de Rosa), frente a la idea de un socialismo que cree en el reparto justo de la riqueza, en la igualdad y en la justicia social. Para todo ello hay que creer en la sociedad, que es precisamente el declarado Talón de Aquiles del capitalismo: para el capitalismo (y su reciente engendro, el neoliberalismo globalizado), la sociedad no existe, solo somos un puñado de miles de millones de individuos, pululando por el mundo, y compitiendo entre nosotros de forma salvaje para apropiarnos cada vez de una mayor cantidad de recursos, con el objetivo simple, llano y criminal de que unos pocos vivan cada vez mejor a costa de la pobreza y de la miseria de la inmensa mayoría. Es obvio y evidente que toda la bancada de la derecha política, económica, social y mediática de este país no cree en la sociedad, sino en ese concepto de “libertad” alienado y manipulado, que consiste en la libertad de cada cual para explotar a sus semejantes.

 

En realidad, el lema debería “Socialismo o Esclavitud”, ya que optamos entre un concepto de libertad auténtica, socialista y republicana, que limita los derechos y libertades individuales para primar los derechos y libertades colectivas, frente a una situación (la que defiende la derecha) de total sumisión y esclavismo al gran capital, de continuo vasallaje a sus abusos, para permitir precisamente que la libertad de los grandes agentes del capitalismo campen a sus anchas, mientras la inmensa mayoría social se sumerge cada vez más en la pobreza, en la miseria y en la precariedad vital. Y así, cuando ellos defienden los derechos y libertades de la “sociedad”, se están refiriendo a las “sociedades anónimas” que constituyen las empresas, las corporaciones, los holdings, la banca privada, los grandes agentes del capitalismo transnacional, que son, en palabras de Noam Chomsky, “lo más parecido al totalitarismo”. La “libertad” que ellos promueven y entienden no es otra que la libertad para que se pueda discriminar y explotar cuanto más mejor, la libertad que permite el incremento a perpetuidad de la desigualdad, la libertad que de forma cruel e injusta instala una arquitectura social retrógrada y criminal. La libertad, en definitiva, para continuar destrozando la vida de la gente.

 

Pero por desgracia, y gracias a la ingente labor del capitalismo durante siglos para instalar un imaginario colectivo que defienda sus principios, hoy día es precisamente éste el concepto dominante de libertad. La “libertad” para ellos es la libertad de los mercados para avasallar, para convertir en mercancías no solo sujetos físicos (como los animales o la propia naturaleza, provocando las graves crisis climáticas que nos amenazan), sino también los propios derechos humanos, sometidos igualmente de forma cruel a las leyes de la oferta y la demanda: el trabajo, la vivienda, la educación, la sanidad, los servicios sociales, etc. Es la libertad para privatizarlo todo, para mercantilizarlo todo, para arrasar todos los valores que pretendan algún atisbo de igualitarismo social. Es la libertad para continuar demoliendo el Estado, mientras estimulan que las grandes empresas crezcan aún más, aumentando su poder, precisamente para poder intervenir cada vez más en las políticas públicas, e imponer sus criterios. Es la libertad, en definitiva, ligada al pensamiento único. Pero curiosamente, la derecha ha desarrollado la habilidad (la alienación mental y cultural es parte de su estrategia) de dar la vuelta a todo este argumento, y presentar al socialismo como la ideología que “impone” un modo de pensar. De hecho, Isabel Díaz Ayuso lo ha vuelto a recalcar recientemente, en el discurso donde anunciaba precisamente la convocatoria electoral. Presenta su ideario como el de la “libertad” de los madrileños, frente a las imposiciones de “un modo de pensar” socialista. Es una manipulación tan completa que casi podría decirse que es perfecta.

 

Pero no nos engañemos: su concepto de “libertad” está absolutamente manipulado. Es la libertad entendida como el tener y no como el ser, para favorecer la competitividad, el individualismo, el egoísmo y la insolidaridad. Es la libertad para poder continuar desregulando los mercados, practicando reformas que incidan en los recortes de derechos básicos, para seguir incrementando la precariedad en la vida de las personas. Una precariedad que conduce a estados de dependencia cada vez mayores, a que tengamos que vivir con el permiso de otros, de los poderosos. Libertad para ellos, precariedad para nosotros. Es la libertad para continuar apoyando a los más ricos y poderosos (empresas, banca, grandes fortunas, elevados patrimonios…), y defendiendo que precisamente el resto de la sociedad los tome como referentes y les rinda culto y vasallaje. Es la libertad que adora el dinero, la fama, el poder, las riquezas materiales, las influencias, etc., y margina la capacidad real de las personas. Es la libertad que valora y potencia el “éxito” individual frente al éxito colectivo y cooperativo de la sociedad. Es la libertad para continuar difundiendo y potenciando una visión uniforme y excluyente de la sociedad, que sataniza cualquier modelo de sociedad alternativo. Precisamente en estas prácticas y valores justifican los ataques a determinados países que se convierten en “peligrosos” precisamente porque intentan implantar en sus sociedades modelos distintos (Cuba, Venezuela…), que para “su” modelo de “libertad” representan una amenaza. La carga cultural del capitalismo se utiliza como arma arrojadiza contra los pueblos que libremente deciden emanciparse de esta aberrante cultura, y que entienden la libertad de otra forma. Es la libertad, por tanto, para seguir impidiendo a otros que libremente decidan llevar a cabo otros planteamientos sociales.

 

Es la libertad para continuar con la cruzada por la desigualdad, para seguir incrementándola, para seguir justificándola y explicándola como algo natural, extrapolada además a otros países y continentes. Es la libertad para hacer de la competencia un credo, un dogma, una máxima suprema, fomentando la agresividad hasta el extremo, lo cual favorece también el individualismo, denostando toda idea de bien común o toda acción cooperativa, de reparto, de redistribución o de igualitarismo. Es la libertad para seguir justificando a los defraudadores, a los corruptos y a los corruptores, a los privatizadores, y a todos los que atacan la solidaridad social. Es la libertad para continuar saqueando y expoliando todos los recursos naturales, los ataques a la naturaleza como objeto de despojo, y el uso y abuso del resto de animales. Es la libertad para seguir atacando al planeta, y aumentando el riesgo de colapso ecosocial. Y por supuesto, es la libertad para seguir defendiendo sus propios modelos (religioso, de familia, de inclusión…), y atacando al resto. Por ejemplo, la libertad para atacar al colectivo LGTBI, para atacar a los extranjeros, para defender a la Iglesia Católica y sus privilegios, para impedir los avances del feminismo, etc. En definitiva, es la libertad para seguir defendiendo a los incluidos y atacando a los excluidos. En definitiva, esa es, en resumidas cuentas, la “libertad” que se esconde detrás del lema de Isabel Díaz Ayuso y todos sus adalides de PP, Ciudadanos y Vox. Pues lo dicho, el auténtico lema es “Socialismo o Barbarie” (de Rosa Luxemburgo), o “Socialismo o Esclavismo”. La Comunidad de Madrid elegirá entre estos dos modelos el próximo 4 de mayo. Y veremos qué elige.

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16 febrero 2021 2 16 /02 /febrero /2021 00:00

En efecto, los “dinosaurios” vuelven al ataque. Parece ser que se han sentido de nuevo amenazados en sus privilegios, pues evidentemente, cualquier afirmación que cuestione las bases donde se asienta el Régimen del 78 atenta contra sus prebendas. Y el blanco de sus ataques, otra vez, vuelve a ser el actual Vicepresidente Segundo del Gobierno de coalición, Pablo Iglesias, precisamente por cuestionar públicamente la normalidad democrática que vivimos en nuestro país. En esta ocasión, una plataforma titulada “La España que reúne” (no sabemos exactamente lo que reúne, a no ser personajes de lo más casposo y reaccionario de nuestro pasado y presente político, económico, social y mediático) es la que aglutina en esta ocasión a casi 200 personalidades de nuestro mundo intelectual, político, académico, diplomático y económico, que han firmado un Manifiesto bajo el enigmático título “César la infamia”, en el que se acusa a Pablo Iglesias de “socavar la imagen de nuestro país”. No nos debe extrañar tanto acoso, pues desde que Podemos nació como formación política, tanto su ideario como sus propios líderes han estado en el blanco de todos los ataques de esa casta política que nos gobierna desde la Transición (lo cual ya, de por sí, constituye una falta de normalidad democrática, dicho sea de paso).

 

Entre los y las firmantes destacan antiguos dirigentes del PSOE como Joaquín Leguina o Nicolás Redondo Terreros (Presidente de la Asociación referida), otros del PP como Soledad Becerril, y otros de Ciudadanos como Francisco Igea (actual Vicepresidente de la Junta de Castilla y León), Félix de Azúa, la Catedrática de Ética Adela Cortina, o el escritor y ex Ministro de Cultura César Antonio Molina. También se encuentran entre los firmantes José Luis Corcuera, Antonio Miguel Carmona, Tomás Gómez, Fernando Savater, Arcadi Espada, Manuel Valls, Amando de Miguel, Cayetana Álvarez de Toledo, o José Manuel García Margallo. Como vemos, toda una muestra de la “flor y nata” de nuestros dirigentes y ex dirigentes políticos, mediáticos e intelectuales. La idea es básica y sencilla: según estas personalidades, todo gobernante ha de proclamar a los cuatro vientos la soflama de que “España es un gran país”, y sobre todo si es miembro del Gobierno. Ésta es una máxima que no se puede cuestionar. Si consigues ser miembro del Gobierno de tu país, todas las deficiencias que señalaste en campaña electoral y cuya superación sería buena para tu país ya no pueden ser denunciadas, porque entonces poco menos que estás cometiendo un delito de alta traición. A Pablo Iglesias se le ocurrió asegurar hace pocos días que “en España no existe normalidad democrática” (refiriéndose, entre otros asuntos, a la existencia de los presos políticos del Procés), y dicha afirmación ha levantado muchas ampollas, precisamente por ser total y absolutamente cierta.

 

Pero vayamos primero a destacar algunas perlas del citado Manifiesto, antes de discutir la certeza de dicha afirmación. De entrada, el primer párrafo ya es demoledor, pues reza así: “A lo largo de su historia, la democracia española ha tenido gobernantes buenos, malos y mediocres, idóneos y vulgares, ejemplares y corruptos. Gobernantes con sentido de estado y gobernantes que antepusieron sus intereses al bien común. Lo que no había tenido nunca hasta ahora es un gobernante que no creyera en la dignidad democrática de su país, y así lo aventara al mundo para afrenta de la ciudadanía y desprestigio del nombre de España. Un gobernante que se pusiera del lado del crimen”. O sea que para los/as firmantes, gobernantes malos, vulgares, corruptos, incluso los que antepongan sus intereses al bien común están todos disculpados, siempre que “crean en la dignidad democrática de su país”, lo que es un claro contrasentido, pues difícilmente podrá un gobernante corrupto contribuir a la dignidad democrática de su país, sino más bien a su perversión o involución democrática. Pero la frase final es la apoteósica, pues equipara criticar la normalidad democrática de tu país con “ponerte del lado del crimen”. Absolutamente demencial.

 

Un poco más tarde afirman: “…A la injuria se suma así la deslealtad, con sus propios compañeros de gobierno, con todas las instituciones del Estado y con una inmensa mayoría de españoles, que seguimos apostando por la democracia nacida en 1978…”. Parece que se les olvida a los firmantes del documento un pequeño detalle: existe una (aún) minoría de españoles que no apostamos por la democracia nacida en 1978, a los que precisamente nos representa en el Gobierno de coalición la facción representada por Unidas Podemos, y tenemos todo el derecho, a través de nuestros representantes (entre ellos el Vicepresidente del Gobierno y el resto de Ministros de dicha formación), a expresarnos en relación a lo que pensamos sobre dicha “democracia nacida en 1978”. Entonces, la pregunta sería: ¿todos los que pensamos así estamos injuriando a nuestro país? El planteamiento, por tanto, no se sostiene, porque en el fondo, obedece a una visión sesgada, excluyente, recortada y parcial de la democracia, en la que estos personajes creen. Y para ellos, todo el que no piense así (en este caso, los que no tenemos su visión de la democracia) estamos “injuriando” a nuestro país. Acusan a renglón seguido a Pablo Iglesias de poseer una “torrencial chabacanería intelectual y moral” y de ser “una persona socializada en el rencor e incapaz de comprender la importancia histórica y la altura moral del gesto de reconciliación entre españoles que, en una Transición que desprecia, fundó nuestro régimen de convivencia democrático”. De nuevo, la visión excluyente: todos los que no asuman su relato sobre la Transición son poco menos que unos indeseables, y punto.

 

Añaden posteriormente que “…cabe preguntarse por qué forma parte del gobierno de un Estado que él mismo no considera plenamente democrático…”, y se les olvida de nuevo un pequeño matiz fundamental: ¿No será porque le han votado unos cuantos millones de personas? A ver si respetamos la democracia, por favor…¿O no son ellos/as los que afirman que España sí es una democracia plena? Y añaden: “Si realmente cree que España no es una democracia su deber es combatir a su gobierno gallardamente desde la oposición…”. Y nosotros nos preguntamos: ¿Y eso por qué? ¿Dónde está escrito que eso tenga que ser así? ¿No se puede combatir la insuficiencia democrática de un país desde dentro de su gobierno? De hecho, estoy seguro de que muchas de las personas que lo hemos votado lo hemos hecho precisamente para que lo haga. Evidentemente, el planteamiento que los/as firmantes del Manifiesto hacen es legítimo, pero no es obligatorio: Unidas Podemos podría haber optado por quedarse en la oposición, pero sus dirigentes entendieron (y además fue ratificado en referéndum interno) que su labor desde dentro del Gobierno sería más útil…¿Y es que entonces, si pasan a formar parte del Gobierno, deben dejar de pensar como piensan y expresarlo en público? De nuevo, una visión muy estrecha y particular de la democracia y del “patriotismo” de banderita y pandereta.

 

Bien, una vez rescatados los párrafos más sustanciosos del citado Manifiesto, no sería lógico finalizar este artículo sin irnos a la raíz del asunto, es decir, sin argumentar por qué creemos (junto con Pablo Iglesias) que en nuestro país no existe una plena normalidad democrática. De entrada, como decimos, nuestro concepto sobre la democracia está a años luz de la idea que poseen los/as firmantes del Manifiesto (para los cuales tenemos democracia porque votamos cada cuatro años), pero no vamos a perdernos en disquisiciones profundas, que ya hemos explicado a fondo en otras series de artículos. Aquí lo que se requiere son argumentos concretos y hechos fehacientes y demostrables que desmonten su tesis de que “España es una democracia plena”, porque la verdad es que no lo es. Y se nos ocurren muchísimos. Quizá a los autores/as del Manifiesto se les haya olvidado que la formación política morada se gesta desde las semillas de un movimiento social que se denominó del 15-M (2011), y cuya reivindicación principal era, precisamente, la denuncia de una democracia en nuestro país de carácter tibio, incompleto, de baja intensidad, pobre y recortada. Lo que viene a continuación no es una lista exhaustiva, pero sí un pequeño resumen de nuestro enfoque, que plasmamos en el siguiente decálogo:

 

1.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando aún existen cientos de miles de cuerpos de fusilados y represaliados por el franquismo que se encuentran en cunetas y fosas comunes, y cuyas familias llevan décadas esperando que el Estado se arrogue la responsabilidad de rescatar dichos cuerpos, así como de poner en marcha todos los mecanismos para que la Memoria Democrática (de la Segunda República), la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición sean por fin un hecho en este país. No existirá plena normalidad democrática hasta que la asignatura pendiente del franquismo sea por fin superada.

 

2.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando, abundando en el punto anterior, poseemos un estamento militar profundamente antidemocrático y anclado a épocas anteriores y negras de nuestro pasado, un estamento militar donde la formación de ultraderecha de nuestro país posee una amplia aceptación, y donde algunos militares retirados se permiten comentarios execrables en un chat, como que “habría que fusilar a 26 millones de españoles”, y nada les ocurre.

 

3.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando en nuestro país continúan reflejándose en el Código Penal cierto tipo de delitos absolutamente anacrónicos, tales como el delito de “ofensa a los sentimientos religiosos”, o el de “injurias a la Corona”, que deberían haber sido erradicados hace ya mucho tiempo, pues se encuentran encuadrados dentro de los límites del derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, aún continúan entrando en prisión determinadas personas en nuestro país por hacer uso de este derecho (el último ha sido el joven rapero Pablo Hasel, justamente en estos días).

 

4.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando en nuestro país no se acaban de respetar los Derechos Humanos (así, en mayúscula), y esto es especialmente palpable en el trato que se le concede a los migrantes, más concretamente en la existencia de los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros, centros de reclusión donde pueden ir aunque no hayan cometido delito alguno), en la existencia de procesos de “devolución en caliente” a sus países de origen, o en los múltiples impedimentos a la hora de conceder los derechos de asilo o refugio, o de velar por la integración de los migrantes, los MENAS y los jóvenes que finalizan su período de acogida en residencias cuando cumplen la mayoría de edad.

 

5.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando la pobreza, la exclusión social y las desigualdades no solo campan a sus anchas, sino que cada día, cada semana, cada mes y cada año alcanzan cotas más sangrantes. Un “Estado Social y Democrático de Derecho” (como la Constitución de 1978 define a nuestro país) que de verdad se precie de serlo no puede consentir unos ratios de desigualdades sociales tan alarmantes, que ya han sido denunciados por los Relatores de la ONU y por infinidad de ONG’s y organizaciones sociales en varias ocasiones.

 

6.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando en nuestra sociedad la fuerza y el poder de la Iglesia Católica continúan disfrutando de una influencia desorbitada, plasmada tanto en los privilegios concedidos por el Estado (infinidad de inmatriculaciones, exención de impuestos, concesión de dinero público, presencia de simbología religiosa en multitud de actos públicos…), como en el inmenso radio de acción de su órbita ideológica, plasmada no solo en el mundo de la enseñanza privada y concertada, sino también en su atribución para discutir y oponerse a determinados proyectos legislativos que nuestra sociedad reclama (matrimonio homosexual, leyes de apoyo al mundo LGTBI, avances del feminismo, eutanasia, extensión de la red de centros educativos públicos…). Desde este punto de vista, solo un Estado Laico (que separe completamente las esferas de las creencias en el ámbito privado de la neutralidad en el ámbito público) será plenamente democrático.

 

7.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando aún tenemos que soportar una Jefatura del Estado (la Monarquía) no solo que no ha sido elegida por nadie, sino que además disfruta de privilegios absolutamente anacrónicos y aberrantes, tales como la inviolabilidad. Pero curiosamente, los autores/as del Manifiesto critican a Pablo Iglesias y lo quieren fuera del Gobierno por denunciar la ausencia de normalidad democrática, pero apoyan incondicionalmente y sin fisuras no solo al actual monarca Felipe VI, sino a su padre, el Rey Emérito Juan Carlos I, a pesar de haber huido del país por estar acorralado por múltiples investigaciones judiciales que, cuando menos, ponen en serias dudas su ejemplaridad como Jefe del Estado durante 39 años. Desde este punto de vista, solo un modelo republicano es plenamente democrático.

 

8.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando asistimos perplejos y asqueados a terribles episodios de una corrupción nauseabunda y generalizada en el principal partido de la oposición, el Partido Popular, formación política que además ha sido condenada como tal por jueces y tribunales de nuestro país. ¿Es que acaso es normalidad democrática que tengamos de asistir diariamente al destape de las vergüenzas y procesos corruptos que adornaban la actividad diaria de una formación política que nos ha gobernado durante años, y que enriquecía sistemáticamente a gente ya de por sí poderosa, mientras recortaba en inversión pública, en ciencia, en investigación, en educación pública, en prestaciones y protección social, en vivienda, en sanidad, etc., aumentando la pobreza y la precariedad de la clase trabajadora?

 

9.- No nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando un determinado pueblo de los que conforman el Estado Español (más en concreto, Cataluña), a través de sus representantes políticos legítima y democráticamente elegidos, plantea un referéndum pactado con el resto del Estado para que su población elija si desea erigirse en un pueblo independiente o no, y en vez de crear, habilitar, diseñar o preparar los mecanismos constitucionales (que los hay) para permitir dicho referéndum, se criminaliza a la población catalana, se impide por la fuerza que tenga lugar una jornada de votación tranquila y pacífica, y se acusa, procesa, juzga, sentencia y condena a sus líderes políticos, que aún hoy día permanecen en prisión o en el exilio. La plena normalidad democrática no puede permitir la existencia de presos políticos, y en España existen.

 

10.- Por último, no nos parece que se pueda hablar de plena normalidad democrática cuando se viola la propia esencia de la democracia (el gobierno del pueblo), permitiendo que el poder económico se vaya convirtiendo cada vez más en un monstruo de incalculable poder (superando al del propio Estado), expresado (entre otras muchas manifestaciones) en el terrible e inmenso poder de la banca privada, de las grandes multinacionales, de los gigantes fondos de inversión, de los holdings y corporaciones transnacionales, de los grandes medios de comunicación, de las fusiones empresariales…y todo ello mientras se violan los derechos fundamentales de la ciudadanía a la vivienda, a la energía, a la educación, a la sanidad, al trabajo, etc. No puede existir jamás plena normalidad democrática (ni siquiera existe democracia a secas) cuando los grandes agentes del poder económico poseen tanto poder que someten diaria y descaradamente al poder político (entre otros medios mediante las llamadas “puertas giratorias”, tan pródigas en nuestro país).

 

En fin, pensamos haber justificado nuestra postura con creces, cosa que no hacen los/as firmantes del Manifiesto. En vez de tanta crítica torpe y malintencionada, podrían haber argumentado, como acabamos de hacer nosotros, cuáles son los motivos por los que piensan que nuestro país es plenamente democrático. Pero es más fácil limitarse a criticar…

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18 enero 2021 1 18 /01 /enero /2021 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (122)

En definitiva, si el capitalismo es una sindemia, va a seguir produciendo sin parar virus y pandemias; y va a seguir produciendo, también sin parar, vacunas y medicamentos selectivos y mal distribuidos. Ese es el futuro y no es halagüeño para la humanidad. Pero si el capitalismo es una sindemia, entonces la política y la ciencia, hoy cautivas, deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a sí mismas del capitalismo. Eso sí sería bueno para todos

Santiago Alba Rico

Vivimos en un mundo de las muchas crisis. Pero la más básica es la crisis de nuestra relación con la biosfera: aún no hemos aprendido a habitar en esta Tierra. En nuestro tercer planeta del sistema solar, llevamos un par de siglos –y, sobre todo, el medio siglo último– viviendo dentro de una máquina infernal. Si crece, destruye (lo ecológico, pero no solo lo ecológico). Y si no crece, devasta (lo social, pero no solo lo social): ¿no ha llegado la hora de salir fuera de esa máquina diabólica?

Jorge Riechmann

El Informe "Global Trends 2025", que ya comentamos en la entrega anterior, advertía de la posible aparición de la pandemia en los siguientes términos: "Si surgiera una enfermedad pandémica, probablemente ocurriría en un área marcada por una alta densidad de población y una estrecha asociación entre humanos y animales, como muchas áreas del sur de China y del sudeste de Asia, donde no están reguladas las prácticas de cría de animales silvestres lo cual podría permitir que un virus mute y provoque una enfermedad zoonótica potencialmente pandémica...". Bien, hagamos aquí un inciso: muchas personas que hayan podido conocer estas noticias, en concreto el hecho de que varios años antes se "intuyera" por parte de la comunidad científica la posible aparición de una pandemia, y que no conozcan el fenómeno de la zoonosis y las peligrosas prácticas que el capitalismo viene desarrollando en este ámbito, han podido pensar lo siguiente: si los patrocinadores del informe conocían esta información, sólo hay una explicación posible: ellos mismos la estaban preparando. Es uno de los bulos que han circulado por las redes sociales, y que los negacionistas y algunos gobernantes de la extrema derecha (Trump, Bolsonaro...) han difundido. Esa equivocada tesis también abonaría que el Coronavirus Sars-Cov-2 fuese un virus creado en laboratorio, pero esto tampoco es así. La explicación, volvemos a repetir, son las aberrantes prácticas que el capitalismo desaforado lleva experimentando contra la naturaleza, desequilibrando los ecosistemas, y provocando que determinados patógenos que existen en el mundo animal puedan saltar al ser humano. Las decisiones de Donald Trump, ya siendo presidente, en su país, fueron especialmente criminales: despidió a todos los autores de un informe del Pentágono ya en enero de 2017, y como es público y notorio, cuando aparecieron los primeros casos (además de llamarlo "virus chino" en tono despectivo), les restó importancia, no tomó las medidas adecuadas, ignoró la peligrosidad de la pandemia, arremetió contra la Organización Mundial de la Salud, hizo caso omiso de las recomendaciones de los expertos, y aseguró un sinfín de estupideces propias de la escala más imbécil de la ciudadanía. 

 

Trump entrará en la historia, además de por otras muchas barbaridades, por haber sido responsable de una de las crisis de salud pública más catastróficas de la historia de los Estados Unidos. Pero aunque Trump fue el adalid de los gobernantes negacionistas, no estuvo solo: Jair Bolsonaro en Brasil, o Boris Johnson en Reino Unido, también siguieron su mismo camino, contagiándose ellos mismos y creando situaciones de alarma esperpénticas en sus respectivos países. Es exactamente lo que lleva ocurriendo con el cambio climático: infinidad de expertos y de organizaciones llevan anunciando los graves efectos del calentamiento global, así como las medidas urgentes que habría que tomar para, al menos, mitigar los efectos. Sin embargo, los principales gobernantes mundiales continúan sin hacer caso a estos informes y a estas recomendaciones. Con el colapso ecosocial de carácter civilizatorio ocurre tres cuartos de lo mismo: se lleva avisando por activa y por pasiva desde hace más de una década, se lleva sugiriendo la necesidad de cambiar los modelos productivos y consumistas, los modelos energéticos, los modos de vida, pero la tozuda realidad se abrirá paso sin que nuestros gobernantes hagan nada para evitarlo. Y se lleva repitiendo hasta la saciedad que el Buen Vivir es el camino, la senda que hay que ir recorriendo, no para detener el colapso, que es ya inevitable, sino para, al menos, conseguir que sus efectos sean menos perniciosos, buscando alternativas reales en nuestros modos de vida para ir migrando paulatinamente a otros modelos productivos más acordes con los límites biogeofísicos de la Naturaleza. ¿Hacen caso nuestros gobernantes? En absoluto. Así nos va. La actual pandemia de Coronavirus, que no será la última, es sólo un síntoma, un aviso, una llamada de atención: la naturaleza nos avisa de que así no vamos por buen camino. Pero no hay más ciego que el que no quiere ver. Una humanidad capitalista desbocada no es capaz siquiera de detectar el peligro de lo que se avecina. Por tanto, no nos engañemos: la ciencia sabía que podía ocurrir, los gobernantes estaban avisados, pero no se molestaron en prepararse. Las advertencias sobre el ataque inminente de un nuevo coronavirus eran sobradas y notorias. Como son sobradas y notorias las advertencias del pico de muchas sustancias y energías fósiles, pero tampoco se hace nada al respecto. En su momento vendrá, desgraciadamente, las lamentaciones. 

 

Como hemos venido destacando durante esta serie de artículos, los ecologistas vienen advirtiendo que la destrucción humana de la biodiversidad está creando las condiciones objetivas para que nuevos virus y nuevas amenazas aparezcan. Y así, la deforestación, la construcción salvaje de infraestructuras, la minería a cielo abierto, la ganadería intensiva, el comercio de especies exóticas, y muchas actividades más, son actividades que están creando el caldo de cultivo para diferentes epidemias. Diversos virus se encuentran en los animales salvajes, y cuando las actividades humanas destruyen sus hábitats o fuerzan las condiciones de vida de estas especies, determinados patógenos que únicamente existen en su ámbito pueden saltar a la especie humana y contagiarnos. Cuando el ser humano retira a un animal de su entorno natural, ese equilibrio se rompe, se altera, y un virus puede transmitirse a otra especie con la que dicho animal no convivió nunca. Esto es exactamente lo que está ocurriendo. La invasión de los ecosistemas silvestres por parte del ser humano, debido a proyectos urbanísticos, a planificación de infraestructuras, o a proyectos industriales, crean situaciones propias que causan la mutación acelerada de los virus. Es probablemente lo que ocurrió en Wuhan. De hecho, y desde hace años, muchas organizaciones animalistas chinas reclamaban la prohibición permanente del comercio y consumo de animales salvajes con el fin de conservar las especies, y sobre todo, evitar previsibles pandemias. La pandemia también nos ha mostrado una determinada especie de "guerra por los recursos", al darse la circunstancia de que el material sanitario se necesitaba de forma global, por todos los países casi a la vez. En este sentido, como era de prever, no ha primado la solidaridad, sino que los egoísmos nacionales se han manifestado con sorprendente y brutal rapidez. Los diferentes países no han dudado en lanzarse a una guerra por las mascarillas que escaseaban, o en apoderarse, cual piratas, haciendo acopio de material sanitario (respiradores, trajes EPI, etc.). Hemos presenciado con pavor cómo los Gobiernos pagaban el doble o el triple del precio justo del material sanitario para conseguir los productos, e impedir que fuesen vendidos a otras naciones. Y aquí también ha habido lugar para la picaresca. 

 

Es la lucha por los recursos cuando éstos escasean, una lucha que ya hemos descrito en la presente serie de artículos a tenor del alcance de los picos de determinadas sustancias, y de determinadas tecnologías. Los países se han denunciado entre sí por mor del referido acopio, y por supuesto, como siempre, han pagado los más débiles. Y por su parte, algunos fanáticos ultraliberales no han tardado en reclamar sin tapujos la eliminación maltusiana de los más débiles. Por ejemplo, un vicegobernador en Estados Unidos declaró: "Los abuelos deberían sacrificarse y dejarse morir para salvar la economía". Jamás se vieron declaraciones tan aberrantes. En nuestro país, sin ir más lejos, muchos ancianos procedentes de residencias de mayores no fueron desviados a los hospitales, muriendo en aislamiento, en soledad. Y aquí debemos introducir un nuevo elemento en el debate: muchas veces se ha dicho que el virus es "democrático", en el sentido de que ataca a todo el mundo por igual. Bien, pero una cosa es aceptar que el virus puede atacar a cualquier cuerpo humano que se ponga en su camino, y otra cosa muy distinta es que hay que reconocer que las sociedades desigualitarias, como todas las que conforman nuestro planeta, sí distinguen, porque cuando la salud es una mercancía más, los grupos sociales pobres, discriminados, marginados, vulnerables o explotados, quedan mucho más expuestos a la infección. El colapso ocurre cuando, como en este caso, ante un Coronavirus nuevo aparecido por zoonosis, no se dispone de vacuna ni tratamiento alguno, y los contagios ocurren en una curva muy pronunciada. Algunas personas han argumentado que de gripe también mueren miles de personas cada año, pero la gripe está controlada: nunca tendremos (a no ser que el virus mute muy violenta y rápidamente y la vacuna se vuelva ineficaz) un colapso sanitario debido al patógeno que la causa. En cambio, el Sars-Cov-2 ha llenado los hospitales, ha agotado las camas disponibles, ha agotado las camas UCI de los centros sanitarios, ha vuelto insuficiente al personal de los hospitales, así como el material sanitario de que se disponía. Esto es exactamente el colapso: los recursos se agotan, el personal disponible no es suficiente, el goteo de contagios y de fallecimientos se vuelve insoportable, y la sociedad se apaga como la llama de un candil. 

 

Y qué decir del ámbito económico: ante sociedades injustas, desiguales, que no garantizan los derechos básicos y elementales al conjunto de la población, colocar a los habitantes en situación de confinamiento puede soportarse por los trabajadores "formales", aquellos que trabajan oficialmente en sus empresas y poseen una nómina, pues han entrado en situación de Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) hasta que el período de confinamiento ha finalizado. ¿Pero qué ha ocurrido con las personas que no disponen de una nómina, que trabajan en la economía informal, sumergida, o que han de salir a la calle diariamente a buscar su sustento? Solo en América Latina, el 56% de los trabajadores y trabajadoras activos viven de la economía informal. ¿Cómo colocamos a toda esa gente en confinamiento? Son los que se han debatido (y aún lo siguen haciendo) entre morir por el Covid-19 o morir por hambre. Y por supuesto, no todos los continentes y los países pueden resistir por igual las condiciones de aislamiento y de seguridad, porque si en países ricos (la mayoría de los occidentales) el virus ha provocado los terribles estragos que ya conocemos...¿qué ha ocurrido en algunas zonas depauperadas del continente africano? ¿Cómo hablar de confinamiento o de aislamiento, o de gel desinfectante, o de distancia de seguridad, o de lavado frecuente de manos, a millones de personas que viven sin agua corriente, hacinadas en favelas, en chabolas, o que no tienen hogar, que duermen en las calles, o viven en campamentos improvisados de refugiados, o en las ruinas de edificios destruidos por las guerras (véase Yemen o Palestina, por ejemplo)? Pero incluso en los países ricos que han desplegado sistemas neoliberales desalmados y violentos, la situación también es muy complicada: piénsese por ejemplo en Estados Unidos, paradigma del "mundo libre y civilizado". Pues bien, ese país posee el récord mundial de contagios y de fallecidos, y no es por su extensión (Rusia o China son más grandes que USA). Ello se debe a que unas 27 millones de personas (el 8,5% de la población aproximadamente) no poseen seguro médico, y la sanidad pública no es universal, sino muy limitada. Por su parte, otros 11 millones de personas son trabajadores ilegales, indocumentados, que no se atreven a acudir a los hospitales. El panorama, por tanto, es absolutamente desolador. Continuaremos en siguientes entregas.

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