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27 febrero 2017 1 27 /02 /febrero /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (39)

No existe acuerdo en este aspecto [concepto de terrorismo] porque muchos gobiernos desean mantener sus tan utilizadas definiciones de terrorismo, que frecuentemente permiten a un gobierno estigmatizar como terrorismo aquello que se rechaza, como por ejemplo un movimiento político o alguna minoría, o los grupos indígenas, sindicatos, y ese es uno de los principales problemas de mi trabajo como Relator Especial por los Derechos Humanos y contra el Terrorismo, precisamente el hecho de que muchos gobiernos en el mundo continúen abusando del concepto de terrorismo para marcar o estigmatizar aquellos grupos que no clasifican como terroristas

Martin Scheinin (ex Relator Especial de la ONU para la Protección y Promoción de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales y Contra el Terrorismo)

En esta entrega número 39, dentro del primer gran bloque temático dedicado al terrorismo internacional, vamos a comenzar a abordar las propuestas concretas que se podrían ir adoptando por cualquier gobierno con vocación pacifista que pudiera llegar al poder. El problema fundamental es que, como venimos contando, los dirigentes de las principales fuerzas políticas (ni incluso aquéllas que se enmarcarían dentro de la "izquierda" parlamentaria) tienen, digamos, esa vocación pacifista lo suficientemente asumida. Siempre que hablemos de propuestas, sean pacifistas o de cualquier otra índole, es absolutamente preciso, para no nadar en la inconcreción, y además promulgar medidas que luego no se vayan a poder adoptar durante la legislatura en cuestión (causando la lógica desafección en los votantes y en el resto de la ciudadanía), proceder a una adaptación temporal de las medidas generales que vayan a adoptarse, para que el Gobierno de que se trate sea absolutamente coherente con sus propuestas, y avance en la consecución de sus objetivos. Y es cierto que en el tema del pacifismo existen gran cantidad de parámetros que no dependen exclusivamente de las decisiones de un único país, pero al menos, hay que establecer todos los esfuerzos, encaminar las medidas hacia los objetivos finalistas, y no defraudar al conjunto de la ciudadanía. Por otra parte, las medidas también deben adoptarse siguiendo criterios de urgencia, que suelen ser muy frecuentes cuando de pacifismo (o de conflictos bélicos) se habla. 

 

Para el caso que nos ocupa (el terrorismo de ISIS y la guerra en Siria como los focos principales de conflicto), y siendo coherentes con los diagnósticos que venimos haciendo durante esta serie de artículos, con los análisis y los planteamientos que hemos defendido como necesarios, entendemos que las medidas de corte pacifista que deberíamos adoptar de forma urgente podrían ser las siguientes, recogidas en la página "Una propuesta de agenda para el consejo de la paz" del sitio de podemos.info, al cual nos remitimos, y que vamos a ir desarrollando poco a poco a continuación: cortar las vías de financiación y abastecimiento logístico de ISIS, neutralizar sus redes de captación y adoctrinamiento, apoyar a las fuerzas democráticas en el mundo árabe, reforzar a la sociedad civil en Irak y Siria para derrotar al ISIS, acabar con la guerra en Siria e Irak (mediante el embargo de armas a todos los contendientes, la declaración del fin de los bombardeos contra la población civil, y la apertura de corredores humanitarios), proteger a los refugiados de forma segura, y acabar con las mafias que trafican con personas. Se podrá argumentar que muchas de estas medidas, en sentido general, dependen de la adopción de otras medidas por parte de la comunidad internacional, pero volvemos al mismo argumento de siempre: amparados en dicha inacción internacional, no podemos seguir contribuyendo con nuestra indiferencia y nuestro silencio al enconamiento "ad eternum" de los conflictos. En última instancia, los actos y decisiones, aunque sean unilaterales, y con reducido radio de acción, van marcando el camino que hay que seguir, y que más tarde o más temprano se imponen por sentido común y eficacia. 

 

Como tantas veces hemos repetido, la paz duradera y auténtica, la paz garantista, debe estar comprometida con la democracia y los derechos humanos. Estas palabras tan bonitas son repetidas cuan papagayos por los dirigentes de los gobiernos occidentales, por Estados Unidos y sus aliados, pero no las despliegan, porque lo que han hecho únicamente es una falaz apropiación de ellas. En última instancia, ya lo hemos demostrado con cientos de ejemplos, y desde múltiples puntos de vista, estos países no creen en dichos conceptos, siendo utilizados solo para barnizar y disfrazar sus ansias imperialistas, que son las únicas que cuentan. Bien, a continuación, y tomando la página indicada como referencia, vamos a ir desgranando dichas medidas con mayor profundidad:

 

1.- Cortar las vías de financiación y abastecimiento logístico del Estado Islámico. Como hemos venido explicando, el EI se financia fundamentalmente con donaciones privadas provenientes de países como Arabia Saudí, Qatar o Kuwait (socios estratégicos de los países europeos), por medio de la extorsión y los secuestros, por medio de la venta de objetos de arte de gran valor de las zonas que controlan y expolian, por medio de la recaudación de impuestos a la población y a los comerciantes, y sobre todo, con el contrabando de petróleo en los territorios bajo su dominio en Irak y Siria. A su vez, la mayor parte del material militar que emplean es de fabricación occidental, procedentes de arsenales de armas vendidas a Arabia Saudí, o armas norteamericanas distribuidas en un principio al denominado Ejército Libre Sirio, que acaban en manos del Estados Islámico. En este sentido, varias ONG's participantes en la campaña "Armas bajo Control" (tales como Amnistía Internacional, Greenpeace, etc.) han denunciado que España vendió armas a Egipto, Bahréin y Arabia Saudí durante la llamada "primavera árabe", bajo un marco internacional donde no se respeta el embargo de venta de armas a países en conflicto. Es imprescindible por ello implementar un embargo total de armas efectivo e inmediato, bajo verificación y control internacional (con la presencia de observadores de Naciones Unidas), no sólo para el Estado Islámico, sino también para todos aquéllos países que lo ayudan y promueven el sectarismo (fundamentalismo) en Oriente Medio. 

 

Asímismo, hay que decretar un embargo a la compra de petróleo de contrabando, investigar, interceptar y acabar con las donaciones privadas que recibe ISIS (en muchos casos desde los propios países del Golfo Pérsico), a través de un control más estricto entre los flujos bancarios desde esa zona y Europa. Una estrategia integral de seguridad en Europa debe asegurar el bloqueo completo e inmediato de la venta de armas a zonas en conflicto, propiciar una estrategia de desarme progresiva para todos los actores en conflicto, y habilitar todos los medios necesarios para acabar con el tráfico ilegal de armas y recursos naturales que nutren las arcas del Estado Islámico. Estamos convencidos de que si la comunidad internacional al completo se hubiera dedicado firmemente a todas estas tareas desde el comienzo del conflicto armado en Siria, la situación de guerra no hubiera dado para mucho más que unas cuentas semanas o meses, en vez de los más de cinco años largos que ya dura, con el salvaje y cruento saldo de víctimas civiles inocentes, y la perpetración de graves violaciones a los Derechos Humanos de la población siria. La guerra ha podido continuar porque existen vías de financiación que no se cortan, porque existen suministros que se reciben, porque existen armas para continuar los combates, porque existen garantías logísticas que permiten canalizar y perpetuar los conflictos armados. Impidiendo y destruyendo todo eso, las guerras no pueden continuar, puesto que se ven asfixiadas, sin solución de continuidad. Pero este es sólo el primer factor, la primera gran medida a implementar. Continuaremos con el desarrollo de las siguientes en próximas entregas.

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24 febrero 2017 5 24 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: Oxfam Intermón

Viñeta: Oxfam Intermón

La pobreza no se mide solamente por la insuficiencia de ingresos; se manifiesta en el acceso restringido a la salud, la educación y otros servicios esenciales y, con demasiada frecuencia, en la denegación o el abuso de otros derechos humanos fundamentales

Ban Ki Moon

Vamos a continuar rebatiendo los argumentos más típicos que justifican o legitiman la desigualdad reinante en nuestras sociedades, basándonos en nuestro artículo de referencia. Bien, el siguiente argumento es el que se pregunta: "¿Por qué esa manía de enfrentar a pobres contra ricos, como si éstos últimos fuesen los culpables de las desgracias ajenas?". Es muy fácil de rebatir, porque depende de a qué nos refiramos con la palabra "desgracia". Si desgracia es entendida como que te atropelle un coche o como que rompas con tu pareja, efectivamente los ricos no tienen culpa. Pero si la "desgracia" es entendida, por ejemplo, como que un banco te desaloja de tu vivienda porque te has quedado en paro y no puedes afrontar la hipoteca, el banco (es decir, el rico, entendido como ente abstracto, pero con muchos entes concretos detrás) es el responsable. O mejor dicho, el responsable es el sistema que permite que los bancos hayan podido en primer lugar mercantilizar con un derecho humano, y en segundo lugar, despojar de ese derecho fundamental a una persona. De todos modos, no es el que rico tenga como objetivo que todos los demás sufran hambre o pobreza (sería además de rico un psicópata), sino que el hambre y la pobreza son los daños colaterales de la ambición desmedida de estas personas, y de la indiferencia social que poseen hacia la colectividad, un valor que también fomenta el sistema capitalista. La solución, por tanto, es fomentar y difundir la necesidad de cultivar el bien común, diseñando un sistema que precisamente evite estas escandalosas desigualdades. 

 

Por tanto, como decimos, no se trata de enfrentar a pobres contra ricos, se trata de rediseñar un sistema perverso como el actual, expandiendo la conciencia de que se deben aplicar normas más sensatas, humanas y racionales para revertir las desigualdades. Otro argumento que abunda en defensa de los ricos viene a afirmar que "Atacar a la minoría de grandes ricos es un linchamiento injusto". De nuevo tenemos que aclarar que no se trata de linchar ni demonizar a nadie. Se trata de diseñar una nueva sociedad bajo unos principios comunes que impidan que se den las terribles desigualdades que nos afectan. Lo que cuestionamos es un sistema que permite una acumulación patrimonial tan exagerada para unos pocos, mientras condena sin piedad a la miseria a muchos. Es el mismo sistema que hace la vista gorda ante el enorme fraude fiscal de los ricos, mientras pone la lupa con mayor aumento sobre la fiscalidad de los pobres. Otro argumento lo expresaría de la siguiente forma: "Despojar a los ricos de lo que es suyo sólo genera violencia y no resuelve nada". Claro, parte de una base errónea, que es conceder que todo lo que poseen los ricos es legítimamente "suyo".  Bajo las leyes actuales, quizá sea todo "legalmente suyo", pero no le podemos conceder la legitimidad, cuando lo posee bajo un sistema que, como venimos sosteniendo, permite tan terribles desigualdades. Por tanto, repartir los beneficios de la actividad económica, exigir democráticamente un mejor reparto de las rentas y patrimonios, abogar por una fiscalidad realmente progresiva o poner topes (por arriba y por abajo) a salarios, rentas y patrimonio, no es despojar a nadie, y solucionaría el problema. Fíjense los lectores y lectoras que con todo ello no estamos persiguiendo una sociedad uniforme (donde todas las personas tengan igual y ganen lo mismo), sino simplemente, una sociedad menos desigual, es decir, donde se reduzcan las abismales diferencias entre los que tienen más y los que tienen menos. 

 

El deseo de no pagar impuestos por una minoría (hace poco un deportista de élite aseguraba sin despeinarse que sus compañeros no tributaban en España, y que el que lo hiciera sería un burro), por poderosa que sea, no justifica la aplicación de una política fiscal regresiva, ni el acatamiento de las desigualdades como si fueran una ley natural, o peor aún, una ley divina. Las políticas justas que contribuyan a una mejor convivencia, cooperación y solidaridad no debieran por tanto generar violencia, sino una mayor comprensión. Bien, otro argumento en esa línea podría ser el que dice que "Pretender que los ricos paguen más es cosa de comunistas o de envidiosos". Ya dejamos claro que algunos podrán envidiar a los ricos (aquéllos cuyas mentes están imbuidas en los valores del capitalismo), pero otros no. Y en cuanto a los comunistas, forma parte de ese corolario de mitos y falacias que se atribuyen a dicha ideología, y que la clase dominante (esa que precisamente justifica las desigualdades) se ha encargado muy bien de difundir. Otro argumento predica que "Obstaculizar la acción de los exitosos ricos sólo nos conduciría a una sociedad de mediocres". Mal valoran la naturaleza humana quienes así opinan, pues sólo la entienden en el sentido capitalista del "tanto tienes, tanto vales". Se olvidan de que la naturaleza humana va mucho más allá del sentido del "éxito" capitalista, porque también contempla un conjunto de valores que ellos desprecian, tales como la empatía, la solidaridad, el bien común, la cooperación, la inteligencia, etc. Una sociedad donde imperan los valores e intereses de las grandes fortunas es una sociedad mediocre, porque la igualdad de oportunidades no se da (en contra de lo que ellos creen) por generación espontánea. En palabras de Luis Molina Temboury: "Quien no sabe si va a comer al día siguiente no puede demostrar a la sociedad lo que vale".

 

Es cierto que algunos ricos, muy pocos, han llegado a lo más alto desde lo más bajo, pero es precisamente la excepción. Se trata de un hecho poco habitual. Pero en cambio, desde su cima, la inmensa mayoría de ricos (y el porcentaje de población que desde más abajo les apoyan) entienden que el resto que no ha alcanzado su posición es porque no ha querido, porque no tiene la capacidad, el mérito, ni la inteligencia de ellos. Nada más lejos de la realidad, ni más descabellado socialmente. Existen pobres con tanta tenacidad, capacidad e inteligencia como los ricos, a los que, simplemente, la sociedad no les deja oportunidad. Pero abundando en ese triste argumento, muchos hijos predilectos de la perversa ideología capitalista y neoliberal, tachan a los que no llegan arriba, o simplemente a los que no alcanzan unas mínimas "metas" sociales, de vagos, parásitos, incapaces, o poco emprendedores. Y les comienzan a tildar de subsidiados, de escoria del sistema, lo que a su vez va creando un caldo de cultivo social propicio para que se generen los sentimientos de odio y rechazo hacia ellos. En última instancia, es el germen del fascismo. Una peligrosa ideología que ellos disculpan, mientras vierten rancias y ofensivas proclamas hacia ese fantasma del "comunismo". Hemos de aclarar que los millones de pobres que trabajan largas jornadas por un sueldo de miseria son, como mínimo, tan esforzados como los grandes ricos propietarios de las empresas para las que esos pobres trabajan. Por tanto, basta ya de tanta criminal hipocresía, difusora del mensaje de que los pocos grandes ricos llevan (o han llevado) una vida más esforzada y sacrificada que los millones de pobres que están a su servicio. 

 

La semilla profunda de la ideología neoliberal es absolutamente perversa, ya que proclama la culpa y responsabilidad de los pobres por su propia situación, algo que es una cruel injusticia. Criminalizan a los pobres aduciendo que son ellos los que le echan "la culpa al sistema" ante su evidente incapacidad, cuando es justo al contrario: es el irracional sistema el que los condena a la pobreza, mientras venera a esos ricos que contribuyen a la "grandeza" de países y de empresas. Por tanto, generalizar que tanto el rico como el pobre "se lo tienen merecido", es una de las grandes mentiras del sistema que proyecta y consagra las desigualdades. Y abundando en todo ello, también tenemos el argumento que dice que "La culpa de la situación de los pobres es suya porque se reproducen como conejos". El aumento de la población en los países pobres es consecuencia de la pobreza, y la pobreza es consecuencia a su vez de la extrema desigualdad. Cuando los países salen de la pobreza, automáticamente se frena el crecimiento de la población, según demuestran muchos estudios. Por tanto, volver a estigmatizar a los pobres por su crecimiento demográfico es volcar más injusticia sobre la injusticia. hacer llover sobre mojado. La memoria histórica de las colectividades humanas se trasmite de generación en generación, y quiénes no tienen un futuro, porque la sociedad se lo impide, tienen derecho al menos a soñar que los suyos, si logran sobrevivir, podrán tener más y mejores oportunidades que las que tuvieron ellos. Y esa fuerza vital, esa esperanza colectiva, les empuja también a reproducirse, en un mero acto de defensa y supervivencia...¿Los vamos a criminalizar también por eso? Continuaremos en siguientes entregas.

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23 febrero 2017 4 23 /02 /febrero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (55)

Cada día que pasa sin democratizar los medios es un día que el poder corporativo y financiero global usa para manipular a la ciudadanía. Está probado que se puede hacer cualquier tropelía criminal si antes se consiguió el suficiente nivel de convencimiento o de aceptación de la opinión pública internacional. Se puede invadir Irak, asesinar a Gadaffi o derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro. Lo único que se necesita es controlar y dominar a la opinión pública

Pascual Serrano

La democratización del espacio mediático es, pues, un imperativo de absoluta necesidad en una sociedad avanzada. Porque, ¿es tolerable que bajo un sistema que se denomina democrático el cuarto poder de la sociedad, es decir, los medios de comunicación, constituyan un cortijo mediático en poder de unos pocos? ¿Es tolerable que los medios de comunicación públicos se hayan convertido en auténticos instrumentos al servicio de la propaganda gubernamental? (A este respecto, tenemos un estupendo dossier sobre la manipulación que TVE lleva haciendo a sus espectadores desde la llegada del PP al poder en 2011 en este artículo de Alejandro Torrús para el medio Publico) ¿Es posible, bajo dicho escenario, proclamar a los cuatro vientos que en nuestro país existe la "libertad de opinión" y la "libertad de prensa"? ¿No deberíamos evolucionar hasta conseguir democratizar ese cuarto poder de la sociedad, al igual que están supuestamente democratizados los otros tres? ¿Cuál debería ser por tanto la meta a alcanzar para poder disfrutar de un ecosistema mediático relativamente justo, social, democrático y proporcional? El enorme poder que despliegan estos oligopolios mediáticos provoca que influyan decisivamente en el escenario político, que eviten cualquier reglamentación de su poder, y que actúen protegidos por un manto de impunidad. 

 

Por tanto, deberíamos dedicarle atención, como ya hemos expuesto en entregas anteriores, a los tres ámbitos mediáticos que entendemos garantizan la pluralidad de la sociedad, a saber: el ámbito público (estatal, si se quiere, pero no gubernamental, y que englobaría al conjunto de las diversas Administraciones Públicas en sus diferentes ámbitos), el ámbito privado, y el ámbito comunitario (ámbito dedicado a cubrir el resto de iniciativas más o menos locales de la sociedad, pero sin ánimo de lucro). Y deberíamos garantizar, para cada uno de ellos, que disponen de todos los canales mediáticos que soliciten (prensa escrita, radio, TV, Internet), y que el número total de licencias están repartidas más o menos equitativamente, es decir, que del total de medios de comunicación que existan en el país, el reparto y la distribución de las respectivas licencias para los tres ámbitos referidos es más o menos equitativo. Estamos convencidos de que sólo el cumplimiento de estas condiciones garantizaría un sector de medios de comunicación auténticamente plural y democrático. Porque tanto derecho tiene una gran empresa multinacional a poseer un canal de televisión (privado), que un determinado municipio (comunitario), que una determinada Comunidad Autónoma (público). De esta forma, romperíamos los posibles oligopolios y concentraciones abusivas de poder, que son precisamente las que conducen a todos los problemas que hemos mencionado anteriormente. 

 

Abundando en todo ello, recopilando y estableciendo conexiones con conceptos y comentarios que ya hemos expuesto en anteriores entregas de esta serie, podemos citar al gran pensador, filósofo y lingüista norteamericano, Noam Chomsky, uno de los intelectuales de mayor prestigio internacional, que ha establecido lo que según él podría ser el decálogo (los 10 principios fundamentales) que sustentan la concentración de la riqueza y el poder, favoreciendo la transmisión del pensamiento dominante, y que son, a su juicio, los siguientes;

 

1.- Reducir la Democracia. La democracia plena en sus diferentes vertientes (representativa, directa, participativa, decisoria, revocatoria, económica), es quizá el enemigo principal del pensamiento dominante, pues en ella se concentran y expresan todos los mecanismos que dotan al pueblo de voz para expresarse y tomar cartas en los diferentes asuntos que le conciernen.

 

2.- Moldear la Ideología. Es el objetivo fundamental de la difusión del pensamiento dominante, es decir, acallar, ignorar, ningunear, ocultar y ridiculizar cualquier alternativa al pensamiento oficial del régimen, para lo cual, como venimos contando, los medios de comunicación de masas ejecutan un papel esencial.

 

3.- Rediseñar la Economía. Lo primero que se hace es situar a la economía como si fuera una ciencia exacta, a la vez que se visualizan las teorías económicas dominantes, ocultando las voces críticas. Hay que partir de la base de que la economía es una ciencia social, y que las diversas teorías económicas enfrentan diferentes visiones de la sociedad, y obedecen a diferentes intereses. 

 

4.- Desplazar la Carga. Aquí podríamos citar, como apoyo al poder que ostenta la clase dominante (ese 1% más rico, apoyado por ese 20% que le respalda y le posibilita la riqueza), todas las transferencias de riqueza, que implican no sólo una privatización de las ganancias, sino también una socialización de las pérdidas. Todo ello, unido a leyes que favorecen e incrementan su riqueza y su poder, reformas legislativas que les permiten la concentración de su riqueza (existencia de paraísos fiscales, sistemas de elusión de impuestos, etc.), y el diseño de mecanismos que amparan graves procesos de corrupción.

 

5.- Atacar la Solidaridad. La solidaridad, como valor principal de una sociedad cohesionada y que vele por el bien común, es denostada y atacada por tierra, mar y aire. Se fomenta justo todo lo contrario, es decir, el egoísmo, la individualidad, la competencia, la envidia, la insolidaridad, y la no cooperación, todo ello basado en el mensaje principal del capitalismo, que deja a la responsabilidad de cada cual la búsqueda de sus posibilidades, anulando todo proyecto colectivo. 

 

6.- Dirigir las Instituciones Reguladoras. Mecanismo fundamental para que el sistema dominante esté bien engrasado, es que lógicamente defienda a sus adláteres, es decir, a los poderosos. En este sentido, las principales instituciones reguladoras (tribunales, instituciones de control y de fiscalización, banco oficial de la nación, agencias de regulación, etc.) quedan bajo el control de la clase dominante. 

 

7.- Manipular las Elecciones. No nos estamos refiriendo aquí a la burda manipulación electoral de unos comicios determinados, sino al conjunto de leyes y procedimientos que controlan los resultados electorales, y que constriñen al sistema para que se balancee siempre del lado de los partidos que sostienen el régimen, y perjudique a los partidos opositores al mismo. 

 

8.- Mantener a la plebe bajo control. Como resulta que ante el dictado de leyes, decretos y proyectos injustos para el conjunto de la ciudadanía, ésta se rebelaría tarde o temprano con mayor o menor intensidad, el sistema proyecta una serie de herramientas y de técnicas (legislativas, policiales, represoras, etc.) que puedan controlar en un momento dado las capacidades de protesta y de manifestación popular. Buen ejemplo en nuestro caso sería la famosa Ley Mordaza. 

 

9.- Fabricar el consentimiento. Este "consentimiento", aceptación o legitimación se produce, como también hemos explicado en anteriores entregas (y nos explica Pascual Serrano en la cita de entradilla) mediante el despliegue de una serie de mecanismos que van controlando la opinión pública, no de manera forzada, sino mediante un constante goteo de pequeñas informaciones y decisiones, que calan en la ciudadanía de una forma controlada, y la predisponen para la aceptación sumisa de una serie de leyes y decisiones políticas. 

 

10.- Marginar a la población. Por último, es fundamental, para Noam Chomsky, que exista siempre un contingente de población que se encuentre marginada por el sistema (discriminada, desfavorecida), para que no disponga nunca de los mecanismos legales para poder representar un peligro para el sistema. Suele ocurrir con las minorías étnicas o religiosas, o con algunos colectivos que por sus características pueden representar una amenaza para el sistema. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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22 febrero 2017 3 22 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Los crímenes contra la humanidad no se pueden olvidar. Intentar tapar esa herida con el olvido es un error o un intento de ocultar a los criminales. Eso solo nos lleva a una sociedad fragmentada y dividida. A más de ochenta años de aquel Golpe de Estado, plantear justicia y reparación es lo mínimo que se puede pedir por higiene democrática y Justicia Histórica

Marcos González Sedano

La Segunda República, por tanto, acabó violentamente. Fue ultrajada, interrumpida por las violentas fuerzas del alzamiento militar. Pero en 1939 acabaron solamente las bombas, los tanques y las batallas. Porque nos quedó durante cuarenta años más un cruel dictador genocida que nos gobernó (él y toda su despreciable camarilla) a sangre y fuego, causa principal de que el pensamiento dominante aún arrase en nuestro país. Pero muchos mantenemos la llama que permitirá, parafraseando a Salvador Allende (otro gobernante asesinado para instalar a un vil dictador), que el hombre libre se vuelva a pasear por las grandes alamedas. Todo el imaginario colectivo fue migrando hacia la conversión de las ideas de los vencedores de la Guerra Civil en las ideas dominantes, simplemente porque las ideas dominadas fueron aplastadas y enterradas en cunetas. Ellos se llamaron los "nacionales", se apoderaron de la victoria, que recordaban en un desfile cada año, se apoderaron del sentido de país, del concepto de patria, del sentimiento y del "espíritu" nacional, reconfigurando el concepto de la patria al servicio totalitario de sus fanáticas ideas. En cambio, los "rojos" (nombre que se usa todavía con desprecio y en sentido peyorativo por los fascistas actuales, agrupados en torno al Partido Popular), los republicanos, los creyentes en la equidad y en la justicia social, se vieron obligados al exilio, a la muerte, a la tortura, al escarnio público, a la cárcel, o en el mejor de los casos, a vivir asumiendo el silencio sobre sus ideas, si querían una mínima paz en su existencia. 

 

Una paz oscura, forzada y dictatorial, una paz secuestrada por un régimen inhumano, a la que todavía tienen la osadía de referirse algunos. Y durante casi cuarenta años, en los colegios, cada 2 de noviembre, día de los difuntos, los escolares (esta práctica se daba sobre todo en los ambientes rurales) eran conducidos en masa a la iglesia principal. Allí los alineaban en sentido militar, y tras algunas proclamas, rezos y discursos, brazo en alto incluido, al modo fascista, les hacían cantar el "Cara al Sol", el famoso himno de los triunfadores. Todos ellos eran actos en recuerdo y homenaje a los "Caídos por Dios y por España", todos ellos del bando "nacional", es decir, fascista, porque los "rojos" jamás fueron homenajeados, ellos no cayeron ni por Dios ni por España, claro. Ellos cayeron por defender la libertad y a un Gobierno republicano legítimo, que fue violentamente derrocado. Pero en cambio, ellos fueron los parias, los olvidados, los que no tenían ni siquiera tumbas donde irles a llorar. Y hoy día, a más de 41 años de la muerte del dictador, esos herederos de los vencedores continúan dominando nuestras vidas, continúan campando a sus anchas, con una soberbia y una autoridad implacables, pues todas las Instituciones del Estado continúan a su servicio. Por eso, los actuales gobernantes siguen oponiéndose a que se desentierren los cuerpos, y sobre todo, las ideas. Porque en el fondo, les siguen molestando las ideas de la izquierda, quieren seguir enterrándolas, discriminándolas, escondiéndolas, marginándolas. La dictadura de hoy día ya no necesita bombas ni cañones, es la dictadura del capital, que posee tanta o más fuerza que la militar. 

 

La recuperación de la Memoria reciente de nuestra historia es fundamental, para que comprendamos de dónde venimos, por qué pensamos como pensamos, por qué hemos llegado hasta aquí. Pero los efectos de aquélla terrible devastación física y mental todavía perduran, y por tanto, sufrimos los efectos colectivos de la desmemoria, de la descontextualización de nuestro pensamiento, de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro. Y así, cuando actualmente surgen corrientes de pensamiento de izquierda, socialistas y republicanas, olvidamos que gran parte de este ideario (lógicamente, contextualizado en su época) ya estaba presente en la Segunda República. Olvidamos que el modelo educativo, el modelo social, la vocación pacifista, el modelo de libertades públicas, el reparto de la tierra y de los bienes comunes, los derechos de las mujeres, y un largo etcétera, ya estaban presentes en aquél legítimo y democrático Gobierno que la derecha intolerante y fascista derrocó mediante aquél golpe militar y aquélla devastadora guerra. Un alzheimer colectivo que afecta también a los partidos políticos, como ese engendro en que se ha convertido el actual PSOE, que hace décadas que olvidó el verdadero ideario socialista, para alinearse primero con la estulticia de la socialdemocracia, y después con el más descarnado neoliberalismo, renunciando a los grandes objetivos, principios y valores de la izquierda, aunque todavía tengan la osadía de mencionar a su fundador histórico Pablo Iglesias, sin que se les caiga la cara de vergüenza. 

 

Hemos de recuperar imperiosamente la Memoria, la memoria colectiva de un pasado que fue brutalmente destruido por unos salvajes militares, apoyados por una Iglesia intolerante, y los sectores más conservadores de los estamentos sociales. Una memoria que hemos de recuperar si creemos que otro sistema es posible, que otra economía es posible, que otro sistema de valores es posible. Pero desgraciadamente, la única memoria que queda viva hoy día es la de ese cruel dictador y sus secuaces, ya que mediante una presencia institucional y pública de monumentos, símbología, nombres de calles, nombres de pueblos y reconocimientos públicos, la memoria de la dictadura perdura en nuestra sociedad. Por no hablar de la falta de voluntad política para llevar la verdad, la justicia y la reparación a todos los familiares de las víctimas de aquél horrible genocidio. Una falta de voluntad política auspiciada, sobre todo, por la presencia, aún mayoritaria en las instituciones públicas, de personajes procedentes de la antigua Alianza Popular (partido fundado por Manuel Fraga, ministro franquista), que luego fuera Partido Popular, con cuya denominación llega hasta nuestros días. La más reciente escisión por su derecha ha sido la formación política VOX, pero podemos afirmar que desde la desaparición de la antigua Fuerza Nueva de Blas Piñar, todo el arco político y social de la derecha (desde la más suave hasta la más extrema) se agrupa en torno al PP. Por eso en nuestro país, a diferencia de muchos países europeos, no existen más partidos de extrema derecha, pues todos están alineados en torno al PP. Ellos son los herederos del franquismo, ellos son los que se niegan a condenar de manera firme la dictadura, y ellos son los que se niegan a cumplir todos los mandatos de la actual Ley de Memoria Histórica. 

 

Porque en efecto, tal como nos recuerda este artículo de Xavier Caño Tamayo, el programa político inicial de Alianza Popular recogía la unidad de la patria, el orden público, la prevalencia de la familia tradicional, la Monarquía, la libre empresa (así es como llamaban al salvaje capitalismo), la educación en manos de la Iglesia Católica, y la moral sexual reprimida (incluyendo la homofobia, por supuesto). Pero dado el obligado carácter "aperturista" (un disfraz de aperturismo) de la Transición, su fundador Manuel Fraga impulsó un intenso maquillaje del anacrónico ideario de AP, y así, en un Congreso de refundación de 1989, Alianza Popular pasó a llamarse Partido Popular. Pero seguían los mismos perros, los mismos ladridos, aunque con diferentes collares. Unos collares que aparentaban ser más modernos, pero que obedecían al más rancio conservadurismo de siempre. Pero poca gente recuerda que mucho antes, en octubre de 1976, el acto fundacional de Alianza Popular finalizó con todos los asistentes al mismo coreando gritos de "¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!". Sin más comentarios. ¿Esclarecedor, quizás? Según el Derecho Internacional y la legalidad emanada de la ONU, el franquismo fue ilegal por alzarse en armas contra el gobierno legítimo de la República. Concretamente, la Resolución 39 (I) de Naciones Unidas de 9 de febrero de 1946, aprobada por unanimidad por la Asamblea General, afirma que el régimen de Franco fue impuesto por la fuerza de las armas al pueblo español. Según la ONU, el franquismo cometió crímenes contra la paz, crímenes de guerra y de lesa humanidad. El catálogo del genocidio se cumple al completo. Y según la Resolución de la ONU de 2 de octubre de 1997, el franquismo violó sistemáticamente los derechos de las víctimas de la represión y de sus familiares. Pero aún hay más. El 17 de marzo de 2006 la Comisión Permanente del Consejo de Europa aprobó unánimemente la condena de la dictadura franquista por "múltiples y graves violaciones" de los derechos humanos perpetradas en España desde 1939 hasta 1975. La condena reconoce que "hay pruebas suficientes de graves y numerosas violaciones de Derechos Humanos, cometidos por el régimen franquista, y asumir el pasado no es sólo retirar símbolos de la dictadura de lugares públicos. Ha de haber un juicio del régimen franquista que desemboque en una condena sin ambigüedad". Así de claro. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 febrero 2017 2 21 /02 /febrero /2017 00:00
Fuente Viñeta: El Blog de Julián (http://jsmutxamel.blogspot.com.es/)

Fuente Viñeta: El Blog de Julián (http://jsmutxamel.blogspot.com.es/)

Cada vez que un colectivo "privilegiado" pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos

Isaac Rosa

Desde hace varios días está en primera página informativa el conflicto laboral de los estibadores portuarios, en los cuales han puesto la nueva diana neoliberal, y los han situado como el próximo objetivo a abatir. La estrategia es la de siempre: poniendo como referencia los propios marcos de actuación de la Unión Europea (el Ministro de Fomento declaraba a los medios que "estamos atados de pies y manos", aunque luego bien que se llenan la boca hablando de la "soberanía nacional"), y bajo los vacíos eslóganes de "hacer nuestros puertos más competitivos", se trata de un nuevo ataque a este colectivo, con la intención de degradar y precarizar el trabajo, reducir los salarios hasta en un 60%, convirtiendo dicho sector, al igual que ya han hecho con otros muchos, en un sector precarizado y "liberalizado" (eufemismo bajo el cual se esconde una terrible estrategia de perversos efectos). Y también al igual que otras veces, el mantra que se jalea para poner a la población alienada, desinformada y sin conciencia de clase en contra de estos trabajadores, es afirmar de ellos que son "unos privilegiados". Ha ocurrido sobre todo con los colectivos de empleados públicos (funcionarios de las diversas Administraciones, pero también profesores, médicos, y un largo etcétera de profesionales, que han tenido que sufrir en sus carnes la estigmatización de ser tachados de "parásitos", "vagos" o "privilegiados", entre otras lindezas).

 

Como decíamos anteriormente, no es el primer colectivo que sufre el feroz ataque de la estrategia neoliberal. Antes fueron los maquinistas de Renfe, los basureros, los examinadores de Tráfico, el personal de tierra de Iberia, los controladores aéreos, el sector de los transportes públicos metropolitanos, el personal de Metro, los mineros, los profesionales de la sanidad, y los trabajadores de algunas grandes empresas, tales como los de Panrico, Coca-Cola o Movistar, entre otros muchos. Todos ellos eran, para las respectivas patronales y las Administraciones públicas implicadas, unos "privilegiados". Sufrimos, bajo la excusa de la crisis económica y el hostigamiento permanente de Bruselas, un acoso laboral hacia todos los grandes sectores económicos del país, que pretende siempre los mismos objetivos: acabar con la fuerza sindical, desmantelar los derechos adquiridos mediante tantos años de lucha obrera, precarizar el trabajo, realizar despidos masivos mientras se lleva a cabo una escandalosa transferencia hacia el gran capital que controla estas empresas, y deslocalizar sedes hacia otras localizaciones más baratas en cuanto a costes laborales se refiere. Todo ello lo adornan bajo la falacia de la "liberalización", y cuando los/as trabajadores/as se oponen a todos esos estropicios, amenazando con la huelga, el gran capital difunde claras campañas de desprestigio hacia estos colectivos, para trasladar el mensaje a la ciudadanía que son los trabajadores los que son unos intransigentes, unos privilegiados y unos insolidarios, además de unos egoístas a los que no les importa maltratar a la ciudadanía mediante sus huelgas salvajes. 

 

La subliminal estrategia para desprestigiar a cualquier colectivo laboral que oponga resistencia a la deriva privatizadora (perdón, quisimos decir "liberalizadora") ha sido descrita magistralmente por Isacc Rosa en este artículo para eldiario.es, al cual nos remitimos. Básicamente, y lo podemos comprobar fehacientemente para cada caso que hemos relatado, dicha estrategia de acoso y derribo consiste en anunciar sus planes bajo diversos eufemismos ("externalización", "liberalización"), siempre por imperativo europeo (unos imperativos que esta gentuza de la derecha se apresura a cumplir de forma entusiasta, todo lo contrario que cuando la Comisión Europea o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos les conmina a cumplir alguna sentencia que vaya en contra de sus intereses, tales como las que se refieren a las torturas policiales, a la derogación de la Ley de Amnistía, o al cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, entre otras), y lo adornamos con algunos falsos mantras hipócritas y deleznables, tales como el de la "modernización" del sector, la "creación de empleo", o el "incremento de la competitividad". Cuando el sector laboral en cuestión se resiste, como ahora está ocurriendo con los estibadores portuarios, comienza la campaña de desprestigio hacia ellos (anunciando sueldos escandalosos que normalmente nunca son ciertos, hablando de condiciones laborales privilegiadas, y demonizándolos por organizar huelgas "salvajes" tomando como "rehenes" a la población). 

 

La estrategia de desprestigio finaliza haciendo campañas contra los sindicatos y los convenios colectivos (que son "inflexibles" en la negociación), y con acusaciones de dañar "un sector estratégico" de la economía española, como ya ha ocurrido otras tantas veces. Y así, poco a poco, paso a paso, bajo la inacción (incluso la complicidad) de la ciudadanía que se deja convencer por estos indecentes mensajes, la deriva neoliberal va acabando con toda resistencia a sus objetivos. No se cuenta la verdad: la verdad es que Europa tiene los mismos intereses que la derecha local, la verdad es que los trabajadores y trabajadoras no son privilegiados, sino obreros que han conseguido condiciones laborales dignas gracias a muchos años de lucha sindical, la verdad es que las empresas públicas (o privadas) que se desmantelan son rentables (y por tanto su desmantelamiento obedece a otros objetivos de transferencia de riqueza hacia el gran capital), y la verdad es que lo que se busca con estos ataques a ciertos colectivos, profesionales y empresas es únicamente degradar las condiciones laborales, disminuir la fuerza de la clase trabajadora, abaratar costes laborales, y precarizar el sector, reconvirtiendo (como ya han conseguido en muchos otros sectores) los empleos garantistas, decentes y estables, con derechos y protección social, en empleos basura, con condiciones abusivas, y con escasa o nula protección social. La verdad es que esa "liberalización" que propugnan sólo les beneficia a ellos, al gran capital, a las grandes empresas, a las patronales del sector, contribuyendo a la desigualdad y a la desprotección de los trabajadores. Esa es la verdad. 

 

El objetivo último es que quede la menor fuerza laboral digna posible, y para ello también azuzan las banderas del "emprendimiento" (para que todos nos hagamos empresarios, autoexplotándonos a nosotros mismos), y fomentan los criminales valores del capitalismo, tales como el egoísmo, la envidia, la insolidaridad o la competitividad, dislocando la tradicional conciencia de clase obrera, para que todo el proceso ofrezca la menor resistencia posible. Todos los pasos de la política económica neoliberal van enfocados a conseguir todos estos objetivos. Y en toda esta consecución ayudan mucho los medios de comunicación dominantes, esos que se alinean sin fisuras con el gran capital, que son los primeros en lanzar artículos, reportajes y editoriales para convencernos de lo "malos", "egoístas", "insolidarios" y "salvajes" que son los/as trabajadores/as, denunciando sus escadalosos "privilegios", y encabezando la campaña de desprestigio hacia ellos. Absolutamente escandaloso. No podemos dejarnos engañar. Ayer fueron los funcionarios, los controladores aéreos, o los mineros. Hoy son los estibadores...¿Quiénes vendrán mañana? Si no sabemos como clase obrera cuál es nuestro sitio, cuáles son nuestros valores y quiénes nuestros enemigos, difícilmente ganaremos esta lucha. No hacemos más que darle la razón a Warren Buffet cuando aseguró, con toda lógica: "¡Claro que hay una lucha de clases! Y es la mía, la de los ricos, la que va ganando". ¿Les dejamos seguir ganando, o reaccionamos de una vez?

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20 febrero 2017 1 20 /02 /febrero /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (38)

No existe una bandera lo suficientemente grande para cubrir la vergüenza de matar a gente inocente

Howard Zinn

El propio concepto de Terrorismo no es abordado desde el mismo punto de vista, ni obedece a ninguna definición aceptada globalmente, tal como afirma el ex Relator Especial de la ONU para ese ámbito, en esta entrevista para el medio Red Voltaire, a la que nos remitimos. Su respuesta es muy clara en este sentido: "Está bien claro que en muchísimos países el concepto de terrorismo se utiliza para respaldar intereses políticos mediante la estigmatización de sus opositores, y ello toma muchas formas; una de ellas incluye actos de terrorismo aislados e individuales que el gobierno utiliza para marcar a amplios grupos u organizaciones, movimientos políticos, grupos étnicos como terroristas sin basamento alguno. Esa es una forma, y otra forma es aquélla en que un gobierno simplemente trata de neutralizar a sus opositores al llamarlos terroristas, aunque jamás hayan llevado a cabo un acto de terrorismo. Esos dos casos se refieren al abuso generalizado del concepto de terrorismo". Porque en efecto, el concepto y la aplicación del término "Terrorismo" se aplica a muchos y diferentes ámbitos, y no todos ellos sobre la misma base conceptual. Muchas veces el término se aplica interesadamente, acudiendo a una falaz asignación que nada tiene que ver con las actividades de la organización o el colectivo en sí mismo. Nosotros ya hicimos una clasificación en uno de nuestros artículos, al que remito a los lectores y lectoras que no lo hayan leído. 

 

El caso es que al existir muchas aplicaciones y conceptos incluidos bajo el gran término "Terrorismo", y no existir un gran consenso mundial en torno al mismo, ello provoca frecuentemente que el concepto se banalice, se tergiverse o se aplique indiscriminadamente de forma sesgada, equívoca e interesada. Desde este punto de vista, aceptar que existe una "Guerra Global contra el Terrorismo", como Estados Unidos y sus países aliados, se empeñan en difundir, es una alusión a algo realmente inexistente, y que únicamente entra en los planes imperialistas de la gran potencia estadounidense. Como estamos exponiendo desde múltiples puntos de vista en esta serie de artículos, los conflictos armados obedecen siempre a unas causas últimas, a unos motivos finales que los gobiernos y los medios de comunicación dominantes se empeñan en esconder. Puede que haya situaciones temporales donde la guerra contra grupos terroristas esté en correspondencia con lo que se llama conflicto armado, según las Convenciones de Ginebra y sus protocolos, independientemente de que estemos hablando de un conflicto armado internacional. Pero los conflictos armados no obedecen a ninguna estrategia planetaria sobre "guerra global contra el terror", que no es más que una opinión infantil y reduccionista de la situación de belicismo internacional y del perverso panorama de cruce de intereses estratégicos y geopolíticos que las diversas naciones enfrentan. Nos quieren inducir a pensar que existe algo así como un ejército global en la sombra, dispuesto a acabar con nuestra civilización, y al que hay que eliminar a toda costa. Nada más lejos de la realidad. 

 

Y como venimos explicando, nuestra hipocresía occidental está detrás de todas estas interpretaciones interesadas del terrorismo, comenzando por no reconocer nuestra siniestra participación en los diversos conflictos bélicos, echando (por acción u omisión, ésta última bañada con un falso barniz de neutralidad) más leña al fuego, a un fuego que ya resulta abrasador, y que amenaza con convertirse en una nueva conflagración mundial. Occidente representa la doble moral en lo relativo al respeto al Derecho Internacional, y a los Derechos Humanos, expresados y reconocidos en los múltiples foros y tratados suscritos por los diversos países europeos. Ahí tenemos el ejemplo del Reino Unido (ahora bajo el mandato de la Primera Ministra Theresa May), que lo mismo defiende el criminal sionismo de Israel, que al wahabismo de Arabia Saudí, que mira para otro lado cuando se habla de la agresión a Siria, que se niega a criticar las decisiones del gobierno estadounidense (del cual ha sido siempre su más fiel perrito faldero), en su papel de violador de los acuerdos nucleares del G5+1 con Irán y los compromisos asumidos al respecto. Reino Unido siempre ha desempeñado, sobre todo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el papel de simple apéndice de las posturas bélicas avalados por su gran primo estadounidense. Un simple y cobarde peón del tablero, a la hora de decidir su participación en los diversos frentes en conflicto bélico, aunque ello implique, como implica, la muerte de millones de seres humanos, y el éxodo masivo de otros tantos, por ver satisfechos sus intereses políticos, económicos y geoestratégicos. 

 

Mientras, en el otro bando, en el bando del sufrimiento y de la dignidad de sus pueblos, tenemos que hablar de Palestina, del Sáhara Occidental (ambos serán objeto de un estudio más pormenorizado en próximas series de artículos), de Siria, de Irak, de Yemen o de Bahréin. Auténticos espejos de la resistencia ciudadana, ante los indiscriminados ataques de las potencias implicadas, que no son otras que los ya descritos en múltiples ocasiones: Washington, Londres, París, Berlín, Roma, Ankara, Tel Aviv, Amman, o Riad, entre otros. Por su parte, la crisis y el caos en Libia no tienen la más mínima intención de disminuir, sino más bien al contrario, va camino de balcanizar totalmente al país, de forma que termine siendo despedazado y repartido en trozos entre los grandes "actores" occidentales, y sus grandes compañías transnacionales. Y todo ello bajo la extensión de las maléficas corrientes de pensamiento patrocinadas por el wahabismo, el sionismo y los intereses hegemónicos occidentales. A todos ellos tenemos que unir los conflictos en Somalia, Eritrea, Sudán del Sur, República Democrática del Congo (una guerra civil que dura ya más de 20 años, y que ha dejado más de cuatro millones de muertos), así como los países amenazados por el grupo terrorista Boko Haram, tales como Nigeria, Níger, Chad y Camerún. Para finalizar el repaso sobre los escenarios bélicos o en inminente o latente conflicto a nivel internacional, hemos de incluir también la zona del Mar Meridional de China, objeto de disputa entre la gran potencia asiática y los Estados Unidos. El gobierno estadounidense se opone a las reivindicaciones territoriales de China, con relación a la disputa de las islas Senkaku con Japón (otro aliado histórico de EE.UU.), situadas en el triángulo definido entre el nordeste de Taiwán, el este de China y el sudoeste de Okinawa. 

 

Son islas que China reconoce como suyas, por lo cual ha instalado un sistema de defensa y monitorización por radar. Esta disputa en el Mar Meridional de China representa un escenario de fuerte tensión y de constante amenaza, en una de las zonas navegables con mayor tránsito internacional, con riquezas naturales variadas en recursos pesqueros, y reservas de gas y de petróleo, que la convierten en zona de conquista por sus elevados atractivos, y que delimita un conflicto bélico muy probable a medio plazo, si no hacemos que impere la cordura y la sensatez, manifestadas en la senda del pacifismo, la negociación y la cooperación. Han de abrirse vías de negociación políticas y diplomáticas, que encaucen los conflictos de forma definitiva, en lugar de aumentar constantemente la tensión con acciones unilaterales. Pero para ello, sería absolutamente preciso que la comunidad internacional dispusiese de algún foro totalmente democrático (en vez de la actual ONU, que necesita una urgente y profunda reforma, que trataremos en su bloque temático correspondiente) y cuyas resoluciones gozaran de mecanismos de obligado cumplimiento por todas las partes, cosa que ahora, desgraciadamente, no ocurre, y así los conflictos están servidos. Como vemos, la senda del Pacifismo no es un camino de rosas, pero tampoco es un ideal absurdo y rocambolesco, o un simple ideal buenista manifestado por cuatro mentes disparatadas. La senda del Pacifismo es una imperiosa necesidad, un objetivo absolutamente imprescindible, pero pasa, como estamos viendo, por adoptar cambios de actitud absolutamente radicales, y entender la política pacifista como un camino permanente a recorrer, instando con todas nuestras fuerzas al resto de la comunidad internacional a que la siga. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 febrero 2017 5 17 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Para garantizar la protección de las personas más pobres necesitamos intervenciones públicas valientes que, guiadas por el objetivo de construir un mundo más justo y equitativo, hagan frente a las verdaderas causas de la crisis

Oxfam Intermón (Documento "La Trampa de la austeridad")

En el último artículo de la serie comenzamos a rebatir algunos de los argumentos que "disculpan" y justifican la desigualdad, apoyándonos en este artículo del economista Luis Molina Temboury. Continuaremos por el argumento que dice que "La pobreza se está erradicando". Bien, es cierto que algunos países, de forma aislada, precisamente a raíz de tomar el poder fuerzas políticas de ideario socialista (como Cuba o Venezuela), han conseguido eliminar bastante, incluso erradicar, la pobreza extrema, e incluso (casi) universalizar los derechos humanos a la educación o a la sanidad. Pero tal como explica Molina Temboury, a primeros del actual milenio las cifras de hambre en el mundo eran tan escandalosas que los líderes mundiales decidieron tomar cartas en el asunto. Como referencia se estableció que la pobreza extrema significaba ingresar menos de 1,25 dólares al día. En 1990, 1.900 millones de personas ingresaban menos de esa cifra. Y hoy día, más de 25 años después, algunos celebran que la pobreza se haya reducido porque muchas personas hayan superado ese ridículo umbral en pocos céntimos. La verdad es que el hambre y la pobreza, a nivel global, siguen siendo vergonzantes. La pobreza relativa, creciente desde la adopción de políticas neoliberales, se ha disparado con la crisis. Y la desigualdad patrimonial, en la que insistíamos en el artículo anterior, sigue progresando. Hemos establecido "lo que se debe tener" como mínimo (que tras 25 años todavía no se cumple), pero aún no hemos establecido un tope a "lo que se puede tener".

 

En esa misma línea, tenemos el argumento que dice que "La desigualdad será un problema en los países pobres, pero no aquí". De nuevo, se equivoca del todo el sentido del término, y se minusvalora la incidencia social del mismo. La desigualdad es un problema en todas partes del mundo, en todas. Lo es en la India, en África, en Oriente y en Occidente, en Europa y en Estados Unidos. Lo único que cambia son los raseros y las consecuencias de sus efectos. En los países ricos, ser pobre significa tener que comer y vestir de la caridad, pero también significa ser obeso por problemas de malnutrición, pasar frío en invierno, no tener la oportunidad de estudiar, o sufrir desprecio, miedo o violencia social. Solemos asociar la imagen de la pobreza únicamente a esos negritos que aparecen escuálidos en las imágenes de algunos países del África subsahariana, pero en otras partes del mundo, la pobreza también se manifiesta en las injusticias, la marginación, el autoritarismo, la exclusión social, la xenofobia, etc. Por su parte, tenemos también el argumento que aboga por que "Siempre ha existido desigualdad, y ahora estamos mejor que en el pasado". Yo lo llamo el argumento "constatador". Suelen hacerlo las personas que quieren dar un argumento elegante, pero sin mezclarse en el asunto. Los argumentos "constatadores" se limitan a indicar hechos, pero no a implicarse en sus verdades. Por ejemplo, una variante del mismo es aquél que dice (muy esgrimido por los esbirros de la derecha) que "De todas las crisis se ha salido aumentando las desigualdades". Lo cierto es que si todos aludiéramos a los argumentos "constatadores", el mundo nunca habría evolucionado. Los argumentos de este tipo no nos convencen a los que, como el Che Guevara, nos conmociona ver las injusticias sociales. 

 

Bien, ¿cuál sería la respuesta para dicho argumento "constatador"? Pues es muy fácil: que algo relativo siga ocurriendo (lo podemos extrapolar al machismo, por ejemplo) no disculpa la inacción, y pobre consuelo es compararse con lo peor. De hecho, estamos peor que cuando ocurrían las hambrunas del pasado, porque entonces no había suficiente comida para todos. En pleno siglo XXI, está demostrado que existen recursos alimenticios, tierra y semillas para alimentar a más población de la que habitamos este planeta. Por otra parte, se tira la comida en el mundo occidental, mientras muchos pasan hambre en otras partes del mundo. Por tanto, la situación no es "mejor" que antes. El hambre y la desigualdad de hoy son especialmente sangrantes, porque está empíricamente demostrado que son perfectamente evitables. Otra cosa es que no exista voluntad política para implementar las medidas que resolverían el problema. Bien, tenemos también el famoso argumento "economicista", que puede enunciarse como "Centrémonos en el crecimiento, que la desigualdad, si fuese un problema, ya se resolverá". Esto del "crecimiento económico", que repiten como un papagayo la gentuza de la derecha política, social y mediática de nuestro país, es, de nuevo, otra falacia. Ese crecimiento económico no es ninguna solución, primero porque el planeta ya no lo soporta desde un punto de vista ecológico, y segundo, porque son los que avalan ese "crecimiento" los avalistas de la desigualdad, porque crecer para que una minoría acapare de forma escandalosa los beneficios de ese crecimiento no hace sino seguir disparando las desigualdades. Un crecimiento justo y sensato, de entrada, debiera poner freno y límite a la acumulación constante de patrimonio, como ya hemos comentado más arriba. 

 

Vamos a continuar con los argumentos que Molina Temboury clasifica dentro de los que exaltan y legitiman el poder de los más ricos, demonizando a su vez a los pobres. Primero tenemos el argumento que nos dice que "Los más grandes ricos han conseguido lo que todos deseamos". Se parte de entrada de una extravagante presunción (lo mismo se aplica a la corrupción), porque se parte de la premisa (equivocada) de que todos deseamos enriquecernos de forma desmesurada, cosa que no es tal. En el fondo, es una forma encubierta de legitimar el sucio y perverso capitalismo. Pero en realidad, la gente, también en el "civilizado" Occidente, lo que desea es poder cubrir sus necesidades. Molina Temboury argumenta que si se pregunta a las mujeres pobres de África qué desearían, es probable que contesten que una cabra para que sus hijos tomen leche todos los días, antes que mucho dinero, una casa estupenda, lujosos coches o joyas. Sin embargo, no parece que fuera eso lo que necesitaban los Consejeros de Caja Madrid implicados en el escándalo de las Tarjetas Black. Las necesidades mínimas a las que todo el mundo debe poder acceder son las que un sistema globalizado de derechos humanos debe garantizar, porque el resto son necesidades relativas. Y así, bajo un sistema que premia la ambición infinita, algunos predican que todos aspiramos a ser los ricos más ricos, pero no es cierto. Los que lo desean, de hecho, son ya víctimas terminales de ese cáncer que es el capitalismo. 

 

Por su parte, hay quien arguye directamente que "Los grandes ricos son los mejores, los héroes de nuestro tiempo". Eso ocurre (ya lo explicamos en el primer gran bloque temático de esta serie de artículos, dedicado a los ricos y su poder) porque el sistema legitima la visión positiva que hemos de tener hacia los ricos, constituyendo éstos auténticos referentes en cuanto a nuestras metas sociales, nuestros objetivos y nuestros modos de vida. Sin embargo, ya vimos entonces que lo que una sociedad justa debe hacer es recortar ese tremendo poder de los ricos, y poner límites a su riqueza y a su patrimonio, precisamente para poder garantizar globalmente que todos satisfacen sus necesidades mínimas. Pues bien, otro típico argumento (éste también muy difundido entre los empresarios) es que "los grandes ricos son paladines creadores de riqueza y empleo". De nuevo, se trata de otra manipulación del pensamiento dominante. Lo que no dicen es que muchos de los grandes ricos incrementan sus fortunas pagando salarios de miseria en países pobres, hacia los cuales han deslocalizado previamente sus empresas. Otros muchos apostando al casino financiero, a menudo con ventaja. Lo que no dicen es que muchos de los negocios de estos grandes ricos son auténticos peligros para la humanidad, para el medio ambiente, para los animales, para las tribus indígenas. Son negocios nefastos, como el petrolero o el armamentístico, que degradan la naturaleza o envilecen a la sociedad. Tampoco se dice que la inmensa mayoría de los grandes ricos han heredado sus fortunas. Como vemos, no es oro todo lo que reluce. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 febrero 2017 4 16 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

La "revolución de colores" que parece gestarse en Estados Unidos, en reacción a la llegada al poder de Donald Trump y su equipo de multimillonarios, quizás sirva como detonante para que la ciudadanía de todo el continente americano se subleve contra la evidente incompetencia de políticos y burócratas en los que hemos infructuosamente delegado por décadas la solución de emergencias planetarias, como el calentamiento global, la pobreza, la desigualdad o las armas nucleares

Julio César Centeno

Trump es producto de una cultura popular lobotomizada que basa su miedo a los musulmanes en películas propagandísticas de flagrante islamofobia como True Lies, de Arnold Schwarzenegger, y Aladino, de Disney, más que en un compromiso razonado a partir de las pruebas disponibles

Anthony DiMaggio

Hoy día no hay campos de concentración, ni en Europa ni en Estados Unidos; pero poco falta para ello. De alguna manera, esa exclusión de corte nazi ya comenzó. Donald Trump, así como lo hizo Hitler en su momento, encarna esa misión redentora, purificadora: su lenguaje xenofóbico, racista, ultranacionalista, quasi paranoico en algún sentido, rescata lo que una clase trabajadora golpeada quiere oír. “¡Fuera inmigrantes!” es la consigna

Marcelo Colussi

[Donald Trump] Es el rostro grotesco de una democracia que se viene abajo. Trump y su círculo de multimillonarios, generales, imbéciles, fascistas cristianos, criminales, racistas y anormales desempeñan el papel que desempeñaba el clan Snopes en algunas de las novelas de William Faulkner (...) Encarnan la corrupción moral provocada por el capitalismo desenfrenado

Chris Hedges

La engañosa y peligrosa frase "America First" fue repetida por Donald Trump en su discurso de toma de posesión. Nos proponemos desentrañar todo lo que se esconde detrás de ella. De entrada, no concilia muy bien su parte del discurso que aludía a "devolver el poder al pueblo americano", si nos fijamos en el perverso grupo que ha instalado en su Gabinete: multimillonarios, homófobos, fundamentalistas religiosos, altos mandos militares, grandes empresarios, y un largo etcétera de impresentables que no creo que estén por dicha labor. Más bien al contrario, todos ellos son perfectos representantes de esa élite que posee cada vez más poder a costa del pueblo, en este desenfrenado capitalismo que vivimos. Pero además de todo ello, las primeras medidas de Trump al frente de la Casa Blanca no se han hecho esperar, y responden al perfil de quien las toma: son medidas fascistas, racistas, crueles e inhumanas, frente a las cuales, no solamente algún juez federal, sino toda la comunidad internacional, debería habérsele echado encima. Porque, visto lo visto...¿cuál será la siguiente medida? ¿echar del país a cierto tipo de inmigrantes? ¿según qué criterios? ¿atendiendo a qué razones? Porque si se puede exigir un veto de entrada a ciudadanos/as de siete países musulmanes (aún no conocemos las razones de porqué son esos siete y no otros), también podrían establecer una serie de requisitos para los habitantes que ya residan en Estados Unidos. 

 

¿Cuál será por tanto el próximo veto en atención a la "seguridad nacional"? ¿Los ciudadanos/as que poseen una visa, o un permiso de residencia, o una doble nacionalidad, o los de origen musulmán, o estadounidenses de nacimiento que sean musulmanes, o latinos...? Trump representa claramente un peligro para la humanidad, pero no sólo por su ideología en sí misma, que no es más que la continuación de la ideología capitalista e imperialista llevada a cabo por USA prácticamente desde su fundación como país, sino por sus modos, sus formas y maneras, su idiosincrasia. Trump es un fanático imprevisible, y eso es exactamente lo que le vuelve peligroso. Trump es exactamente lo contrario a un buen dirigente político. No es inteligente. No es diplomático. No es carismático. No es pragmático. Más bien al contrario, es insolente, torpe, bravucón, provocador e ignorante. En poco más de dos semanas, ya se ha enemistado o ha levantado recelos en buena parte del mundo. Creemos que jamás se vio tanto estropicio de un gobernante recién llegado al poder como en el caso de Trump. Acusa al resto de países de no respetar a Estados Unidos, cuando es él el primero en no respetar a los demás: chulerías, fanfarronadas, bravuconerías por doquier, insultos, no hacen sino enturbiar un ambiente que debería ser, ante todo, cordial hacia el resto de países y dirigentes mundiales. Haciendo honor a la justicia, debemos reconocer que eso es una característica de Estados Unidos, pero Trump lo eleva a su quintaesencia. 

 

Trump ha reiterado públicamente, demostrando su supina ignorancia, que el calentamiento global no es más que "un fraude chino para minar la competitividad de los productos norteamericanos". Y entre sus primeras decisiones presidenciales, se encuentran la aprobación de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, éste último con los consabidos perjucios a la comunidad sioux de Standing Rock. Cuando Trump afirma que "en realidad, nadie sabe si el calentamiento global es real", tal como declaró a la cadena Fox News, está insultando tanto a la comunidad científica internacional como a la inteligencia de su propia ciudadanía. Porque como decimos, el hilo conductor de todas las políticas de Trump es la suprema ignorancia que posee. Desde la atalaya de multimillonario y gran empresario que es, piensa que ya puede abordar absolutamente cualquier tema sin preocuparse antes de haberse informado, escuchado y debatido con los expertos de toda índole. El peligro mundial que representa Donald Trump está derivado de su propia incultura, de su nula capacidad diplomática, de su incapacidad para abordar los grandes problemas, y de su profunda falta de empatía. Trump cree que aún sigue en su concurso televisivo (de hecho está presentando a sus cargos políticos como si se tratara de un reallity show), es decir, que sigue jugando a ser el hombre rico y poderoso, sin pararse a pensar que ahora ya no representa ese rol, sino que es el mandatario de la primera potencia mundial, y que sus decisiones pueden ser cruciales en muchos aspectos. Ni siquiera Estados Unidos se merece un Presidente tan ignorante, tan incapaz y tan fantoche. 

 

Y lógicamente, una persona de este perfil no puede más que entrar en la Casa Blanca como un elefante en una cacharrería. Se trata de un mandatario sin escrúpulos, que basa su mandato en el odio, con una agenda repleta de planes de atropellos contra los más débiles. Por todo ello, las resistencias populares y las protestas y manifestaciones serán constantes a lo largo de todo su mandato, dure lo que dure éste. Su gabinete alberga a un peligroso grupo de reaccionarios, empeñados en destruir la educación pública, anular el sistema sanitario, liquidar las directrices ambientalistas, y oprimir aún más a la clase trabajadora norteamericana. Sus más cercanos asesores responden al perfil más troglodita, gente profundamente conservadora, anti-abortista, anti-islamista, y partidarios del supremacismo racial blanco. El panorama es, pues, ciertamente deprimente. Trump respalda a las asociaciones que defienden la posesión de armas, y se ha declarado partidario de la tortura. Por su parte, las agresiones e insultos a China y a México se han sucedido casi todos los días. Y aunque en campaña había dicho que la OTAN era una organización "obsoleta", está exigiendo más financiación a sus socios europeos (lo ha hecho en la conversación con Mariano Rajoy), y aumentando los presupuestos para el Pentágono. Su carácter belicista es, pues, obvio. 

 

Pero entonces, volvamos a la cuestión que da título a este artículo...¿Qué significa "America First"? ¿Qué se esconde detrás de esa burda expresión? Es evidente que no se refiere a su población, a su ciudadanía, al pueblo norteamericano en su conjunto, que a Trump y a sus secuaces le importan un pimiento en adobo. ¿Pero es sólo racismo lo que le mueve? Pues parece que tampoco, ya que los cuatro países cuyos ciudadanos participaron en los atentados del 11-S (Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Líbano) no aparecen en la lista de países vetados por Trump. Esto demuestra que, incluso por encima del racismo, están los intereses políticos, económicos y estratégicos de USA. Por tanto, los vetos se dirigen contra los refugiados, los pobres, los olvidados, los más vulnerables. Pero todo ello se adorna bajo el mantra de la "seguridad nacional". Anthony DiMaggio, en su reciente artículo para el medio Counterpunch, traducido por Sinfo Fernández para el medio español Rebelion.org, lo explica en los siguientes términos: "De importancia directa con estas dos cláusulas de la Constitución está la declaración de Trump de que los cristianos sirios han sido "horriblemente tratados" por los gobiernos sirio y estadounidense, y su afirmación de que, con Obama: "Si eras musulmán, podías entrar, pero si eras cristiano, era casi imposible...Pensé que eso era muy, muy injusto. Por tanto, vamos a ayudarles". Esta preferencia anunciada para admitir a refugiados sirios basada exclusivamente en identidades religiosas, más que a causa de una amenaza terrorista demostrada y documentada, me hace pensar que es una flagrante violación de la cláusula de igualdad en la protección. Además, negar la entrada a una víctima de la guerra basándose simplemente en su identidad religiosa es una obvia infracción de la separación mandatada en la Primera Enmienda entre la iglesia y el Estado, sobre todo cuando Trump trata de distinguir la legitimidad de los refugiados dentro de un país simplemente a partir de su identidad religiosa". 

 

Es exactamente ahí donde creemos que está el epicentro de su decisión. El perverso establecimiento de ese filtro, sus consideraciones de preferencia religiosa nos delatan exactamente los fascistas esquemas mentales de este personaje. Porque si seguimos por ese camino, y aplicamos en diferentes capas la intolerencia que ha demostrado hacia las mujeres, los latinos, los musulmanes, etc....¿dónde llegamos? ¿Cuál es el final de ese peligroso trayecto? Al final, nos quedaremos con hombres, pero sólo con los hombres blancos, y además con los hombres blancos y católicos, llegando al estado de la creencia y defensa del supremacismo racial que Trump practica. Nosotros pensamos que la vena fascista de este personaje es la que al final va a mostrarse, de un modo u otro. Los modales de Trump y de su gabinete evolucionan en ese sentido, ya que no sólo son portadores de una ideología, sino también de un ideal donde el Estado despliega una estructura política-económica donde el poder público se amalgama con el poder privado (corporaciones, grandes empresas...), evolucionando hacia un régimen cleptocrático, donde la corrupción y el despotismo campan a sus anchas. Signos como la privatización del sector público, el rechazo a los fundamentos de la democracia, el ataque al sindicalismo y a todo tipo de asociaciones progresistas, el totalitarismo disfrazado bajo otros mantras, la obsesión por desprestigiar a la ciudadanía rebelde, el nacionalismo a ultranza, y la presencia de un líder absoluto, de carácter déspota, autoritario, y que despierta los más bajos instintos, el miedo y la ignorancia. 

 

Estos rasgos se unen a otros rasgos concretos, tales como la añoranza de un pasado que nunca existió (jamás fue grande Estados Unidos), el enaltecimiento de la violencia y de la agresividad, el culto a la ignorancia (denigrando y menospreciando a los científicos e intelectuales), lanzamiento de discursos de odio, con frecuentes referencias a minorías que suelen utilizarse como chivos expiatorios (los migrantes, o cualquier grupo étnico o religioso), o el esconderse bajo medios de comunicación ridículos (como Twitter), para evitar el debate y la serena y profunda reflexión. Tenemos por tanto muchos indicios para comenzar a pensar por dónde puede ir la política norteamericana, mientras esté al frente de la misma este indeseable magnate. Una vuelta más de tuerca al ya de por sí peligroso imperialismo, pero esta vez barnizado además bajo modos, formas y actitudes de corte autoritario. Su defensa por tanto del "America First" va en un sentido racista, supremacista y fascista. Hemos de impedir que se materialice y se extienda. Es de esperar que sea la propia sociedad norteamericana, planificándose y organizándose a través de su sociedad civil, la que sea capaz de canalizar el descontento y la resistencia hacia Trump a través de la formación de un contrapoder ciudadano y popular que pueda frenar y revertir sus terribles políticas. No sabemos cuánto tardará en ocurrir, ni qué medios y herramientas tendrá el magnate neoyorkino de su parte. Se abren inquietantes incógnitas, pues la ya de por sí siempre perversa política estadounidense ha dado un paso más allá, un aterrador paso con Donald Trump. 

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15 febrero 2017 3 15 /02 /febrero /2017 00:00
Fotografía: "Guernika" (Pablo Picasso)

Fotografía: "Guernika" (Pablo Picasso)

Sin memoria se diluye el pasado y el futuro no es más que una quimera. Con la memoria inactiva o vacía, todo es presente, una sucesión de impulsos para cubrir necesidades elementales que no tienen historia alguna

Armando B. Ginés

Los crímenes franquistas marcaron toda una época, una época deleznable, perversa, cuya página hay que pasar, pero pasar de verdad, leyéndola primero, asimilándola, y después, tomando las medidas oportunas para no volver a reproducirla jamás. La descripción de la sociedad franquista ha sido abordada por numerosos autores, y desde múltiples puntos de vista (muchos de los cuales los estamos citando en esta serie de artículos, y bebiendo de sus fuentes). Básicamente, todos ellos coinciden en que se trató de un período oscuro, triste, lúgubre, deprimente, carente de libertades, retrógrado en lo social, y falto del más mínimo respeto hacia la ciudadanía. Una sociedad totalitaria, consagrada a ensalzar los valores franquistas, donde una mínima desviación de los mismos conducía, en el mejor de los casos, a persecución y hostigamiento. Como decimos, muchos autores han escrito sobre dicho período, tanto desde el punto de vista político, como sociológico, como literario. Quizá en este último ámbito destaque Camilo José Cela, quien en su fantástica obra "La Colmena" (llevada al cine por Mario Camus en 1982) retrató como nadie el ambiente de la época: el "Diario Hablado" de Radio Nacional de España como único medio de comunicación, los estraperlistas, la pobreza de la gente, la miseria, la represión a los homosexuales, la nula atención a la cultura, la constante presión de la policía del régimen, el hambre, la escasez, las cartillas de racionamiento, los sitios de aprendizaje y "perfeccionamiento" de los bailes de salón, y en fin, la rutina constante de una sociedad castigada sin merecerlo. 

 

Pero por supuesto, los franquistas (tanto los de la época como los que aún defienden aquél perverso régimen) intentan desviar la atención tanto como pueden, y una de sus estrategias más empleadas (la citamos ya en el artículo anterior) es la equidistancia. Y así, intentan establecer un parangón (como si eso fuese justo y posible) entre los crímenes franquistas y otros, como por ejemplo los cometidos puntualmente en Paracuellos, o más actualmente, el terrorismo etarra. Floren Dimas escribió hace poco tiempo un artículo publicado en el medio Eco Republicano, exponiendo la execrable utilización de Paracuellos para impedir juzgar los crímenes del franquismo, es decir, situarse en la equidistancia, argumentando que la Ley de Amnistía también sirvió para que la Audiencia Nacional rechazara una querella de la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Genocidio de Paracuellos del Jarama. Tomamos pie a continuación en los datos y las argumentaciones que Floren Dimas recogía en su artículo, demostrando que no es justo ni racional establecer un parangón entre ambas manifestaciones criminales. Los crímenes de la localidad de Paracuellos del Jarama (1.800 víctimas derechistas, según el Profesor Javier Cervera Gil, máximo estudioso del tema) fueron también, efectivamente, crímenes contra la humanidad. Como ya sabemos, esa calificación obedece a los crímenes masivos dirigidos contra un sector de la población por motivos ideológicos. Pero a diferencia de los crímenes franquistas, los de Paracuellos no fueron crímenes patrocinados por ninguna institución republicana, sino al margen de ella, y en contra de su voluntad. 

 

Los autores fueron agentes soviéticos, con la complicidad de algunos dirigentes comunistas españoles. Ellos llevaron a cabo aquélla masacre. Los hechos ocurrieron en noviembre de 1936 en plena Batalla de Madrid, cuando el destino de la República pendía de un hilo, las instituciones republicanas estaban desorganizadas y con escaso control sobre lo que sucedía en el frente y en la retaguardia. No hubo ningún plan oficial de exterminio, ninguna decisión ni orden oficial expresa, y ninguna alta autoridad del Estado tenía conocimiento de aquéllos hechos, ni los autorizó. Fue la propia situación crítica de la guerra la que impidió actuar a la justicia republicana en la represión de aquéllos crímenes. Por tanto, intentar asemejar o comparar los crímenes de Paracuellos con los crímenes franquistas es un ejercicio de cinismo supremo. Por otra parte, ningún crimen ha sido más investigado ni más duramente reprimido en la Historia de España que los de Paracuellos. Estamos hablando de más de 100 gruesos legajos con decenas de miles de documentos instruidos en Causa General por varios Juzgados, que investigaron a los autores y a los encubridores, desde mucho antes de que acabase la guerra. Y finalizada ésta, un inmenso aparato judicial de investigación y represión se puso en marcha, saldándose con el fusilamiento de absolutamente todos los implicados en los hechos, los ejecutores, los cómplices, los instigadores y los encubridores. Ningún grado de implicación quedó impune. 

 

Tras la guerra fueron fusilados los alcaldes de Paracuellos y Usera, haciéndolos responsables de haber permitido a obreros de sus pueblos excavar las zanjas para las fosas comunes. Por otra parte, el franquismo reparó a todos los familiares de las víctimas de Paracuellos. En 1939 Franco les hizo un homenaje, y en 1940 ya tenían preparado su pequeño mausoleo. Desde entonces, cada año han habido misas, y han sido homenajeados. Además, las viudas de las víctimas y sus familias recibieron puestos en estancos y gasolineras, además de las correspondientes pensiones. Por tanto, los crímenes de Paracuellos ya fueron juzgados y reparados, y no pueden ponerse como excusa para impedir que se juzguen los crímenes franquistas, alegando la referida Ley de Amnistía de 1977. Y otro clásico ejemplo de doble vara de medir se refiere a los crímenes cometidos por el terrorismo etarra. ETA ha sido una organización terrorista con más de 40 años de historia, pero ahora ya está absolutamente desactivada, y hace varios años que ya ETA no mata. Pues bien, resulta que ante estos hechos, y en vez de hacer como ocurre en tantos otros países que han sufrido el azote del terrorismo, es decir, emprender una negociación con la banda ya desarticulada, y mediante una serie de observadores internacionales, proceder a negociar la paz, y alcanzar acuerdos que aseguren la paz definitiva y duradera (como acaba de ocurrir en Colombia, y hemos contado en este artículo), resulta que nuestros gobernantes del Partido Popular rechazan sistemáticamente cualquier posibilidad de hacerlo, y además ponen todos los palos en las ruedas para impedirlo (detenciones arbitrarias, política penitenciaria contra el enemigo, etc.). 

 

Y en todo caso, con relación a la posible equidistancia, nosotros nos preguntamos: ¿es que acaso son comparables las más de 800 víctimas del terrorismo etarra durante más de 40 años (sin ánimo de restarles importancia), con los millones de fusilados, torturados y represaliados por el franquismo? ¿Es que acaso pueden compararse? ¿Se pueden asemejar los crímenes concretos y puntuales de una banda terrorista, con el terrorismo de Estado practicado por una sangrienta dictadura fascista? ¿Nos podemos situar en la equidistancia? ¿Es ético este parangón? Nosotros pensamos que no, pensamos que son hechos absolutamente distintos desde todos los puntos de vista, y pensamos que cualquier intento de asimilación al respecto (como de hecho cualquier intento de asimilación de la Segunda República con el levantamiento militar, la Guerra Civil y la dictadura) entre ambos tipos de terrorismo es pretender instalar la injusticia histórica en nuestra sociedad. Ni los crímenes de Paracuellos, por muy terribles que fueran (que lo fueron), ni los asesinatos de la banda terrorista ETA pueden tener parangón con la brutal y salvaje represión de un Estado fascista que durante más de cuarenta años asesinó, exterminó, mató de hambre, exilió, torturó, secuestró (en el caso de los bebés) y represalió a millones de personas, para instalar su ideal totalitario. Cualquier intento de comparación es un insulto a la inteligencia de las víctimas y sus familiares. No juguemos con la memoria histórica, pues los efectos perniciosos que puede traernos dicho juego pueden pervivir durante generaciones. De hecho, ya ha ocurrido. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 febrero 2017 2 14 /02 /febrero /2017 00:00
¿Qué es el Manifiesto de Oviedo?

Llevamos desde 2010 soportando unos salvajes recortes económicos y de derechos. En el último año, el Gobierno, pese a estar en funciones, ha seguido aplicando la austeridad impuesta desde la UE, con especial saña hacia ayuntamientos, que son las corporaciones más cercanas a la población, y CCAA, encargadas de cubrir necesidades básicas como la educación o la sanidad, aunque son las Administraciones Públicas menos endeudadas (un 3,2% y un 24,9%, respectivamente, en comparación con el 88% de la Administración Central)

Fragmento del Manifiesto

En este caso vamos a hacernos eco del denominado Manifiesto de Oviedo, que dio lugar también a su propia web, y que reproduciremos al completo a continuación. El contexto es bien sencillo: ante el acoso por parte del Gobierno Central (del PP) al resto de Administraciones Públicas del Estado, en aras a reducir imperiosamente el déficit y la deuda de las mismas, representantes de estas Administraciones se rebelaron ante dicho acoso, publicando no sólo este Manifiesto, sino adhiriéndose y creando una red pública de apoyo y colaboración a un proyecto común de rebeldía y desobediencia hacia la austeridad, así como de auditoría de su deuda pública, para tomar las pertinentes medidas. Desde entonces, no sólo ha ido creciendo el apoyo popular y de cargos públicos a esta iniciativa, sino que además se han llevado a cabo numerosos encuentros, jornadas, debates y conferencias, donde han participado numerosos expertos (como Eric Toussaint, quizá el mayor experto mundial en el tema), y donde se han explicado y aunado las posibles iniciativas a llevar a cabo. Pues bien, el Manifiesto de Oviedo, que suscribimos en su totalidad, y cuyas actividades instamos  a seguir a nuestros/as lectores/as, dice lo siguiente: 

 

Nosotra/os, concejala/es, diputada/os, activistas y ciudadana/os, conscientes de la necesidad de un verdadero cambio en las políticas, desde municipales hasta estatales, rechazamos el endeudamiento ilegítimo y la austeridad que impiden garantizar derechos, servicios de calidad y la mejora de las condiciones de vida de nuestros pueblos.

Consideramos la modificación del Artículo 135 de la Constitución de 2011, la Ley de Estabilidad Presupuestaria y la ‘Ley Montoro’ de la Administración Local unas legislaciones profundamente injustas que se han impuesto sin legitimidad democrática. De hecho, la ‘Ley Montoro’ ha sido declarada parcialmente inconstitucional. La aplicación de estas normas socava la autonomía de ayuntamientos y gobiernos autonómicos y ataca los derechos de la ciudadanía.

La socialización de las pérdidas que supuso el rescate a la banca española -disparó la deuda y el déficit en 2012-, se sigue promoviendo con medidas como el Plan de Pago a Proveedores (FFPP) de los ayuntamientos o el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), que lejos de servir a los intereses generales, en realidad a quien ha servido es a los bancos, convirtiendo deuda comercial en deuda financiera y aplicando a las Administraciones Públicas unas tasas de interés abusivas hasta 26 veces superiores a las que el BCE aplica a las entidades financieras. Tanto en los ayuntamientos y comunidades sobreendeudados por obras faraónicas e inútiles, pelotazos urbanísticos, sobrefacturaciones, sobornos y todo tipo de corruptelas, como en administraciones en principio saneadas, el Plan de Pago a Proveedores y el FLA han inflado la deuda pública de manera ilegítima.

El Gobierno ha demostrado que cuando le interesa sí alivia la deuda. Así, en 2015, año electoral, el Gobierno de Rajoy eliminó los intereses que los municipios tenían que pagar a los bancos y los postergó al año siguiente, imponiendo incluso a los bancos una rebaja en los intereses durante siete años, reconociendo así que éstos eran claramente abusivos.

Llevamos desde 2010 soportando unos salvajes recortes económicos y de derechos. En el último año, el Gobierno, pese a estar en funciones, ha seguido aplicando la austeridad impuesta desde la UE, con especial saña hacia ayuntamientos, que son las corporaciones más cercanas a la población, y CCAA, encargadas de cubrir necesidades básicas como la educación o la sanidad, aunque son las Administraciones Públicas menos endeudadas (un 3,2% y un 24,9%, respectivamente, en comparación con el 88% de la Administración Central). El total de la deuda pública en el segundo trimestre de 2016 alcanzó el 101% del PIB, según el Banco de España, al 13 de octubre de 2016.

Por todo ello, exigimos:

Un cambio radical de la política de asfixia financiera aplicada por el Gobierno Central hacia ayuntamientos y Comunidades Autónomas (CCAA

La derogación de la reforma del Artículo 135 de la Constitución de 2011, la de la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera y la de la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local.

La devolución por parte de los bancos de los intereses abusivos cobrados.

El cese inmediato de los recortes y la austeridad, revirtiendo sus consecuencias, identificando a sus culpables e indemnizando a sus víctimas

Y nos comprometemos:

A apoyar la constitución de un frente formado por los municipios, las Comunidades Autónomas y las nacionalidades del Estado español que cuestione la deuda ilegítima y que trabaje para su anulación; un frente que permita romper el aislamiento y la fragmentación; un frente que permita tomar iniciativas para cambiar de manera favorable la correlación de fuerzas respecto al Gobierno; un frente donde los municipios fuertes brinden apoyo a los más débiles y más afectados por las deudas ilegítimas; un frente para tomar iniciativas y llevar a cabo acciones para liberarse del yugo de la deuda ilegítima y que permitan encontrar financiación legítima para garantizar a la ciudadanía el gozo de sus derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos.

Deben iniciarse procesos de auditorías con participación ciudadana de la deuda de nuestras Administraciones Públicas y reclamar la anulación de las deudas identificadas como ilegítimas que hayan favorecido al interés particular de una minoría privilegiada y en contra de los intereses de la/os ciudadana/os.

 

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