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9 diciembre 2016 5 09 /12 /diciembre /2016 00:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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Las 3 personas más ricas del mundo son tan ricas como los 48 países más pobres

Fuente: ONU-PNUD 1998

Finalizaremos en la presente entrega número 15 el primer gran bloque temático de esta serie de artículos, dedicado a los ricos, a su mundo y a su poder. Un poder tremendo, como hemos puesto de manifiesto en infinidad de ejemplos, así como la necesidad de reducirlo, si no queremos que las desigualdades sociales en todo el mundo continúen generando una mayor brecha. Los ricos han configurado una nueva clase mundial, un nuevo poder social, un poder fáctico que es capaz de enfrentarse internacionalmente a gobiernos e instituciones. El escritor y analista Raúl Zibechi lo expone de forma magistral en este artículo para el medio La Jornada. Según Zibechi, las clases dominantes del mundo decidieron, hace relativamente poco tiempo, desatar una guerra contra los pueblos para mantenerse en el poder, en esta época de cambios agudos y graves crisis mundiales. Y concluyeron que, para desatar esa guerra, y someter a las clases más vulnerables, las democracias eran un obstáculo en su camino, y por tanto, necesitaban neutralizarlas, ponerlas a su servicio, convertirlas en democracias de baja intensidad, y hacer que sus dirigentes y gobernantes se conviertan en sus fieles vasallos. Y así, la inmensa mayoría de gobiernos del planeta, de corte neoliberal, comenzaron una tremenda ofensiva contra las clases populares, contra los más humildes, contra los más desfavorecidos, contra los de abajo. 

 

Noam Chomsky también sigue esta línea argumental en la descripción de estos gobiernos neoliberales al servicio de los ricos: "Son gobiernos para los que la democracia real es sólo una declamación hueca, puesto que los nuevos ricos del mundo detestan la democracia, y en su íntima naturaleza está el combate a toda forma de participación popular en las grandes decisiones políticas", ha manifestado. La democracia representativa se vuelve papel mojado, pues en realidad la representación que hacen los gobernantes se reduce a la de las clases más poderosas. Y a partir de ahí, toda una estrategia política calculada y proyectada minuciosamente, se lanza al ataque para conseguir su objetivo. La primera respuesta, como relata Raúl Zibechi, es que hay demasiada gente en el mundo y que el planeta no admite tanta población, si es que todos pretendieran vivir, no ya como vive ese 1% más rico, sino, por ejemplo, al nivel del 20-30% de la población que obtiene mayores ingresos. El mundo diseñado para el dominio de ese 1% apenas tolera la mitad de la población actual del planeta. Por supuesto, los grandes objetivos de desarrollo (tales como la erradicación del hambre y de la pobreza, de los conflictos bélicos, de la universalización educativa, etc.) quedan ridiculizados y descartados, pues no están obviamente entre los objetivos de esta élite social superpoderosa. Generan para disculparse una serie de bulos de todo tipo (como el que dice que el planeta no genera alimentos para todos, cuando es una solemne falsedad, pues está demostrado que los recursos actuales podrían dar de comer a más de 12.000 millones de personas, un número superior al de habitantes actuales del planeta). 

 

Para ellos, por tanto, todo ese ingente capital humano sobra, y ya no cuentan ni siquiera como generador de plusvalor, ya que el sistema capitalista, en su actual fase neoliberal y financiarizadora, genera los recursos simplemente robando y especulando. El segundo punto de la ofensiva es convencernos de la insostenibilidad del llamado Estado del Bienestar (aguantado en los grandes pilares de los servicios públicos dedicados a la educación, la sanidad, la dependencia, las pensiones, los servicios sociales, etc.), y bajo este falso pretexto, desarrollar políticas para derribarlo. Con ayudas de grandes ejércitos de "pensadores" a su servicio (abogados, economistas, periodistas, etc.) generan toda una propaganda basada en miles de informes y estudios, que únicamente se dedican a generar estos bulos, estos falsos dogmas del pensamiento dominante. Y así, van generando toda una conciencia social contraria al sostenimiento de estos servicios públicos y universales, propagando su insostenibilidad gracias a estos indecentes voceros. Su misión es legitimar poco a poco una visión social proclive al desmantelamiento de los mismos, y por ende, la legitimación de que las democracias que conocimos ya no son necesarias ni útiles para el tipo de sistemas políticos funcionales a la acumulación por desposesión/despojo/robo que estamos padeciendo. Los ricos están detrás de las políticas de acoso y derribo a las clases populares, así como a las políticas que favorecen al gran capital, a las grandes empresas y a la acción expansiva y colonizadora de las mismas, llegando a desplazar a pueblos enteros, expoliando y aniquilando sus recursos naturales. 

 

El tercer gran objetivo de ese poderoso 1% es neutralizar todo movimiento de resistencia en su contra, tanto a escala local de los diversos países, como a escala global, bajo los parámetros del sistema-mundo capitalista. Y así, desde los partidos de izquierda hasta los movimientos sociales antisistémicos, cualquier intento de cuestionar los grandes pilares de este perverso sistema-mundo es acosado, derribado y aniquilado. Los ejemplos se cuentan por cientos: el chantaje a Grecia, el acoso a Venezuela, el impeachment en Brasil, o la aniquilación del ex Secretario General del PSOE obedecen en el fondo a las mismas estrategias y a los mismos objetivos, y están planeados por los mismos agentes, que no son otros que la gran oligarquía nacional e internacional, que no tolera disidencias ni rebeliones, aunque sean conatos de las mismas. Aunque en períodos anteriores predominaba la negociación con los sindicatos y se toleraba que las izquierdas socialdemócratas ocuparan los gobiernos, en la nueva etapa, con la excusa de la crisis, les parece necesario cerrar filas y evitar desviaciones en sus planes de mantener a raya a los de abajo. Pero todo ello, lógicamente, lo hacen no por las bravas, sino mediante tácticas y eslóganes muy bien diseñados. Por supuesto, el 1% manifiesta fidelidad y respeto por la democracia, porque necesita ilusionar y empatizar con los de abajo, haciendo alegatos al voto popular, al sistema de partidos, a la convivencia y a la concordia, a los valores de estabilidad, paz social, crecimiento económico, creación de empleo, y muchos otros por el estilo. De esta forma, disfrazan sus auténticos objetivos bajo buenas palabras y declaraciones de intenciones, mientras su verdadero plan no es otro que aniquilar las conquistas sociales y democráticas. 

 

Domestican a los escalones superiores del aparato estatal mediante sus lobbies, por lo cual los políticos y altos cargos se convierten en sus representantes para gestionar el modelo actual de acumulación de riqueza. El corrupto sistema al servicio del 1% se empeña en cooptar y comprar a quienes puedan oponer algún tipo de resistencia. Y si algún gobernante o dirigente político comienza a hacer pinitos de implantación de un sistema más justo y social, se desencadena toda una serie de mecanismos para neutralizarlo, para destituirlo, para cercarlo, para limitarlo, para hostigarlo, o para que dimitan, sin necesidad de acudir a los clásicos Golpes de Estado de carácter militar, sino a otros procedimientos menos ruidosos, más modernos, más "legales", aunque igualmente injustos y antidemocráticos. Véanse como ejemplo los casos de derrocamientos del poder de algunos dirigentes latinoamericanos durante los ultimos años, el hostigamiento mediático a Podemos en nuestro país, o el acoso y derribo a Grecia en sus negociaciones con la Unión Europea, instalando un aberrante memorándum que pone prácticamente todos sus recursos públicos en manos de la gran banca privada europea. Zibechi finaliza con un estupendo símil: "Si de verdad estamos ante una guerra, gestionar algunos aspectos del campo de concentración no es el mejor camino, porque debe ser destruido, ya que no es reformable". Detengamos a los ricos. Aún estamos a tiempo, antes de que sea demasiado tarde. Nos va la vida y la supervivencia en ello, y no es ninguna exageración. Comenzaremos el siguiente gran bloque temático, dedicado a las bases estructurales de la desigualdad, a partir de la próxima entrega.

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Published by Rafael Silva - en Política
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