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5 noviembre 2018 1 05 /11 /noviembre /2018 00:00
Viñeta: Kaweet

Viñeta: Kaweet

Creo conveniente que recordemos aquí lo que significa CRECIMIENTO: Es la acumulación (por parte de unos pocos) de la riqueza que producen los recursos del planeta y el trabajo humano, a costa de aumentar la explotación y la pobreza de unos muchos, y del agotamiento de los recursos del planeta. El crecimiento sólo es indispensable para los explotadores, los usureros y los especuladores. Pero para la inmensa mayoría de la población el crecimiento es muy perjudicial y rechazable. El crecimiento ha provocado esta crisis multidimensional de la que no saldremos, de no abandonarlo

Julio García Camarero

Ese "crecimiento económico" que se repite como un mantra sagrado por los artífices y defensores del pensamiento dominante es uno de los paradigmas del capitalismo, quien es el responsable del cambio climático y de las actividades extractivistas. Éstas son a su vez responsables del agotamiento físico de los combustibles fósiles, y aquél comenzó junto con la expansión del capitalismo industrial en todo el planeta, durante el siglo XVIII, aunque por aquéllas calendas aún no existieran mecanismos de medida de los fenómenos ambientales. Antes de la Revolución Industrial el hombre no poseía aún los mecanismos para provocar daño a la naturaleza, ya que durante los primeros modos de producción (esclavista primero, y luego feudal), el ser humano no había fabricado aún los instrumentos para provocar daños tan irreparables al medio ambiente. Las clases dominantes de aquél entonces podían tener trabajando a miles de personas, esclavizadas y dedicadas a diversas tareas (actividades mineras, tala de árboles, desvío del cauce de los ríos...), pero únicamente poseían instrumentos manuales rudimentarios, y por lo tanto su acción no impedía la regeneración del medio natural. Fue a raíz del desarrollo tecnológico que se rompieron dichas barreras, y las clases dominantes pudieron socavar la naturaleza superando los límites de siglos anteriores. El desarrollo tecnológico y la posterior globalización han permitido llegar a todos los rincones del planeta, explotar recursos en volúmenes antes no imaginados, y causar también un grado de destrucción nunca antes visto.

 

Cuando los movimientos ecologistas y la izquierda transformadora han comenzado a denunciar, mediante métodos y demostraciones científicas, el enorme y tremendo daño causado, el capitalismo ha salido en tromba a "desmentir" la aplastante realidad. Medios de comunicación, dirigentes políticos, pero sobre todo las propias compañías, han puesto en duda que dicha realidad sea tal, y han intentado negar la evidencia científica, desviar responsabilidades, y en último término, "suavizar" el rostro capitalista. Y así, corporaciones petroleras, empresas de automoción, metalúrgicas, empresas de servicios, etc., han venido creando grupos de presión (lobbies), que rápidamente contrataron científicos y periodistas a su servicio para convencer a políticos y opinión pública de que los riesgos del cambio climático no son tales, o lo son en mucha menor medida. De esa forma, desviaban la atención sobre la urgencia de implantar políticas restrictivas en materia de emisión de gases de efecto invernadero. Dichas empresas invierten al año miles de millones de dólares en lo que pudiéramos llamar "campañas negacionistas". Sus principales mensajes son que la ciencia es inexacta y contradictoria, que aún no se tienen constancia de tales datos, que no existen conclusiones fiables, que los científicos están divididos, y por supuesto, que los que defendemos las políticas decrecentistas somos unos locos y unos charlatanes. Todo ello además lo aderezan concluyendo que la adopción de medidas que controlen la acción de estas empresas constituiría un grave lastre para la economía mundial.

 

¿Pero es el sector energético el único interesado en las campañas negacionistas? Pues parece ser que no, ya que tenemos a multitud de sectores empresariales que simplemente están interesadas en negar este fenómeno debido a los beneficios económicos que les reportaría su peligrosa generalización. Se trata de empresas igualmente perversas que las anteriores, pero ahora dedicadas a modelos de negocio que verían incrementadas sus labores (y por tanto, sus beneficios), a raíz de los terribles efectos que el caos climático conllevaría. Luciano Andrés Valencia nos da algunos ejemplos, en este artículo para el medio argentino La Izquierda Diario: "Las aseguradoras podrían incrementar sus ganancias con el aumento de los desastres socio-naturales que se van a incrementar en los próximos años. Las empresas constructoras se beneficiarían construyendo casas adaptadas a los desastres y con sistemas de ahorro de energía. Las sequías cada vez más frecuentes en inmensas áreas del planeta serían una bendición para las compañías de agua que obtengan la concesión para trasladar un recurso cada vez más escaso, mientras que las grandes compañías agrícolas (Monsanto, Cargill, Dupont, Syngenta) podrían vender cultivos transgénicos resistentes a los cambios de temperatura y a las nuevas plagas. También hay grupos empresariales que especulan con la desaparición de especies, como los acaparadores de marfil que esperan la extinción de los elefantes para subir el precio del producto". Podríamos poner más ejemplos. El caso es que la detestable actividad de estas empresas se nutre de las desgracias de una humanidad y de un sistema que directamente las ha provocado. Así de desalmado puede llegar a ser el capitalismo. 

 

Estos movimientos negacionistas están consiguiendo que cierta parte de la población (por fortuna, minoritaria) se adhiera a sus postulados, aunque la realidad nos demuestra que las aplastantes realidades del cambio climático están calando hondo en la inmensa mayoría de la población mundial, y que cada vez estamos alcanzando una mayor concienciación sobre la gravedad del problema. A ello están contribuyendo también algunas disciplinas y corrientes de pensamiento (Economía Verde, Agroecologia, etc.), que aún sin adoptar posturas radicalmente decrecentistas, apoyan las medidas que apuestan por atajar los problemas del desmedido crecimiento económico, y se concentran en rebajar las tasas de emisiones de GEI. No obstante, desde este momento aclaramos que eso que se ha dado en llamar "Capitalismo Verde", y que consiste únicamente en "humanizar" un poco el capitalismo clásico, con objeto de hacer menos daño al planeta, simplemente no funciona. Es como tratar a un enfermo terminal con una aspirina. Las doctrinas de este Capitalismo Verde insisten en medidas de corte neokeynesiano que no sólo intentan frenar los daños a los ecosistemas naturales, sino en redistribuir mejor la riqueza generada, pero no atacan el nudo gordiano del problema, que consiste en enfrentarnos a la necesidad de decrecer en todos los sentidos, para adaptarnos a un mundo donde no será posible utilizar ni los medios de producción actuales ni las fuentes energéticas clásicas. Es hora ya de entender que el tan cacareado "Desarrollo sostenible" es un oxímoron en sí mismo, una contradicción en toda regla. Es en esencia un problema de generar menos cantidad de productos y hacerlo bajo otros medios de producción, de acabar con el consumismo desenfrenado y caótico que nos está conduciendo al agotamiento de los recursos y a la ingente generación de residuos, y sobre todo, poner fin a determinados procesos que son absolutamente nocivos para los ecosistemas, tales como el fracking, el extractivismo (prospecciones petrolíferas, megaminería...), la agricultura altamente dependiente de agrotóxicos y semillas modificadas genéticamente, la ganadería intensiva, etc. 

 

Expliquémoslo desde otro punto de vista más elemental: si queremos enfrentarnos a los problemas del cambio climático (y por tanto generar menos emisiones, evitando el calentamiento global), hemos de ¡¡disminuir el PIB!! Es decir, justo lo contrario de lo que cada año se proclama que hay que hacer. Si crecer se manifiesta fundamentalmente en aumentar el PIB de cualquier nación (la suma del PIB de todas las naciones nos da el PIB mundial), entonces decrecer se manifestará justo a la inversa. Algunos autores estiman dicho decrecimiento del PIB mundial en torno a un 3% anual de aquí a 2050, si pretendemos que la temperatura media del planeta no aumente más allá de 1,5ºC. Por tanto, la conclusión se nos ofrece bien clara: es el propio capitalismo el que hay que abandonar, pues éste necesita crecimiento económico para poderse mantener, y este crecimiento nos lleva al desastre climático. Así de claro. Le podremos dar todas las vueltas que queramos, pero al final nos daremos de bruces con esta conclusión. Seremos capaces o no de implementarlo, pero esto no cambiará el dilema. La adaptación al cambio climático no puede provenir del mismo sistema que lo ha engendrado. Hemos de cambiar de sistema. De entrada, hemos de hacer justo lo contrario de lo que se ha venido haciendo. Pero claro, intentar convencer de esto a los capitalistas es como predicar en el desierto. Pero no nos engañemos: las víctimas de tanto desastre "natural" son en realidad las víctimas de este crimen brutal del capitalismo contra el planeta. Queramos verlo o no, la solución a la peligrosa deriva ambiental, energética y climática en la que estamos inmersos pasa por acabar con el capitalismo depredador de la mano de obra humana y de los recursos naturales, pasa por adoptar visiones reduccionistas y decrecentistas en nuestra economía, y pasa por evolucionar hacia hábitos de vida austeros, simples y locales. Continuaremos en siguientes entregas.

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