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12 diciembre 2016 1 12 /12 /diciembre /2016 00:00
Por la senda del Pacifismo (28)

El Estado Islámico tiene una madre en la invasión de Irak y un padre en Arabia Saudí . Si la intervención militar occidental ha facilitado razones a los desesperados del mundo árabe, el reino saudí les ha dado creencias y convicciones. Si no se entiende esto, es imposible ganar la batalla. Se matarán yihadistas, pero volverán a surgir en las próximas generaciones, alimentados con los mismos libros

Kamal Daud, escritor argelino

El actor saudí es fundamental en todo este despliegue, así como para el buen entendimiento de los conflictos en todo el Oriente Medio. Seguramente además es un actor que a Washington se le ha ido de las manos, por lo cual creemos que tarde o temprano será objeto de una involución. Pero la crueldad saudí se manifiesta, como hemos dicho, en diferentes frentes hoy día. Ya hemos comentado en artículos anteriores de pasada la guerra en Yemen, y vamos a dedicarle a continuación un poco más de atención. El medio de comunicación Middle East Eye Staff publicó el pasado verano un artículo, que fue traducido para el portal español Rebelion.org por Sinfo Fernández, y en el cual nos basamos para los siguientes datos, análisis y comentarios. En agosto pasado se cumplían 500 días de combate en Yemen, y ya entonces las cifras eran escalofriantes, en un país además ya devastado, pobre y abandonado: 6.500 muertos (más de la mitad de los mismos eran civiles), 32.000 heridos, 3 millones de personas internamente desplazadas, casi 20 millones de yemeníes no tienen acceso al agua potable (sobre una población total de 26 millones), más de 14 millones de personas no disponen de ninguna atención sanitaria, y 8 de cada 10 habitantes yemeníes se encuentra bajo necesidad de ayuda humanitaria, una ayuda que además no llega lo suficiente, pues estamos hablando de una guerra silenciada mediáticamente. Yemen se encuentra en la más absoluta desesperación. 

 

En septiembre pasado la cifra de muertos aumentaba ya a 10.000, según Naciones Unidas. Su situación humanitaria es absolutamente insostenible, según el Consejo Noruego para los Refugiados. Esta guerra comenzó en marzo de 2015, cuando Riad lanzó su campaña de bombardeos aéreos indiscriminados para hacer retroceder a los rebeldes huzíes, de quienes los saudíes afirman que cuentan con el apoyo de su enemigo regional, Irán. Los huzíes se hicieron con el control de la capital, Sanaa, en septiembre de 2014, obligando a Hadi a exiliarse en Riad. El desplazamiento de personas sólo puede ser interno, ya que Yemen sólo hace frontera con Arabia Saudí, justo el país que les ataca, y con el mar. Más de 7 millones de yemeníes sufren inseguridad alimentaria grave, y la economía del país se encuentra absolutamente paralizada. Y vergonzosamente, como decimos, el mundo occidental mira para otro lado ante esta inhumana e insostenible situación. Nuestro "civilizado" Occidente, una vez más, es cómplice de este horror. Desde que se inició la guerra, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos han apoyado a la coalición saudí y sus ataques contra diversos objetivos de Yemen. Continúan vendiéndoles armas por un lado, mientras por otro lado, con una evidente hipocresía, intentan persuadir a los saudíes para que permitan que entre la ayuda humanitaria a Yemen. Pero no queda aquí la hipocresía de estas grandes potencias. El año pasado, Gran Bretaña y Estados Unidos ayudaron a bloquear una iniciativa holandesa en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para que se llevara a cabo una investigación internacional independiente sobre las violaciones del derecho humanitario internacional, de forma absolutamente vergonzosa. 

 

Pero cuando sus representantes diplomáticos acuden a las ruedas de prensa, sólo se escuchan bellas palabras y muy buenas declaraciones de intenciones. Siempre es lo mismo. Incluso son capaces de negar la más absoluta evidencia, como cuando han afirmado que en la guerra de Yemen no se ha violado el derecho humanitario internacional, cuando hay infinidad de pruebas que demuestran lo contrario. La conclusión es evidente: la coalición internacional ha estado protegiendo a Arabia Saudí y a sus aliados mientras libra en Yemen una guerra homicida e ilegal. Una absoluta barbarie, que jamás debería producirse según el derecho internacional. Pero ya sabemos: los saudíes son aliados de los británicos y estadounidenses desde hace mucho tiempo, un importante comprador de armas británicas y un productor clave de petróleo. Así pues, haciendo gala una vez más de la enorme hipocresía que existe en torno a los conflictos bélicos y al terrorismo internacional, hay muchas razones para suponer que el Reino Unido posee firmes motivos para ignorar, disfrazar o subestimar las pruebas de que la coalición liderada por los saudíes ha violado el derecho humanitario internacional, que estipula protecciones muy firmes para los civiles atrapados en combate, y prohíbe el ataque contra instituciones civiles, como escuelas u hospitales. Y mientras todo ello ocurre, miles de niños son masacrados diariamente, sin que dichas matanzas tengan ningún eco mediático. Y por su parte, los refugiados de esta guerra lo tienen aún más complicado. Veamos por qué. 

 

En efecto, el silencio sobre los refugiados yemeníes se debe sobre todo a la práctica imposibilidad de abandonar el país y llegar a un país europeo para contar las atrocidades que allí se viven. Y no tienen esperanza alguna de poder lograrlo, porque para poder escapar por tierra, los refugiados tendrían que atravesar cientos de kilómetros de desierto controlado por Arabia Saudí, el país que les bombardea. Y para escapar por mar, tienen que evadir el bloqueo naval saudí, dirigiéndose por tierra a una costa tan hostil como la de Eritrea. El panorama es, pues, absolutamente desolador. Una inmensa ratonera donde no existen posibilidades de salir, ni de recibir ayuda humanitaria del exterior, bajo un absoluto silencio del mundo occidental. Todo ello explica que, a pesar de que su situación es casi tan desesperada como las víctimas de la guerra siria, los yemeníes son invisibles para Europa. Una guerra terrible se cuece día a día, un desastre instigado y secundado por Occidente y sus potencias del "mundo libre", para el cual no se levantan banderas, no se proponen minutos de silencio, no aparecen imágenes en los informativos...en una palabra, simplemente no importa para nuestro mundo occidental. ¿Puede una sociedad honesta y mínimamente sensible ignorar estos aberrantes hechos? ¿Puede el mundo occidental, "libre" y "democrático" esconder sus efectos, ignorar lo que allí ocurre, mirar para otro lado? ¿Con qué autoridad moral elevamos nuestros sentimientos cuando ocurren matanzas en suelo local, mientras condenados a estos habitantes a la destrucción más horrenda y desesperante? 

 

Veamos lo que opina sobre esta guerra una experta internacional como Nazanín Armanian, politóloga e investigadora, en una reciente entrevista de Enric Llopis para el medio Rebelion.org: "La guerra de Yemen es una de las más silenciadas. Desde marzo de 2015 hasta hoy no han parado los bombardeos. De esto no se habla porque a ver quién menciona en la prensa española los crímenes de Arabia Saudí, cuando su monarca y nuestro rey son "hermanos". O en el AVE de La Meca a Medina hemos realizado grandes inversiones. También Repsol trabaja en Arabia Saudí. Este país, con el apoyo de Estados Unidos, ha bombardeado en Yemen depósitos de agua y de alimentos, así como campos de refugiados. Pero no hay refugiados yemeníes. Primero, porque no tienen por dónde huir: una de las fronteras es con Arabia Saudí y la otra con el mar, donde Estados Unidos tiene una base militar (en el Golfo de Adén). Mucha gente, sobre todo niños, han muerto de hambre y de sed. Incluso  han regresado enfermedades que habían desaparecido, como el cólera. Sin embargo, como se trata de una guerra silenciada, no hay ONG's que vayan a ayudarles. Y no se trata de un conflicto entre un gobierno sunita y una milicia chiíta pro-iraní --los huzíes--, que tal vez sean 20.000 personas en un país de 26 millones de habitantes. Arabia Saudí busca en Yemen una salida al mar para exportar su petróleo, y Estados Unidos neutralizar la influencia de China. Si controla el Puerto de Adén, los norteamericanos pueden cerrar el Estrecho de Bab-el-Mandeb, por el que pasa la mayor parte del comercio de China a los países del Mar Rojo". Pues ahí tenemos las causas. Como siempre, razones y objetivos de tipo geopolítico, para la consecución de los cuales no importa que mueran cientos de miles, incluso millones de personas, aunque se despierten los más grandes monstruos del ser humano. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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