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31 octubre 2018 3 31 /10 /octubre /2018 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Se ha generalizado un discurso contra un supuesto «enemigo exterior» que nos va a invadir. Sin embargo, las comunidades de las que estamos hablando han logrado resistir y sobrevivir a múltiples peligros y violencias –de redes criminales, de género, institucional– y están en movimiento por unas causas estructurales que la propia Europa ha generado en África en forma de guerras, cambio climático, control de fronteras, explotación de los recursos o empobrecimiento de las economías locales

Elena Bezanilla

Si tuviéramos que elegir un símbolo material, visual y paradigmático para definir las actuales políticas de fronteras, quizá el mejor de todos ellos sería el muro. Los muros, mejor dicho. Fronteras electrificadas, mallas de concertinas, muros visibles e invisibles, muros para los que no hay justificación. El muro es quizá la mejor expresión para reflejar la separación, la distancia, la lejanía, la indiferencia, la hostilidad. Da igual como estén fabricados, un muro siempre será un muro. Vallas, cercas, alambradas...todas se fabrican y se levantan para lo mismo. Los muros separan, hostigan, disuaden...Los muros de la vergüenza repartidos por todo el mundo, en prácticamente todos los continentes, son la expresión de la intolerante política de fronteras que hoy día gobierna el planeta.  Esos muros de América del Norte, de África, de Asia Central, de Oriente Medio o de Europa siempre cumplen las mismas funciones: separar, dividir, segregar, interponer distancia, tornar más injustas las relaciones entre las personas, los países y las culturas. Tomaremos a continuación como referencia para visitar los diferentes muros repartidos por todo el globo a este artículo del siempre magnífico Pablo Jofré Leal, publicado en el medio digital Rebelion. En 1989 el mundo celebraba la caída del famoso Muro de Berlín, todo un símbolo que había separado no sólo el mundo occidental del oriental, sino también el mundo capitalista del antiguo mundo socialista. El famoso "Telón de Acero" comenzó su construcción el 13 de agosto de 1961, y fue derribado en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, es decir, 28 años más tarde. Era una construcción de hormigón que se extendía a lo largo de 160 kilómetros, 45 de ellos dividiendo la ciudad de Berlín en dos, y el resto que circundaba su parte oeste separándola de la República Democrática Alemana (RDA). 

 

Pero el Muro de Berlín fue realmente un símbolo. Más que separar países o continentes, separaba ideologías, formas y concepciones del mundo, de la vida y de la política. Durante el período que se dio en llamar la Guerra Fría, el Muro de Berlín separaba dos bloques antagónicos, casi irreconciliables, que se miraban y se tomaban la distancia entre sí. Lógicamente, ninguno de los dos lados del Muro de Berlín era un paraíso, ambos tenían sus ventajas y sus inconvenientes, y los políticos e historiadores nos han vendido concepciones distorsionadas de ambos modelos. Las personas de mi generación crecimos bajo los falaces mensajes que nos presentaban el lado occidental del Muro como el lado civilizado, el mundo libre, y el lado oriental como el mundo sometido, hereje y alienado. Ninguno de los mensajes era cierto. Ni el bloque occidental era tan bueno ni el oriental tan malo. Por tanto, en última instancia, no había justificación para ese muro. La noche de su desmoronamiento fue vivida como un acontecimiento mundial, como una catarsis colectiva, como un hito histórico. Pocos hechos en nuestra historia moderna alcanzaron tanta repercusión. Las fronteras siempre son malas, y aquélla había sido una frontera muy especial. Los dirigentes de la antigua RDA lo llamaban "Muro de Protección Antifascista" (como si nuestro mundo occidental estuviera libre de fascismos). La Fiscalía de Berlin cifra en unas 270 las personas muertas por intentar pasar al bloque occidental, de las cuales 30 de ellas murieron como consecuencia de la explosión de minas. Un promedio de unos 10 muertos por año de vigencia del muro. Los años en que el famoso Muro de Berlín estuvo activo se correspondían con aquéllos en los que el combate ideológico, industrial, militar, aeroespacial y político entre el Este y el Oeste estaba en su apogeo. 

 

Y aunque los hay de muchas características, significados y funcionalidades, los muros actuales básicamente responden a la finalidad de impedir que ciudadanos de otras partes del mundo ingresen a nuestros territorios: "indeseables" "extranjeros" "indocumentados" "ilegales" o simplemente personas de otras nacionalidades, busquen oportunidades de vida y de trabajo en países más desarrollados. Y frente a todo ello, el cinismo es atronador. Pablo Jofré Leal lo expresa bajo los siguientes términos: "Frente a esas creaciones, violatorias de los derechos de millones de seres humanos, los mismos que conmemoran hoy la caída del Muro de Berlín y criticaron con fuerza su edificación, callan, enmudecen y hasta justifican que se construyan nuevas separaciones, nuevas divisiones, nuevas formas de tener seres humanos de primera y segunda categoría. A la par del viejo muro berlinés, esos muros de la vergüenza siguen siendo ocultados, minimizados y hasta justificados, por gran parte de los medios de comunicación del mundo". Pues bien, uno de ellos es el muro marroquí que los separa del pueblo saharaui. Tiene 2.735 kilómetros de recorrido, 3 metros de altura, y dispone de constante presencia militar de la Monarquía de Marruecos. Posee enormes similitudes con el muro de la vergüeza israelí con respecto a los palestinos, que también abordaremos. El muro marroquí se extiende a lo largo del Sáhara Occidental y separa los territorios liberados de la República Árabe Saharaui Democrática de aquéllos territorios ocupados por Marruecos. Dispone de fosos, muros de piedra, alambradas, campos minados, fortificaciones militares, 160.000 miembros del ejército marroquí, armamento y tecnología de última generación, que divide a los legítimos dueños de esas tierras de sus hermanos, que habitan los territorios liberados y los campamentos de Tindouf, en territorio argelino. Jofré Leal nos cuenta que cada 5 kilómetros este muro tiene acuartelada una compañía de infantería y cada 15 kilómetros un radar y baterías de artillería. Nuestro país vende armamento utilizado en este muro, con la vergüenza añadida de que nosotros somos el país que debería garantizar el referéndum (crónicamente postergado) para la autodeterminación del pueblo saharaui. 

 

Tenemos también el muro de la infamia israelí, ya citado anteriormente. Porque en efecto, allí, en Oriente Medio, en los territorios ocupados, otro muro, infame y cruel, forma parte de un oscuro y silenciado esquema represivo puesto en práctica por los gobiernos israelíes desde el año 2002. Está compuesto por un sistema que consta de unos 550 controles y bloqueos, levantados para controlar permanentemente a una población de 2 millones de palestinos dentro de los territorios ocupados en Cisjordania. Todo un símbolo de segregación racial, condenado por gobiernos, organismos internacionales y organizaciones defensoras de los derechos humanos. Condenas que para Israel no significan nada, pues además disfruta de la impunidad de ser socio "inquebrantable" de la más perversa potencia mundial, como es Estados Unidos. Todas las atrocidades de Israel cuentan no sólo con la incomprensible y vergonzante "neutralidad" de la comunidad internacional, sino con el aval, el apoyo y la financiación de los Estados Unidos. Este muro de la infamia es una inteligente estructura dotada de tecnología de última generación en materia de vigilancia tales como sensores infrarrojos o difusores de gas lacrimógeno, entre otros artilugios. Incluye alambradas de púas de acero, zanjas, zonas dotadas de arena fina para detectar huellas, torres de vigilancia con guardias permanentes, caminos asfaltados a cada lado para permitir patrullar a los tanques y otros vehículos de seguridad, así como zonas adicionales de defensa y áreas restringidas de diversa profundidad. Puntos de control y vigilancia que se adentran en gran parte de su construcción por territorio palestino. ¿Podemos entender que un pueblo pueda vivir de esta manera? ¿Es digna una comunidad internacional que permite estas atrocidades? 

 

El muro israelí rodea con estos sistemas de seguridad los 50 asentamientos israelíes ilegales donde habita un 80% del total de colonos judíos, que incluyen además extensas áreas cultivables confiscadas a los palestinos. Se ha creado así en territorio palestino una continuidad de los asentamientos ilegales con Israel mientras separa dicha zona del resto de Cisjordania. Muro que a su vez está teniendo su símil frente a la Franja de Gaza, con el objetivo de seguir teniendo a este territorio palestino convertido en la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Unos 100.000 palestinos residentes en 42 pueblos de Cisjordania viven entre el muro y la llamada Línea Verde con Israel (la "Línea Verde" es el trazado definido en el armisticio firmado entre Israel y los países árabes en 1949). Una docena de estos pueblos y unos 50.000 palestinos quedarán completamente cercados por el muro. Más del 10% de la tierra palestina de Cisjordania (más de 57.000 hectáreas) quedan al otro lado del muro. Más de medio millón de palestinos vivirán dentro de una franja de un kilómetro impuesto por esta infame separación. Como podemos comprobar, este muro de la vergüenza israelí es la más cruel y despótica segregación por la fuerza de seres humanos que se ha dado en la historia. En 2004 la Corte Internacional de Justicia de La Haya determinó que Israel debía detener la construcción del muro dentro de los Territorios Ocupados, desmantelar las secciones ya construidas allí y reparar el daño causado. Israel no lo ha cumplido, sin que ello signifique condena alguna del Consejo de Seguridad de la ONU, sanciones por el incumplimiento de resoluciones internacionales, o acciones de boicot. Pablo Jofré Leal concluye: "Israel, así como Marruecos, han violado la legislación internacional y han intensificado su política de ocupación y represión contra las sociedades a las cuales someten. Los gobiernos callan, los organismos internacionales no ejecutan las labores que deben realizar, y el juego macabro continúa su marcha de dolor y muerte para millones de seres humanos". Pero no acaban aquí los muros. Continuaremos en siguientes entregas.

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