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8 diciembre 2016 4 08 /12 /diciembre /2016 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Los medios de comunicación más masivos e influyentes son del mercado, de las grandes empresas tanto mediáticas como no mediáticas, no son ni el cuarto poder ni un contrapoder, son un brazo del primer poder que es el de las finanzas y las grandes empresas, a su vez bien articuladas por numerosos intereses

Ramón Reig

Ganar la batalla a los medios de comunicación dominantes, mientras se mantenga la falacia del "libre mercado", de la "libertad de expresión", de la "libertad de prensa", y similares, que únicamente pretenden salvaguardar su derecho a manipular por doquier a las masas, censurando toda opinión alternativa, es un difícil proceso. David Edward explicó en un artículo para el medio Rebelion.org el modelo de propaganda utilizado por estos medios de comunicación dominantes, basándose a su vez en la obra conjunta de Noam Chomsky y Edward Herman, y en sus opiniones vamos a basarnos a continuación. Este modelo de propaganda describe cinco "filtros" que determinan lo que se consideran "noticias", y por tanto, lo que aparece en los diversos medios de comunicación, bajo los diversos formatos. El modelo de Herman y Chomsky también explica cómo la disidencia frente a los medios de comunicación dominantes recibe poca o ninguna cobertura, mientras que los Gobiernos y el gran capital reciben fácil acceso al público para imponerle, mediante este constante goteo, sus mensajes corporativo-capitalistas. De ahí surge el imaginario colectivo popular, que uniformiza las mentes, las ideas, las actitudes y los pensamientos, determinando lo que está bien y lo que no lo está, lo que es normal y lo que no lo es. Por ejemplo, "el libre comercio es beneficioso", "la globalización es imparable", "nuestras políticas generan crecimiento económico y creación de empleo", "tratamos de resolver la pobreza", "nos importan las personas", y muchos otros. 

 

Ya hemos comentado en las entregas precedentes que la propiedad corporativa de los medios, sea ésta directa o indirecta, condiciona plenamente sus contenidos, sus líneas editoriales. Cuando esto se convierte en un oligopolio mediante el cual cuatro, cinco o seis grandes corporaciones controlan todo lo que se publica, lee, visualiza o escucha en el mundo, la situación está totalmente controlada en su beneficio. Debido al tamaño de estos grandes emporios, a la masiva concentración de la propiedad, a la inmensa riqueza de sus propietarios, y al imperativo capitalista de obtener los máximos beneficios de las corporaciones dueñas de los medios, difícilmente podría esperarse un resultado diferente. Los Consejos de Administración de estas grandes corporaciones mediáticas están formados por gente poderosa, acaudalada, con grandes redes de contactos a su servicio, y con plenos poderes para mover las "puertas giratorias" en su beneficio. Suelen ser enormes compañías diversificadas, con ramificaciones en otros muchos negocios, y por tanto, con intereses profundamente intrincados. Es difícil pensar, ante un escenario como el descrito, en la neutralidad de una prensa o de unos canales de televisión comprometidos con la deontología periodística, con el rigor, con la veracidad y con la pluralidad. Lejos de estos valores, la gran vorágine mediática está dominada por sus intereses capitalistas, y por su firme creencia en el dogma neoliberal. 

 

En sentido general, estamos provocando, al igual que ocurre en otras muchas áreas relacionadas con los derechos humanos (como la vivienda por ejemplo), que la libertad de prensa esté limitada simplemente porque los propietarios de estas grandes corporaciones mediáticas son firmes creyentes de la ideología de libre mercado, y aspirantes a mercantilizar todas las áreas que se pongan por delante. ¿Hasta qué punto es probable, entonces, que tales propietarios permitan que su propio periódico, emisora de radio o de televisión, critiquen sistemáticamente el capitalismo de libre mercado, que es la fuente de su riqueza material? Incluso los medios de apariencia más independiente en este sentido, no apostarán en realidad por una crítica al pensamiento dominante de manera radical, sino, como mucho, por pequeñas críticas parciales, que no cuestionan al sistema en su conjunto. El segundo filtro de este modelo de propaganda es la publicidad. Los medios tienen que atraer y mantener una alta proporción de publicidad en todos sus formatos y contenidos, en toda su programación y en todos sus horarios, para poder cubrir los costes de producción. La enorme publicidad desplegada por los medios representa hoy día un talón de Aquiles fundamental para su independencia. La renuncia a esta carga publicitaria podría significar, para muchos medios, su práctica desaparición, salvo en el caso de los medios públicos, que dependen de unos presupuestos estatales o locales, y que pueden disminuirla, incluso eliminarla (en este caso, como ahora ocurre con la corporación RTVE, la publicidad es la proporcionada por el gobierno de turno). 

 

La competencia entre los medios es feroz, la pelea constante por los índices de audiencia o de venta se convierte en una ardua tarea para publicistas, programadores, y creadores de contenidos, y la publicidad se convierte en un eje transversal de la programación de las medios, que no cesan de investigar y explorar nuevos formatos para canalizar e introducir descaradamente dicha publicidad en las mentes de los consumidores. La competencia se extiende a la capacidad para atraer a los anunciantes, y cualquier medio que obtenga menos publicidad que sus competidores se ve seriamente perjudicado. Y dada esta situación, es lógico pensar que los medios tengan que mostrar cierta "simpatía" hacia los propietarios del gran capital, de tal forma que poco a poco, los intereses capitalistas (y su amenaza de retiro publicitario) pueden bastar para afectar al contenido editorial. Y claro está, todo ello influye en la propia actividad de los profesionales ligados a dichos medios, que ven seriamente cuestionada su independencia y su libertad a la hora de publicar ciertas noticias, o de insistir en ciertos enfoques de las mismas. El capital y sus intereses van poco a poco mermando la libertad de prensa, van imponiendo sus criterios y sus normas, van chantajeando a los profesionales de los medios, que al final, se convierten en meros voceros o bufones de sus propietarios a gran escala. Llegado este punto, la tergiversación, la manipulación, el sesgo, la mentira, la ocultación y la falta de honestidad están servidas. 

 

Y lógicamente, todo profesional que se precie y que no quiera entrar en esta peligrosa dinámica, por sus propios principios y dignidad profesionales, se verá seriamente acosado, ninguneado e incluso hostigado y despedido. Y no es teoría. Podriamos contar miles de casos reales. En 1999, como recoge David Edward en el artículo de referencia, la empresa British Telecom amenazó con retirar su publicidad del Daily Telegraph después de la publicación por parte de este medio de una serie de artículos críticos. El periodista responsable de los mismos fue suspendido. En un estudio estadounidense de 1992, donde fueron consultados 150 redactores de noticias, un 90% de ellos declaró abiertamente que los anunciadores trataban de interferir en el contenido de los medios, y un 70% aseguró que trataban de eliminar por completo determinadas informaciones. Un 40% admitió que los anunciantes habían efectivamente influenciado en la publicación de determinadas noticias. Hay que acabar por tanto con el mecenazgo empresarial de los medios, si es que queremos ofrecer unos medios de comunicación libres e independientes. Porque como estamos viendo, un sistema basado en la publicidad hace que la supervivencia de las publicaciones se vea seriamente cuestionada si osan enfrentarse a los intereses de sus verdaderos dueños. Un modelo de medios de comunicación alternativos ha de prescindir absolutamente de la publicidad, de los anunciantes, de los contenidos patrocinados, de los contenidos embebidos en los casos de medios digitales, y de toda plasmación publicitaria sea directa o indirecta, palpable o subliminal. Aún nos quedan tres filtros más. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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