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23 marzo 2015 1 23 /03 /marzo /2015 00:00
Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (65)

Se dice que la totalidad de las ideas elaboradas por Marx y Engels, y desarrolladas posteriormente por Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo, están absolutamente desacreditadas. Sin embargo, un análisis más riguroso revela una crisis de la mal llamada economía de libre empresa, que tan sólo en los países industrializados condena a 22 millones de seres humanos a una vida de inactividad forzosa, derrochando el potencial creativo de toda una generación

(Alan Woods y Ted Grant, “Razón y Revolución”)

Muy cortos se quedaban los autores de “Razón y Revolución”, pues tomaron cifras de la época de la escritura de su célebre texto, pues hoy día, sólo en la Unión Europea, las cifras de gente inactiva supera los 26 millones de habitantes. De ahí que las políticas de reparto del trabajo que estamos comentando en estos últimos artículos, de entrada, aunque no constituyan ninguna panacea, sean de una importancia fundamental. El reparto del trabajo, representa, hoy por hoy, una alternativa necesaria para la redistribución de la riqueza y de los propios recursos, desde otro paradigma, basado en la equidad de género y la solidaridad intergeneracional. Tanto que la clase dominante recurre al famoso “sentido común”, y ponen el empleo (a ellos no les gusta llamarlo trabajo, ya que posee unas connotaciones que ellos desprecian) como mejor ejemplo de “política social” (otro de los engaños del sistema), estas medidas de reparto del trabajo son de puro sentido común, de pura lógica matemática y de emergencia humanitaria, y por todo ello, resultan fácilmente entendibles.

Si el trabajo remunerado no alcanza para todas las personas que están disponibles, esto es, que engrosan las listas de las personas “activas” (en terminología de la EPA), ¿por qué no modificar el criterio de reparto del mismo, reduciendo la parte del tiempo que comprometemos laboralmente en nuestras vidas? En realidad, todo el debate se reduce a comenzar a renunciar, si de verdad estamos por ello, a que el capital domine nuestras vidas, esto es, a controlar mejor el conflicto capital-vida, que se ha demostrado completamente insostenible. Si en realidad nuestro panorama laboral es tan desesperado, ¿qué nos impide pasar de la jornada laboral máxima de 40 horas semanales a otra de 25 ó 30 horas máximas a la semana? Simplemente, hemos de pensar, en vez de en clave de obtención de rentabilidad empresarial, en clave de inversión, en qué capacidades y perspectivas estamos sembrando para el futuro, en cuál es la herencia social, económica y medioambiental que estamos dejando a las futuras generaciones.

Pero como también hemos comentado, estas medidas de reparto del trabajo atacan también, de manera colateral, otros asuntos importantes, tales como la conciliación de la vida laboral y familiar, o la división sexual del trabajo, algo que se ha recrudecido con la ola de neoliberalismo salvaje que nos invade. En resumidas cuentas, y al respecto del reparto del trabajo existente, las medidas que podrían implementarse podrían ir en las siguientes líneas generales de actuación:

1.- La reducción de la jornada laboral típica se hará por Ley, sin disminución alguna del salario, y complementada por la negociación colectiva en lo referente a la ordenación, aplicación y distribución de la misma en función de las distintas realidades sectoriales, empresariales u ocupacionales.

2.- Persecución efectiva de la prolongación de la jornada laboral no retribuida y eliminación (salvo casos completamente excepcionales y puntuales, debidamente justificados) de las horas extras, incentivando que las necesidades puntuales de prolongación de la jornada (o cambio de horarios) se compensen prioritariamente en tiempo de descanso.

3.- Ampliación de los permisos de formación, y del resto de permisos o licencias retribuidas para atender a todo tipo de responsabilidades relacionadas con el cuidado de las personas del entorno familiar del trabajador/a, con especial dedicación a la paulatina erradicación de la división sexual del trabajo.

4.- Incentivar las innovaciones empresariales, especialmente en las PYMES, con el objetivo de sustituir procesos intensivos y extensivos en fuerza de trabajo por otros intensivos en tecnología, aumentando con ello la productividad de las empresas. Y con ello, como ya hemos discutido, se genera mayor capacidad para que el sistema pueda continuar repartiendo el trabajo existente.

5.- Mantenimiento flexible de los mecanismos y posibilidades de jubilación, tanto anticipadas como parciales, y no prorrogar la edad legal ordinaria de jubilación, que debe ir retrocediendo hasta llegar a los 60 años de manera general, adaptada a las distintas profesiones y entornos laborales, pero permitiendo a los trabajadores interesados que puedan continuar trabajando. En sentido general, incentivar los procesos de jubilación adaptados a las características especialmente penosas de determinadas profesiones o actividades.

6.- Por último, y como también se ha indicado, fomentar la incorporación de la mujer a la población activa asalariada con el desarrollo de una batería de medidas que favorezcan esta incorporación, y que ayuden al desarrollo de nuevos nichos de actividad laboral, relacionados sobre todo con la extensión de los servicios públicos ligados al Estado del Bienestar (universalización y gratuidad de las escuelas infantiles públicas, de las ayudas y prestaciones a las personas dependientes, etc.).

7.- En la línea de la medida anterior, fomentar la igualdad laboral entre hombres y mujeres, eliminando las actuales barreras que contribuyen a la desigualdad, tales como las diferencias salariales, la extensión de los permisos de maternidad y paternidad, la eliminación de los roles que perpetúan la división sexual del trabajo, etc., y ampliar las medidas de racionalización que permitan una conciliación real de la vida laboral con la vida familiar.

Con todo ello, estamos convencidos de que no sólo socializamos el trabajo ya existente, contribuyendo a una sociedad más rica e igualitaria, sino que también incidimos en paliar las graves deficiencias históricas de una sociedad muy ligada al patriarcado como sistema de reparto de las funciones de producción, eliminando los roles clásicos de cuidados y trabajos no retribuidos asignados a la mujer, superando el conflicto capital-vida, y alcanzando una sociedad que respete profundamente las demás actividades humanas que no supongan precisamente tareas de producción cuantificables para el sistema económico. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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