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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 23:00

La revolución social estalla cuando las clases explotadas y dominadas dejan de considerar como algo inevitable, permanente y justo su explotación, cuando no se dejan intimidar ni reprimir por la violenta coacción de los gobernantes, cuando dejan de aceptar la ideología que justifica su reinado, cuando reúnen las suficientes fuerzas materiales y morales para el derrocamiento de la clase dominante

Ernest Mandel

Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (66)

Bajo el Socialismo del nuevo siglo XXI (y el Marxismo), otro de los puntales ideológicos, que apoya y complementa las medidas que ya hemos enunciado en artículos anteriores de esta serie (como la del reparto del trabajo, recientemente discutida), y que viene levantando mucha polémica (por su incomodidad para la clase dominante) es lo relativo a lo que se ha dado en llamar la Renta Básica (RB), pero también de otras muchas formas (Renta de Inserción, Renta Social, etc.). A su vez, muchos autores han complementado (incluso proponen su sustitución) con la medida o propuesta denominada de Trabajo Garantizado (TG). Vamos a dedicarle a partir de aquí una amplia exposición y debate a las mismas, exponiendo los diversos puntos de vista que las motivan y sostienen.

Bien, la problemática de partida ya la conocemos, pues es la misma que tantas veces hemos argumentado, incluso con cifras actualizadas para nuestro país: el tremendo nivel de paro existente, y la necesidad de acudir a medidas de reparación de dicha situación de emergencia social y tragedia humanitaria, mientras los puntales del nuevo modelo productivo propuesto comienzan a extenderse y a madurar. A todo ello se une la tremenda desigualdad social existente, y la necesidad de que las medidas (tanto a corto o medio plazo, como a largo) implementadas vayan contribuyendo también a corregirla. Pues bien, tanto la Renta Básica como la propuesta de Trabajo Garantizado vienen (cada una con sus diferentes enfoques) a intentar paliar esta situación. Nosotros entendemos que ambas medidas son perfectamente realizables (aunque algunos autores se decantan más por unas que por otras, incluso desechan alguna de ellas), y es más, perfectamente complementarias, es decir, no contradictorias entre sí. Comenzaremos con la discusión de la propuesta de TG (Trabajo Garantizado).

Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (66)

El punto de partida para el argumentario de la propuesta de Trabajo Garantizado es bastante simple, y parte de la siguiente afirmación: "Que no haya empleo no quiere decir que no haya trabajo", o si se quiere, "que las personas no estén trabajando no implica que no haya trabajos que realizar". Lo podemos expresar de muchas formas más, pero este sería el mensaje. Por tanto, si bien es cierto que en nuestra actual sociedad hay muchísimas personas inactivas, que no están ocupando ningún puesto de trabajo, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades. Como vemos, la propuesta parece implicar, de partida, una nueva reconceptualización del trabajo humano, en sintonía con la recuperación de su utilidad y rentabilidad social, lo cual a su vez está en plena consonancia con el resto de medidas propuestas. De tal forma, que enla propuesta de TG, el Estado ofrecería un empleo a cualquier persona dispuesta a trabajar, sin que importen criterios de cualificación, género, renta o edad. El objetivo (o uno de ellos) puede ser crear empleos que se ajusten a las características de los desempleados, y proporcionarle la formación actualizada que pudiera hacerle falta. En todo caso, es competencia del Estado remunerar el trabajo, directamente y sin intermediarios (para evitar la explotación y la precariedad), con las debidas cotizaciones a la Seguridad Social.

Seguro que muchos lectores están pensando ya en las connotaciones de todo tipo que esta propuesta de TG posee. Y efectivamente existen muchas connotaciones, que vamos a ir discutiendo. De entrada, el efecto multiplicador de las rentas (efecto "keynesiano") del nuevo trabajo masivo creado actuaría como catapulta para reactivar el consumo de la población, aumentando la recaudación pública, y provocando una positiva reacción en cadena en la economía real. Además, y según algunos autores que han presupuestado la medida, el coste neto de aplicación anual de la iniciativa, en caso de que se consiguiera aplicar a todos los actuales parados de nuestro país, no superaría el 3,14% del PIB, cifra perfectamente asumible, sobre todo si la comparamos con algunas otras, como la que el Estado dedica anualmente al pago de los intereses de nuestra deuda pública (3,77% del PIB). Y de todos modos, esta medida del TG se aplicaría por fases (atendiendo en primer lugar a los más necesitados), de tal forma que, por ejemplo, si durante el primer año de aplicación se beneficiaran de la iniciativa un millón de parados, el coste se limitaría ese año al 1,07% del PIB. En cuanto a su financiación pública, podrían existir varías vías, pudiendo recurrirse a préstamos del BCE a través del ICO, o bien mediante colocación de deuda pública entre los inversores privados, o bien mediante una reforma fiscal de amplio calado, ya contemplada en el catálogo de medidas propuestas (o incluso una combinación de todas ellas).

La esencia, por tanto, de una medida como el TG iría en la línea de garantizar un puesto de trabajo mediante la intervención directa del Estado, mediante la recuperación de su papel de empleador por excelencia (perdido últimamente, con la difusión del paradigma del emprendimiento personal y la hegemonía empresarial privada) en la creación de empleos públicos orientados a satisfacer las necesidades económicas y sociales del conjunto de la población, al tiempo que se alivian las tremendas situaciones de paro, pobreza, precariedad y exclusión social. Iniciativas parecidas se han desarrollado a lo largo de la historia, como el New Deal del Presidente Roosevelt durante el trienio 1933-1936, que impulsó programas que proporcionaron empleo a más de 13 millones de personas, en diferentes ámbitos y sectores. Algunos lectores podrían interpretar que esta propuesta de TG podría parecerse a los famosos y recientes "Planes E" de los Gobiernos de Zapatero, pero van mucho más allá, pues los Planes E se redujeron a los ámbitos de la construcción de obras públicas, saneamiento e infraestructuras, mientras que aquí estamos hablando de englobar a todos los posibles trabajos que la comunidad necesite para avanzar en su dotación de recursos públicos que satisfagan la cobertura, hoy día muy debilitada, del Estado del Bienestar. De esta forma, podrían crearse trabajos en los sectores de la educación, de la sanidad, de la investigación, de la tecnología, de los servicios sociales, de la dependencia, de cuidados al medio ambiente, de servicios culturales, deportivos y recreativos, periodísticos, de reformas y adaptación de edificios, de implantación de infraestructuras energéticas sostenibles, y un larguísimo etcétera. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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