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22 abril 2015 3 22 /04 /abril /2015 23:00

Hoy se viven los tiempos del capitalismo transnacional, expoliador, despótico, depredador, genocida, cínico, terrorista y decadente

Camilo Valqui

Contra los Tratados de Libre Comercio (V)

Pero si la propia Comisión Europea reconoce todos estos peligros y desventajas que traerá el TTIP, ¿cómo es posible que continúe en las negociaciones? Pues porque los países más desarrollados, que poseen un tejido industrial potente y de alto valor añadido, muy competitivo y completamente consolidado, recomiendan al resto la apertura de fronteras comerciales precisamente porque saben que la victoria comercial de sus empresas está asegurada. Y por ello, aún estando demostrado (en el pasado) que los países más atrasados industrial y económicamente no pueden desarrollar nuevas industrias sin contar con la intervención estatal (para lo cual se recomienda la protección arancelaria), los Tratados de Libre Comercio ignoran estas situaciones, porque lo único que buscan es la expansión del poderío multinacional de sus empresas. El libre mercado por tanto será desigual, ya que cuando varios países abren sus fronteras para crear un mercado común de bienes y servicios, se da un fenómeno de competencia hacia la baja o carrera hacia el fondo en el que se desploman los estándares laborales, los medioambientales, e incluso los democráticos. Y eso es justamente lo que supondrá la aprobación del TTIP.

Y aunque la retórica oficial de la Comisión Europea habla de "armonización de la regulación", está claro que se trata en realidad de un proceso en el que los raseros se van a establecer a la baja. Expresado en términos matemáticos, se trataría de definir una especie de "mínimo denominador común" en el que converger este resultado de la armonización, por lo cual está claro que la convergencia resultará en el nivel más laxo de regulación. Así las cosas, el primer gran caballo de batalla que se librará, y que traerá fatales consecuencias, serán los derechos laborales de los trabajadores/as. Porque hemos de aclarar que la regulación laboral europea es bastante más exigente que la estadounidense. De hecho, USA se ha negado a ratificar Convenios de la OIT (Organización Internacional del Trabajo, organismo dependiente de la ONU encargado de velar en todo el mundo por la consecución de unas condiciones de trabajo dignas), incluyendo aquéllos que se refieren a la libertad de asociación y a las prácticas sindicales. De hecho, la mayoría de las grandes empresas transnacionales estadounidenses no permiten la presencia de sindicatos entre sus plantillas, e imponen unas condiciones de trabajo realmente indignantes a sus trabajadores/as.

Contra los Tratados de Libre Comercio (V)

Su legislación (denominada irónicamente "derecho al trabajo") es en realidad una legislación despótica y regresiva, pensada contra la negociación colectiva y el sindicalismo, que ha modelado en EE.UU. un sistema de competencia a la baja en materia de derechos laborales, incluso entre los propios Estados de USA. Todos compiten por atraer mayor volumen de inversión extrajera, por la vía de reducir, aún más, las condiciones laborales, es decir, devaluando la propia fuerza de trabajo. Por tanto, no es difícil deducir que una convergencia con la regulación del sistema laboral estadounidense es perfectamente compatible con la cruzada que la Comisión Europea lleva practicando contra los salarios y el resto de condiciones laborales de los trabajadores/as europeos/as. En este sentido, el TTIP es un instrumento que podría servir como una especie de catalizador del acercamiento entre las normas laborales europeas a los estándares norteamericanos. No es descabellado pensar que, en un escenario de incremento de la competencia, y en el que opera una tendencia de carrera hacia el fondo, el trabajo se va precarizando cada vez más y se disipan las posibilidades de alcanzar puestos de trabajo dignos, estables y con derechos.

Por otra parte, en un escenario internacional reforzado, las empresas tenderán hacia su internacionalización, adquiriendo un respaldo y un poderío que les permitirá sin temores su deslocalización hacia las regiones donde se den menores salarios y costes laborales, de tal forma que la amenaza se volverá, si cabe, aún más terrible. El TTIP constituirá un marco que otorgará garantías de extensión y generalización de las condiciones laborales indignas, amparadas por un contexto y una regulación transcontinental que garantizará la libertad de las empresas para imponerlas. Esa amenaza, junto con la del desempleo, presionará a la baja todos los estándares, y contribuirá a la progresiva instalación del miedo en la clase trabajadora, que competirá en un escenario salvaje y desregulado. En última instancia, el paisaje que contempla el TTIP nos llevaría a definir una situación de empleos y salarios de mínima subsistencia, todo un paraíso para la clase empresarial más despótica y despiadada. Nos esperaría una nueva ola de reformas laborales extremas, completamente agresivas hacia el mundo laboral.

Pero los desmanes y fechorías no terminarían con las reformas laborales, sino que también las habría fiscales, financieras, etc. Actualmente, como sabemos, las grandes empresas ya tienen a su disposición mecanismos "legales" para eludir el mayor volumen de impuestos posible. Los aranceles repercuten al consumidor final de los bienes y/o servicios. La eliminación de dichos aranceles supone una merma para los ingresos públicos de los Estados, que podrían destinarse para compensar el impacto ecológico de la actividad económica o los costes sociales de las deslocalizaciones empresariales. Y evidentemente, el TTIP no va a incidir en el sentido de disminuir la presencia transnacional de paraísos fiscales o territorios de bajos impuestos, sino que, como aliados de los grandes agentes del capitalismo transnacional, la gran banca privada y las grandes empresas tendrán aún más poder y presencia en dichos territorios considerados paraísos fiscales, evadiendo divisas, eludiendo el pago de sus obligaciones tributarias, engordando sus beneficios, y dejando las arcas públicas de los respectivos Estados en pañales, en su mínima expresión, contribuyendo al ideal neoliberal de una reducción del tamaño del sector público, a costa de unas políticas agresivas para la inmensa mayoría social. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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