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14 abril 2015 2 14 /04 /abril /2015 23:00

Hace pocos días se celebraron las Elecciones Autonómicas andaluzas, con una amplia victoria del PSOE-A, y a los pocos días de celebrarse, salió a la luz pública una denuncia de un caso ciertamente ilustrativo de las prácticas de clientelismo político que llevamos denunciando hace mucho tiempo en tierras andaluzas. Como sabemos, desde siempre se ha afirmado que el "socialismo" andaluz es quizá la plaza más fuerte del PSOE a nivel nacional, que Andalucía representa su más firme y sólida fortaleza, y que una victoria en Andalucía proyecta siempre una victoria a nivel nacional. Bien, de entrada, hemos de afirmar que la "amplia" victoria del PSOE-A se produce, una vez más, en el contexto de una Ley Electoral injusta, que no asigna los escaños proporcionalmente al número real de votos obtenidos. En efecto, bajo un cálculo simulado de lo que debería hacer un auténtico reparto proporcional, el PSOE hubiese obtenido 38 escaños en Andalucía, en vez de los 47 que ha obtenido.  

 

¿Cómo podríamos definir una red clientelar, en este caso de tipo político? Pues aquélla que se dedica, en vez de a trabajar por sus ciudadanos/as, a construir toda una cadena de favoritismo, nepotismo y tráfico de influencias, para asegurarse permanentemente el poder. En el fondo, no es más que una red corrupta institucionalizada. Pues bien, en el caso en cuestión, donde existe un fichero de audio que lo demuestra, se oye cómo toda una Delegada de Empleo de la Junta en Jaén en aquél entonces (año 2012),  Irene Sabalete (hoy detenida por el caso del fraude en los cursos de formación, y de baja en el partido), arenga en tono amenazante a sus empleados (miembros de las Unidades Territoriales de Empleo, Desarrollo Local y Tecnológico), para que se dediquen en su jornada laboral a hacer campaña en favor del PSOE-A. Como puede comprobarse claramente en las pruebas aportadas, los Agentes Locales de Promoción de Empleo eran "instados" a olvidarse de su trabajo durante la campaña, y a ir empresa por empresa, para convencerlas de que votaran al PSOE, bajo amenaza de que si no ganaban las elecciones, no seguirían trabajando para la Junta. Toda una vergüenza institucional, de la que el PSOE-A debería dar explicaciones.

 

 

Pero más allá de ello, que no es más que un botón de muestra, es importante hacer notar la extensa red de clientelismo que el PSOE de Andalucía ha venido tejiendo minuciosamente, palmo a palmo, durante décadas en nuestra tierra, para garantizarse las sucesivas victorias electorales, con una serie de prácticas de intimidación de empleados y clientes, y mediante la presencia de una serie de empresas públicas de carácter "fantasma", en las que el PSOE-A mantiene a todo tipo de enchufados, suponiendo una insoportable sangría de fondos públicos destinados a empresas que poseen, por decirlo coloquialmente, más jefes que indios. Todo ello ha ido engordando la Administración Pública andaluza, construyendo una extensa red de clientelismo político, extendida en mayor o menor medida por todas las provincias andaluzas, que lógicamente, suponen una gran baza para la victoria del partido en Andalucía. 

 

De hecho, y según la Cámara de Cuentas andaluza, alrededor de unas 28.000 personas poseen una nómina adscrita al entorno de todas estas empresas, concebidos como entes instrumentales al servicio del PSOE-A, constituyendo toda una auténtica Administración paralela a la oficial. Pero es que en la Administración oficial, como nos mostraba el caso que poníamos de ejemplo, y que ha sido recientemente denunciado, también se daban dichas prácticas mafiosas y clientelares, por lo cual hoy día sería tremendamente complejo desenmarañar la extensión y capacidad de toda esta retícula, de toda esta malla clientelar, que despliega sus tentáculos por todos los rincones de Andalucía. El proceso está bien claro: durante décadas, esta gigantesca red clientelar de favores y contrafavores al servicio del partido ha ido ganándose la complicidad no sólo de los trabajadores públicos (incluso privados, de las terceras empresas a las que la Junta favorecía), sino también de la población situada en los grandes núcleos rurales andaluces, que tienen (casi) tanta representación y poder como las grandes ciudades andaluzas. 

 

Romper todo este tinglado construido lentamente, poco a poco, pero de tanta extensión y complejidad, resulta hoy día muy complicado, por la tremenda resistencia que ofrece, y ello constituye, sin lugar a dudas, la razón de las continuas victorias electorales del PSOE en Andalucía. Por su parte, la corrupción a gran escala ya sabemos por dónde va: el caso de los ERE fraudulentos, o el caso EDU del fraude en los cursos de formación ocupacional a desempleados/as no son más que la palpable demostración de una práctica consumada durante más de treinta años, que consistía en que la Junta estaba tratando de repartir dinero público a los sindicatos para evitar la contundencia de los conflictos sociales de gran envergadura, provocados por su gran alianza y complicidad con el poder y la hegemonía empresarial en nuestra tierra. Ni que decir tiene que los sindicatos mayoritarios han actuado como agentes necesarios y colaboradores en toda esta corrupta gestión, porque evidentemente, ellos también salían favorecidos, lo cual ha conducido también a la actual situación de descrédito de dichas organizaciones.

 

Esperemos que las nuevas fuerzas políticas que han irrumpido fuertemente en el Parlamento andaluz, sobre todo la de PODEMOS, sean capaces de ir minimizando el efecto del clientelismo, controlándolo y sacándolo a la luz pública, para que estos deplorables casos se conviertan en historia. Comisiones de control y de investigación, así como potentes leyes que controlen el funcionamiento de la propia Administración, y que combatan fuertemente la corrupción, serán las herramientas fundamentales para que poco a poco seamos capaces de desmontar todas estas redes corruptas y estas deleznables prácticas de clientelismo político que el PSOE-A ha protagonizado durante tantos años en la Junta de Andalucía. Necesitamos un cambio político, en las formas, en la distribución, en las prácticas y en las estructuras del poder, una auténtica renovación, una bocanada de aire fresco que acabe con la podredumbre institucional que nos gobierna. Sí se puede.

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