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1 abril 2015 3 01 /04 /abril /2015 12:02

La OTAN estrecha cada vez más el círculo trazado sobre Rusia, llevando a sus extremos un proceso que fue el objetivo político fundamental perseguido, en el teatro europeo, por los sucesivos gobiernos demócratas y republicanos que ocuparon la Casa Blanca desde los comienzos de la Guerra Fría. Y a lo anterior hay que sumar la declaración de guerra económica que, en los hechos, ha decretado el Gobierno de los Estados Unidos

Atilio Borón

USA: Estado de guerra permanente (XXIII)

Continuando con el caso ucraniano, y como no podía ser de otra manera, a Estados Unidos le interesaba "integrar" a Ucrania en la Unión Europea, con todas las implicaciones que ello tiene, pasando a ser otra "víctima" de la política neoliberal del FMI. Y efectivamente, en el Acuerdo de Asociación firmado, Ucrania deja de ser un Estado soberano en su política y en su economía. Como socio "menor" de la UE, Ucrania debe seguir fielmente la política exterior y de defensa común de la UE (es decir, convertirse en un nuevo vasallo de la política norteamericana), y está obligada a participar en la resolución de los posibles conflictos regionales bajo el liderazgo de la UE. De hecho, y para los recientes Acuerdos de Alto el Fuego de Minsk (Bielorrusia), dos de los actores del mismo han sido Alemania y Francia. Pero no nos engañemos. El Gobierno de Poroshenko es un títere de los intereses norteamericanos, y no dudará en alinearse con él y con la UE ante un posible conflicto armado con Rusia. En resumidas cuentas, Washington está lanzando a la Unión Europea a la guerra, en función de sus propios intereses, en un nuevo episodio de su estado de guerra permanente.

Ahora estamos en la fase de las sanciones económicas contra el gigante ruso, que esperemos sea la última fase del conflicto. Se han calculado recientemente las pérdidas recíprocas, resultando que el conjunto de la economía europea perderá alrededor de un billón de euros por las sanciones impuestas a Rusia, y los consiguientes bloqueos rusos a ciertos sectores alimentarios europeos. Y los europeos estamos soportando ya las pérdidas. Estamos perjudicándonos nosotros mismos, pero eso a nuestros dirigentes europeos parece importarles bien poco, en esta demencial escalada de sanciones a Rusia, provocada a su vez por la demencial política estadounidense. Y es que, como afirma Mike Whitney: "A pesar de los enormes vínculos económicos y de los inmensos intereses mutuos entre Europa y Rusia, la rusofobia se basa en el antisovietismo que todavía pervive en las mentes de muchos políticos europeos. Será necesaria una nueva generación de políticos pragmáticos europeos para que comprendan cuáles son sus propios intereses nacionales". Y aunque la Unión Soviética ya no existe, estos dirigentes europeos continúan en su frenética escalada de apoyo a la OTAN, que traerá muy graves consecuencias.

USA: Estado de guerra permanente (XXIII)

En una palabra, Estados Unidos y la Unión Europea han instalado en Ucrania un gobierno fascista, y castigan a Rusia a través de él, sin calibrar en su totalidad las posibles y tremendas consecuencias que esta situación puede provocar. Como se afirma en este artículo del CEPRID: "Estados Unidos y los aliados de la UE entregaron fajos de billetes de euros y dólares, repartieron armas y equipos militares, en especial a los partidos neonazifascistas como Svoboda, a grupos políticos prooccidentales, a partidos y movimientos de las derechas nacionalistas, a pandillas y grupos juveniles que, con dinero en una mano, con la otra disparaban armas hacia cualquier lado en las manifestaciones de la Plaza Maidán". Estos fascistas ucranianos y sus socios en Europa y Estados Unidos elevaron al poder a Petro Poroshenko, el actual Presidente de Ucrania, un personaje incondicional del imperialismo y de la UE, y en el colmo de este cinismo imperial han impuesto sanciones económicas a Rusia por haber anexado Crimea (según ellos ilegalmente), y defender la cultura y los valores nacionales rusos en las grandes ciudades del este ucraniano, algo completamente natural, pues los lazos históricos y culturales con la hermana Rusia datan de siglos.

Y aunque el objetivo es cercar militarmente a Rusia, como ya hemos discutido, han de ser conscientes de que Rusia no es Irak, Libia o Somalia. Están jugando con fuego, pues estamos hablando de un gigante mundial, socio principal de los BRICS, que posee una de las economías y de los ejércitos más potentes del mundo. Como respuesta a las sanciones, Rusia ha cerrado durante un año su mercado nacional a la UE, al no permitir la importación de frutas, verduras, hortalizas y cítricos, cuya exportación en Europa ha caído un 40% desde que se impusieron las sanciones. Asímismo, ha prohibido la importación de productos cárnicos y agrícolas de Estados Unidos, Canadá, Noruega y Australia. La situación es complicada. Si no regresa un poco de cordura a los dirigentes estadounidenses y europeos, Ucrania podría ser la mecha que encienda el polvorín atómico en el que se sienta la Humanidad. Y es que, como venimos concluyendo en toda esta serie de artículos, Estados Unidos, en su calidad de imperio unipolar, no admite que puedan surgir otras potencias que le hagan sombra en ninguna faceta, ni en la militar ni en la económica, y puedan transformar geoestratégicamente el mundo actual, haciéndolo más multipolar.

No acepta que Rusia y China sean potencias competitivas a su mismo nivel, y que sus voces puedan ser escuchadas por los cinco continentes, y esa es la desesperación creciente de la Casa Blanca, y de los halcones de la OTAN. Pero cada vez el mundo es más consciente de quién es el auténtico enemigo global, de quién desata este estado de guerra permanente, de quién, en calidad de imperio del terror, desata todas las guerras, invasiones y agresiones militares que causan tanto dolor, riegan de tanta sangre y siembran la muerte y la desolación por todas partes del planeta. Y mientras, en Ucrania, se despliega una crisis humanitaria sin precedentes. Las autoridades rusas de inmigración han registrado ya casi 200.000 refugiados, pero creen que son más de 700.000 los ucranianos que han entrado en el país desde inicios del año 2014. El Gobierno del multimillonario Poroshenko viola sistemáticamente los derechos humanos, habiéndose producido asesinatos de civiles y secuestros de opositores políticos. Se practica la discriminación lingüística, la xenofobia, y un nacionalismo muy agresivo contra la población. También se dan manifestaciones de intolerancia religiosa, así como restricciones a la libertad de los medios de comunicación. En fin, veremos en qué desemboca todo esto. Examinado ya el conflicto con Ucrania, continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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