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4 mayo 2015 1 04 /05 /mayo /2015 23:00

En los dos primeros anteriores artículos de la serie dimos introducción al tema, señalando los que entendemos que son los tres sujetos de derecho que deben reconcoerse explícitamente en todo programa político que se precie enfocado desde la izquierda, y hemos desarrollado ya los dos primeros (los derechos humanos, y los derechos de los pueblos). Finalizamos aquí con el tercero:

 

3.- Derechos de la Naturaleza. Por último pero no menos importante, la propia naturaleza debe ser reconocida, a todos los efectos, como sujeto de derechos, algo que ya ha sido recogido en algunas Constituciones modernas. Sólo desde una óptica integradora de los pueblos y los seres humanos junto con el entorno natural donde habitan, será posible una convivencia armónica y sostenible. Sólo desde el respeto y las políticas de sostenibilidad ambiental, será posible la continuidad de la vida humana sobre el planeta. En pro de un desarrollo social y humanamente justo, no cabe otra posiblidad que respetar a la naturaleza y a los ecosistemas y recursos naturales, mediante medidas que no destruyan ni saqueen los diversos elementos que permiten una vida humana digna. Y de nuevo, la lucha anticapitalista debe situarse como guía y referencia de la esencia de un programa político que pretenda defender los derechos de la naturaleza, ya que, actualmente, los bienes comunes y recursos naturales, como el agua, el aire, la tierra, las semillas, los recursos minerales, son fuertemente violentados mediante un sistema que ataca a la naturaleza a través de diversas prácticas invasivas, tales como el extractivismo, el fracking o la emisión de gases de efecto invernadero. 

 

El saqueo de los recursos naturales (bosques, lagos, mares, montes, etc.) ha llegado a límites insostenibles. Las empresas transnacionales reproducen en aumento las prácticas extractivistas que son perjudiciales para la vida, acaparan nuestras tierras y desarrollan semillas y alimentos transgénicos que privan a los seres humanos y a los pueblos de su derecho a la alimentación, impidiendo su soberanía y destruyendo la biodiversidad de los ecosistemas naturales. Por la justicia climática y la soberanía alimentaria y energética, debemos luchar contra el calentamiento global y progresivo del planeta, cuyo efecto es provocado por este sistema capitalista de producción, distribución y consumo. Pero como sabemos, y se demuestra cada vez más en los foros internacionales, las empresas transnacionales, las instituciones financieras internacionales y los gobiernos a su servicio, no quieren reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso nos proponen sucedáneos engañosos como la "economía verde", pero debemos rechazar todas las falsas soluciones a la crisis climática, como los agrocombustibles, los organismos genéticamente modificados, la geoingeniería, o los mecanismos del mercado de carbono, que ilusionan a los pueblos empobrecidos con el "progreso", mientras privatizan y mercantilizan los bosques y territorios donde han vivido miles de años. 

 

Por tanto, la solución está en defender otras políticas y otros modos de producir, de distribuir, de consumir y de reciclar. Debemos defender la soberanía alimentaria y la agricultura campesina, que son la auténtica solución a las crisis alimentaria y climática, y que significan también el acceso a la tierra para las personas que la trabajan. La producción local, de productos de proximidad, el consumo de cercanía, el comercio justo y el consumo responsable, así como una preferencia absoluta sobre el impacto ambiental del resto de políticas que se desarrollen, deben guiar las medidas y propuestas que se realicen en todo programa que se declare sensible con la naturaleza. El acceso al agua como un derecho humano, el respeto al medio ambiente, la disminución de los niveles de contaminación lumínica y acústica, de las emisiones de gases contaminantes, el diseño de ciudades respetuosas con el medio ambiente, y la evolución hacia el diseño, producción y consumo desde fuentes de energía limpias y renovables, completarán el resto de políticas que deberán implementarse para que podamos frenar los efectos del temido cambio climático.

 

Y dentro de la naturaleza, y en conexión con ella, no podemos olvidarnos de los más débiles que sufren la acción de la violencia humana, como son los demás animales. Todo programa político que se precie debe expresar su decidida voluntad de regular la protección animal de forma íntegra, sin parches ni limitaciones, que dignifiquen la vida animal y que no la maltraten, la ultrajen ni la utilicen para el divertimento, el ocio, o el mercantilismo humano. Hoy día, bajo la bandera pseudocultural de las "tradiciones" populares, asistimos a toda una serie de vejatorios espectáculos hacia los animales, denigrantes y absurdos, que dan perfecta imagen y concepto de quien los practica y celebra. Bajo el lema "La tortura no es cultura", las fuerzas políticas de corte animalista llevan intentando que el resto de la población comprenda y se solidarice con el sufrimiento animal que representan la inmensa mayoría de estos festejos, pero aún hemos de realizar muchas más campañas de concienciación. En nuestro país además tenemos el perfecto ejemplo de la tauromaquia, que además pretenden proteger bajo el reconocimiento y declaración de "Bien de Interés Cultural". 

 

En este sentido, debemos luchar por erradicar de nuestra sociedad todo tipo de festejos o espectáculos que utilicen a los animales, tales como las corridas de toros, las bárbaras fiestas que los corren por las calles, las peleas de perros o de gallos, el uso indiscriminado de animales "amaestrados" en espectáculos, el comercio con la propia vida de los animales, la experimentación científica que pueda suponer sufrimiento animal, etc. Todo ello debe ser instalado mediante un marco jurídico, una especie de estatuto moral de defensa de los animales, como otra faceta del respeto que los pueblos y los seres humanos debemos tener hacia la propia naturaleza. Se deben suprimir las prácticas aberrantes de privación de libertad, marcado a fuego, castración, mutilación, pelaje, etc., de los animales, en interés egoísta y aberrante de los humanos más desaprensivos, amparados en la lógica de este capitalismo salvaje. Con ello contribuiremos también a la extinción (expresa por sacrificio o inducida por la depredación de la naturaleza) de miles de especies de animales en el mundo, que proporcionan beneficiosas funciones para el equilibrio natural de los ecosistemas. Queremos a este respecto proponer y alcanzar una sociedad en la que perjudicar o matar a los animales no se considere ocio, tradición, cultura, deporte, espectáculo, arte o diversión.

 

Epílogo: La plena consecución de todos los derechos a estos tres niveles debe conducirnos a un contexto político y social que garantice la soberanía en todas sus facetas: la soberanía política, la soberanía económica, la soberanía energética y la soberanía alimentaria. Para estas dos últimas, es imprescindible la propia soberanía sobre los recursos naturales. En definitiva, pensamos que toda esencia de programa político que se precie, lanzado desde la izquierda transformadora, debe plasmar la garantía de los derechos de todos estos sujetos políticos, a todos los niveles, para alcanzar una sociedad y un mundo realmente democrático, justo, igualitario y avanzado. Contra la barbarie del actual sistema capitalista, injusto, autoritario y depredador de todos los recursos, debemos luchar por conseguir y establecer un nuevo orden mundial alternativo, realmente solidario, justo y sostenible. Está en nuestras manos. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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