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23 julio 2015 4 23 /07 /julio /2015 23:00

Continuando desde el artículo anterior, donde comenzamos por un repaso histórico a la influencia y el papel de la Iglesia Católica en nuestro país, tenemos que decir que ya a finales del siglo XIX y principios del XX, con la constante sucesión de gobiernos liberales y conservadores, hasta la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), hubo períodos donde se llevaron a cabo algunas desamortizaciones (hasta 1924) y se facilitó un cierto grado de libertad religiosa, siempre por breves períodos. Después llegó la II República (1931-1939), que fue el primer período histórico donde se intentó una auténtica separación entre el Estado y la Iglesia, tomando medidas constitucionales para hacerlo efectivo, como la prohibición de financiar al culto y al clero, que la enseñanza fuese laica, y que se estableciera el principio de libertad de conciencia y de libertad religiosa.

 

Es el período más reciente de nuestra Historia en el que la construcción del Estado Laico, de forma real, fue posible, pero, como consecuencia de la implantación de importantes políticas sociales, y con el apoyo muy importante de la Iglesia Católica oficial, la insurrección militar, católica y fascista que contra el legítimo gobierno de la II República se produce en 1936, es respaldada de forma más o menos sutil, por el Estado Vaticano. Pero vayamos por partes. Tomo datos a continuación de un estupendo artículo de Eleuterio Gabón, aparecido recientemente. En 1931 se constituye un gobierno legítimo y democrático instaurando la II República española que acaba con siglos de poder monárquico y de poderío religioso en nuestro país. Los poderes fácticos comienzan a ponerse nerviosos, porque como era lógico pensar, con el nuevo gobierno se expropian bienes a la Iglesia, se instaura el voto femenino, se renuncia expresamente a la guerra y se planea una reforma agraria, entre otras muchas medidas de tremendo calado social. Paralelamente a todo ello, se produce una revolución social encabezada por los sindicatos CNT y UGT en la que se colectivizan fábricas y comunidades agrícolas, incluso se llega a formar una defensa militar distinta al Ejército convencional, las famosas "milicias". 

 

La reacción de las clases dominantes y de los poderes fácticos no se hizo esperar, ya que al comprobar cómo la nueva España republicana les iba arrebatando su status y sus privilegios, se hizo todo lo posible para que la revolución no trifunfara. Se recurrió a la ayuda del fascismo internacional de la época, se dio un Golpe de Estado apoyado por la mayor potencia del mundo en aquél momento, la Alemania nazi, a la que también se sumaron Italia y Portugal (pareciera que la historia se repite ahora en Grecia, aunque el Golpe de Estado allí es económico, ya que en la actualidad no hacen falta bombas, cañones, aviones ni fusiles para derrocar a los legítimos gobiernos democráticos elegidos por el pueblo). El fascismo vino a experimentar sus armas y sus técnicas de exterminio de cara a la la postrera guerra mundial que vendría después. Por otro lado, la no intervención declarada por Inglaterra, Francia y tácitamente por Estados Unidos, fue una manera muy particular de intervenir en contra de la II República para salvaguardar sus propios intereses. De esta forma, la supuesta "neutralidad" de estos Estados dejó libre el camino para que agentes de cada país (empresarios, banqueros, inversores, partidos políticos) actuaran según su conveniencia. 

 

A los grandes empresarios no les interesaba (como hoy) un posible proceso de nacionalización de los grandes sectores estratégicos de la economía, o la culminación de la revolución social que estaba en marcha en España. Como sabemos, los negocios no quieren sobresaltos. De hecho, fue un gran empresario (Juan March) el principal financiador del Golpe de Estado fascista. Y por su parte, a la Iglesia Católica no le interesaba su pérdida de bienes y de presencia en el sector público, así como su influencia ideológica en las mentes populares. Inglaterra y Francia tenían inversiones en minas, industras y servicios. Empresas como la estadounidense Texaco no dudaron en apoyar a Franco, con sus combustibles. Por tanto, la no intervención en realidad supuso la intervención de todos menos de los gobiernos que se declaraban neutrales en un conflicto sangrante. Durante 3 largos años el pueblo español resistió al fascismo nacional e internacional. No fue por tanto una Guerra Civil, fue una guerra antifascista. Cuando la derecha política, social y mediática nos dice que aquí hubo una Guerra Civl, no está diciendo toda la verdad. Aquí hubo un Golpe de Estado fascista contra un gobierno legítimo, lo cual provocó la guerra. Después llegaron la terrible dictadura y la no menos terrible represión. 

 

Una vez que el nazismo pierde la guerra, los que se mantienen apoyando al fascismo español son Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Una dictadura militar fascista, de las más sangrientas y represoras que existen en la Historia, no dura 40 años sin tener apoyos tanto dentro como fuera del país. Es imposible mantener un régimen de terror durante tanto tiempo si no tienes fuertes apoyos, y eso es lo que pasó en España. Y uno de dichos puntales, que proporcionó complicidad y apoyo al dictador, fue la Iglesia Católica, pues fue diseñado un nacionalcatolicismo social de fuerte raigambre, con un despliegue inmenso de asociaciones culturales y sociales, que fueron impregnando el poder de la doctrina de la Iglesia por todos los poros de la sociedad. Quizá en nuestro país, en tiempos de la dictadura, es donde la Iglesia llegó a tener una mayor red de influencia social que en ningún otro país del mundo. Influencia y poderío que llega hasta nuestros días. Pero veamos cómo: cuando se instaura el régimen franquista se organiza un genocidio con el fin de desmembrar todo el tejido social procedente de los perdedores de la guerra. En efecto, hemos de afirmarlo sin ambages ni paños calientes: hubo un genocidio llevado a cabo por el Estado Español una vez acabada la mal llamada Guerra Civil. En palabras de Empar Salvador: "En realidad hubo un pueblo que se enfrentó a un Imperio".

 

Ese genocidio fue organizado por la Falange y la Iglesia Católica, que lo primero que hizo fue ceder sus propios edificios para que fueran utilizados como cárceles. Se crean órdenes religiosas específicamente para que sus miembros se conviertan en carceleros de los revolucionarios y de los republicanos. Organizaron la represión desde sus Conventos, y en sus Iglesias murieron miles de personas. De hecho, no es la primera vez que esto ocurría en nuestra Historia. Ya desde el siglo XV, cuando los Reyes de la época (comenzando con los Reyes Católicos y su famosa "Pragmática de Medina del Campo") ordenaron la persecución del pueblo gitano, la Iglesia Católica se hizo cómplice de dichas fechorías. Y en tiempos de Felipe V, las iglesias, que eran consideradas el último amparo para los perseguidos, abrieron sus puertas para que la guardia pudiera sacar arrastrando a miles de gitanos que se escondían dentro. Y es que, como decimos, la complicidad de la Iglesia Católica con nuestros "horrores históricos" es palpable y notoria, pero nadie, ningún gobierno, les ha pedido nunca responsabilidades, a pesar de su cómplice colaboración en dichos horrores.

 

Como tampoco se les pidió a las empresas que explotaron laboralmente durante años a miles de presos políticos hasta la muerte mediante trabajos forzosos, para que levantaran los ostentosos monumentos franquistas. Muchas de dichas empresas, a dia de hoy, son grandes multinacionales, y continúan (¡cómo no!) colaborando con los desmanes sociales de los actuales Gobiernos "democráticos". En Alemania, por ejemplo, empresas como Volskwagen o Mercedes, que apoyaron a los nazis, tuvieron luego que pagar indemnizaciones, pero aquí nunca se han pedido responsabilidades a nadie. De tal manera que los herederos de los posibilitadores de aquél sangriento fascismo franquista, campan a sus anchas en nuestra actual sociedad, incluso nos continúan gobernando. El Estado Español es el único en el mundo en el que después de haber sufrido una dictadura militar fascista durante 40 años, todavía no se ha sentado en el banquillo de los acusados ni siquiera a una persona. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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