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22 julio 2015 3 22 /07 /julio /2015 23:00

Estamos frente al segundo holocausto del pueblo griego, producto de las imposiciones de Europa

James Petras

Después de la cumbre del sábado y el domingo, los halcones europeos están decididos a pedir al Gobierno de Grecia un tributo de sangre, haciendo del acuerdo el paquete de austeridad más cruel que se puede imaginar

Theodoros Karyotis, activista social

¿Qué tipo de artefacto, de maquinaria de dominación infernal, es esta Unión Europea que se opone con fiereza a un pequeño país que lo único que pide es respeto, dignidad y salir de la catástrofe social y económica creada por políticas injustas e ineficaces?

Manolo Monereo

Alexis Tsipras se acaba de inmolar. Estamos asistiendo quizá a la destrucción del crédito de un gobernante más rápida de los últimos tiempos. Pueden ponerse en debate, evidentemente, los propios criterios personales por los cuales haya tomado la decisión de aceptar el tercer rescate a Grecia y la imposición de sus terribles condiciones, pero el hecho inapelable es que ha tomado esa decisión. Nos ha recordado, salvando mucho las distancias, a José Luis Rodríguez Zapatero, que cuando en 2010 se rindió ante Merkel como uno de sus más aventajados vasallos e implantó la primera oleada de recortes sociales, dijo ante la tribuna del Parlamento que lo haría "cueste lo que cueste, y me cueste lo que me cueste". Epílogo valiente para una cobarde decisión. Y efectivamente, le costó. Pero más allá de posibles analogías, lo cierto es que lo que lleva ocurriendo en Grecia estos últimos días es una antología y un tributo al surrealismo político. Resumámoslo brevemente: Syriza se presenta como una coalición política de izquierdas que pretende impedir que se sigan aplicando políticas de austeridad para el pueblo griego, después de más de 6 años de tremenda crisis, y cuando los efectos de la misma son ya extremos en la sociedad. 

 

Después de varios procesos electorales anteriores, donde cada vez avanzan más en nivel de aceptación, ganan por goleada las Elecciones del pasado 25 de enero, suponiendo el primer hito en esta surrealista historia. Después de cuatro primeros meses de infatigable negociación, y períodos de prórroga del anterior rescate, las arduas negociaciones del Gobierno griego con las Instituciones europeas entran en un punto muerto, y de forma democráticamente impecable, Alexis Tsipras convoca al pueblo a un referéndum ante la última propuesta de la UE. El pueblo griego, de forma épica y valiente, rechaza mayoritariamente las condiciones de dicho acuerdo, por una amplia mayoría de un 61% (NO) frente  a un 38% (SI). Todo ello dentro de una feroz campaña de intoxicación llevada a cabo por los medios de comunicación dominantes, lo cual constituye el segundo gran hito. Pues bien, cuando parecía que Tsipras tenía todo el respaldo de su pueblo para enfrentarse a la Troika y dar la batalla por unas condiciones más justas, las Instituciones (como no podía ser de otra manera, está en su propia naturaleza) chantajean al Gobierno griego con la imposición de unas extremadamente duras condiciones para un nuevo rescate, o la posible salida de Grecia del sistema-euro. Y ante este chantaje, que puede considerarse el tercer hito, y sin explicación alguna, Alexis Tsipras cede ante las Instituciones, aceptando un plan de rescate infinitamente más duro que el planteado inicialmente. 

 

Llega a ser tan duro que algunos autores lo han calificado, como el periodista Marc Ostwald, de esta forma: "Puede asegurarse que el deseo de parte de los acreedores de la Eurozona de destruir la economía griega ha creado un acuerdo peor que el Tratado de Versalles de 1919". Ahí es nada. Y por su parte, Clara Serrano lo ha explicado magníficamente en los siguientes términos: "Lo que nos están diciendo es que no seamos ingenuos, que los mecanismos democráticos europeos, en realidad, son una farsa, porque las decisiones importantes no se toman ahí [en el Parlamento]. Y es que si realmente se tomaran en los parlamentos sería un desastre, porque al pueblo, ignorante y pobre, a veces le da por votar a opciones políticas como Syriza, un partido de ignorantes y de pobres, que no saben nada de economía y que pretenden poner por encima de los intereses de los ricos y de los poderosos los intereses de los pobres e ignorantes". No se puede decir más claro. 

 

Naturalmente, esa decisión está llevando a Tsipras a enfrentamientos con miembros de su Gobierno, con el ala más radical de su propia formación política, y con buena parte de la ciudadanía griega, que vuelve a contemplar impotente cómo el respaldo mayoritario otorgado a Tsipras para su resistencia ante la UE, sólo ha servido para complicar más las cosas. Algo incomprensible, pues jamás (al menos, en la historia reciente) un gobernante tuvo tanto apoyo de su pueblo, y jamás lo desaprovechó de esa manera. El Parlamento griego aceptó el rescate por el voto mayoritario de la oposición, mientras la ciudadanía se volvía a manifestar, incluso protagonizando graves disturbios, en la ya emblemática Plaza Syntagma, para protestar por la vergonzante claudicación de Alexis Tsipras. Como decimos, es el esperpento político elevado a su máxima expresión, y la traición de un líder llevada hasta sus máximas consecuencias, porque lo que sostienen es que apoya un referéndum que dice claramente NO y él decide el SI. La mayoría del pueblo votó contra la austeridad, pero sin embargo el gobierno va a implementar una super austeridad. El pueblo considera al nuevo gobierno como un representante de la democracia, mientras ese mismo gobierno entrega el poder de decisión a burócratas y tecnócratas europeos no elegidos por nadie. 

 

Y para completar el círculo de este infame surrealismo político, ya después de aprobado el Acuerdo por parte del Parlamento griego, el Ministro de Finanzas alemán, cuyo nombre me niego a caligrafiar, continuaba afirmando que "lo mejor para Grecia hubiera sido una salida del euro". En palabras de Atilio Borón: "Pocas veces la historia asistió a un acto tan infame como éste, en donde un grupo de bandidos de traje y corbata decide convertir a un país independiente en una indigna colonia de la Troika que hoy gobierna de facto Europa al precio de acabar con la democracia europea". Luego por tanto, si todas las partes están de acuerdo en que el rescate no es beneficioso para Grecia, ¿por qué diablos se sigue adelante con él? Personalmente, sólo encuentro una explicación: el manifiesto deseo no solo de hundir el Gobierno de Syriza, sino la imposición de una humillante claudicación que sirva de cruel escarmiento ante futuros intentos de terceros países, para disuadirlos siquiera de intentar implementar otras políticas diferentes al oficialismo neoliberal de Bruselas. Y entonces nos preguntamos: ¿no hubiera sido mejor que Alexis Tsipras hubiera alertado a la población sobre lo que ocurría, y reforzado bajo el masivo apoyo popular del referéndum, hubiera tomado la posición ofensiva en la negociación, amenazando (Grecia, y no la UE) con la salida del euro? Y en ese caso: ¿No hubiera sido mejor, si la posición de Bruselas no cedía, incluso a riesgo de encarar una dificilísima situación, abordar la posibilidad de la salida del sistema-euro? 

 

Por si tenemos dudas, Jacques Sapir nos las aclara: "El euro está indisolublemente ligado a la política de austeridad, y de eso hoy mismo hemos tenido la prueba. La política económica emprendida en la zona euro, fortalecida por el papel desempeñado por los diversos tratados, y en particular por el último Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza ratificado en septiembre de 2012, no puede conducir más que a la austeridad. Si todavía no se había comprendido así, hoy ha quedado ya perfectamente claro: el euro es austeridad. Por supuesto que puede haber políticas de austeridad sin el euro. Pero el euro implica realmente políticas de austeridad, y cualquier política que se desarrolle en el marco del euro conduce a la austeridad. Es necesario comprender el sentido profundo de esta afirmación. Hoy en día, mientras sigamos en la zona euro, será imposible poner en marcha otra política económica que no sea la austeridad. Al no haberlo comprendido así, Alexis Tsipras se ha puesto a él mismo la soga al cuello". Antonio José Gil Padilla también nos describe brillantemente la situación: "Grecia se ha convertido en la cobaya para demostrar al mundo que no caben otras alternativas, que, de una u otra forma, hay que "pasar por el aro". Después del desgaste de los que defienden a los más débiles, vendrán los salvapatrias que serán aplaudidos por aquéllos a los que volverán a masacrar". La salida del euro hubiera supuesto para Grecia grandísimas dificultades, como para cualquier otro país, pero al menos podrían haber visto la luz al final del túnel. Con el plan de rescate, el pueblo griego sólo contempla un túnel infinito de miseria, de caos y de barbarie.

 

La posición de ruptura con el euro hubiera mantenido la dignidad del pueblo, hubiera respetado su voluntad (explicándole que era la única posibilidad coherente con el resultado del referéndum), y hubiera agrieteado el poderío de los dirigentes del Eurogrupo (institución que, dicho sea de paso, no existe legalmente), sirviendo de espejo y ejemplo para otros países acreedores del Sur de Europa, que se encuentran en situaciones parecidas. Ya sabemos que en el programa de Siryza no se mencionaba la salida del euro, y que Alexis Tsipras entendió el NO del referéndum como un refuerzo en su posición negociadora, pero ante el nuevo escenario que se avecinaba, ¿realmente valía la pena dejarse atropellar de esta forma tan indigna? De hecho, el ex Ministro Yanis Varuofakis ya avanzó varias posibilidades de estrategias que se podían llevar a cabo, amagando con una salida del euro, pero sin cruzar un punto de no retorno. Dichas medidas fueron rechazadas por los dirigentes griegos, lo cual motivó su dimisión. Varoufakis, en una reciente entrevista, relata aspectos de las negociaciones a las que asistió que realmente espantan a cualquier persona decente. Así, relata en un momento de dicha entrevista que "[pude constatar] la completa falta de escrúpulos democráticos por parte de los supuestos defensores de la democracia de Europa. La comprensión bastante clara, por otro lado, de que analíticamente estamos en la misma página; por supuesto nunca saldrá a la luz de momento. [Y sin embargo] tener a figuras muy importantes mirándote a los ojos y diciéndote "Tienes razón en lo que dices, pero te vamos a aplastar de todas formas". 

 

Y en otro pasaje de esa misma entrevista, llega a confesar lo que le dijo el Ministro alemán de Finanzas en otra de las reuniones: "No voy a discutir el programa, esto fue aceptado por el Gobierno anterior [refiriéndose al Gobierno de Nueva Democracia] y no podemos permitir que unas elecciones cambien nada. Porque tenemos elecciones todo el tiempo, somos 19 países, si cada vez que hubiera elecciones cambiara algo, los contratos entre nosotros no significarían nada". Sobran todos los comentarios. No estamos por tanto sólo ante un caso de pérdida de credibilidad de un partido que se encumbró como paladín de la lucha contra la austeridad (aunque, dicho sea de paso, los comunistas del KKE siempre denunciaron a Syriza como un partido traidor, que rendiría el país a las medidas neoliberales y a la OTAN, como así ha sucedido), sino que estamos ante algo mucho más grave: la desilusión total de un pueblo, el entierro de sus esperanzas, la miseria completa, el fin de la democracia, la barbarie total, el Estado fallido, el caos social, la puerta abierta al neofascismo...¿De verdad piensa Alexis Tsipras que esta opción era lo mejor que se podía hacer? Es una vergüenza para toda la izquierda mundial, que no sólo da alas y fuerza a la derecha más despiadada e insolidaria, sino que pone en tela de juicio, en crisis existencial, de nuevo, las posibilidades de avanzar desde la izquierda hacia una Europa más justa, hacia la Europa Social, hacia la Europa de sus pueblos. Tsipras ha demostrado no poseer una de las mayores cualidades que debe exigírsele a un gobernante: la valentía. 

 

Lo más triste y decepcionante de todo este esperpéntico episodio es que Syriza, y con ella todo el pueblo griego, han perdido la magnífica oportunidad de abandonar este demencial sistema de la moneda única, recuperando su soberanía, y demostrando al resto de los pueblos europeos y del mundo que hay vida más allá del euro, que podemos abandonar el neoliberalismo, representando un auténtico mar de esperanzas para muchos pueblos que vivimos sujetos al dogal de la austeridad impuesta a sangre y fuego por las antidemocráticas Instituciones europeas. Veremos qué pasa en España, y la actitud de PODEMOS ante un reto semejante, si es que dicho escenario se produce. La traslación a España de todo este proceso está muy clara, y al respecto, tenemos que observar que ya ha salido Pablo Iglesias, ante preguntas de la prensa, a justificar la cobarde decisión de Alexis Tsipras. Si llegado el caso, él también tomara una decisión de ese calado para nuestro país, asistiríamos, al igual que en Grecia, al declive de un líder, y a una nueva pérdida de confianza y decepción en la izquierda. Esperemos que no ocurra. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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