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12 julio 2015 7 12 /07 /julio /2015 23:00

En política, hay que elegir. En política económica también. Y nuestra propuesta de RB es una elección para garantizar la existencia material de la población. Ese objetivo no será nunca bien visto por aquéllos que se benefician o incluso disfrutan de que esa existencia no la tenga toda la ciudadanía

Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluis Torrens

Bien, partamos de cualquier texto legal para comprender profundamente el error de base, el supuesto al que se nos somete de partida, para comprobar cómo la RB parte de un modelo distinto de sociedad, de enfoque y de redistribución de la riqueza, a ver si estos nuevos argumentos (que sin duda inciden y desarrollan aspectos ya discutidos o enunciados en artículos anteriores) nos ayudan a comprender mejor la medida. Por ejemplo, el Artículo 24.3 del actual Estatuto de Cataluña dice textualmente: "Las personas o las familias que se encuentren en situación de pobreza tienen derecho a acceder a una renta garantizada de ciudadanía que les asegure los minimos de una vida digna, de acuerdo con las condiciones que legalmente se establezcan". En parecidos términos se expresan otros Estatutos de Autonomía, algunas reformas laborales que se han llevado a cabo durante los últimos años, y algunos otros preceptos legales y normativos, no sólo en nuestro país, sino en múltiples países de nuestro entorno. Y a primera vista nos puede parecer muy justo, pero...

 

Pues justamente ahí está la trampa. Porque una sociedad que asume un redactado legal de estas características, está asumiendo que la pobreza puede darse en su seno. Es una sociedad que admite dicha posibilidad, que la reconoce, y que para intentar paliarla, diseña una serie de mecanismos de protección. Bien, pues nosotros no queremos una sociedad así. No queremos vivir en una sociedad que deje resquicio a la pobreza, una sociedad que albergue siquiera esa posibilidad, que deje algún resquicio que pueda conducirnos a dichas condiciones. Es así de sencillo: simplemente, no queremos una sociedad donde puedan existir pobres. Se nos podrá argumentar que quizá ahora más que nunca nos mostramos demasiado utópicos (algunos pueden comenzar su demagógica letanía sobre la erradicación del hambre en el mundo, de las guerras, de los asesinatos, etc., a la vez que declaran la imposibilidad para alcanzar dicho mundo), pero está claro que si no apostamos firmemente por soluciones valientes e integrales, nunca lo conseguiremos. Pensamos por tanto que hay que apostar por diseñar los cimientos para alcanzar una sociedad donde un redactado legal como el anterior no tenga ningún sentido, porque nadie tenga que demostrar ante cualquier Administración Pública que es pobre, simplemente porque no existan pobres ni excluidos sociales. 

 

La RB nos cambia el chip mental y social, el supuesto de base, y razona de la siguiente forma: nuestra sociedad no permite la existencia de pobres, marginados ni excluidos socialmente. Por ello, independientemente de lo ricos que puedan llegar a ser algunos ciudadanos (mediante herencias, empresas, etc.), vamos a establecer un rasero, un nivel mínimo al que todo el mundo tiene derecho. De esta forma, aunque pueda haber ricos, nadie será pobre, y al impedirse esta situación, la Administración nunca tendrá que comprobar si se dan estas condiciones. ¿Cómo lo vamos a conseguir? Pues planificando una sociedad donde, a través de sus impuestos justos y progresivos, se financie una RB igual para todas las personas, y a partir de ahí, todo el resto de ingresos que dichas personas obtengan se sumarán a la propia cantidad de la RB. Frente a la caótica sociedad que relega toda la capacidad adquisitiva de los individuos a sus niveles de renta, de forma despiadada e insolidaria, la RB nos conduciría a otro modelo de sociedad donde todo el mundo estaría mínimamente protegido. 

 

Comparemos el redactado anterior con nuestra propuesta de Renta Básica. Como ya hemos expresado, la RB es plenamente universal e incondicional, y por ende, de carácter preventivo. Por tanto, más que reparar situaciones de privación, aspira a otorgar "ex-ante" (de entrada) un conjunto de herramientas importantes, que garanticen a todo ciudadano una existencia efectivamente libre, en cuanto garantiza unos ingresos mínimos para una vida digna, y por tanto, materialmente libre. Y si nos fijamos en el redactado que hemos puesto como ejemplo más arriba, el enfoque es completamente distinto, ya que adquiere un carácter abiertamente paliativo, corrector, pues las rentas mínimas son percibidas únicamente en los casos en que la persona haya sobrevenido en situaciones de pobreza, y además, pueda demostrarlo documentalmente ante las autoridades competentes. Pero como decimos, en este segundo caso, la sociedad deja abierta la puerta a la pobreza, le deja un resquicio, admite y permite la posibilidad de que su ciudadanía pueda llegar a dichas situaciones indeseables, y una vez bajo ellas, sufriendo ya sus efectos, tenga que demostrar ante la Administración que se encuentra en dicho estado, para que ésta le reconozca ciertas prestaciones. Y entonces nos preguntamos: ¿no sería ciertamente mejor dotar de antemano a la sociedad de los mecanismos de prevención necesarios para que dichas situaciones nunca se produjeran, y así la ciudadanía nunca tuviera que sufrir la pobreza, y además demostrarla ante su Administración?

 

Este es el auténtico sentido de la medida de la RB, su auténtica filosofía, y la raíz que es atacada desde una sociedad capitalista y neoliberal como la que sufrimos. Porque en efecto, dada su naturaleza universal e incondicional, la Renta Básica puede contribuir a articular esquemas de política pública que no se limiten a asistir "ex-post" a quienes salen perdiendo en nuestra interacción cotidiana con un status quo inevitable, sino que empoderen "ex-ante" otorgando incondicionalmente la garantía del derecho a la existencia y el poder de negociación que ésta lleva asociado, y que haciéndolo, permitan disputar y transformar ese status quo, y dibujar así un mundo más libre de privilegios y de relaciones de dominación. Pues cuando tenemos garantizada una existencia en condiciones de dignidad, y por tanto el Estado nos provee nuestras mínimas condiciones materiales para la libertad, entonces nos hallamos en condiciones de co-determinar con verdadero poder de negociación la naturaleza que queremos otorgarle al mundo del trabajo y a la esfera de la (re)producción (definidos el uno y la otra en el sentido más amplio de ambos términos): nos hallamos en condiciones, en suma, de democratizar el conjunto de nuestras relaciones económicas y sociales. Y esto es justamente lo que tanto teme la clase dominante, simplemente porque pierde el control y el poder sobre la clase trabajadora, pierde su enorme grado de influencia sobre nosotros, y comienza el principio del fin de su dominación. Con la RB alcanzaríamos mayores cotas de igualdad material, lo que implica empoderarnos para poder alcanzar mayores cotas de igualdad a todos los demás niveles. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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