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19 julio 2015 7 19 /07 /julio /2015 23:00

Si nos encogemos de hombros frente al sufrimiento evitable de los débiles y los pobres, de los que son explotados y despojados, entonces no somos de izquierda

Peter Singer

No nos dejemos engañar, por tanto, ante tanta demagogia barata y redoblado cinismo, manifiestamente contrario a la implantación de medidas como la RB, la cual estamos examinando con profundidad en toda esta serie de artículos, para que no quede ninguna duda sobre todos los flecos de la misma. Hemos hablado de financiación, hemos hablado y rebatido (casi) todas las indecentes, falaces y ridículas excusas que la clase dominante ofrece para oponerse a esta medida. Y sobre todo, no nos engañemos sobre lo fundamental: la pobreza es una opción social, es el resultado agregado de la puesta en marcha de una serie de decisiones políticas, incluso bajo un sustrato ciertamente ideológico, que determina la protección que el Estado debe brindar únicamente a los más poderosos, abandonando a su suerte al resto. Insistimos una vez más en ello: se trata de decisiones políticas las que permiten que tengamos una sociedad como la que tenemos, que permite que unos pocos acumulen fantásticas fortunas mientras que otros no disponen ni de lo más fundamental. 

 

Son opciones políticas, como suministrar un presupuesto para la Iglesia Católica, o para la Casa Real. No está escrito en ningún oráculo que nuestra sociedad tenga que mantener estas caducas y anacrónicas Instituciones, pero sin embargo, se hace. Y claro, enseguida saldrán los paladines de la "democracia" a argumentar que es el pueblo el que así lo quiere, cuando ellos son los primeros que saben perfectamente la tremenda influencia que en ese pueblo despliega el pensamiento dominante. Y otra falacia social que se vierte es la relativa a la concepción de trabajo, considerando como tal únicamente al trabajo remunerado. Estamos de esta forma cayendo en una terrible trampa, mayor aún si la combinamos con la solemne afirmación que sostiene que "la mejor política social es la que crea empleo", repetida como loros por la gentuza del Partido Popular. Si unimos a los dos factores anteriores el hecho de que los "empleos" que se crean son cada vez más precarios (porque destruyen el empleo público y porque facilitan a los empresarios los despidos y los bajos salarios), estamos creando un cóctel tremendamente explosivo. Tenemos que romper una lanza sobre el resto de los tipos de trabajos que no se consideran en la sociedad capitalista, como son el trabajo doméstico (de mantenimiento del hogar, de cuidados de personas dependientes, etc.) y el trabajo voluntario (dedicación a labores no remuneradas, voluntariado social, colaboración con ONG's, etc). 

 

Sin querer desviarnos mucho del tema que nos ocupa, ocurre lo mismo con la medición de la "riqueza" de un país, que únicamente se efectúa en términos del crecimiento del PIB, cuando sabemos perfectamente que ésta es solo una medida económica monetarista que no mide otros muchos indicadores sociales tremendamente importantes, como el bienestar social, la redistribución de la riqueza, o la productividad. Volviendo a los tipos de trabajo, no debemos centrarnos únicamente en el trabajo que proyectan los criterios capitalistas como el único posible, sino entender el trabajo en toda su auténtica dimensión humana, como vehículo de proyección y de realización de nuestra personalidad, de nuestras capacidades y de nuestras actitudes. Si sólo nos fijáramos en el típico trabajo asalariado (incluso en el autónomo), ¿dónde quedarían el resto de actividades que revierten en mejoras para nuestra sociedad, y proyectan las capacidades humanas? Pero desgraciadamente, sólo el trabajo bajo el modelo de rentabilidad capitalista es tenido en cuenta como tal, incluso están acabando con los sectores donde la iniciativa pública y la rentabilidad social eran los únicos parámetros a considerar. Si valoramos a todos los tipos de trabajo por igual, podremos concluir que, incluso a los que no deseen trabajar bajo la primera modalidad (trabajo asalariado o remunerado) tienen derecho a percibir una prestación económica para poder vivir con dignidad. 

 

Porque, en definitiva, todo lo deseable políticamente, es decir, todo lo alcanzable desde el punto de vista ético, debe hacerse factible en una sociedad que se precie de ser justa. Hoy día, los políticos se dividen entre aquéllos que únicamente realizan el diagnóstico del mundo real (y ahí se quedan), y los que además, proponen su transformación. Por tanto, concluyamos sin matices y con valentía que lo que es políticamente viable depende en gran medida de lo que se ha demostrado que tiene una justificación ética. La ética debe ir delante de la política y de la economía, y no al contrario. Es la sociedad la que debe delimitar las medidas que se pretenden alcanzar, el modelo de sociedad donde se desea vivir, y son la política en primer lugar, y la economía en segundo lugar, las que han de ponerse al servicio de la sociedad para alcanzar dichos objetivos. En la sociedad capitalista estos valores se invierten, y la política se pone cobardemente al servicio de la economía, sin importar la satisfacción de las necesidades de las personas. Por tanto, y aplicándolo a nuestra medida de la RB, si concluimos que se trata de una medida necesaria, si estamos convencidos de que contribuiría a una sociedad más justa y equitativa, a partir de ahí deben ponerse en marcha todos los mecanismos económicos y normativos para hacerla posible. 

 

Podemos poner otros muchos ejemplos para que se entienda esta idea: por ejemplo, en nuestra serie de artículos que dedicamos a las pensiones, afirmamos claramente que una posibilidad, llegado el momento, sería reformar el sistema público de pensiones para que fuese financiado directamente por el Estado, en vez de por las aportaciones de empresarios y trabajadores al Sistema de la Seguridad Social, garantizando con ello su sostenibilidad. Y esto surge del convencimiento de que nos parece justo que nuestros mayores puedan disfrutar de unas pensiones públicas mínimamente dignas. Y podemos extenderlo a otros muchos ejemplos. Pero claro, a este nivel, alguien podría gritar: ¡Alto! ¡Todavía no hemos concluido que la medida sea justa! Bien, vamos a ello. Una sociedad socialista, en oposición a la capitalista neoliberal, debe estar interesada en la independencia socioeconómica de toda la ciudadanía, porque pensamos que sólo desde esta independencia se pueden garantizar las condiciones materiales para la libertad. E independiente significa, sin tener que estar atados a un despotismo empresarial rampante, ni a sistemas de beneficencia o de caridad. Pretendemos lisa y llanamente justicia social. No queremos limosnas, ni recortes, ni congelaciones, ni condicionalidades, ni requisitos previos, ni que las personas se vean en la competitividad sobre su propia pobreza. 

 

Queremos un sistema universal de Renta Básica donde todo el mundo la disfrute, trabaje o no trabaje, viva solo o en pareja, tenga o no tenga hijos, tenga mayor edad o sea más joven, haya trabajado antes o no, tenga o no determinados años de cotización, trabajen o no trabajen el resto de las personas con las que convive,  y sobre todo, acumulativo sobre el resto de rentas que el ciudadano o ciudadana puedan obtener procedentes de cualquier fuente. No medimos por tanto la igualdad según el nivel de rentas de las personas, sino sobre la aportación que cada cual realiza a la sociedad para que nadie se vea excluido socialmente, sin los mínimos recursos para una vida digna. Desde todos estos puntos de vista nos parece justa la RB, porque dota, a todas las personas por igual, de un sistema mínimo de renta universal e incondicional, lo que le permite ser auténticamente (socialmente) libre. Y ello, como hemos dicho, ha de hacerse mediante carácter normativo (por ley), asegurando la plasmación concreta de esta asignación como un derecho inalienable e inembargable de toda la ciudadanía. Sólo de esta forma habremos alcanzado el estadío de sociedad que garantiza la libertad de todos sus miembros, y por tanto, habremos dado un gran paso hacia la justicia social. La existencia de la RB, garantizada constitucionalmente, concretaría y daría dimensión práctica al derecho humano a la propia existencia, que añadiría alcance e intensidad a la libertad entendida como la ausencia de dominación de unos grupos o individuos sobre otros. Continuremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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