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10 septiembre 2015 4 10 /09 /septiembre /2015 23:00

Continuando con el detalle de las cifras, ya iniciado en el artículo anterior, hay que tener en cuenta para dichos cálculos (de ahí la tremenda complejidad de los mismos) las diferentes diócesis y parroquias, la multitud de congregaciones, asociaciones, fundaciones, participación en múltiples negocios mercantiles, alquileres de pisos y locales, etc., de los cuales la mayoría están exentos de todo tipo de impuestos, y por ello las cantidades que el Estado deja de ingresar son enormes. Y estamos hablando de decenas de miles de ellos, repartidos por los más de 8.000 municipios que pueblan nuestra geografía. Hoy día, la Iglesia Católica en nuestro país, más que una confesión religiosa como tal, está extendida como un complejo entramado de poder e influencia social de todo tipo y orden, muy difícil de desmontar. Sólo del IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles, tanto rústico como urbano), las Administraciones locales pueden estar dejando de ingresar una cantidad cercana a los 700 millones de euros. Y aquí nos estamos refiriendo a todos los inmuebles y suelos, sean destinados o no al culto religioso. 

 

Otro asunto relacionado con todo ello, que también habíamos apuntado en artículos anteriores de la serie, es el injusto tratamiento que tienen en nuestro país las personas físicas y jurídicas que realizan donaciones a la Iglesia Católica, o a sus fundaciones u ONG's. De entrada, el cálculo sobre los ingresos que el Estado deja de realizar, debido al tratamiento fiscal positivo, por medio de estas exenciones tributarias, es prácticamente imposible de contabilizar, si la Administración de Hacienda, a sus diferentes niveles, no colabora. De ahí nuestra insistencia en que los cálculos que podemos realizar son únicamente aproximativos. Pero según datos de la propia Conferencia Episcopal, la desgravación fiscal de los donativos y limosnas que la Iglesia Católica recibe por parte de empresas o fieles, supera en más de un 50% lo que reciben por la vía del IRPF. ¡Ahí es nada! Según la fiscalidad vigente, las donaciones a la Iglesia Católica desgravan un 25% sobre el IRPF (en caso de personas físicas), y un 35% sobre el Impuesto de Sociedades (en el caso de empresas, esto es, personas jurídicas). Porcentajes que Hacienda, como es natural, devuelve a los donantes, y que supone una extraordinaria cantidad de ingresos que deja de recaudar el Estado (pero claro, luego es muy fácil decir, desde el Gobierno, que no hay dinero para los servicios públicos...toda una auténtica vergüenza e injusticia social).

 

Por su parte, en el ámbito de la enseñanza (según datos del curso 2013-14), para el pago de los salarios y costos sociales de unas 19.000 personas que imparten religión católica en nuestras aulas (designadas por los Obispados, que además contemplan unos exigentes criterios de vida "compatibles con la fe") en los más de 21.000 centros no universitarios, ni de régimen especial (unos 15.000 públicos y unos 6.000 privados concertados, el otro gran chantaje educativo), la cantidad supone aproximadamente unos 450 millones de euros para la enseñanza pública (donde imparten la asignatura de religión o afines unos 14.000 profesores aproximadamente, que además ahora se verán reforzados por la implantación de la LOMCE en aquéllas Comunidades Autónomas que la adopten), y unos 150 millones de euros para la modalidad de enseñanza privada concertada (para unos 5.000 profesores, aproximadamente). La cifra en total asciende a unos 600 millones de euros, en unos casos abonados por el propio Ministerio de Educación, y en otros por las Consejerías de Educación de las CC.AA. correspondientes. 

 

Pero no acaban aquí los desmanes en el ámbito educativo. Hemos tenido noticias de que la dedicación de este profesorado no es sólo impartir catequesis, sino que además, se dedican a más cosas. Nos explicaremos: un hecho grave e insólito que va contra la ley vigente consiste en que estas personas (designadas por los Obispados, volvemos a recordar), que en principio han de impartir únicamente catequesis, resulta que en muchos centros, si no tienen la cifra suficiente estimada de alumnos, para poder cumplir horarios completos, a través de diversas vías (circulares internas de las Consejerías, acuerdos sindicales, o la simple complicidad de los equipos directivos de los Centros educativos) completan su horario (con la finalidad de poder percibir su sueldo completo) impartiendo otras asignaturas, cubriendo bajas o permisos laborales de sus compañeros, o ejerciendo diversas tutorías complementarias para el alumnado. Además, su estancia en el centro es utilizada, en muchos casos, para hacer proselitismo religioso o para incentivar la celebración de actos litúrgicos, de tipo costumbrista (belenes, procesiones, excursiones, etc.). Por supuesto, la LOMCE incentiva aún más la asignatura de Religión, haciendo contabilizar su nota para el Expediente Académico e implantando asignatura alternativa. Y todo ello, a la vez que muchos profesores/as (funcionarios de carrera, absolutamente preparados para su labor, con mayor formación, experiencia y especialización que los profesores/as de religión) han sido desplazados, y otros interinos en bolsas de trabajo ni siquieran disfrutan de plaza en algún centro. Absolutamente indignate. 

 

La impartición de Religión en horario lectivo supone una pérdida importante de horas lectivas para todo el alumnado, y de costo en horas para el profesorado. Porque en primer lugar, las horas perdidas por docentes que atienden a niños y niñas que NO asisten a clases de religión y que podrían dedicarse a otra labor educativa, se amplía cada año, como consecuencia del progresivo descenso de alumnado que asiste a religión. Y en segundo lugar, el número de horas lectivas reales que el alumnado pierde, en toda la enseñanza obligatoria, supone en conjunto más de un curso completo, concretamente más de 1.000 horas lectivas perdidas. Y aún, lo más gracioso del caso es que los argumentarios que se han dado para provocar la desaparición de otras asignaturas, tales como Educación para la Ciudadanía (que formaba sobre derechos humanos, igualdad, civismo, valores democráticos, etc.), se centraban en la idea de que el contenido de dichas materias era demasiado adoctrinador. Pero en cambio, no les parece adoctrinador la impartición de la religión católica en las aulas, desde edades tempranas. Todo un despropósito, que esperamos desaparezca con la propia LOMCE. Continuaremos en siguientes entregas, no sin antes avanzar que en la recta final de esta serie de artículos insistiremos de nuevo sobre la gran influencia y trayectoria de la enseñanza católica en las aulas. 

 

Fuente: Europa Laica

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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