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29 septiembre 2015 2 29 /09 /septiembre /2015 23:00

Los medios de comunicación dominantes son el elemento central de desestabilización, son armas de desinformación masiva

Juan Carlos Monedero

Hablábamos en estas últimas entregas sobre la tremenda fuerza que el pensamiento dominante ejerce en la ciudadanía a través de sus medios de comunicación de masas, auténticos medios de intoxicación y manipulación mediática, situados al servicio de los intereses del gran capital. Pero lo cierto es que la clase dominante dispone de muchos otros recursos para controlar la información (mejor la llamaríamos desinformación) que se vierten a través de los medios. Tenemos en primer lugar la propia relación laboral del periodista con el medio en cuestión. En una reciente entrevista, Javier Mestre lo explica en los siguientes términos: "Por ejemplo, mediante la utilización del periodista "a la pieza", que es creciente, y actúa como una de las formas más sangrantes de precariedad laboral. Consiste en que el periodista se declara como trabajador "por cuenta propia" (falso autónomo) y establece una relación laboral con la empresa, con la salvedad de que el medio no está obligado a aceptar el producto elaborado por el periodista. El medio de comunicación compra la "pieza" informativa. Así, el profesional sabe que tiene que escribir las "piezas" de una determinada manera si quiere que el medio se las compre. De ese modo, el control ideológico es total. No hace falta reñir ni censurar, basta con no comprar. El periodista ya sabe que si quiere comer tiene que seguir los dictados de la línea editorial...". Y efectivamente, es un tipo de relación del periodista con el medio que va en aumento, extendiendo no sólo un modelo de precariedad laboral, sino un sometimiento y control de la propia información a la vertiente ideológica del medio de comunicación de que se trate. La propia profesión periodística se degrada, se prostituye, e involuciona la dignidad moral del auténtico profesional de la información. 

 

Y a todo ello habría que sumar la descontextualización de las noticias, la mezcla indiscriminada de información y opinión, la precariedad laboral de los periodistas de plantilla, la existencia de enormes oligopolios mediáticos (en nuestro país más de un 60% de los canales privados de televisión y sus periódicos y revistas asociadas están controlados sólo por dos gigantes empresariales, como Mediaset y Atresmedia), la saturación y el ruido informativos, la inmediatez y el bombardeo de la propia información, la mezcla de asuntos importantes con temas banales, la mercantilización de la propia información y del espacio comunicativo, la atención exagerada a los asuntos de cotilleo, del morbo y del sensacionalismo, etc. Todo este panorama, existente en prácticamente todos los medios, nos retrata un modelo informativo aberrante y alienante en sí mismo, que contribuye cada vez más al embrutecimiento e inmadurez cultural e intelectural de la ciudadanía. Y así, hechos sesgados, opiniones interesadas, bombardeo mediático y mezcla de información y opinión forman el cóctel informativo de cada día. Por su parte, las redes sociales están contribuyendo también muy negativamente al retrato informativo, y en ellas nuestra atención suele ir de chiste en chiste, de vídeo gracioso e intrascendente a otro más por el estilo, de titular llamativo a titular más llamativo, de noticia explosiva en otra, pero siempre sin profundizar en el mesurado análisis del contexto donde todo ello se produce. 

 

Somos incapaces, porque al pensamiento dominante así le interesa, de analizar con serenidad y profundidad los hechos que nos acontecen como sociedad, las opiniones políticas de nuestra vida cotidiana, las consecuencias y el origen de lo que nos ocurre, del porqué y del cómo. Jorge Cappa lo expresa en los siguientes términos: "Hoy en día, se le dedica mucho más tiempo a ver y compartir vídeos "virales" de un niño pequeño bailando en una cocina o de un perro bajando unas escaleras que, por ejemplo, a informarse y reflexionar sobre los efectos que produce el hecho de que el Fondo Monetario Internacional someta a los Gobiernos elegidos en las urnas a los intereses privados de los bancos y las multinacionales. Algo va mal en una sociedad si una persona está mucho más pendiente de publicar en las redes sociales una foto para mostrar lo bien que le queda el pantalón que se acaba de comprar, que de conocer y debatir acerca de las consecuencias sociales que producen los recortes gubernamentales en servicios sociales y en cultura". Creo que queda perfectamente claro, y es parte del retrato alienante de la sociedad donde el capitalismo imperante nos conduce, una sociedad encerrada en sí misma, idiotizada, ignorante y sumisa, carente de cualquier capacidad de auténtica reflexión y cuestionamiento del sistema. 

 

También retrata este autor otra de las características fundamentales de nuestra sociedad, como es la dispersión, realizar varias cosas a la vez sin estar centrado en ninguna de ellas profundamente, y sin poder disfrutar plenamente de lo que se está haciendo. Cuando la gente sale por sistema a la calle con un par de auriculares en las orejas, para escuchar música, o cualquier otra cosa, la situación es realmente preocupante. Pero además de ello, ¿cuánta gente pone un disco en el coche y cambia de canción cada 15 segundos? ¿Cuánta gente revisa el teléfono móvil 3 ó 4 veces mientras está viendo una película en el cine o mientras charla con un amigo en el bar? El pensamiento dominante ha llegado a tal grado de control que modela también nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestras pautas de vida, nuestras costumbres y  nuestras consideraciones sobre todo lo que nos rodea. Y nos hace partícipes de este aberrante sistema cultural, y de todo este imaginario colectivo. El pensamiento único ha modelado un sistema social que no nos deja ningún resquicio para otra cosa. La mayoría de la gente vive absorbida por horarios ingentes de trabajo, desplazamientos largos, realización de las tareas domésticas, atención a los hijos, etc. Hay mucho cansancio y estrés, y el poco tiempo libre disponible se utiliza para desconectar de la rutina, descansar y consumir, por lo que quedan pocas ganas y poco tiempo para informarse bien sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, y reflexionar profundamente sobre ello. 

 

Cada vez disponemos de más información, pero estamos cada vez más desinformados. Vivimos en la era del flash mode, del modo rápido, donde quizá Twitter sea el medio de comunicación paradigmático, en el cual la estupidez social se eleva a límites insospechados. Hoy día, si ocurre algo importante, en primer lugar estamos pendientes a los mensajes de twitter que puedan lanzar las personas de cierta relevancia social. Se genera así una búsqueda permanente de novedades, de nuevos estímulos que puedan sacarnos de la rutina, y el consumismo es la respuesta a este modelo de vida insatisfecha de la gente, una forma de evasión que sirve como un calmante, como un placebo que proporciona el modelo capitalista hegemónico, pero que no soluciona de verdad los auténticos problemas de fondo de nuestro modo de vida. Vivimos en la sociedad de la enajenación y de la alienación a la que el pensamiento dominante nos ha conducido, pero además, lo vivimos de una forma legitimada y consentida, asumiendo que no existen otras alternativas. La verdad es que los dirigentes de nuestro modelo de sociedad lo han sabido hacer muy bien. Han conseguido llevarnos al terreno donde querían, de forma que no nos demos cuenta, y encima entendamos que la sociedad no puede ser de otra manera. Victoria total. Hegemonía completa. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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