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8 septiembre 2015 2 08 /09 /septiembre /2015 23:00

Focalizar la acción política en la corrupción y los desahucios, sin vincular estos efectos y otros, como el desempleo y la precariedad laboral, a un todo ideológico es un error estratégico mayúsculo. Todos los efectos mencionados, y muchos más que están en la mente colectiva de modo subliminal, son causados por un modelo político denominado capitalismo, siendo unos y otros hijuelas de la misma madre, productos, en suma, de una filosofía estructural dividida en clases sociales

Armando B. Ginés

Y para ocultar y hacer incuestionable ese todo ideológico capitalista, en el artículo anterior ya comenzamos a examinar algunas de las estrategias que la clase dominante pone en práctica para conseguir dicho objetivo. El lenguaje, sus conceptos y su terminología forman pues un arma poderosísima para disfrazar la realidad, enmascarando la auténtica estrategia que se esconde detrás de las, aparentemente neutras, palabras. Pero pongamos atención a lo que nos dice Clara Valverde: "Las palabras no son neutras: sirven para provocar algo en quien las escucha. Las palabras y las frases que utilizan las élites políticas y económicas neoliberales intentan que la ciudadanía se comporte de cierta manera, sobre todo para que adopte opiniones y comportamientos sin que los poderosos tengan que ejercer la fuerza de manera obvia". Y por fin, sentencia: "El lenguaje es la primera y más necesaria arma del capitalismo neoliberal". Este fragmento está tomado de su libro "No nos lo creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal", magnífico documento donde la autora nos da muestras de ello con innumerables ejemplos.

 

Y así, nos encontramos con que van calando en la mente de la inmensa mayoría social una serie de conceptos, de ideas preconcebidas, de actitudes, de pensamientos, de prejuicios, de opiniones y de gestos que conducen en último extremo a la asunción de los preceptos y dogmas del pensamiento dominante. Sin darnos cuenta, de modo muy subliminal, nos van llevando a su terreno, inoculando su forma de pensar, de entender la vida y el mundo, y para cuando nos queremos dar cuenta, estamos presos de dicha concepción, de dicha ideología. Pero lo más peligroso de todo ello es que las tácticas para conseguir este objetivo (sobre todo, últimamente) ya están entrando en el esperpento más espantoso. Mienten descaradamente, disfrazan la verdad, tergiversan los datos, inventan nombres para esconder la auténtica realidad, y manipulan con todo este arsenal lingüístico a toda la opinión pública. Y de esta forma, desarrollan expresiones, giros y eufemismos forzados, increíbles, manipulados, expresamente para reforzar una actitud mental proclive a la aceptación de sus falsas premisas y de sus engañosas conclusiones. Al final, mediante la aceptación de todo este lenguaje, nos vamos convirtiendo en súbditos en vez de ciudadanos, en clientes, consumidores o usuarios del sistema, y en última instancia, en cómplices de su hilada estrategia para desmontar nuestros derechos. 

 

Mediante todos esos obscenos mensajes nos conducen a la anestesia social, al comportamiento enlatado y serializado, al seguidismo esclavo, a la asunción sin el más mínimo cuestionamiento de sus dogmas y de sus aberrantes preceptos. Otro rasgo de este tratamiento es la invisibilización de ciertos actores del capitalismo y del poder real que detentan. Tal es el caso de los lobbies o grupos de presión que defienden intereses sectoriales, determinando las decisiones políticas nacionales e internacionales. Estos poderes fácticos quedan en la sombra, ausentes de la agenda, ocultos a la información. Pero sin embargo, ellos están siendo los principales actores negociadores en el peligroso Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y la Unión Europea, tal como estamos explicando en otra serie de artículos sobre el TTIP. El poder de los lobbies en los grandes centros de decisión y de negocio es abismal, y sin embargo, nadie nos informa de su existencia, de sus actividades ni de sus representantes. En definitiva, tomando las palabras de Rodrigo Fernández Miranda: "...se invisibiliza cómo está compuesto el entramado de poder, del que estos medios, además de portavoces, son parte". 

 

Y como ya adelantábamos en el artículo anterior, al hablar de los medios de comunicación y de su inestimable papel en la difusión/legitimación del sistema capitalista, en esta versión mediática, sesgada, interesada y manipulada de la realidad el capitalismo, simplemente, no existe. Existen "los mercados" como configuración abstracta de sus principales actores, pero no hay un sistema motorizado por la codicia. Hay injusticias y desigualdades, pero no un orden sistémico que las determina, ni un sistema político que las habilita, ni una matriz ideológica que las legitima. El capitalismo como un todo ideológico, sus impactos y actores protagonistas están ausentes de la agenda, y su abordaje se hace (cuando se hace) de forma anecdótica, parcial o sesgada. Y en este absurdo pero bien calculado teatro de la retórica, a los recortes en los servicios públicos se les denominan "reformas estructurales", la transferencia de recursos públicos a manos privadas se llaman "políticas de ajuste", y los problemas siempre son de "crecimiento", nunca de distribución. Se llama "flexibilización del mercado laboral" a las medidas que precarizan el trabajo y conceden el poder a la clase empresarial, y se llama "moderación salarial" al hecho de reducir los sueldos a la clase trabajadora, y aumentarlos obscenamente a los directivos. 

 

"Austeridad" es el mantra para referirse al adelgazamiento del Estado, y "hacer los deberes" es el eufemismo que encubre la puesta en práctica de una serie de injustos dictados neoliberales procedentes del chantaje de las Instituciones europeas a los legítimos gobiernos democráticos. Y todo este teatro de la manipulación y el montaje mediático tiene como correlato (siguiendo de nuevo a Fernández Miranda) "un sistema de valores funcionales, como la competencia, el crecimiento, el individualismo, la maximización del lucro, la libertad de empresa y el consumismo como valores inalienables. Estos valores son instituidos por los medios hegemónicos como incuestionables, y su matriz de opinión, impuesta como un conjunto de verdades, configuran la visión de la realidad de las mayorías". Así, estos portavoces del capitalismo, más que medios de comunicación, son medios de transmisión y de control ideológico. Esta batalla sólo podrá ser ganada defendiendo la información como un derecho humano, luchando por su veracidad e imparcialidad, porque la democratización de la sociedad necesariamente va de la mano de las voces y de las palabras, del vocabulario, del lenguaje, de los conceptos y de las expresiones. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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