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13 septiembre 2015 7 13 /09 /septiembre /2015 23:00

Cada vez es más evidente que en las complejas sociedades modernas, para que sean democráticas y justas, el pan y la existencia digna no deben ser “ganados con el sudor de la frente”, sino que deben estar garantizados como derechos de ciudadanía para que las capacidades creativas y productivas de las personas no se resientan y puedan desarrollarse

Rubén Lo Vuolo, Daniel Raventós y Pablo Yanes

En fin, creemos que ya hemos expuesto (aunque siempre se quedarán cosas en el tintero) las principales características de la Renta Básica que, desde la izquierda transformadora, pretendemos que se implante en nuestro país. Hemos ido desgranando, exponiendo y profundizando, debatiendo y razonando todos aquéllos aspectos que nos han parecido interesantes, y sobre todo, que podrían dar lugar a confusiones o malentendidos. Pero insistimos, llegados a este punto, al igual que hemos afirmado en nuestra serie de artículos sobre la Tercera República, que no nos serviría cualquier RB que la clase dominante, acorralada por la fuerza de las clases populares, quisiera implantar. Y así, sería completamente indeseable una RB donde los ricos ganaran y los pobres perdieran, pues esto alteraría considerablemente la propia filosofía de la medida. Por su parte, la propia cuantía monetaria de la RB y su forma de financiación también nos parecen indisociables. Por ejemplo, nos podrían querer implantar una RB financiada a costa de reducir los presupuestos para sanidad y educación públicas, lo cual sería desastroso. También nos podrían proponer financiar la RB a costa de reducir los salarios para la clase trabajadora, lo cual también supondría una auténtica aberración. 

 

No estamos de broma. Aunque el lector piense que nos mofamos de las posibles ocurrencias de la clase dominante, no debe hacer uso en demasía de su ingenuidad. Estamos acostumbrados a que la clase dominante pondrá en marcha, si se encuentra acorralada, todos los mecanismos y resortes que se le ocurran para no perder sus privilegios, vengan de donde vengan, y les cuesten lo que les cuesten. No es conveniente por tanto bromear sobre estos asuntos. Queremos una RB con las características, cuantía y financiación que hemos expuesto durante los últimos artículos de esta serie (aunque sí que sería posible cierta disparidad de criterios sobre asuntos menores), pues otra cosa, aunque también se llamara Renta Básica (o de cualquier otra forma), volvería a ser un eufemismo para engañar a la ciudadanía, ofrecerle gato por liebre, y hacernos conformar con una medida que no respondiera a los objetivos que hemos venido explicando. Por tanto, mucha atención a estos asuntos. La RB que proponemos es básica, porque se trata de un ingreso modesto a partir del cual pueden sumarse otras rentas provenientes de distintas fuentes, siempre en sentido acumulativo. Es periódica (mensual, o anual, como periodicidad habitual). Debe ser un ingreso en efectivo (es decir, debe tratarse de un ingreso monetario, porque si fuera en especie, variante de lo cual ya ha sido ofertado por algunas empresas a sus trabajadores, tendría el problema de restringir las posibilidades del dinero en efectivo).

 

Seguimos. Es compatible con todos los demás salarios procedentes de cualquier otro tipo de trabajo (de hecho, siempre hemos dicho que no estamos en contra, sino que defendemos, las medidas del Trabajo Garantizado). Pero es incompatible con la existencia de prestaciones monetarias inferiores, sean de la naturaleza que sean, con el objetivo de hacerlas converger todas ellas con la RB. Es independiente del status de cada cual, de sus propiedades, de su patrimonio, de su régimen de convivencia, de su unidad familiar (si la hubiere), y de cualesquiera otras circunstancias de carácter personal o social, tales como la raza, la religión, o la opción sexual. Es estatal, aunque nada impide (sobre todo bajo un Estado Federal) que cualquier Institución jurídico-política por debajo del Estado (un Estado asociado, una Comunidad Autónoma, una Administración Local) o por encima del mismo (la Unión Europea, por ejemplo) pueda constituirse en Administración competente para otorgar una RB a los/as ciudadanos/as pertenecientes a su territorio de competencia. 

 

Pero aún hay más. Es incondicional, en el sentido de que se otorga a cada persona por el hecho de serlo, sin que ésta tenga que acreditar ninguna situación de dependencia o insuficiencia económica. Basta la condición de pertenencia a una comunidad política, o su residencia en ella. Es ilimitada, pues no se concede por períodos de tiempo determinado, ni chantajea a la población para que, como contraprestación, se comprometa en la consecución de ciertos objetivos. Es inembargable, pues es una cantidad destinada no a enriquecerse con ella, sino a satisfacer las necesidades básicas, que nunca deben ser enajenadas por el sistema. No tiene en cuenta franjas de edades, únicamente distingue entre los menores de edad (que recibirán una cantidad inferior), y los mayores de edad, que percibirán la RB completa. Y por último, es anticapitalista, en el sentido de que rompe con los parámetros mercantilistas del trabajo, y libera a los trabajadores/as del dogal que supone la dependencia del salario de un trabajo remunerado, para poder subsistir, y sufragar sus necesidades de vida digna. 

 

 

Por tanto, desde una perspectiva filosófica republicana, los conceptos de igualdad y de libertad, aplicados al seno de la sociedad, no pueden contemplarse por separado. Está claro que las teorías del neoliberalismo, centradas en la individualidad, la competencia y el egoísmo, han hecho mucho daño a estos conceptos, y hoy día nos encontramos en una situación donde la inmensa mayoría social no entiende en su imaginario colectivo una situación donde no haya que ganarse "el pan con el sudor de su frente". La razón para la tremenda implantación de este concepto radica en que las grandes desigualdades sociales impiden la libertad (real, material) de muchos millones de personas. Y el perverso capitalismo ha legitimado esta situación. Aunque, en general, la pobreza se considera una carencia únicamente material, no es menos cierto que también resulta de la decisión y del criterio de otros, que están imponiendo de forma ilegítima su visión del mundo. Por tanto, la conclusión a la que llegamos, una vez más, es que sin existencia material garantizada, la libertad no es posible. Se nos ha vendido, desde la clase dominante, la visión idealizada del "mundo libre" occidental (sobre todo enfrentada al mundo socialista y comunista desde la Revolución Soviética), pero como estamos pudiendo comprobar en nuestras propias carnes, no hay mundo libre desde la óptica capitalista. Sólo la parte del mundo que puede decidir, porque posee la fuerza para que terceros no posean la libertad material de poder disfrutar de una vida digna, es libre de verdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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