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20 septiembre 2015 7 20 /09 /septiembre /2015 23:00

Hoy se trataría de reconocer a la Renta Básica como un derecho social universal, desde la cuna a la tumba, no derivado de la condición de trabajador, sino de la condición de persona

Pablo Yanes

Rescatamos dicha cita de Pablo Yanes para terminar el tema de la RB hablando del aporte de la RB a la desmercantilización de la fuerza de trabajo, propia del capitalismo más actual y desaforado. En efecto, ya hemos comentado muchas facetas (ventajas) de la RB en este sentido (actuar como colchón de resistencia ante las huelgas o el desempleo, poder renunciar a trabajos indignos, etc.), pero queremos aquí volver al origen del problema, denunciando la grave deriva mercantilista del trabajo, así como de la clase trabajadora como objeto. Como sabemos, el contrato de trabajo por cuenta ajena somete al trabajador a una situación jurídica de subordinación, de dependencia y de ajenidad en su trabajo. Y ello va, poco a poco, minando la dignidad humana del trabajador, que debiera conservar siempre su capacidad de autonomía y de decisión sobre su vida y sobre sus propios actos. El capitalismo convierte el obrero en objeto, y su fuerza de trabajo, en pura mercancía, que se puede vender al mejor postor. 

 

En el documento "PODEMOS por el Socialismo", editado por una parte de los militantes de la formación morada, se indica: "¿Cómo puede ser posible, entonces, que los fundamentos mismos de la vida de decenas de millones de personas en cada país (si pueden trabajar, si pueden comer, si pueden vestirse, si pueden tener un techo) dependan del control que ejercen sobre la sociedad un puñado de grandes empresarios y multinacionales sentados sobre montañas de dinero? ¿Cómo puede ser que esta gente tenga, como los esclavistas del Imperio Romano, derecho sobre la vida y la muerte de millones de seres humanos?". El trabajo humano, en su vertiente antropológica de desarrollo y creatividad, así como de inserción y producción para sí mismo y su colectividad política, genera o debiera generar derechos para quien trabaja, en lugar de existir otros que se apropian de dicha fuerza de trabajo, degenerándola, y con ella, al propio trabajador. De la misma manera, el sistema (la comunidad) también debiera dar derecho a decidir sobre el propio trabajo, así como a participar en las decisiones colectivas. Todo ello se pervierte, se prostituye bajo el capitalismo neoliberal actual, y el poder de sus poderosos vasallos y representantes. 

 

La RB viene a romper una lanza en favor de todo ello, al conseguir la liberación del dogal que une al trabajador con su "empleo" (como ahora está de moda en llamarlo), dotándolo de la capacidad de elegir, de la libertad de poder existir, de la libertad relacionada con su independencia y con la satisfacción material de su existencia. La libertad real que no es posible sin la existencia material garantizada, algo a lo que tanto temen las clases dominantes, que se las han ingeniado prácticamente desde siempre para que  no esto no ocurra. Y así, este nuevo órdago continuado hacia la "flexibilidad laboral" no es más que una nueva vuelta de tuerca, más descarada si cabe, en el camino hacia la consecución de que el trabajo humano pueda ser tratado como una pura mercancía, con todas sus consecuencias. Actualmente, las élites políticas y económicas que nos gobiernan imponen unas políticas de desigualdad basadas en dicha precarización del trabajo, que se somete a las condiciones de la "oferta" y la "demanda". Y lógicamente, están en contra de la RB porque saben perfectamente que dicha medida, tal como nosotros la hemos planteado aquí, rompería definitiva y rotundamente con dichos esquemas, imposibilitando su continuación, y devolviendo la dignidad perdida a los trabajadores. 

 

El profesor Daniel Raventós cuenta en alguna de sus múltiples entrevistas que un dirigente de la patronal catalana le había comentado algunos años atrás: "esto de la renta básica si hacemos números seguro que sale, pero los trabajadores tendrían un poder de negociación que no tienen ahora...¿para qué se lo vamos a dar?", a lo cual Raventós apostillaba: "¡Cómo me gustaría que la izquierda lo entendiera con la misma brillantez que lo entendió este tipo!". Hemos de retornar a los postulados de los antiguos librepensadores, de los verdaderos artífices de la Revolución Francesa, como Robespierre, que se preguntaba en su más afamado discurso: "¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Mantener los derechos imprescriptibles del Ser Humano. ¿Cuál es el primero de esos derechos? Existir. La primera ley social es aquélla que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir. Todo lo demás está subordinado a esta ley social". No nos resignamos a la idea de que tan preclaras y brillantes palabras hayan sido pronunciadas hace varios siglos, y sin embargo nuestra sociedad siga siendo incapaz de prestarles auténtica atención. 

 

Diego Hidalgo, en su magnífico artículo "El trabajo como mercancía y el desprecio contra el trabajador" lo explica bajo los siguientes términos: "En Roma, el esclavo era tratado jurídicamente como una persona-objeto o persona dependiente. Su decisión no era considerada válida ni vinculante (como un objeto o herramienta) por lo que quedaba subordinado a la decisión del amo. Su estatuto jurídico no permitía que se le atribuyeran derechos por sus actos, por lo que los derechos generados por su trabajo eran atribuidos al amo o al propietario del trabajo. El Estado del Bienestar no atacó esta lógica, sino que, en su línea, mantuvo las injusticias capitalistas pero poniendo límites a sus efectos. Al trabajador se le reconoció como persona en el Estado, pero era una ciudadanía de segunda, al estar los derechos que le correspondían reconocidos siempre dentro del marco de las bases del Estado burgués y bajo los límites de posibilidad de la economía capitalista, manteniendo al trabajador en la situación de dependencia".

 

Y añade: "Es más, los derechos sociales coinciden básicamente con las áreas en las que se ponían obligaciones a los señores y esclavistas de las épocas de escasez de mano de obra o peligro de rebelión (cuidado en la infancia, cuidado en la enfermedad, manutención adecuada para vivir y reproducirse, manutención en la vejez, o descanso suficiente diario y semanal), nacieron en un momento de escasez de mano de obra dependiente (por las guerras mundiales y los trabajadores de los países comunistas) y peligro de rebelión obrera (con la URSS como gran potencia para prestar apoyo), y se han acabado cuando esas circunstancias han finalizado, como tantas veces ha pasado en la historia de la esclavitud, el señorío o el trabajo en ajenidad y dependencia en general". Creo que nos queda perfectamente claro. Bien, finalizada la exposición de la RB, a la cual le hemos dedicado varios artículos de esta serie, por su tremenda importancia, continuaremos con otros temas y asuntos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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