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27 noviembre 2015 5 27 /11 /noviembre /2015 00:00

Nos estamos quedando sin mundo. Los violentos lo patean, como si fuera una pelota. Juegan con él los señores de la guerra, como si fuera una granada de mano; y los voraces lo exprimen, como si fuera un limón. A este paso, me temo, más temprano que tarde el mundo podría no ser más que una piedra muerta girando en el espacio, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma

Eduardo Galeano (“Carta al Señor Futuro”)

A pocos días de iniciarse en París la COP21 (Conferencia de las Partes sobre el Acuerdo Marco de la ONU para el Cambio Climático), comenzamos aquí esta nueva serie de artículos, para tratar diferentes temas de ámbito naturalista, ambientalista y ecologista, presentando, sobre todo, las medidas que las principales ONG's y organismos internacionales están recomendando. Como sabemos, el ecologismo, la economía verde, el ecosocialismo y otras variantes, se llevan incorporando desde hace tiempo al ideario principal del nuevo Marxismo y Socialismo del siglo XXI, como una perentoria necesidad de comprender que el Hombre forma parte de la Naturaleza, de los ecosistemas que nos rodean, y que por tanto, es misión fundamental de cualquier teoría y praxis política que se precie tener en cuenta a la naturaleza como sujeto de derechos, y modificar nuestros hábitos y formas de vida, para ser coherentes con este principio, pues de lo contrario, la vida en nuestro planeta se volverá insostenible (de hecho ya lo es, bajo los parámetros actuales). El consumismo, el extractivismo, las políticas de crecimiento, el capitalismo en fin, deben dejar de condicionar nuestros modelos productivos, pues de lo contrario, serán la causa de la extinción de todo rastro de vida. 

 

Como hemos dicho, presentaremos y discutiremos exhaustivamente el contenido del documento sobre propuestas ecologistas de las principales organizaciones, de cara a su inclusión en los programas electorales de los diferentes partidos y coaliciones que se presentan a las próximas Elecciones Generales del 20D (aunque tenemos poca confianza en que éstas sean incorporadas en su totalidad, y mucho menos llevadas a la práctica), y añadiremos también diversas medidas decrecentistas orientadas a los ámbitos municipal y autonómico, así como una discusión sobre los posibles acuerdos que se puedan alcanzar en París durante el mes próximo, aunque también en este tema somos profundamente pesimistas, ya que no existe la auténtica voluntad política para dar un profundo giro a las políticas actuales. El problema es que el cambio climático no esperará a que el Hombre exprese su voluntad para interferirlo (de hecho muchos analistas consideran que ya es imparable), y de no adoptar de forma inmediata importantes medidas, sobre todo en lo relativo a los ratios de emisión de gases de efecto invernadero, los efectos del cambio climático, que ya han comenzado, no se harán esperar. De momento, y como hemos podido comprobar recientemente en Madrid, ya tenemos problemas de contaminación del aire tremendamente preocupantes, ante los que habría que tomar decisiones más allá de las tibias medidas que se han llevado a cabo hasta ahora. 

 

Para las pasadas Elecciones Autonómicas y Municipales, las organizaciones Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/Birdlife y WWF presentaron un breve documento bajo el título "Un Programa por la Tierra" (de ahí el título de nuestra serie de artículos), que recogía las principales propuestas ambientalistas que dichas organizaciones pedían incluir en los respectivos programas electorales. Los problemas climáticos, ambientales y de recursos naturales se agravan por momentos, así que el respeto y la inclusión y puesta en práctica de estas medidas merece la mayor atención posible por parte de toda opción política que se considere mínimamente responsable con su entorno. No hace falta que sea anticapitalista, pero lo cierto, no nos engañemos, es que desde dentro del capitalismo sólo se podrán tomar pequeñas medidas de parcheo del sistema, que, en el fondo, únicamente podrán postergar los terribles efectos del cambio climático y de la erosión de nuestros ecosistemas. Hemos de tener claro que, para poder implementar medidas realmente eficaces para atajar estos problemas, serán necesarias políticas económicas decrecentistas, y éstas sólo pueden ser tomadas desde un prisma progresivo de erradicación del capitalismo. 

 

Y el hecho es que no se invierte lo suficiente en las tareas básicas de protección ambiental, y ello, básicamente, porque no se cree lo suficientemente en estas políticas. En vez de tomar el problema en serio, desde una perspectiva responsable, se ha participado durante varias décadas de un desarrollismo voraz (y en no pocos casos ilegal), además de manifiestamente insostenible e imprudente en nuestro país (y en otros muchos países, raro es aquél que ha tomado plena conciencia del problema), tan vulnerable ante el cambio climático y con tanta riqueza natural. Hoy en día ya se han hecho bastante populares, pero los términos y expresiones "modelo energético", "biodiversidad", "derechos de los animales", "fiscalidad sostenible", "democracia ambiental" y otros muchos, eran absolutamente desconocidos para la inmensa mayoría social, incluida la militancia de las diversas opciones políticas. Ha sido gracias a la inconmensurable labor de dichas organizaciones animalistas, ambientalistas y ecologistas, y a la evolución de los nuevos paradigmas de la izquierda internacionalista, y sus principales divulgadores, que estos términos se han ido introduciendo en el imaginario colectivo, y hoy día ya comienzan a conocerse ampliamente. 

 

El presente año que acaba, 2015, ofrece estupendas oportunidades, no sólo la Conferencia COP21 de París, que esperemos alcance un buen acuerdo mundial, sustituyendo al Protocolo de Kioto de 1997, sino también la puesta en marcha de un nuevo período de fondos europeos, que aportará miles de millones de euros hasta el año 2020. Igualmente, la ONU revisó en septiembre pasado los ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio), recapitulando los logros obtenidos a nivel mundial, y proponiendo nuevas metas y plazos para su resolución en el período restante. Está claro que debemos alcanzar, en cada país, en cada continente y a nivel internacional, un nuevo modelo de sociedad más justo y sostenible, que pasa inexcusablemente por priorizar la protección ambiental y social frente a los intereses cortoplacistas, insaciables y miopes de los mercados. Un nuevo modelo que implica creación de empleo verde, equidad, calidad de vida dentro de los límites del planeta (lo cual requiere la implementación de diferentes modelos productivos), mediante los cuales se pueda poner fin a la crisis multifacética que soportamos (económica, ambiental, alimentaria, climática, política y social).

 

No obstante, como decíamos más arriba, los pronósticos actuales, si pretendemos ser mínimamente realistas, son absolutamente desoladores, pues mientras estamos planteando estos objetivos, se continúa negociando el TTIP entre la Unión Europea y Estados Unidos, que en caso de ser finalmente aprobado, supondrá una nueva ola de desregulaciones laborales, alimentarias, sanitarias y ambientales, así como de privatizaciones de servicios públicos. No podemos dejar que los agentes privados del capitalismo transnacional, representados por las grandes empresas, instalen este nuevo orden mundial que consagra el neoliberalismo y la desregulación más absolutos, y el poder tiránico de estas grandes empresas en pro de la consecución de más beneficios a escala planetaria. Está claro que ambos escenarios (la aprobación del TTIP y la implantación de objetivos ambientalistas) miran a objetivos diametralmente opuestos. La consecución de unos irá en detrimento de los otros. Continuaremos en siguientes entregas. 

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