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31 diciembre 2015 4 31 /12 /diciembre /2015 00:00

Del mismo modo que Fausto vendió su alma al diablo, la Comisión Europea vende con este nuevo acuerdo los derechos de los ciudadanos europeos a las grandes empresas estadounidenses y lo mismo hace el gobierno de Estados Unidos con los de sus conciudadanos

Esther Vivas

Otro importante capítulo dentro de las negociaciones del TTIP es el relativo a la energía y las materias primas ("commodities" en inglés), donde a pesar del secretismo general imperante, ya comentado en anteriores entregas de esta serie, y de la falta de transparencia que se ha venido practicando (usando normas propias de la más estricta dictadura), hemos podido tener acceso a ciertas informaciones, que lógicamente van en el mismo sentido que van para otros asuntos, es decir, a eliminar todas las barreras existentes que puedan dificultar sus negocios. Vamos a tomar como referencia las opiniones de Héctor del Prado, Responsable de Clima y Energía de la ONG Amigos de la Tierra, que en este artículo expone sus puntos de vista al respecto. Empecemos por preguntarnos: ¿cuáles son aquí las barreras para sus negocios? Pues evidentemente, tratándose de temas energéticos, ambientales y de materias primas, las barreras las representan toda la batería de prohibiciones expresas y medidas de control y salvaguarda, de interés público o de salud humana, que tanto tiempo y esfuerzo han costado conseguir en las diversas Directivas Europeas sobre Clima y Energía a lo largo de los últimos años. 

 

Hay que tener en cuenta que USA ha pasado, durante la última década, de ser el mayor importador neto de combustibles fósiles del mundo, a ser un exportador neto de petróleo y de productos derivados del mismo. Por tanto, el interés norteamericano en este tema está bien claro. Por ejemplo, a lo largo de 2012, el volumen de negocio entre Estados Unidos y la UE fue de 32.000 millones de dólares. Y por su parte, en el otro lado negociador, tenemos a una UE que se ha ido convirtiendo en importadora neta de combustiles y materias primas y derivados de terceros países, aunque aquí la lista está más diversificada. Tenemos las rutas que llegan desde Rusia, las que llegan desde algunos países del Magreb, o las que pueden llegar desde América Latina. La UE está desde siempre obsesionada por diversificar y asegurar su mix energético, ya que ponerlo en peligro podría suponer dejar sin suministro a un mercado de más de 500 millones de personas. Los intereses, por tanto, a nivel empresarial, son mutuos. 

 

Pero hemos de tener en cuenta, siempre que hablamos del tema energético y extractivo, del peligroso asunto del cambio climático, al que hasta ahora no se ha concedido la importancia debida. La reciente Cumbre de París ha avanzado algo en ese sentido, pero de nuevo, de forma tibia e incompleta, sin garantizar unos objetivos cuantificables que puedan alejar la idea del colapso climático. Pues bien, en lo que se refiere al TTIP, está claro que este acercamiento UE-EEUU pondría en jaque cualquier tipo de acción climática regional o internacional que se iniciara desde ambos continentes, unilateralmente o bajo el paraguas de los recientes Acuerdos de la COP21 de París. Y entonces, la expansión del negocio de los combustiles fósiles por parte de Estados Unidos, no sólo serviría para incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que además aumentaría el número actual de permisos de exploración y de explotación en ese país. Y a nivel europeo, se certificaría de nuevo nuestro elevado nivel de dependencia hacia las energías contaminantes durante muchos años más, pero ahora con mayor gravedad, pues el TTIP blinda a las empresas en sus inversiones transnacionales, y les protege frente a futuras decisiones de los Estados. 

 

La situación nos llevaría a un posible estancamiento del uso e implantación progresivas de las energías renovables, las únicas capaces de frenar los terribles efectos del cambio climático. Y también se frenaría el crecimiento y afianzamiento de cualesquiera iniciativas energéticas locales o comunitarias (individuales, cooperativas o municipales). En palabras de Héctor del Prado: "La llegada masiva de buques con gas natural licuado y productos petrolíferos a las costas europeas nos alejaría de un futuro europeo cien por cien renovable al tiempo que agravaría el cambio climático". Por tanto, el TTIP, también en este tema, supone una amenaza a la justicia social y ambiental, suponiendo un riesgo para los ecosistemas y las personas que los habitamos, que nos veremos seriamente perjudicados en beneficio, como siempre, de las grandes empresas. De ahí que hayamos llamado especialmente la atención, porque si en algún tema se ve claro la total contradicción entre el argumentario y las buenas intenciones que expresan los líderes mundiales en las Cumbres sobre el Clima y las secretas negociaciones que llevan a cabo con las grandes empresas, es en el asunto energético. Mientras alardean de sus acuerdos de alcance en acción climática, están permitiendo que se negocie a puerta cerrado un obsceno y vergonzante tratado que convertirá todos los posibles logros en agua de borrajas, y que pasará por encima de todo en aras a los absolutos beneficios empresariales. En definitiva, el TTIP será totalmente incompatible con las políticas climáticas y energéticas necesarias, impidiendo que el cambio de modelo se haga factible. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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