Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
10 diciembre 2015 4 10 /12 /diciembre /2015 00:00

Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate…

Ernesto Che Guevara (“El Socialismo y el Hombre en Cuba”, 1965)

La conclusión que sacamos de las últimas discusiones que hemos expuesto en los últimos artículos de la serie está bien clara, y no es otra que debemos enfrentarnos al sistema de forma radical para poder vencerlo, no podemos parchearlo o intentar "arreglar" parcialmente alguno de sus aspectos, porque entonces, simplemente el sistema se recompone y continúan sus efectos. Debemos entender que los criterios economicistas nunca pueden imponerse a los criterios políticos. Debemos luchar por una sociedad donde la política se imponga a la economía. Porque al final, si es al contrario, es decir, si es la economía la que se impone a la política, ésta siempre obedecerá a la clase que posea el capital y los medios de producción, es decir, a la clase dominante, que forzará a la sociedad a tender hacia la consecución de sus intereses, esto es, obligará a llevar a cabo las políticas que mejor satisfagan sus intereses. Aunque como estamos viendo, todo ello se hace mediante eslóganes, disfraces, frases huecas y vacías, y mensajes subliminales, para que al final pensemos que lo están haciendo por nuestro bien, por el bien del país, y porque, en realidad, no había otra alternativa.

 

Un buen ejemplo de todo esto lo tenemos en los Informes que constantemente plantean la supuesta "insostenibilidad" de los servicios públicos, enviándonos el mensaje de que "nada puede ser gratis", de que eso no es sostenible: la Educación Pública no es sostenible, la Sanidad Pública no es sostenible, el Sistema Público de Pensiones no es sostenible, el Sistema Público de Dependencia no es sostenible...No es verdad (entre otras cosas porque el propio concepto de la "gratuidad" también se tergiversa, puesto que no son gratis al ser sufragados con nuestros impuestos), pero incluso aunque así fuera, tenemos dos argumentos fantásticos para rebatir dichas opiniones: en primer lugar, que han dejado de ser sostenibles desde que se aplican las políticas de la clase dominante (es decir, que son éstas políticas las que los vuelven insostenibles), y en segundo lugar, que si es así, entonces se debe luchar por su sostenibilidad, para recuperarla desde el punto de vista público, en vez de por sus recortes, por su eliminación, o por su privatización. Hoy día tenemos un ejemplo de rabiosa actualidad: en París se está celebrando la COP21 (Conferencia de las Partes para la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático), donde básicamente (una vez supuestamente convencidos los líderes de las naciones de que hay que luchar contra él) se está desarrollando una lucha entre los intereses económicos y los intereses políticos, de tal forma que alcanzar un buen acuerdo mundial va a depender de hacia dónde se incline más la balanza. 

 

José López nos lo explica en los siguientes términos: "No debemos someternos a la falacia de que el destino de la Humanidad sólo puede ser uno, el que nos marquen las élites que nos dominan en la actualidad. Por la forma que tienen ellas mismas de actuar, puede deducirse justo lo contrario. Ellas que nos dicen que la economía, que el sistema social, sólo puede evolucionar de una sola forma, "casualmente" de la manera que a ellas más les conviene, ¡bien que se guardan de no perder el control!, ¡bien que se empeñan en forzar los cambios que a ellas les interesan!, ¡bien que insisten en que la sociedad evolucione como ellas dicen que, inevitablemente, sólo puede evolucionar! Ellas que nos venden un futuro que ya está escrito, ¡bien que se empeñan en escribirlo!, ¡bien que procuran, por todos los medios, que sólo puedan escribirlo ellas!". Ya se instala incluso una especie de "respeto social", una especie de legitimación del poderío de dichas élites, empresas e instituciones, que causa auténtico pavor. Pondremos un ejemplo actual: se hacen llamamientos al respeto incondicional y absoluto a la ley, mientras que a las formaciones políticas de izquierdas (típicamente a PODEMOS) se les pregunta con todo el descaro: "¿Y cómo van a convencer ustedes a los bancos y a las grandes empresas para que hagan esto?", a lo que cabe únicamente una respuesta: ¡con la ley!. Pero obsérvese el mensaje subliminal, que legitima el enorme poderío que tienen dichos agentes en nuestra perversa sociedad. 

 

Pero aún debemos resistir a más falacias, y desmontarlas progresivamente. Por ejemplo, aquélla que nos recubre casi todas las acciones y decisiones políticas bajo el manto de la tan cacareada "responsabilidad": las decisiones se toman "por responsabilidad" (da igual si son malas o buenas, basta con que sean "responsables"), las dimisiones se hacen (cuando se hacen) "por responsabilidad", las medidas políticas se diseñan "por responsabilidad", incluso las que representan las medidas más impopulares (que se toman "en contra de su voluntad", añadiendo que "no había otra alternativa")...todo ello son pruebas de la "responsabilidad" de nuestros líderes y dirigentes. La palabra "responsabilidad" (y los llamamientos a la misma) no sólo se realiza de forma descontrolada, hipócrita y maniquea, sino que su auténtico concepto es alterado, prostituido, canalizado hacia los intereses de quienes proclaman a los cuatro vientos su supuesta "responsabilidad" ante ciertos actos, hechos o decisiones. Para enfrentarnos al pensamiento dominante, debemos darle una vuelta a la tan manida palabra, y concluir que, en política, la única responsabilidad, la verdadera, la auténtica, es la que tiene un gobernante en la medida en que ha de cumplir sus compromisos electorales, y respetar la voluntad popular. 

 

La paradoja reside en el profundo desprecio que nuestra sociedad profesa a la democracia. Al igual que el pacifismo, no hemos acabado de creernos la democracia, quizá porque nuestra democracia jamás ha sido una democracia plena y completa. Y desde este punto de vista, cualquier decisión que democráticamente hubiera de haber sido tomada, pero no se toma, porque en su lugar se toman otras medidas (evidentemente más interesadas), se disfrazan bajo el manto de la responsabilidad. Sin ir más lejos, Rajoy admite abiertamente no haber cumplido con su programa electoral, porque ha tenido que atender a la "responsabilidad" de haber sacado al país de la crisis. No cabe más demagogia, más cinismo ni más desprecio a la democracia. No existe más que un acto responsable políticamente hablando: cumplir el compromiso con la ciudadanía (o dimitir si no puede ser cumplido por alguna causa de fuerza mayor). Ninguna otra versión de la responsabilidad nos interesa. Ninguna otra acepción. Ningún otro uso de este concepto, ni ninguna otra aplicación de la misma que no sea la derivada estrictamente del contexto democrático. Por tanto, cualquier llamamiento a la ·"responsabilidad" hemos de traducirlo a la asunción de las reglas democráticas, que se reducen a cumplir los compromisos obtenidos con la ciudadanía, o bien dimitir en su caso, ante la imposibilidad de llevarlos a cabo. Por tanto, la inmensa mayoría de las veces que se usa (además, muy solemnemente) el concepto de "responsabilidad", es usado justamente por la gente menos responsable, o que menos idea tiene de lo que, en política, significa este término. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Psicología
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías