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24 diciembre 2015 4 24 /12 /diciembre /2015 00:00

La tortura no sólo degrada y destruye la humanidad de quien la sufre; también degrada y destruye al régimen político que ordena ejecutarla, la justifica o la consiente

Atilio A. Borón

Y volviendo a hablar de Derechos Humanos, y de las torturas practicadas por la Administración estadounidense, asunto que ya hemos abordado en entregas anteriores de la serie, tenemos el actual y flagrante caso de la emblemática prisión situada en el contexto de la base naval de Estados Unidos en Guantánamo. Seguiremos, entre otros, este artículo de Carlos Penedo para ilustrar la tremenda situación que se vive en dicho enclave, que además es reclamado por la Administración cubana, como parte de su territorio, como una de las condiciones que se han de dar para poder proseguir las conversaciones que retornen la normalidad diplomática entre ambos países, además de, por supuesto, el fin del bloqueo económico del gigante norteamericano hacia la pequeña isla caribeña, situación que dura ya más de medio siglo. Abierta a comienzos de 2002, la terrible prisión de Guantánamo sirve para mantener detenidas y en prisión extrajudicial a cientos de personas, a las que además se les somete a crueles torturas, ya descritas en artículos anteriores. 

 

La ONG AI (Amnistía Internacional) define la situación en Guantánamo bajo los siguientes términos: "Detenidos privados de libertad año tras año sin cargos ni juicio. Torturas y malos tratos, desaparición forzada, detención arbitraria, uso excesivo de la fuerza, alimentación forzada, un puñado de enjuiciamientos en un sistema de comisiones militares que no cumple las normas internacionales para la celebración de juicios justos". Ahí es nada. Cuando el Presidente George W. Bush terminó su segundo mandato en enero de 2009, todavía había 245 personas detenidas en Guantánamo. El Presidente Barack Obama se comprometió a que su Gobierno cerraría dicho centro de detención ilegal "inmediatamente", y lo más tardar, antes de enero de 2010. Actualmente sigue habiendo 127 personas detenidas en esta macabra prisión, la mayoría de ellas sin cargos ni juicio. Pocos días antes de redactar este artículo, hemos sabido de la expresa intención de Obama de cerrar esta aberrante, inhumana e indecente prisión antes de que finalice su mandato, incluso aunque se encuentre con la oposición de la Cámara de Representantes, y tenga que recurrir a su capacidad ejecutiva para ordenar dicho cierre. Lo celebraremos en su caso, pero mucho nos tememos que no será así. 

 

Sólo durante el último año, como señala Carlos Penedo, hasta tres órganos de la ONU responsables de la supervisión de los derechos humanos han reclamado una solución para este espinoso asunto. En abril de 2014, tras analizar el historial de EE.UU. en virtud del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ratificado por Estados Unidos en 1992, el Comité de Derechos Humanos de la ONU hizo un llamamiento a dicho país "para que pusiera fin al empleo de la detención administrativa sin cargos ni juicio" en Guantánamo. Instó a la Administración norteamericana para que llevase a cabo los enjuiciamientos de los detenidos bajo el sistema ordinario de justicia penal, no en un sistema de comisiones militares, que incumple claramente las normas internacionales para la celebración de un juicio justo. En agosto de 2014, también hizo lo propio el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, exhortando al cierre de las instalaciones de detención de la Bahía de Guantánamo sin más demora, así como a que los detenidos que no fueran acusados de un delito formal y juzgados quedaran en libertad de forma inmediata. Y en noviembre de 2014, el Comité de la ONU contra la Tortura reiteró a EE.UU. lo que le había dicho 8 años antes, en 2006, en relación con las detenciones en Guantánamo, a saber, que "la detención indefinida constituye en sí misma una violación de la Convención Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes", un Tratado también ratificado por Estados Unidos en 1994. 

 

Dicho Comité expresó asímismo su preocupación por "el efecto acumulativo que las condiciones de detención y trato en Guantánamo han tenido sobre la salud psicológica de los detenidos". Y es que los detenidos en dicha base naval fueron sometidos a torturas y otros malos tratos de forma constante, tanto en la prisión como antes de llegar allí. En Guantánamo así como en otros lugares del sistema de detención estadounidense se llevaron a cabo detenciones prolongadas en régimen de incomunicación y desapariciones forzadas. Durante años, a cientos de detenidos de Guantánamo se les negó el derecho a que un juez emitiera un fallo sobre la legalidad de su detención. Anecdóticamente, el Gobierno estadounidense sólo ha trasladado a un detenido al sistema ordinario de justicia penal para ser sometido a juicio en un Tribunal Federal del país, y eso ocurrió hace cinco años. Pero la regla, como decimos, es que este régimen de detención ilegal y despiadada viola flagrantemente el derecho a la vida y a la dignidad humanas, precisamente por la potencia que se erige en paladín mundial para la defensa de los derechos humanos, situación que hemos denunciado y hecho notar en multitud de ocasiones, y para infinidad de asuntos. 

 

No obstante, hay que recordar el pequeño programa de expulsión y reagrupamiento en terceras cárceles para presos de Guantánamo, que se llevó a cabo durante 2013. Y así, un total de 28 presos fueron trasladados de la base durante 2014, además de los 11 que ya habían sido trasladados durante 2013 a diversas cárceles de terceros países que quisieron participar en dicho programa de realojamiento. En diciembre de 2014, el Comité de Inteligencia del Senado confirmó que la CIA utilizó Guantánamo para detenciones secretas durante los años 2003 y 2004. Así que de nuevo, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional, a la ONU y al resto de Organismos para que obliguen a Estados Unidos, el país del estado de guerra permanente, mediante la presión diplomática necesaria, no sólo a poner fin a las detenciones en Guantánamo de acuerdo con el derecho internacional, a poner fin a las torturas y al cierre inmediato de dicho centro de detención, sino también a garantizar las investigaciones exhaustivas e inparciales sobre todas las denuncias sobre violaciones de los derechos humanos, hacer comparecer ante la Justicia a todas las personas responsables, y a garantizar el acceso real a una reparación para todas las personas que sufrieron dichas violaciones de sus derechos fundamentales. No es aceptable que en pleno siglo XXI, la mayor potencia mundial continúe siendo un referente de práctica habitual de torturas y detenciones ilegales, algo que no está justificado desde ningún punto de vista, ni bajo ninguna situación de emergencia. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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