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27 enero 2016 3 27 /01 /enero /2016 00:00

Gracias a las filtraciones de documentos originales de la negociación, se demuestra que el TTIP es una nube de polvo destinada a engañar y confundir a la opinión pública europea

Gregorio Abascal

Abordaremos en esta entrega número 20 de la serie, otro de los aspectos en los que el TTIP incidirá negativamente (en caso de aprobarse finalmente), como es el medioambiental. Tomo información, entre otras fuentes, del artículo de Luis Rico (Ecologistas en Acción), gran especialista en el tema, y portavoz de dicha organización para temas medioambientales. Y en primer lugar, pese a que la Comisión Europea no ha realizado aún ningún estudio integral serio sobre impacto medioambiental derivado de la posible implantación del TTIP, cabe recalcar de entrada, que cualquier TLC o Acuerdo Comercial en general implica, inevitablemente, un mayor grado de degradación medioambiental, aunque sólo sea por el mero hecho de que conlleva asociado más comercio internacional, y ello deriva a su vez en un mayor grado de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), más construcción de infraestructuras, más empaquetado de productos, y más refrigeración para transportes a mayor distancia, entre otros aspectos. 

 

Se podría argumentar que la conclusión es que estamos en contra del comercio, del desarrollo y de la industrialización en general, pero quiénes lo hicieran, estarían haciendo pura demagogia, porque llegado este momento de concienciación sobre el cambio climático y la peligrosa deriva medioambiental que conlleva, antes de iniciar nuevos caminos de desarrollo industrial y comercial, hemos de tener en cuenta que dichos modelos de crecimiento sólo servirán para acrecentar dicha deriva destructora. Pero no queda aquí el asunto, pues como hemos comentado en anteriores artículos de esta serie, los objetivos del TTIP se sitúan claramente a favor de relajar las normativas existentes en cada área, materia o aspecto comercial vinculado al Tratado, por lo cual, lo mismo podemos aplicarlo al asunto medioambiental. Y todos los indicios apuntan, una vez más, que detrás de toda la calculada retórica expuesta en las negociaciones (en aquéllos documentos que han podido ser filtrados), la Comisión Europea (y los Estados Unidos) continúa con el desarrollo de su agenda neoliberal que tiene "impregnada en su ADN" (en expresión de Luis Rico), y lógicamente, aprovecha las negociaciones en curso para dar nuevas vueltas de tuerca a las rebajas normativas en temas medioambientales. Ante unos mensajes y unas aparentes estrategias de intención de practicar una suerte de "capitalismo verde" por parte de la UE, lo cierto es que sus contradicciones y sus laxos, inconexos e insuficientes planteamientos no convencen a nadie.

 

Y no es porque las actuales normativas europeas en materia medioambiental no sean adecuadas, que lo son (de hecho son de las más avanzadas del mundo), sino porque su grado de incumplimiento es palmario y evidente. Por ejemplo, España ha violado sistemáticamente normas ambientales de la UE, como demuestra la deficiente implantación de la Red Natura 2000, la flagrante ilegalidad de las autovías M30 o M501, o el incumplimiento de la legislación sobre calidad del aire, lo cual ha motivado que se hayan tenido que tomar urgentes medidas recientemente. Y en clara complicidad, en ninguno de estos casos hubo una respuesta contundente de la UE, sino más bien una tibia permisividad, lo que ha dejado sin efecto y convertido en papel mojado cualquier intento serio de regulación ambiental impuesto por Bruselas. Porque la realidad, no nos engañemos, es que nuestros gobernantes (y por supuesto, nuestras empresas) anteponen su visión (sectaria, demencial, miope y egoísta) del desarrollo industrial y del "progreso", a la materialización de unas políticas respetuosas con el medio ambiente, y que conserven la biodiversad natural de nuestros ecosistemas. Nuestra dejadez en la implementación de medidas que contribuyan a la sostenibilidad ambiental, y al buen uso de nuestros recursos naturales (aire, agua, montes, playas, etc.) es evidente. 

 

Y es absolutamente ingenuo por nuestra parte pensar que los burócratas de la Comisión Europea vayan a tomar un rumbo diferente. En el sistema capitalista, las políticas comerciales son base fundamental de su visión del progreso social, y además, las negociaciones que se están celebrando son de facto antidemocráticas. Luis Rico lo expresa en los siguientes términos: "El hecho de que el 88% de las reuniones de la Dirección General de Comercio sobre el TTIP con "actores interesados" hayan sido con representantes de los grupos de presión de las grandes empresas, que en plenas negociaciones del Tratado haya trasvase de algos cargos de la UE a multinacionales y viceversa, o que las actas de las reuniones con estas corporaciones sean "blanqueadas", hace temer que los intereses de estos grupos de presión, que ya han expresado cómo la legislación ambiental y social es una "barrera al comercio",  tengan gran cabida en el texto final". La subordinación de las políticas ambientales a las comerciales está clara, así como la preponderancia de las cuentas de resultados de las empresas sobre los índices de calentamiento global del planeta, también. La implantación de productos transgénicos o las políticas climáticas claramente permisivas, son claros ejemplos de ello. 

 

Nos encontramos además en un contexto internacional complicado, donde no sólo la globalización neoliberal impone sus objetivos, sino donde además existe una clara pugna por la hegemonía mundial y el control transnacional de los recursos entre las élites de las viejas potencias occidentales (EE.UU. y la UE) y los países del grupo emergente de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que están suponiendo una clara amenaza a la supremacía de las instituciones y organismos occidentales. Toda vez que, en un planeta globalizado, la manera de aumentar la competitividad para ganar esa batalla pasa fundamentalmente por una mayor explotación de las personas, de los territorios y de los recursos naturales, los TLC son una de las herramientas clave, quizá hoy día las más potentes y peligrosas, para redefinir las nuevas relaciones globales de poder y de geopolítica. Y a todo ello, por supuesto, hay que añadir la crisis energética y de materias primas, que contribuye a la lucha por escenarios donde el extractivismo y el consumo de fuentes de energía fósiles están degradando aún más la situación. Es por ello que el TTIP y sus homólogos (TISA, CETA, etc.) se ponen en el centro de un debate ideológico muy relevante, donde se pugna por ver qué queremos contraponer al modelo de comercio neoliberal globalizado. Desde este punto de vista, evitar la firma del Tratado implicará la oportunidad de unir diferentes luchas políticas y movimientos sociales que intentan redefinir las políticas comerciales, el uso de los recursos y el modelo medioambiental que queremos, de cara a otro mundo posible, justo, sostenible y necesario. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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