Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
25 enero 2016 1 25 /01 /enero /2016 00:00

El chantaje de la deuda se ha empleado para destruir el Estado social, para hacer crecer el desempleo, la precariedad, los bajos salarios, para recortar las pensiones, para cercenar la sanidad y las prestaciones sociales públicas, para crear marginación y pobreza

Franco Turigliatto

Y efectivamente, así lo hemos venido explicando en los artículos anteriores de esta serie, destacando la necesidad del desmontaje del sistema-deuda como una de las prioridades básicas para nuestro Socialismo del siglo XXI. Llegados a este punto, entendemos que ya hemos expuesto con calma y profundidad todos los grandes retos a los que el Socialismo (y el Marxismo) del siglo XXI deben enfrentarse (la nacionalización de las grandes empresas de los sectores estratégicos de la economía, la necesidad de recuperar el patrimonio público, de repartir el trabajo, de implantar Planes de Trabajo Garantizado, de cambiar el modelo productivo, de emprender una reforma empresarial, de instaurar una Renta Básica, de auditar la deuda pública, y un largo etcétera), y nos queda recopilar un poco todo lo expuesto, y recalcar la idea de la necesidad imperiosa de migrar hacia una sociedad alternativa al capitalismo. Como hemos dicho en otros artículos de la serie, el capitalismo no es reformable, ni los intentos de dotarlo de "rostro humano" ni de hacerlo evolucionar hacia un "capitalismo verde" serán suficientes para erradicar los grandes problemas que nos acucian como sociedad.

 

Y ello porque el pensamiento económico predominante, de corte neoliberal, niega y se enfrenta a cualquier planteamiento que impugne la realidad existente. Sólo pueden parchearse algunos aspectos, minimizar el impacto de otros, pero en el fondo, no alcanzaremos a cambiar las estructuras productivas, su dinámica de funcionamiento, ni el modelo económico y social dominante. Por tanto, el diseño y la propuesta de una sociedad alternativa al capitalismo (basada en los puntales ya referidos) no se centra únicamente en oponerse a la austeridad y los recortes, ni a las estrategias neoliberales, ni a la financiarización de la economía, ni incluso al modelo económico globalizado. Todas esas son formas concretas bajo las que se manifiesta el sistema capitalista hoy día, y de lo que se trata es de impugnar el propio sistema capitalista en su conjunto. Si continuamos optando por reformas y parches parciales, bajo una crítica sesgada y limitada, como mucho, seremos capaces de ofrecer cierta resistencia al avance del capitalismo salvaje, así como de conseguir una sociedad un poquito más sensible hacia los más necesitados y desfavorecidos. Ese será nuestro techo. Sin enfrentar claramente el sistema capitalista como un todo, las reformas sociales que queramos plantear no llegarán a más. 

 

Y como sabemos, el capitalismo globalizado es tan fuerte y poderoso, y posee actualmente tantos recursos, que de nuevo se transformaría hasta volver a calar en las modernas sociedades que no hubiesen planteado profundas y radicales transformaciones. El capitalismo, por tanto, no puede refundarse ni reformarse, adaptarse ni corregirse, porque simplemente, continuaremos dando vueltas a los mismos parámetros. El capitalismo ha colapsado, y nos conduce vertiginosamente hacia una sociedad de barbarie. De hecho, ya hemos llegado a ella (sólo hay que leerse de vez en cuando los terribles informes de las diversas ONG's que nos lo explican con detalle), lo que ocurre es que, como todo ello sucede poco a poco, casi sin darnos cuenta, nuestra capacidad de reacción merma bastante. En efecto, si hace diez años nos hubieran dicho que íbamos a instalar un marco laboral como el actual, procedente de la última reforma laboral del PP, no lo hubiéramos creído. Y hoy, no sólo mucha gente lo acepta, sino que además, lo asumen como algo natural, "dada la situación de crisis que atravesamos". Tan asumidos tenemos los valores y la peligrosa deriva del capitalismo actual, que el sólo hecho de reclamar públicamente todas las características que hemos mencionado al principio, nos hace aparecer ante el conjunto de la ciudadanía como peligrosos radicales, o cuando menos, ingenuos utópicos. 

 

Los partidos y movimientos sociales "de izquierda" solicitan alternativas, pero desde un punto de vista muy suave, como sin atreverse a plantear de verdad las grandes transformaciones que el sistema necesita. Se plantean alternativas, pero siempre desde el marco vigente, respetando los mimbres básicos del capitalismo, al que parece que tengamos un miedo atroz a enfrentarnos de forma radical (esto es, yendo a la raíz de los problemas). Los "radicalismos" están mal vistos, lo cual se explica, sobre todo, desde los más de 35 años de gobiernos del bipartidismo (PP y PSOE), que han intentado apuntalar a toda costa el sistema actual, en sus grandes directrices económicas. No podemos por tanto dejarnos engañar, ni entrar al trapo de estos falsos e insulsos debates. Tomando las palabras de Josep Manel Busqueta, miembro del Seminario de Economía Crítica Taifa: "Transformar significa cambiar o sustituir unos intereses minoritarios en la sociedad por los de la mayoría de la población". Sólo el cumplimiento de este gran objetivo traerá consigo los grandes cambios que el sistema necesita, el gran desmontaje del capitalismo, y la gran migración hacia el Socialismo de nuestro siglo. El Grupo Taifa considera, en mi opinión muy acertadamente, y siguiendo la exposición de Enric Llopis, que las alternativas surgen de la interacción de tres factores, y han de darse los tres inexcusablemente: "sujetos de cambio", "instrumentos de transformación" y "procesos de transformación". Esto significa que no basta con el desarrollo de uno de los vectores (por ejemplo el tercero, mediante la constitución de cooperativas) si no se da también el resto (por ejemplo el primero, mediante una masa crítica que aspire al cambio social).

 

Además, para valorar las posibilidades de construir la ansiada alternativa, han de considerarse (como Lenin hizo en su día, recuerda Busqueta) otros tres elementos, a saber: "poder político", "capacidad económica" y "conciencia social". De ahí que hayamos insistido muchas veces, en otros muchos artículos de este Blog, en que la sola victoria electoral no conduce matemáticamente a obtener el poder para llevar a cabo todas las transformaciones necesarias. Evidentemente, existirá una nueva correlación de fuerzas, muy necesaria, pero si no conquistamos también el poder económico (el auténtico poder al que obedece el sistema capitalista), y si no estamos respaldados por una inmensa mayoría social de personas que estén concienciadas de lo que hay que hacer, todos nuestros intentos serán baldíos. Incluso hoy día, desde la perspectiva de la extensión mundial del sistema capitalista globalizado, aún sería muy difícil instaurar con éxito, y además perseverar, el socialismo en un sólo país, pues éste se vería atacado con toda la artillería que el neoliberalismo transnacional despliega cuando ve amenzados sus intereses, tal como explicamos con más detalle en este artículo, que recomiendo a los lectores. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías