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8 enero 2016 5 08 /01 /enero /2016 00:00

Tenemos un mensaje para nuestros líderes políticos: entiendan que la naturaleza no es negociable. No podemos cambiar la ciencia, sino que debemos cambiar la voluntad política. Tienen la capacidad para hacerlo, y ya no pueden seguir postergándolo. Deben comenzar a hacerlo ahora

Kumi Naidoo (Director Ejecutivo de Greenpeace International)

El siguiente aspecto que las ONG's implicadas en estas medidas tocan, muy en relación con los aspectos climáticos y con los recursos naturales, es el relativo al urbanismo, esto es, al conjunto de características y objetivos que nos marcamos cuando nos ponemos a diseñar nuestras ciudades. Básicamente, ha de ser un urbanismo no especulativo, y a la medida de las personas, todo lo contrario de lo que se ha estado haciendo hasta ahora. La importancia de la ciudad es tal en nuestros tiempos, que uno de los Derechos Emergentes que se han reconocido ha sido el denominado "Derecho a la Ciudad". La mirada a nuestro pasado reciente, en el plano urbanístico, es desoladora. Poco nuevo nos queda que decir sobre la locura que ha supuesto la reciente burbuja urbanística en nuestro territorio. Baste señalar que en algunas de nuestras Comunidades Autónomas, en apenas 10 años, se urbanizó de forma urgente y avasalladora el equivalente a la mitad de la superficie que se había urbanizado en toda la historia previa. Evidentemente, no hay planeta que resista este ritmo. 

 

Este desarrollo disperso, promovido por los propios Ayuntamientos y consentido o alentado por las Administraciones autonómicas competentes, ha sido posible, evidentemente, con una correlación de fuerzas políticas a favor de las que apuestan bien poco por la sostenibilidad del territorio, sino más bien todo lo contrario, es decir, para valerse de la "ordenación territorial" para sus corruptelas. Todo ello ha generado graves problemas de insostenibilidad, desequilibrios ambientales, multiplicando la ocupación territorial, la necesidad de transporte o la reducción de espacios naturales. Por otro lado, el parque urbanístico construido a toda velocidad no ha cumplido con los estándares adecuados desde el punto de vista de la eficiencia energética y del aprovechamiento pasivo de la energía, como tampoco ha satisfecho las necesidades de vivienda de una parte importante de la población, que no dispone de recursos suficientes. La ciudad se vuelve inhóspita, insostenible, inadecuada para el mundo animal, tremendamente contaminante, y devoradora de recursos naturales. Deja de respetar el espacio para los ecosistemas, y todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos/as se mercantilizan, desapareciendo los espacios públicos de reunión y organización de eventos. Proponemos para evitar y restaurar todo ello las siguientes medidas:

 

1.- Cumplir la legislación del sector y subordinar la actividad urbanística al interés general, recuperando la planificación y ordenación territorial desde las Administraciones Autonómicas y Locales (con participación social), que se ha abandonado durante estos últimos años. A ello debemos unir una legislación que no sólo no deje ningún resquicio a la corrupción, sino que dé la vuelta como un calcetín a los objetivos bajo los cuales se planifica la ordenación del territorio y el urbanismo actual. 

 

2.- Apostar por las ciudades compactas y con funciones diversas, que reduzcan las constantes necesidades de movilidad obligada, y de largas distancias. Asímismo, prohibir nuevos desarrollos urbanísticos desgajados de núcleos preexistentes. Siempre que sea posible, los desarrollos se realizarán ocupando los vacíos urbanos (solares) cuando el área esté adecuadamente equipada de espacios verdes. 

 

3.- Impulsar políticas de regeneración urbana, mejorando la habitabilidad de los cascos urbanos consolidados. Asímismo, construir ciudades que respeten mejor y den más espacios de esparcimiento y de seguridad a los animales (y no sólo contemplando el aspecto de la limpieza, como se hace hoy día).

 

4.- Realizar un censo de viviendas vacías y planes para incentivar su puesta en uso mediante Parques de Alquiler Social o medidas similares. Limitar la construcción de nuevas viviendas, en tanto no se reduzca el parque de viviendas vacías, y siempre respetando las necesidades sociales reales, y la sostenibilidad del territorio. 

 

5.- Preservar el patrimonio municipal de suelo público de los Ayuntamientos, que debe dedicarse exclusivamente a vivienda protegida y social, de venta o alquiler, o a equipamientos públicos de gestión directa. 

 

6.- Luchar contra el urbanismo ilegal, con la retirada de las competencias de disciplina urbanística a aquéllos Ayuntamientos que incumplan la normativa urbanística, sobre todo en suelo no urbanizable o en zonas de Dominio Público Marítimo Terrestre o Dominio Público Hidráulico. 

 

7.- Implementar medidas que aseguren la transparencia y la participación públicas en las Comisiones de Urbanismo, con una amplia representación de las diversas organizaciones ecologistas, animalistas y de defensa ambiental.

 

Continuaremos en siguientes entregas.

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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Published by Rafael Silva - en Política
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