Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
16 febrero 2016 2 16 /02 /febrero /2016 00:00

A los políticos: defiendan y apoyen a la cultura. Es lo único que hay que hacer

Ricardo Darín (Premio GOYA al Mejor Actor 2016)

Quizá pudiera parecernos exagerada la afirmación del recién galardonado actor argentino, pero vamos a intentar explicarla en toda su dimensión, para que se entienda porqué no existe tal exageración. En efecto, pudiera parecernos que, además de fomentar la cultura, hay que lucha contra el desempleo, contra la corrupción, contra los recortes sociales, y un largo etcétera que ya hemos abordado en infinidad de artículos. Todo eso está muy bien. Pero...¿qué tal si diéramos la vuelta a la tortilla? ¿Qué tal si comenzáramos por afirmar que todo el conjunto de políticas públicas que se han venido ejecutando durante las últimas décadas (y que nos han traído a la situación actual) han sido posibles porque el pueblo las ha apoyado (con su voto), las ha legitimado, las ha asumido, las ha normalizado? Es una afirmación quizá peligrosa, que pueda despertar el recelo de más de un lector, pero si lo analizamos profundamente, llegaremos a dicha conclusión. Por poner un ejemplo paradigmático, el Ayuntamiento de Marbella fue gobernado durante más de 20 años por el equipo de Jesús Gil y Gil, y así le fue...¿acaso este controvertido personaje entró alguna vez en Marbella con tanques y fusiles? No, simplemente se presentó a unas elecciones, y le votaron. 

 

¿Cómo es posible que el pueblo vote continuadamente a opciones políticas que lo van llevando por peligrosos derroteros de regresión social? Para comprender esto, hemos de partir de la premisa básica y fundamental de que un pueblo culto es un pueblo libre, un pueblo al que no se le puede dominar, alienar, manipular. Pero aquí no nos estamos refiriendo a la cultura en su sentido elitista o sofisticado, como el número de personas que posean una titulación superior, o una profesión liberal. Es más, ellos, los ilustrados de la sociedad, también son manipulados y alienados por el poder que ejerce sobre ellos la clase dominante. ¿En qué sentido hablamos, pues, de cultura? La cultura a la que nos referimos tiene que ver con la conciencia crítica, con el pensamiento libre, con la capacidad para analizar y reflexionar, para abandonar los complejos, los prejuicios y el sectarismo, y ser capaces de analizar la sociedad que te rodea desde prismas absolutamente objetivos y racionales. Y precisamente, y desde ese punto de vista, tenemos un pueblo inculto cuando tenemos personas muy influidas por el pensamiento dominante (muchas veces, el pensamiento único), incapaces de comportarse críticamente con él, de enfrentarse y de adoptar comportamientos y actitudes de rebeldía contra el sistema. 

 

Tenemos un pueblo inculto cuando ni siquiera es capaz de comprender qué se esconde detrás de determinados mensajes políticos, cuando vota sistemáticamente a opciones políticas que los defraudan y traicionan sus principios, cuando no es capaz de distinguir los auténticos poderes que gobiernan la sociedad, sino simplemente, de convertirse en sus obedientes súbditos, vasallos, siervos o esclavos. Tenemos un pueblo inculto cuando los medios de comunicación y los poderes públicos se encargan de manipularlo y de alienarlo constantemente mediante las modernas versiones del antiguo circo romano, que hoy día podrían ser la religión (en todas sus dimensiones), los toros, el fútbol, las tertulias televisivas, los reallity shows, y un largo etcétera. Tenemos un pueblo inculto cuando se deja convencer con los argumentos de la prensa mayoritaria, de los grandes medios de comunicación dominantes, sin darse cuenta de que los que poseen la propiedad sobre los periódicos que el pueblo compra y las cadenas de TV que ve son los auténticos interesados en divulgar dichas opiniones, porque favorecen sus intereses. Tenemos un pueblo inculto, en fin, porque poco a poco se le ha ido recortando en principios democráticos, en educación, en igualdad, en música, en cine, en teatro, en medios de comunicación alternativos, en ciencia y en investigación. Todo ese cóctel converge hacia un único fin: formar a una masa popular cada vez más inculta, más manipulada, más alienable.

 

Y ahí radica la importancia política de la cultura. Una cultura entendida desde una sociedad que fomente una educación crítica y libre, pública, laica, gratuita y de calidad, una sociedad que no albergue grandes desigualdades, que fomente la equidad, la cooperación (en vez del egoísmo y de la competitividad), una sociedad que valore el bien común, la importancia de lo público, una sociedad, en fin, con una escala de valores digna de nuestra dimensión humana. Una sociedad con unos medios de comunicación públicos y privados que no se conviertan en voceros del pensamiento dominante, ni en defensores de los intereses de la clase que ostenta el poder. Una cultura entendida desde una sociedad, en definitiva, plenamente democrática. En vez de todo ello, lo que tenemos es un salvaje capitalismo que nos conduce a competir, a enfrentarnos entre nosotros, a volvernos egoístas y egocéntricos, que fomenta el individualismo, que infravalora lo público y la propiedad común, que únicamente da valor a lo privado. La inmensa mayoría de nuestros políticos (esos que dicen que nos representan) reproducen este perfil de la sociedad, son sus propios adalides, son los defensores de este modelo de sociedad. Pero para que nuestra sociedad haya llegado a este punto, han tenido que transformarse, poco a poco, los pensamientos y las actitudes, las escalas de valores, los modos, los usos y costumbres, el imaginario colectivo, todo ello convergiendo y tendiendo hacia el modelo de sociedad que tenemos ahora. 

 

Por ello la cultura, entendida bajo esta dimensión social, es tan importante. Porque la cultura es el auténtico poder del pueblo, es la mejor herramienta para ser capaces, como sociedad, de forma colectiva, de desterrar todo este conjunto de valores, de comportamientos, de pensamientos y de idearios, que contribuyen cada día a retroalimentar este salvaje y cruel sistema capitalista en que vivimos. Una cultura popular que sea capaz, en resumidas cuentas, de enfrentarse al pensamiento dominante, de mirarlo de frente, cara a cara, y de negarlo, de combatirlo, de desarrollar un(os) pensamiento(s) alternativo(s). Una cultura que sea capaz de entender que otro mundo es posible, que es posible vivir de otro modo, consumir de otro modo, ser felices de otro modo, valorar otras cosas. Una cultura que nos conduzca a entender y a fabricar otro modelo de sociedad diferente, fundado en los principios de la igualdad, de la solidaridad, de la cooperación, de la justicia social. Y si somos capaces de ir sembrando esta semilla en las mentes de la inmensa mayoría social, todo lo demás vendrá por añadidura, todo lo demás se implantará con total naturalidad, y habremos dejado atrás el modelo de sociedad que nos oprime, nos ahoga y nos explota. Nos haremos auténticamente libres, en el pleno sentido de la palabra, y nunca más podrán venir a gobernarnos desalmados representantes del gran capital, dispuestos a seguir avanzando en su macabro modelo. No exageraba Darín, por tanto, cuando afirmaba que fomentar la CULTURA (así, en mayúsculas) es lo único que hay que hacer. 

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Cultura
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías