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1 febrero 2016 1 01 /02 /febrero /2016 00:00

La lucha de clases es una dura guerra donde no hay bombas pero sí hay víctimas

Fernando Lamata y Manuel Oñorbe

Estamos intentando exponer los puntales fundamentales de una sociedad alternativa al capitalismo, esto es, de una sociedad de corte socialista, a la luz de las graves características del capitalismo actual, y que respete y sea coherente con los objetivos que nos hemos venido marcando en entregas anteriores. Abundando en las características que debería cumplir dicho modelo de sociedad alternativa, deberíamos mencionar que el sistema de propiedad predominante sea el colectivo (no el privado) y funcione mediante el cooperativismo u otras fórmulas de propiedad comunal. Sólo la autogestión de los trabajadores en las empresas podrá responder a un modelo justo, donde no prime la obtención de beneficios sobre los intereses de los trabajadores/as. Asímismo, la sociedad ha de evolucionar hacia un sistema de distribución equitativo, lo que se traduce en que todo el mundo debería tener cubiertas sus necesidades básicas. Nadie puede disfrutar de cosas superfluas mientras todo el mundo no tenga lo fundamental. Por su parte, la gestión del poder, además de descentralizada, debe ser horizontal, no jerárquica ni despótica. Y hemos de replantearnos nuestras escalas de valores, para tender hacia una valoración orientada al bien común, y practicar lo cooperativo frente a la competencia, la solidaridad frente al egoísmo, la propiedad pública frente a los intereses privados. 

 

Y así, tenemos ya hoy en día bastante desarrolladas muchas experiencias de nuevas formas de relación social, que ponen en crisis y en debate permanente las formas antiguas y obsoletas, y avanzan para mostrarnos cómo se puede articular una sociedad diferente. Algunos ejemplos de ellas son los proyectos de municipalismo alternativo, las iniciativas de economía social, las finanzas éticas, la agroecología, o el sindicalismo y los medios de comunicación alternativos. Todos ellos rompen con el clásico enfoque capitalista de sus iniciativas actuales, y demuestran que otro modelo de sociedad es posible. Y por supuesto, un tema fundamental para el desarrollo de los mimbres de una sociedad alternativa al capitalismo ha de pasar, forzosamente, por la democratización de la economía, aspecto que desarrollamos a fondo en los últimos artículos de nuestra serie titulada "Objetivo: Democracia", y que recomiendo a los lectores que no la hayan seguido. En efecto, la Democracia Económica representa el último estatus de desarrollo de la propia democracia en sí misma, y culmina todos los procesos y avances democráticos que una sociedad plenamente desarrollada, avanzada y civilizada debería conseguir. Ello implica básicamente, y a muy grandes rasgos, control social de los medios de producción, control público del sector financiero, planificación económica con participación social, y control social de los bienes producidos. 

 

Pero aún deberíamos apuntar a otros objetivos, si pretendemos una sociedad realmente alternativa al modelo capitalista y neoliberal actual. Deberíamos poner el foco en las características aberrantes de nuestra sociedad de consumo, adoptando modelos diferentes para el mismo, es decir, asumiendo un consumo responsable, más austero, menos obsesionado por el consumo individual y más coherente con las nuevas escalas de valores sociales, tanto personales como colectivos. Un modelo de sociedad alternativa al capitalismo será aquél que garantice universalmente los derechos sociales, que ponga el foco en las personas y en sus necesidades, que ponga la política por delante de la economía, y que acabe con todos los grandes monopolios privados, blindando los servicios fundamentales para su protección al conjunto de la ciudadanía. Un modelo de sociedad que priorice los intereses de los pueblos y de la naturaleza, que les reconozca como sujetos de derechos, y que además de la faceta económica, preste atención a la faceta ecológica y a la faceta cultural, rompiendo la hegemonía del pensamiento dominante. Un modelo de sociedad que abrace el pacifismo, el feminismo, el ecologismo, y que haga imperar la plena armonía entre el hombre y su entorno natural, como base para la sostenibilidad de los pueblos y de la naturaleza. 

 

Sólo este nuevo modelo alternativo será capaz de abordar con garantías nuevos enfoques para la solución de grandes problemas que hoy día tiene planteados nuestra civilización, tales como las enormes desigualdades sociales, o el fenómeno del cambio climático. En caso contrario, si no somos capaces de vislumbrar e instaurar los pilares para esta nueva sociedad, asistiremos a medio y largo plazo a un colapso civilizatorio, que será la suprema expresión a la que nos conduce el bárbaro capitalismo globalizado bajo el que vivimos. De hecho, ya estamos asistiendo a una nueva generación de lo que pudiéramos denominar como el neofascismo, alimentado por todos estos grandes desequilibrios sociales, y sus permanentes conflictos entre sí. En el fondo, capitalismo y fascismo se dan la mano, pues son dos caras de la misma moneda, que representan modelos de sociedad extremadamente autoritarias y represivas. Para no caer en todo ello, la base de la pirámide social debe ser la democracia, pero la democracia plena y profunda, no los atisbos de pseudodemocracia que sufrimos en la actualidad. Y es que sin democracia no es posible el socialismo, porque el socialismo es la extensión de la democracia hasta sus últimas consecuencias, esto es, en todas las facetas. "Socialismo es democracia sin fin", como nos dejara dicho el Comandante Hugo Chávez. 

 

Y así, por ejemplo, hemos hablado de la nacionalización y expropiación de los medios de producción y de los grandes sectores estratégicos de la economía por parte del Estado, pero todo ello no basta. Porque el Estado debe ser, a su vez, también apropiado por el conjunto de la ciudadanía. Es lo que hemos llamado el control social, no basta el control estatal, necesitamos el control social, el control común, es decir, la democratización de la gestión de dichos medios de producción, y de dichos sectores económicos básicos. En resumidas cuentas, el Estado debe también ser gestionado democráticamente por la sociedad a la que pertenece. No debe ser el Estado quien controle a la sociedad, sino la sociedad quien controle al Estado. La sociedad socialista, a diferencia de la capitalista, busca primordialmente compaginar la rentabilidad económica y social con la equidad en el reparto, dando por supuesto prioridad a ésta última. Es decir, dejar de preocuparnos por el nivel de renta que generamos (el PIB), y comenzar a preocuparnos más del reparto equitativo de la que ya existe. Como ya hemos expuesto, la sociedad capitalista gira en torno al beneficio, y propugna que cada invididuo busque obsesivamente el beneficio propio, haciendo que cada uno se busque la vida, maximizando la competitividad, uno de sus valores fundamentales. El problema es que no todos pueden competir en igualdad de condiciones, con lo cual, el fuerte se hace cada vez más fuerte, y por tanto, la batalla capitalista se hace cada vez más desigual, como estamos viendo que ocurre en nuestros tiempos. Esto es justo lo que hay que abolir. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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