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19 febrero 2016 5 19 /02 /febrero /2016 00:00

Si para sobrevivir hay que conservar el mundo, primero hay que restaurar la capacidad humana de restauración

Vandana Shiva

En esta décima entrega de nuestro Programa por la Tierra, y una vez expuestas las medidas para el mundo hídrico (mares, costas, lagos, ríos, etc.), vamos a ocuparnos de nuestros bosques, de nuestros montes, para preservar su biodiversidad, y frenar su constante degradación. Actualmente, nuestros bosques se queman más que nunca, a la vez que las Administraciones Públicas competentes dedican cada vez menos recursos para la conservación de nuestros montes. Y por si todo ello fuera poco, la ola privatizadora y neoliberal de los recientes Gobiernos ha afectado también a este respecto, introduciendo la posibilidad de que muchos de nuestros montes públicos, que forman nuestro patrimonio natural más preciado, puedan pertenecer sólo a unos pocos. El panorama, por tanto, aquí también, es bastante desalentador. La protección y gestión de nuestros bosques y masas forestales, hoy día, es una competencia exclusivamente autonómica. He ahí por tanto el nivel donde tenemos que incidir, pero lógicamente, ha de venir apoyada por una política estatal situada en la misma onda. Un caso paradigmático lo tenemos en la existencia de empresas públicas, como TRAGSA y sus filiales, que poseen personal público destinado a la prevención, cuidado y extinción de incendios forestales (los BRIF), que están desarrollando políticas no sólo de explotación laboral, e infravaloración de sus actividades, sino de inmensos recortes de sus recursos humanos, mientras sus altos directivos (a modo de cementerio de elefantes) cobran sueldos astronómicos. 

 

Necesitamos una política forestal que ponga en valor nuestros montes, que recupere todo nuestro patrimonio de flora y fauna salvajes, que prevenga los incendios forestales, que recupere las zonas degradadas y que promueva en la sociedad los valores ambientales y sociales que atesoran nuestros bosques. Nuestro país es rico en masa forestal, quedando todavía parajes vírgenes absolutamente privilegiados, pero que ya comienzan a estar en claro riesgo, debido a nuestro constante descuido, así como a los nocivos efectos del cambio climático. Las especies de flora y fauna autóctonas, que proporcionan una biodiversidad casi única a nuestros ecosistemas, están siendo amenazadas por estos peligros, y sólo cabe un conjunto de medidas que sean capaces de concienciar sobre el terrible problema, y que pueda restaurar y proteger al máximo esta joya medioambiental que poseemos. Hemos de revertir, para empezar, los intentos (mediante las leyes autonómicas correspondientes, como las de Castilla-La Mancha) de privatizar el espacio público forestal, los montes que son de todos. Y es que en la línea de la estrategia que han implementado en la última Ley de Costas (a la que ya nos hemos referido en entregas anteriores), permitiendo la privatización de espacios públicos protegidos, así está pensado también actuar sobre nuestros montes, uno de los pocos reductos completamente públicos que nos quedaban. 

 

El caciquismo en estado puro, que ni siquiera en tiempos del franquismo era tan descarado (la Ley de Montes franquista de 1957 ya se refería a la "defensa de la propiedad forestal pública") está intentando regresar a algunas Comunidades gobernadas aún por el PP, permitiendo que unos cuantos dueños, latifundistas y terratenientes puedan comprar los montes de todos. Y así, diversos grupos ecologistas vienen denunciando las intenciones de privatizar terrenos de monte público, para actividades de explotación forestal y de caza, que son las actividades "deportivas" preferidas de esta gentuza (ya afirmaba Manuel Fraga, en entrevista concedida a la TV pública de la época, que la caza y la pesca le parecían "nobles actividades de índole superior"). Dichas prácticas resultarían del todo ilegales según la actual Ley Estatal de Montes de 2003, que declara "inalienables, imprescriptibles e inembargables" a los montes de dominio público. El conflicto está servido, y hemos de luchar para revertir esta tendencia. Los intentos ya comenzaron durante el Ministerio de Miguel Arias Cañete (ahora flamante Comisario Europeo de Energía y Cambio Climático, que manda narices, pues es como colocar al zorro a cuidar al galliinero), cerrando reservas naturales para convertirlas en cotos de caza, u organizando monterías privadas en fincas públicas. Las medidas que proponemos para revertir toda esta situación son las siguientes:

 

1.- Apoyar la gestión responsable de los bosques y promover el incremento del número de montes con instrumentos de gestión, el asociacionismo y los modelos tipo de gestión para superficies forestales pequeñas, los mercados para los productos forestales sostenibles y la certificación FSC.

 

2.- Diseñar planes específicos de prevención de incendios en las zonas de alto riesgo, que identifiquen las masas más vulnerables candidatas a sufrir grandes incentivos forestales, acoten los usos urbanos en el monte, sensibilicen a los sectores más relacionados con las causas de los incendios, adopten medidas para reducir el número de conatos e incendios, exijan planes de evacuación y defensa frente a incendios, e integren la agricultura y la ganadería extensiva en las labores de prevención. 

 

3.- En la misma línea, entender la política de prevención de incendios forestales, así como el cuidado del personal y los recursos dedicado a su extinción, como una política de Estado, definiendo y blindando una serie de políticas que impidan que dichos recursos y personal puedan ser privatizados, recortados o explotados salvajemente, como se hace en la actualidad. Asímismo, derogar todos los intentos legales de privatizar los espacios públicos naturales, expropiando las zonas de especial interés ecológico a sus posibles propietarios, e impidiendo desde el escalón normativo más alto (la propia Constitución) cualquier posibilidad de uso privativo de los mismos. 

 

4.- Impulsar programas de restauración forestal e hidrológica que mejoren la diversidad de las masas forestales, recuperen las llanuras de inundación, establezcan zonas prioritarias de restauración con criterios ecológicos, sociales y económicos, e impliquen a la población local en su mantenimiento y gestión. 

 

5.- Potenciar los cuerpos de agentes forestales y medioambientales, para lograr un sistema de vigilancia efectivo del medio natural, reconociendo las categorías laborales correspondientes, y dotando a dichos expertos del reconocimiento público necesario por parte de la sociedad. 

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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Published by Rafael Silva - en Política
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