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26 febrero 2016 5 26 /02 /febrero /2016 00:00

Vivimos de un modo que resulta imposible de compartir por todos. No es que hayamos sobrepasado un poco los niveles sostenibles de consumo de recursos: es que los hemos sobrepasado en un factor de cinco a diez. Pocos parecen darse cuenta de la magnitud del exceso ni tampoco, por lo tanto, de las enormes reducciones que han de llevarse a cabo

Ted Trainer

Vamos a ocuparnos en esta entrega sobre un asunto de suma importancia para la conservación de la naturaleza y de sus seres vivos, como es la gestión de los productos químicos peligrosos. De forma sumaria, hay que reducir el nivel de estos productos, así como gestionarlos de forma más racional, si queremos controlar y revertir los posibles peligros derivados de su síntesis, transporte, uso y distribución. Estos productos provocan lo que conocemos como la contaminación química, que constituye sin duda uno de los principales problemas ambientales de nuestro tiempo. Tanto las políticas estatales como las autonómicas pueden ayudar tanto a reducir el problema, como a disminuir la exposición de la población y del resto de seres vivos a estas sustancias, cuyos efectos se han mostrado devastadores. Algunas de ellas resultan especialmente peligrosas, como los compuestos orgánicos persistentes, los metales pesados o los alteradores hormonales, porque interfieren sobre nuestra salud a concentraciones muy bajas. También nos ocuparemos aquí de la necesidad de garantizar, por parte de las Administraciones Públicas, un aire sano para todas las personas en sus diferentes ambientes rurales y urbanos.

 

En concreto, los alteradores hormonales se encuentran en infinidad de productos de uso típico, tales como plaguicidas, plásticos, cosméticos, productos de higiene y otros artículos de uso cotidiano, siendo especialmente peligrosos para las mujeres embarazadas, y para los niños/as y adolescentes. La fumigación de parques y jardines y el uso de plaguicidas en espacios o centros públicos cerrados exponen peligrosamente a la población a los terribles efectos de estos contaminantes. Podemos poner un ejemplo muy controvertido: uno de los herbicidas más usados en zonas urbanas, el glifosato, ha sido declarado posible sustancia carcinógena por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y otras sustancias, como los neonicotinoides, acaban con las abejas y otros insectos, que como sabemos, son imprescindibles para el proceso de la polinización. El uso de todos estos componentes químicos es uno de los temas que están siendo abordados en las negociaciones secretas del Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU., conocido como TTIP, ya que como vemos, su uso y distribución poseen serios riesgos y peligros. Bien, teniendo en cuenta todo ello, las principales propuestas y medidas en este sentido serían las siguientes:

 

1.- Prohibir taxativamente el uso de plaguicidas peligrosos. Como alternativa a los mismos, usar otros métodos de lucha contra plagas y de control de malas hierbas que no utilicen sustancias químicas tóxicas. De forma complementaria, fomentar la agricultura, ganadería y jardinería ecológicas. 

 

2.- De manera particular, no utilizar el glifosato, declarado oficialmente como posible sustancia carcinógena por la OMS, en las tareas de fumigación de parques, jardines y espacios públicos, tales como centros escolares y sanitarios. 

 

3.- Elaborar y aplicar estrategias (a nivel estatal y regional) para limitar el uso de productos alteradores hormonales, por ejemplo, a través de los criterios de compra y adquisición públicas de las diversas Administraciones. 

 

4.- Formar e informar específicamente al personal sanitario, educadores y periodistas sobre estos asuntos. Los profesionales en contacto con la población más sensible deben estar adecuadamente informados de los riesgos para la salud derivados de la exposición a sustancias contaminantes hormonales y otros productos tóxicos y persistentes, para ofrecer recomendaciones que reduzcan la exposición a estas sustancias. 

 

Bien, el otro asunto a abordar en esta entrega resulta también de rabiosa actualidad, ya que trata sobre la enorme importancia de conseguir y garantizar un aire sano y respirable para el conjunto de la población, evitando la concentración de peligrosos elementos que forman las nubes tóxicas que se colocan a modo de boina sobre los grandes cascos urbanos de nuestras ciudades. En nuestro país, hemos tenido recientes ejemplos en las dos principales ciudades, Madrid y Barcelona, donde sus respectivas Administraciones Locales se han visto en la necesidad de dictar urgentes planes de control y reducción del nivel de emisiones, para volver a restaurar unos niveles de contaminación mínimamente aceptables. Como sabemos, la competencia en calidad del aire es autonómica. Y la situación actual, aunque ha mejorado para algunos contaminantes, ha empeorado para otros y está muy lejos de ser satisfactoria. Tanto que, si no se consiguen rápidamente niveles aceptables de forma sostenible, habrán de tomarse urgentemente medidas drásticas, llegando incluso a impedir absolutamente la entrada de automóviles de uso privado a los grandes cascos urbanos. 

 

La estadística es ciertamente demoledora. Una de cada tres personas que viven en nuestro país respira aire que en algún momento supera los índices legales permitidos. Pero si nos fijamos en las recomendaciones de la OMS, que debería ser la referencia obligada y el objetivo a cumplir para todas las Comunidades Autónomas, son más de 9 de cada 10 personas las que respiran aire contaminado en niveles inadmisibles. Cabe recordar que según los Informes de la Comisión Europea, más de 27.000 personas fallecen prematuramente (sólo en nuestro país) debido a esta causa. Por otra parte, España tiene abiertos varios procedimientos de infracción por flagrante incumplimiento de la normativa europea sobre calidad del aire, por lo cual una acción decidida en este ámbito resulta de todo punto urgente e imprescindible. Asímismo, el ruido excesivo (contaminación acústica) posee igualmente una influencia muy negativa sobre nuestra salud, por lo que también son necesarias intervenciones decididas para reducirlo. De hecho, en nuestro país existe ya cierta jurisprudencia en relación a este tema, mediante diversas sentencias que han reconocido los tremendos peligros que unos niveles intolerables de contaminación acústica pueden provocar. Bien, teniendo en cuenta todo ello, las medidas a adoptar podrían ser las siguientes:

 

1.- Más allá de cumplir la ley, lo que no siempre ocurre, tendríamos que marcarnos como objetivo el ajustarse a las Recomendaciones de la OMS para conseguir la adecuada protección de la salud de la población, y ser absolutamente inflexibles en relación a estos asuntos. 

 

2.- Elaborar y aplicar planes eficaces de reducción de la contaminación a escala autonómica, en coordinación con los distintos municipios, poniendo especial énfasis en el control de los principales emisores: el tráfico en zonas metropolitanas, así como la presencia de determinadas instalaciones industriales. 

 

3.- Reducir, organizar y pacificar el tráfico de vehículos de uso privado dentro de planes de lucha contra la reducción de emisiones contaminantes, y contra la contaminación acústica, al ser los principales problemas en zonas urbanas. 

 

4.- Elaborar normativas que impongan a las industrias el uso de las mejores técnicas disponibles para el control de sus emisiones. 

 

5.- Realizar campañas informativas que permitan reducir la exposición de la población a los contaminantes atmosféricos. 

 

Continuaremos en próximas entregas.

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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Published by Rafael Silva - en Política
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