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2 febrero 2016 2 02 /02 /febrero /2016 00:00

Pero, ¿quién puede creer a estas alturas que a Estados Unidos le preocupe la democracia en el mundo? Y que la defiendan ...¿con la ayuda de Arabia Saudí y de Israel? Lo único que ha demostrado que le preocupa son sus intereses geoestratégicos y el acaparamiento de materias primas como el petróleo y las rutas del gas

Alex Anfruns

En el artículo anterior de la serie comenzábamos a hablar sobre la actual crisis que sufre Puerto Rico, bajo su estatus de ELA (Estado Libre Asociado) a USA, aunque más bien lo calificaríamos de poco libre, asociado a la fuerza, y en bancarrota. Y además, cuando corresponde definir quién pagará el desastre económico generado en la perla caribeña, desde Estados Unidos se alega que, como todo ello viene de décadas de malas administraciones puertorriqueñas, sus costes deben recaer sobre el pueblo del ELA. Otro caso más de fracaso de la gestión neoliberal, que siguió las pautas de nuestros PIGS europeos (Portugal, Italia, Grecia, España, etc.), endeudándose de forma ilegítima para rescatar a los grandes capitales financieros, y cuando estalla la burbuja, las únicas recetas son las de la consabida "austeridad", que paga el pueblo en sus servicios públicos, en su patrimonio y en su protección social por parte del Estado puertorriqueño. Como vemos, más de lo mismo, nada nuevo bajo el horizonte neoliberal. Si en el Viejo Continente nos lo exige la Comisión Europea, al pueblo boricua se lo exige EE.UU.

 

Así que el pueblo de Puerto Rico lleva décadas de precarización del empleo, de bajar salarios, de reducir pensiones, de privatizar los servicios públicos, y de elevar impuestos. Las mismas recetas de siempre, a favor de los de siempre, en contra de los de siempre. Pero todo ello no castiga a quiénes fueron responsables de dicho desastre económico, a quiénes se endeudaron ilegítima e ilegalmente, generando deudas insostenibles para el Estado, ni a quiénes practicaron el salvaje e indecente despilfarro, sino al pueblo llano puertorriqueño, que se limitó a servir de conejillo de indias, como tantos otros pueblos, de la ideología neoliberal más salvaje. En el caso de Puerto Rico estamos además ante un ataque colonial, ejercido en toda regla por parte de la potencia dominadora, contra un indefenso pueblo que sólo pretende vivir. La situación de guerra permanente contra los pueblos administrados por el imperialismo estadounidense continúa, no cesa, es implacable. En este caso, además, se omite que durante más de un siglo, Puerto Rico estuvo completamente al servicio de surtir y satisfacer las necesidades económicas norteamericanas, actuando, nunca mejor dicho, como un auténtico patio trasero, amoldándose a las necesidades de la economía estadounidense, incluso a costa de su propia subsistencia. 

 

Nils Castro lo explica en los siguientes términos: "Cuando Estados Unidos necesitó azúcar, se cañaveralizó a la isla arrasando los demás cultivos y la seguridad alimentaria, hasta que los agricultores norteamericanos la surtieron con azúcar de remolacha. Entonces se impuso la industria de derivados del petróleo hasta que la crisis de 1973 encareció el suministro y dañó el negocio. Luego, el Congreso estadounidense favoreció con exoneraciones la instalación de industrias ligera y farmacéutica en la isla, hasta que éstas la abandonaron cuando los atractivos asiáticos y los TLC con México y Centroamérica les ofrecieron mayores ventajas. E invariablemente esas empresas repatriaron enormes ganancias sin reinvertir en Puerto Rico, y cada una de esas experiencias le restó sostenibilidad a la economía del país, cuya gente nunca las ideó ni fueron sus beneficiarios. Y cada una dejó una crisis humana --y demográfica-- por la cual millares de puertorriqueños no tuvieron más remedio que dejar su patria". Es la lamentable historia de esta preciosa isla. 

 

Puerto Rico es un ilustrativo ejemplo de curiosa respuesta a la clásica pregunta: ¿quién debe a quién? Porque está claro que el auténtico deudor es Estados Unidos, que ha utilizado el territorio y los recursos económicos y naturales de Puerto Rico absolutamente a su servicio. La crisis en Puerto Rico subsistirá mientras no se deje a los puertorriqueños escoger libremente sus propias alternativas, y usar de forma soberana sus propios recursos, instalando los modelos económicos que sus propios gobernantes elijan de forma democrática. Pero como sabemos, Estados Unidos es absolutamente incapaz de comprender esto, y mucho menos de tolerarlo. Y el otro ejemplo de nación que ya avanzamos en el artículo anterior fue el de Haití, protagonista de cien años de ocupación y de resistencia, como explica Henri Boisrolin (Coordinador del Comité Democrático de Haití) en este artículo para el medio Brecha publicado en Rebelion, del que tomamos gran parte de la información. Nos tenemos que remontar a 1915, cuando las tropas de Estados Unidos entraban en Haití para evitar la conformación de un Gobierno contrario a sus intereses (¿nos suena de algo esta historia? ¿no es la misma de siempre para el gigante norteamericano?). Permanecerían allí durante casi 20 años, gobernando a sangre y fuego, implantando un sistema cercano al esclavismo.

 

Las tropas norteamericanas que desembarcaron en Puerto Príncipe ocuparon en pocos días las ciudades más importantes del país, y establecieron un control militar de sus aduanas que duraría hasta 1934. Por aquéllas calendas, la situación política de Haití era absolutamente caótica, produciéndose levantamientos populares, asesinatos políticos, exilios forzados, cambios continuos en la Presidencia del país, Golpes de Estado, etc. Estados Unidos decidió entonces invadir, ante el advenimiento de nuevos líderes que pusieran en jaque sus intereses. Establecieron el Convenio haitiano-estadounidense en 1916, redactaron una nueva Constitución en 1918 e impusieron reformas económicas en función de sus propios intereses, así como un trato racista en todos los ámbitos y facetas de la vida en la isla. Y así, la vida de millones de ciudadanos haitianos fue destruida durante varias generaciones. Estamos ante otro caso de neocolonialismo ejercido por el salvaje imperialismo estadounidense, construido mediante un largo proceso de destrucción (practicando una violencia inusitada contra la población) de las estructuras económicas y productivas del país caribeño. 

 

Haití se convirtió rápidamente, y aún continúa, disfrazado bajo otras formas, en el principal productor de mano de obra barata para las empresas norteamericanas instaladas allí. Ésta es la razón principal que explica el progresivo empobrecimiento del pueblo haitiano, la destrucción de su economía rural, el hambre, el desempleo, los éxodos masivos de población, y en una palabra, el exterminio de todas las posibilidades autóctonas de sobrevivir. Toda una masacre humanitaria, llevada a cabo durante implacables décadas de dominio imperialista. Varios historiadores haitianos fijan la cifra de víctimas de la ocupación estadounidense en más de 15.000, perpetradas durante masacres de campesinos, la imposición de duros e injustos sistemas de trabajo, y el terrorismo empleado por USA para vencer a la resistencia guerrillera haitiana. Es imprescindible, en ambos ejemplos que hemos puesto (Haití y Puerto Rico) continuar la lucha política y social para recuperar la soberanía de dichos pueblos, y su derecho a la autodeterminación, acabando con el vasallaje y el bárbaro colonialismo que se viene practicando desde el imperialismo estadounidense. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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