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10 febrero 2016 3 10 /02 /febrero /2016 00:00

En la “lucha contra el terrorismo” que proclama Washington desde los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, en realidad enmascara cualquiera de sus agresiones militares contra otras naciones, y se incluye otra famosa frase, la de “daños colaterales”, que utiliza para justificar ataques y crímenes a poblaciones civiles

Rubén Abelenda

Creemos, a estas alturas de la serie, que hemos acreditado hasta la saciedad, bajo innumerables puntos de vista, usando infinidad de razonamientos y demostrándolo con hechos contrastados, que es una absoluta falacia la adscripción de Estados Unidos como una "democracia avanzada", así como el reconocimiento de su lucha "por los Derechos Humanos". Pero por si hubiese todavía lectores poco convencidos, les recomiendo este artículo de Michael Collon, de su propio sitio web, donde enumera un impresionante listado de varias de las aberraciones que el Gobierno de Washington ha perpetrado en su historia reciente, tales como armar a los saudíes en contra de los progresistas árabes, apoyado a la dictadura franquista en nuestro país, a la dictadura de Salazar en Portugal, apoyado la dictadura de Batista en Cuba, intentado acabar miles de veces con la revolución cubana, apoyado el sistema de apartheid en Sudáfrica, matado a 500.000 indonesios para imponer la dictadura de Suharto, instalado una dictadura militar en Vietnam, instalado una dictadura militar en Grecia, apoyado al golpista Pinochet para derrocar a Allende, armado a terroristas para desestabilizar Angola y Mozambique, asesinado a dos presidentes ecuatorianos para encumbrar en el poder a dictadores, derrocado al Presidente Zelaya en Honduras, apoyado al dictador Duvalier en Haití, apoyado a los talibanes en Afganistán, o a la contra nicaragüense. 

 

Pero aún hay más, sin agotar la lista: han invadido la isla de Granada, apoyado a los coroneles asesinos en Argentina, apoyado al General Banzer (y dictador) en Bolivia, apoyado las dictaduras feudales en Nepal y Tíbet, financiado a Mubarak en Egipto, apoyado los bombardeos con napalm del régimen etíope en Somalia, intentar derrocar y asesinar a Hugo Chávez en Venezuela (así como desestabilizar económicamente dicho país, y apoyado a los golpistas opositores), hacer lo mismo con Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, promocionar el derrocamiento del gobierno ucraniano y la guerra civil en Ucrania, así como las de Libia y Siria, y ¡cómo no!, apoyado y protegido todos los crímenes de Israel contra el pueblo palestino, quizá el genocidio más antiguo y sangrante de la actualidad. ¿Alguien da más? ¿Conocemos en la Historia (reciente) de la Humanidad algún país más macabro? Pareciera que los Presidentes estadounidenses no han evolucionado mucho desde los tiempos del Rey Agamenón, que afirmaba que "La paz es para los débiles...Los Imperios se forjan con la guerra". USA no sólo es un magnífico alumno de dichas enseñanzas (más de 3.500 años después), sino que pone en práctica dicho adagio a sangre y fuego. 

 

Claro, algo de optimismo nos podría llevar a pensar que los actuales líderes de Estados Unidos, en pleno siglo XXI, ya están hechos de otra pasta, que todas esos crímenes y correrías ya han quedado atrás, y que USA no tiene más remedio que volverse una nación civilizada...Si pensáramos esto, estaríamos en el más absoluto estado de inopia e ingenuidad posible, ya que basta mirar a los actuales líderes (sobre todo republicanos), para darnos cuenta de que, incluso, más que evolucionar, los candidatos norteamericanos retroceden, involucionan, empeoran su condición, su idiosincrasia. Tenemos hoy día quizá el caso más paradigmático de todos. Su nombre: Donald Trump. Tomamos como referencia este artículo de Howard Fineman para el medio The Huffington Post, para definir un poco la personalidad y las credenciales de dicho personaje. Trump es un peligroso multimillonario estadounidense, rancio, mal educado, agresivo, racista, xenófobo y arrogante, pero si sólo se quedara aquí, el problema no sería tan grave. Lo peor de todo es que Donald Trump no sólo falla en las formas, sino también en el fondo, representando no sólo la corriente más pura y dura del Tea Party (ultraconservadores y ultraliberales), sino la versión más agresiva del mismo. Y así, el grosero magnate norteamericano propone, entre otras, medidas como las siguientes:

 

1.- La construcción de un muro para militarizar la frontera entre EE.UU. y México

 

2.- Una postura belicosa en relación a Irán, China y Rusia

 

3.- Un absoluto desprecio por el Gobierno Federal, por todo el Gobierno (incluso por sus propios compañeros contrincantes a la Casa Blanca) y por la política tradicional que se ha venido practicando hasta ahora (pero no para suavizarla, sino para endurecerla).

 

4.- Un rechazo inmediato al acuerdo sobre el control de armas nucleares con Irán, que ahora está en el aire. 

 

5.- Una postura fortalecida a favor de la posesión individual de armas para la población norteamericana.

 

6.- El reemplazo de la reforma sanitaria de Barack Obama por un sistema privado de salud. 

 

7.- Una actitud de constante enfrentamiento, arrogante, irrespetuoso e injurioso, tanto en política como en los medios de comunicación, y en general, contra cualquiera que se le enfrente.

 

Este impresentable vocero del gran capital mundial, aunque acaba de sufrir una primera derrota en los caucus del Estado de Iowa, primero en liza para la carrera presidencial, no se priva a la hora de lanzar comentarios sexistas sobre las mujeres, de burlarse de los discapacitados, de arremeter abiertamente contra los políticos, de incendiar los medios de comunicación con sus groseras declaraciones, de insultar a los inmigrantes, sobre todo a los musulmanes (a quien pretende prohibir la entrada a los Estados Unidos), y de verter opiniones mezquinas e insulsas sobre asuntos fundamentales. Y lo mejor de todo, es que posee una buena cantera de ciudadanos/as norteamericanos/as que le apoyan, incluso con auténtica pasión, en todas estas barbaridades que acabamos de mencionar. Al parecer, su nicho de votantes responde al perfil de hombres blancos y jóvenes que apenas tienen una formación superior, que se dejan llevar por los exabruptos de Trump. Pero lo auténticamente significativo del fenómeno Trump es que representa de forma clara a un segmento muy importante de la población norteamericana, que le respalda sin fisuras.

 

Muchos expertos aseguran que él no hace más que vehiculizar públicamente lo que muchos/as norteamericanos/as piensan. Y desde ese punto de vista, lógicamente, Donald Trump es un producto de su propia sociedad, es un fiel reflejo de su gente, de lo que piensa un amplio sector de la ciudadanía norteamericana. Su grupo de fieles lo sigue a todas partes, y utilizan material de campaña de su propia factoría. Trump se ha convertido en un bufón mediático imprescindible, que además, planea seriamente hacerse con la Casa Blanca. Sus seguidores creen, desde su visión de la realidad política, que un empresario con una reputación de despiadado negociador (hombre de éxito, forjado a sí mismo, lo cual cuadra muy bien con la mentalidad norteamericana), puede ser un buen líder para la nación, respondiendo con ello, una vez más, al aberrante concepto que de la política poseen los estadounidenses (al menos, un gran segmento de ellos, tampoco queremos ser injustos). Como vemos, el Estado de Guerra Permanente continúa y continuará en USA, mientras líderes de esta calaña sean los que gobiernen los destinos de la nación más poderosa del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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