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16 marzo 2016 3 16 /03 /marzo /2016 00:00

Las grandes desigualdades económicas son un impedimento a la libertad. Cuando un poder privado es tan inmenso que puede imponer su voluntad, o más técnicamente, su concepción del bien, al resto de la sociedad o a una gran parte, la libertad de esta mayoría está seriamente afectada. Los poderes privados más desarrollados que actualmente pueden imponer su voluntad a la gran mayoría, incluidos muchos Estados que parecen estar a su servicio (y en muchos casos actúan como si estuvieran directamente a sus órdenes), son las grandes transnacionales

Daniel Raventós

Los postulados de partida del TTIP (que retoman y endurecen los de tratados comerciales anteriores) dejarían la práctica totalidad de los servicios públicos básicos para el conjunto de la ciudadanía destinados al libre mercado: la justicia, el derecho al agua, a la electricidad, a la alimentación, a la seguridad pública, a la educación, a la sanidad, etc., solamente estarían al alcance de quienes pudieran pagarlos. Pero no solamente eso, sino que los diversos programas de las Administraciones Locales destinados a favorecer el mantenimiento o la reindustrialización en determinadas áreas geográficas no tendrían cabida, tales como por ejemplo las ayudas públicas a los astilleros, las iniciativas de empleo local, etc. Este TLC pretende proporcionar una especie de institución jurisdiccional transatlántica, que con carácter permanente esté a cargo de todas las regulaciones de la UE y los Estados Unidos, ya sean pasadas, presentes o futuras, y determinar así las condiciones bajo las cuales se presta cualquier servicio, ya sea básico (electricidad, alimentación, vivienda, agua...), o de interés general (infraestructuras, telecomunicaciones, servicios postales, servicios culturales...), que siendo susceptibles de ser comercializados, obligue tanto a la UE como a USA.

 

Deberíamos responder contundentemente como sociedad supuestamente madura y democrática, emprendiendo todas las acciones posibles a nuestro alcance para hacer llegar al Parlamento Europeo y a la Comisión nuestro frontal y firme rechazo a la firma de cualquier TLC o acuerdo transnacional que implique una cesión de nuestra soberanía en temas tan sumamente importantes para la inmensa mayoría social, máxime cuando además el secretismo, la ocultación, la falta de información y de participación social de los sectores implicados es absoluta. Debemos defender la completa exclusión del catálogo de servicios públicos y de bienes comunes, para evitar la apertura y liberalización de los mismos al mercado. Se deben exigir unos estándares mínimos, y cada vez más exigentes, en aspectos clave como puedan ser la protección medioambiental, la seguridad alimentaria, el desarrollo de productos farmacéuticos o la protección de la privacidad de las comunicaciones personales. Y tampoco debería nunca verse comprometido el denominado (y ya explicado en anteriores entregas) "Principio de Precaución" que rige actualmente en la UE, más aún teniendo en cuenta que la legislación en Estados Unidos, con respecto a temas sanitarios, alimentarios o medioambientales, por citar ejemplos muy significativos, es mucho más laxa y permisiva que la europea. 

 

Y en cualquier caso, deberíamos garantizar siempre que, más allá de todo acuerdo comercial o iniciativa de mayor calado, éstos no supongan en ningún caso el menoscabo o la pérdida de puestos de trabajo, o la precarización de los derechos laborales de los trabajadores/as. USA tiene una regulación mucho más laxa en el terreno laboral, ni siquiera ha ratificado una serie de Convenios básicos de la OIT, por lo que si la "armonización" se realiza a la baja, el TTIP supondrá una pérdida importante de derechos laborales y sociales para todos los trabajadores de los Estados miembro. Nos jugamos mucho con este tratado, que como llevamos viendo a través de toda esta serie de artículos, pretende configurar un nuevo status para las grandes empresas transnacionales, y un nuevo modelo de gobernanza global. Una nueva gobernanza mundial que institucionaliza como sujetos políticos a las transnacionales y prioriza la defensa de sus derechos, lo que se ha venido en denominar "seguridad jurídica", un manido concepto del derecho mercantil del que se ha abusado bastante, para dotar a las empresas de marcos regulatorios cada vez más favorables a sus intereses. Y así, tomando las palabras de Ignacio Muro: "La socialización de los riesgos del inversor (asumir riesgos era, hasta ahora, lo que justificaba los  beneficios empresariales) se convierte en un nuevo valor consagrado, al nivel de otros derechos políticos y sociales". 

 

Y de esta forma, la mal llamada "seguridad jurídica" adquiere con el TTIP un peligroso rango de norma protegida al más alto nivel, incluso por encima de la protección de las poblaciones, de los países y de los Estados. Simplemente, se privilegia la agenda y los derechos de las grandes corporaciones y su idea de la globalización neoliberal, mientras se obstruyen, ignoran e impiden otros caminos, otras prioridades y otras garantías, que tienen que ver sobre todo con los Derechos Humanos, de los pueblos y de la naturaleza. Pero además, existen otros intereses, fundamentalmente de tipo geoestratégico, que avalan la aprobación del TTIP, y que tienen que ver con que este TLC constituiría un arma decisiva frente a la imparable crecida del poderío de China y demás potencias emergentes que se agrupan en los denominados BRICS (por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y que no sólo han aunado sus esfuerzos comerciales y sus intereses estratégicos, sino que incluso ya han desarrollado instrumentos conjuntos de inversión, tales como el Banco Asiático de Inversiones (BAII), alternativa real al BM y al FMI, y que ya ha puesto en marcha mecanismos de financiación para todos ellos, y el resto de países (hasta 43) que se han adherido al proyecto, y que piensa dar la batalla (de hecho, ya lo está haciendo) a Washington y sus más potentes aliados occidentales. 

 

Ignacio Ramonet lo ilustra bajo los siguientes términos: "Hay que precisar que, entre los años 2000 y 2008, el comercio internacional de China creció más de cuatro veces: sus exportaciones aumentaron un 474% y las importaciones un 403%. ¿Consecuencia? Estados Unidos perdió su liderazgo de primera potencia comercial del mundo que ostentaba desde hacía un siglo...Ante la crisis financiera global de 2008, EE.UU. era el socio comercial más importante para 127 Estados del mundo; China sólo lo era para 70 países. Ese balance se ha invertido. Hoy, China es el socio comercial más importante para 124 Estados; mientras que Estados Unidos sólo lo es para 76". El asunto queda perfectamente claro. El TTIP no sólo representa una nueva oleada de la avanzadilla neoliberal globalizadora, sino que supone también una ofensiva en toda regla para cambiar las relaciones comerciales y geoestratégicas del mundo e implantar nuevos reequilibrios de poder, balanceando de nuevo la posición de hegemonía hacia USA y sus principales aliados. Pero obsérvese hasta qué punto se confunden los intereses de las grandes empresas transnacionales con los intereses de país, fruto de décadas de influencia del pensamiento dominante capitalista y neoliberal, y fruto de la implantación progresiva de políticas que han ido beneficiando los intereses del gran capital, y reduciendo paulatinamente el poder de los Estados, y su capacidad para implementar políticas públicas en beneficio de su ciudadanía. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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