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30 marzo 2016 3 30 /03 /marzo /2016 23:00

La manipulación de las mentes es mucho mas eficaz que la tortura de los cuerpos

Manuel Castells

Y la cita del eminente sociólogo nos viene de perlas para introducir otro factor que también es un aliado fundamental del pensamiento dominante, como es la represión. La represión entendida como el uso desmedido y no justificado de la fuerza del Estado contra aquéllos individuos de la sociedad que intenten rebelarse contra el sistema establecido, esto es, contra el orden social establecido. Suele ocurrir fundamentalmente durante las dictaduras militares, que son los regímenes políticos más proclives a instalar un cierto tipo de Terrorismo de Estado sobre sus poblaciones, con objeto de controlarla y someterla a sus dictámenes. El Terrorismo de Estado es la forma más brutal y directa de represión, pues ataca a las libertades fundamentales de forma brutal, secuestrando, encarcelando, torturando y matando a su población, esto es, exterminando al sector de la población más rebelde, o si se quiere, menos sumiso. Es la forma clásica del fascismo, pero hoy día, a través de la ofensiva capitalista globalizada y neoliberal, estamos viviendo otra forma de neofascismo, un tipo de "fascismo social" (en expresión de Boaventura de Sousa Santos), que no recurre a las clásicas formas de secuestro, torturas, desapariciones y asesinatos, sino a la asfixia económica de los sectores populares, y al desmontaje de todos los derechos y sistemas de protección social. Y esto es también un tipo de represión.

 

No obstante, no suele actuar sólo, pues también es ayudado (lo estamos viviendo actualmente en nuestro país con herramientas como la llamada "Ley Mordaza") mediante instrumentos legales creados "ad hoc", y con los cuales el sistema se autodefiende instalando mecanismos represores de la protesta pacífica y popular, cuando ésta estalla en la calle como resultado del hartazgo de las medidas políticas de carácter antisocial que se toman (privatizaciones, reducción de derechos, desmontaje del Estado del Bienestar, etc.). Este fascismo social, más o menos suave, se caracteriza por una judicialización de la vida pública, donde nuestro comportamiento público es analizado con lupa, y donde se restringen la libertad de expresión o de reunión. Pero la pregunta del millón, tomando a nuestro país como ejemplo, sería: ¿cómo es posible que aún así la fuerza política que ejecuta estas medidas siga siendo la más votada? ¿cómo es posible que la gente no vote mayoritariamente a las fuerzas políticas de la izquierda alternativa? Hemos de partir de la idea de que el retroceso social de la izquierda durante las últimas décadas ha sido brutal, y ello porque no tenemos un frente de izquierda alternativo (altersistémico, podríamos decir), porque la realidad histórica y sociológica de nuestro país lo impide. Los casi 40 años de dictadura franquista (que instaló un sistema de represión de cuerpos, pero también de mentes, un sistema totalitario fascista) hicieron tanto daño que aún  no nos hemos recuperado de ello, pues perviven generaciones de personas mayores criadas y educadas durante la represión franquista. 

 

La posterior apertura a la "democracia" modernizó nuestro sistema de libertades e instaló cierta conciencia de la clase trabajadora y de la lucha social, pero aún no pasamos de la protesta sindical, de la movilización más o menos organizada, de la rebelión parcial y pacífica ante ciertos asuntos que provocan nuestro hartazgo. Las huellas del pensamiento dominante son aún demasiado profundas. Hay quien asocia todavía la República con la provocación de una Guerra Civil. Y los poderes fácticos que nos gobernaron durante el franquismo aún continúan muy vivos en el siglo XXI, tales como la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas, el capitalismo empresarial o el heteropatriarcado. No nos hemos liberado aún de todos esas fuerzas que marcan nuestro pensamiento, que reprimen nuestras mentes. Vivimos aún en un país "domesticado" por la fuerza durante mucho tiempo, que aún necesita liberarse de sus ataduras mentales y sociales. Necesitamos liberarnos de esas fuerzas del pensamiento dominante que reprimieron nuestros cuerpos, y que ahora continúan reprimiendo nuestras mentes. Si miramos atrás en nuestra historia reciente, los últimos dos siglos, hemos atravesado componendas de gobierno, tacticismos bipartidistas, monarcas casi absolutistas y dictaduras militares. El panorama es desolador. Un país al que se le ha enseñado a palos que la política no era cosa del pueblo, que había que apartarse de la política, que había que pensar lo que se nos decía, que no existían alternativas. 

 

Así se ha ido moldeando una sociedad sumisa, obediente al poder, incapaz de pensar por sí misma, incapaz de liberarse del dogal impuesto por los poderes fácticos, incapaz de liberarse de sus ataduras físicas y mentales. Por supuesto, la etapa más dura fue la del nacionalcatolicismo franquista, que instaló todo un régimen de terror en nuestra sociedad, y que mantuvo a la población instalada en unos esquemas mentales y sociales absolutamente retrógrados. Se practicó todo un genocidio ideológico, donde se persiguió y se exterminó a todos los sectores sociales que pudieran suponer siquiera un desafío al régimen fascista imperante. Y aún hoy día, esa fuerza política que sigue la primera en el ránking de votos jamás ha condenado de manera firme el franquismo, e incluso lo legitima en cierta forma. Continúa protegiendo y apoyando a los políticos franquistas vivos, y continúa impidiendo que podamos implementar los mecanismos para que nuestra memoria histórica se recupere, los muertos y enterrados en las cunetas puedan tener un entierro digno, y se otorgue justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición a los familiares de las víctimas de aquél genocidio. En una palabra, siguen denegando la dignidad a los familiares de las víctimas de aquél período negro de nuestra historia reciente. 

 

Y esta es la explicación del fenómeno sociológico que aún vive nuestra sociedad, porque si miramos atrás, nos encontraremos con generaciones que aprendieron que el único lenguaje era el miedo, y a las que se les instaló en la despolitización a sangre y fuego. Represión de los cuerpos, y represión de las mentes, ésta última aún más poderosa, como muy bien nos recuerda el Profesor Castells. El pensamiento dominante nos llega, desde nuestra memoria colectiva, introducido mediante el miedo y la represión. Y todo ello es muy difícil, en una sola generación, o dos a lo sumo, de regenerar, de sanear y de liberar. Aún padecemos las consecuencias en nuestras actitudes y en nuestros pensamientos. No tanto lógicamente en las personas jóvenes, nacidas ya en tiempos de nuestra reciente etapa "democrática", pero sí en las personas que tienen cierta edad, y que continúan viendo los fantasmas del pasado. Sólo hay que viajar hasta 1981 para encontrar el antecedente de intento de golpe militar más reciente, y sólo hay que realizar varias encuestas a la población para concluir que aún perviven en nuestras mentes esquemas mentales producto de la enorme represión a la que hemos estado sometidos, y a nuestra sumisa obediencia a las reglas y normas del pensamiento dominante. Pero en fin, seamos optimistas. Es cuestión de tiempo, es cuestión de insistir, de liberarnos como sociedad, de romper nuestras cadenas con el pasado, de hacernos valientes como sociedad, y de enfrentarnos con toda la fuerza de un pueblo a los esquemas dominantes, a los preceptos de la sociedad globalizada, para liberarnos por fin y diseñar nuestro futuro con soberanía y con libertad. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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