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3 abril 2016 7 03 /04 /abril /2016 23:00

Necesitamos recuperar soberanías políticas y económicas y ponerlas todas en relación mediante una alianza política, económica, ética y ecológica a escala mundial. Una agenda nacional y global para el cambio social debe incorporar necesariamente los siguientes ejes: la lucha por la supervivencia del género humano y del planeta haciendo frente al cambio climático, la lucha por el desarme nuclear y la paz, la lucha por la autodeterminación de los pueblos, la lucha por un reparto equitativo de la riqueza, y la lucha por la superación del modelo patriarcal. Estas luchas son necesariamente anticapitalistas y deben de encontrar y construir un espacio de coordinación y encuentro a escala planetaria a través de una nueva Internacional de los Pueblos

Arnaldo Otegi

En artículos anteriores de la serie ya hemos incorporado muchas aportaciones y visiones de los diferentes estudiosos marxistas y socialistas de nuestra época más reciente, y vamos a continuar en el presente artículo en esta misma línea, destacando algunas aportaciones interesantes. Por ejemplo, la visión de la sociedad socialista de Ernest Mandel es la siguiente (tomada de su obra "Introducción al Marxismo"): "Una sociedad de este tipo liberará al hombre de las cadenas de la división social y económica del trabajo. Los marxistas rechazan la tesis según la cual algunos hombres "han nacido para mandar" y otros "han nacido para obedecer". Ningún  hombre, por naturaleza, está predispuesto a ser minero toda su vida, ni fresador, ni conductor de tranvía. En cada hombre dormita el deseo de ejercer un determinado número de diferentes actividades: basta con observar a los trabajadores durante sus ocios para darse cuenta de ello. En la sociedad socialista, el alto nivel de cualificación técnica e intelectual de todo ciudadano le permitirá realizar durante su vida muchas tareas diferentes y útiles a la comunidad. La elección de la "profesión" dejará de ser impuesta a los hombres por fuerzas o condiciones materiales, independientes de su voluntad. Dependerá de su propia necesidad, de su propio desarrollo individual. El trabajo dejará de ser una actividad impuesta de la que se huye, para convertirse simplemente en la realización de la propia personalidad. El hombre será finalmente libre en el sentido real de la palabra".

 

Y concluye: "Una sociedad como ésa se esforzará por eliminar todas las fuentes de conflicto entre los hombres. Destinará a la lucha contra las enfermedades, a la formación del carácter del niño, a la educación y a las bellas artes los inmensos recursos que hoy se despilfarran en objetivos de destrucción y en represión. Eliminando todos los antagonismos económicos y sociales entre los hombres, eliminará también todas las causas de guerra o de conflictos violentos. Únicamente el establecimiento en todo el mundo de una sociedad socialista puede garantizar a la humanidad esta paz universal que se ha convertido en condición para la simple supervivencia de la especie en esta época de armas atómicas y termonucleares". Como puede comprobarse, pone en cuestión las formas clásicas del trabajo capitalista (que únicamente considera trabajo las modalidades remuneradas establecidas por el mercado), y se centra en el trabajo como plena realización de las actividades y proyecciones de la personalidad humanas, concluyendo que será esta realización personal (y colectiva) la que nos traerá mayores cotas de armonía y paz social. Decididamente, Mandel es uno de los investigadores imprescindibles del socialismo moderno. Sus aportaciones han renovado las teorías del Marxismo clásico y del Socialismo, y han abierto la puerta a la confluencia hacia otras corrientes de pensamiento perfectamente integrables. 

 

Por su parte, Alejo Mancebo, en su documento "La deuda, el proyecto constituyente y el socialismo"refiriéndose a las ventajas de la revolución socialista, defiende lo siguiente: "Más de la mitad de la investigación es desarrollada por los Estados, pero esa investigación se pone al servicio de las empresas. ¿Qué inmensas posibilidades se abrirían, si libres de patentes, las investigaciones fueran dirigidas por el interés social? ¿Si miles de científicos, que hoy no pueden estudiar por falta de dinero o deben emigrar en busca de un trabajo, trabajasen en empresas, planificando las investigaciones a desarrollar sin que deban dar un beneficio económico? Las guarderías públicas, la sanidad gratuita, la cobertura por accidente, las pensiones que permitan vivir sin estrés tras una vida de trabajo...Esas realidades, conocidas parcialmente en Europa durante 20 años, son sólo la punta del iceberg de lo que se podría hacer si la prosperidad económica se pusiese al servicio de las necesidades sociales. La voz de la calle, la gente organizada, debería poder decidir los derroteros esenciales de la sociedad. La democracia real es la que permite que, independientemente de tu trabajo, de tu posición social o de tu dinero, tengas posibilidad de decidir sobre el rumbo de las reformas, sobre los ritmos de trabajo, sobre el reparto de la riqueza, sobre qué dirección toma la sociedad. El socialismo es inconcebible sin una democracia real, de base, masiva, basada en la organización de millones de personas, donde todas las ideas se puedan expresar, discutir, y donde la opinión y el debate sean decisivos. A diferencia de las empresas públicas gestionadas burocráticamente que conocemos, las empresas socializadas, su día a día y su derrotero general, deberían ser discutidos por parte de sus trabajadores, de los ciudadanos...". 

 

Alejo Mancebo insiste en su visión del Socialismo desde el punto de vista de lo que hemos denominado "Democracia Económica", esto es, la propia socialización de las decisiones, la propiedad social y colectiva de las empresas, la capacidad organizativa que permite a la inmensa mayoría social decidir conjuntamente el destino de sus activos, de su economía, de sus inversiones. Porque así como el capitalismo consiste en poner la sociedad al servicio de los empresarios, el socialismo consiste en poner la sociedad al servicio de los trabajadores. Ya lo indica muy correctamente, por ejemplo, el Programa del Partido Comunista de España (PCE): "Una democracia económica basada en la subordinación del poder económico al poder político democrático, en la propiedad social de los sectores básicos y estratégicos de la economía, así como de los principales recursos naturales, en la planificación democrática de la economía, en la coexistencia de diversas formaciones económicas, en el control de la gestión y en la intervención y participación real de los trabajadores en la gestión de las empresas públicas y el capital público, en la armonización del desarrollo económico con la preservación del medio ambiente". Nosotros hemos insistido mucho, a lo largo de esta serie de artículos, en la imperiosa necesidad de transformar la propiedad privada de las grandes empresas que suministran los bienes, productos y servicios básicos en propiedad social, haciendo participar al Estado, a los propios trabajadores y al conjunto de la sociedad en el control y toma de decisiones de las mismas. 

 

En dicha economía socializada, los bienes sólo se producirán para cubrir las necesidades humanas, porque en la medida en que ésta economía socializada y planificada venza a la economía de mercado, imperante hoy día, desaparecerá la ganancia, y la propiedad privada de los medios de producción perderá su base, se eliminará por sí sola. Por tanto, en dicha economía socializada ya no existirá ningún mercado, porque: A) El precio no resultará de la ley de la oferta y la demanda, sino del valor de los bienes producidos y del salario; B) El almacenamiento, el transporte y la distribución de los bienes producidos se convertirán en servicios, cuyo valor, al igual que el valor de todos los demás servicios, equivaldrá al tiempo de trabajo invertido, y de esta manera, formará parte del valor de los bienes distribuidos. No obstante, la economía socializada no excluye a la economía de mercado en sentido general, pues únicamente la estamos aplicando a las empresas dedicadas a los bienes, productos y servicios básicos que satisfagan las necesidades consideradas fundamentales para la población. Para el resto de bienes, productos y servicios (considerados no elementales) la economía de mercado puede seguir estando abierta (aunque por supuesto, la sociedad socialista se encargará de que las aberrantes desigualdes sociales que ésta genera sean paliadas y llevadas a su mínima expresión, por ejemplo mediante una política fiscal justa y progresiva, como también hemos desarrollado en artículos anteriores). Continuaremos en siguientes entregas.

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