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10 abril 2016 7 10 /04 /abril /2016 23:00

No valen medias tintas; si bailas demasiado pegado con el capitalismo siempre existe un mismo final: te pisotea

Alfredo Serrano Mancilla

¿Y cuáles podríamos decir, respondiendo al título de nuestra serie de artículos, que son las diferencias fundamentales del socialismo "clásico" con el socialismo de nuestro siglo XXI? Pues los grandes objetivos (redistribución de la riqueza, justicia social, etc.) continúan manteniéndose, y añadimos (ya lo hemos comentado en muchas ocasiones a lo largo y ancho de estos artículos, y en muchos otros de nuestro Blog) los temas troncales y transversales del feminismo (la lucha contra el patriarcado), del pacifismo (la lucha por la paz y el internacionalismo) y el ecologismo (la lucha por el respeto a la naturaleza y al resto de seres vivos del planeta), sin los cuales el actual socialismo no podría ser entendido. Las luchas por la liberación animal, por la liberación de los pueblos y por la liberación de las minorías oprimidas serían también otras luchas añadidas a la causa original socialista. Ya le hemos dedicado, en ésta y en otras series de artículos, profundas exposiciones a dichos temas, luego por tanto, no insistiremos más aquí. Pero no acaban con ellas las diferencias, aportaciones y actualizaciones que el socialismo y el marxismo actuales incorporan sobre sus concepciones clásicas. Tomando como referencia a la pensadora chilena Marta Harnecker, uno de los mayores referentes vivos del socialismo actual, expondremos algunas de esas diferencias. 

 

Partamos del proyecto socialista inicial, como una visión de una sociedad fundamentalmente igualitaria, de justicia social, donde todos gozasen de la riqueza generada por la misma. Y entendíamos que para eso se requería un Estado, fuerte en un principio, que destruyese las poderosas fuerzas del Estado burgués, tomase en sus manos los medios de producción, planificase la economía centralmente, evitando la anarquía capitalista, y por supuesto suprimiese la pobreza, redistribuyera la riqueza, etc. Podemos decir que todo ese ideal se materializó fundamentalmente en el proyecto socialista soviético, que era el que nosotros teníamos como faro en su época de esplendor. Pero con el tiempo, en dicho modelo se pervirtieron muchos aspectos, se dieron muchas deformaciones. En primer lugar, el modelo de partido único (el partido revolucionario, el partido bolchevique en el caso que nos ocupa) como un partido dueño y depositario de la verdad, que por lo tanto debería conducir al Estado (de hecho se transformó en partido de Estado) y que desde arriba debería resolver los problemas de la gente, porque sabía lo que había que hacer, siguendo la supuesta doctrina socialista. Pero entonces, lo que fue ocurriendo con el tiempo fue que la planificación (estatal) se fue convirtiendo en planificación burocrática, es decir, generando una especie de casta que desde arriba planificaba, y los destinatarios de los bienes de esa planificación, dejaron de sentirse identificados con lo que se les ofrecía. 

 

La brecha comenzó a ser cada vez más gruesa. Los estamentos estatales dejaron de representar al pueblo, se fue instalando la corrupción, y la clase gubernamental y el partido se convirtieron en poderosos enemigos de las clases populares. Esto es de hecho el mejor argumento que poseen los detractores del modelo socialista, que argumentan que nunca se ha podido llevar a efecto en  ningún país, porque es un sistema fallido de facto, imposible de implementar. Y por eso, también, el socialismo actual ha superado esa fase de propiedad estatal para alcanzar otra fase superior, como es la propiedad social, la que evitaría justamente todos estos desmanes. El socialismo actual conserva las mismas metas de justicia social originales, pero se entiende que tiene que ser un socialismo construido con la gente, teniendo en cuenta su participación, su apoyo y su respaldo, porque es una democracia radical. Y en las democracias radicales, para ser realmente democracias, tiene que ser el pueblo el que construya, el que gobierne, y los líderes y gobernantes deben estar para obedecer las directrices de su pueblo. En dos palabras: mandar obedeciendo. Entonces, el tema de la participación popular es troncal en el socialismo de hoy día, cosa que antes (en el socialismo clásico) no lo era. Podemos decir que el ideal democrático se pone incluso por encima del ideal socialista, en el sentido de que es el pueblo quien guía los designios del proyecto socialista. 

 

Y luego, esta reflexión se plasma también en una forma característica de alcanzar el poder que es diferente. Porque en el pasado, las experiencias históricas (fallidas o exitosas) del socialismo han sido fundamentalmente experiencias guerrilleras, o si se quiere experiencias armadas (piénsese en los orígenes de la Revolución Cubana), que han surgido o bien de guerras imperialistas, o de guerras civiles, pero donde siempre el proceso revolucionario popular ha tenido que emplear las armas para liberarse de su enemigo opresor. Entonces, estos grupos armados que llegaban al poder, o ejércitos rojos, destruían el aparato del Estado, y a partir de ahí podían empezar a construir, si bien no de cero, algo bastante cercano a eso, un aparato de Estado distinto, relaciones de producción distintas, sistemas educativos distintos, modelos productivos distintos, etc. Hoy en día, para nosotros, el camino para llegar a esta meta de plena participación popular y de pleno desarrollo humano (lo que al fin y al cabo es el socialismo), ese objetivo, tiene que ser alcanzado a través de la vía institucional. Y si nuestro caminar es a través de esta vía, tenemos que comenzar, como un paso inicial, por cambiar las reglas del juego institucional. Simplemente porque las instituciones funcionan según las reglas burguesas, según los dictados del pensamiento dominante, con sus formas y sus modos, y todo esto hay que cambiarlo. 

 

Y ese sería, de forma bastante resumida, el camino socialista de hoy en día. La senda socialista del siglo XXI, un camino al cual hay que acercarse instalando gobiernos progresistas o gobiernos de izquierda que preparen las condiciones para recorrer el camino, y poder llegar a la meta. Que cambien los modelos productivos, que cambien los modelos de propiedad, que comiencen procesos de redistribución de la riqueza, que practiquen políticas de respeto y reconocimiento a otros sujetos de derecho distintos (los pueblos, la naturaleza, los animales). Que comiencen procesos de desmontaje de la brutal influencia del pensamiento dominante, porque muchas veces esos gobiernos alcanzan mediante victorias electorales correlaciones de fuerzas demasiado estrechas que no les permiten poseer amplias mayorías para ganar procesos constituyentes, y de ahí la tremenda importancia del masivo apoyo popular. Quizá el punto de inflexión, el hito más interesante durante este camino, sea la organización de un Proceso Constituyente popular, que aunando el respaldo social mayoritario, haga partícipe a todo el pueblo (justo lo que consiguieron Fidel en Cuba y Chávez en Venezuela) de la revolución socialista necesaria y de la consecución de sus objetivos. Por tanto y resumiendo, el Socialismo del siglo XXI es diferente en el fondo (asume nuevos ideales a la vez que abandona otros), y en la forma (en la manera de implementar, en la estrategia para alcanzar los objetivos, mediante procesos plenamente democráticos). Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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