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31 marzo 2016 4 31 /03 /marzo /2016 23:00

Especial relación tienen con los Movimientos Sociales de tipo Memorialista (aquéllos MMSS que luchan por la recuperación de la Memoria Histórica, y por conceder la justicia, la reparación, la verdad y la dignidad a los familiares de las víctimas asesinadas del franquismo) aquéllos movimientos dedicados a intentar recuperar, o al menos saber la verdad, sobre los bebés robados a sus madres durante la época de la dictadura. Se trata de otro de los coletazos del bestial comportamiento de dicha etapa, que de nuevo, las autoridades españolas han intentado proteger, entorpeciendo la investigación y la defensa de las víctimas, y por supuesto, sin conceder casi ningún apoyo oficial. Estamos hablando de hechos acaecidos durante varias décadas, de graves violaciones de los derechos humanos (secuestros de bebés recién nacidos) cometidos por españoles y dentro del territorio español, y como en el resto de episodios negros de la dictadura, nuestros indecentes gobernantes (sobre todo los del PP, que siempre han encubierto y protegido al franquismo) han dejado que tenga que ser el propio esfuerzo de las asociaciones y colectivos de víctimas las que pongan toda la carne en el asador para aclarar los graves delitos cometidos, y reclamar la justicia omitida por la Administración. 

 

Tomo información y datos publicados en el sitio web de la Plataforma contra la Impunidad del Franquismo, en lo relativo a este asunto. Parece ser que el origen de esta aberración hay que buscarlo en una especie de "ingeniería social" mediante los experimentos del Jefe de Psiquiatría del Ejército, el Doctor Vallejo Nájera, con las presas republicanas en Málaga. Su fobia, nada científica, aunque quisiera revestirla como tal, hacia las "rojas" le valió para concluir que los republicanos y antifascistas no podían criar hijos "sanos" para el nuevo Estado surgido del Alzamiento Nacional, y que por tanto resultaba lícito socialmente arrancarlos de los brazos de sus madres encarceladas. Este personaje fascista de la época afirmaba que estos niños, al igual que sus padres, eran portadores de un gen marxista (calificaba a la gente de izquierdas como "débiles mentales"), y que por tanto, era necesario apartarlos de esa influencia nefasta. Durante esta primera etapa, fue fundamental el papel prestado por diversas Instituciones políticas y religiosas de la época, como la falangista Auxilio Social, Casa Cuna o la misma Iglesia Católica. Eran frecuentes además instituciones del tipo de los orfanatos, hospicios o inclusas, algunas de las cuales también se hicieron cómplices de estas prácticas atroces. Y así, los niños que salían de las cárceles, o eran arrebatados a sus familias, eran destinados en principio a este tipo de instituciones de "reeducación", dentro de las cuales soportaban auténticos infiernos. 

 

Estos actos de barbarie perpetrados por las autoridades del régimen fascista de Franco llevaron a que el Servicio Exterior de Falange llegara a secuestrar, en la Francia sometida al dominio nazi, alrededor de 20.000 niños/as, hijos/as de republicanos españoles exiliados, para entregarlos a familias afectas al régimen. En el fondo, como vemos, estamos ante un auténtico y aberrante proceso de interceptación desnaturalizadora de los progenitores legítimos hacia sus hijos, para impedir tener que luchar contra nuevas generaciones de "rojos". Pero posteriormente, aquélla operación de secuestro devino en gran oportunidad de negocio, en la que la connivencia de los sectores hospitalarios y sobre todo religiosos, llevaron a que un número quizá más difícil de determinar de recién nacidos (han llegado a cifrarse en 300.000 casos) acabaran perdiendo su identidad y sus raíces, en una macabra operación que combinó el odio y el lucro por parte de una pandilla más o menos amplia de impresentables gobernantes, de fanáticos religiosos y de irresponsables autoridades. 

 

Esa peligrosa combinación, que convirtió el régimen franquista como quizá el mayor régimen verdugo de la Historia (España es el segundo país del mundo, tras Camboya, en número de fosas masivas en las cunetas), instaló una práctica delictiva consentida por los sectores implicados, y que mantuvo durante décadas dichas deleznables prácticas con miles de bebés, algunos de los cuales han podido reencontrarse con sus progenitores biológicos al cabo de los años. Como vemos, se trata de otra vertiente del régimen de terror implantado por la dictadura. Pero es lógico pensar que un fenómeno que se extiende durante tanto tiempo, evolucionara la tipología de sus prácticas, y así, si al principio las víctimas habían sido presas políticas y sus respectivos hijos o hijas, después se avanzó sobre madres solteras o vulnerables económicamente, para cumplir con lo que la moral franquista imponía, esto es, castigar a quiénes habían cometido la osadía de embarazarse sin marido y a la vez "proveer" de descendencia a quiénes tenían familias "bien constituidas", todo ello, claro está, según los rígidos cánones morales de la dictadura. Se pasó por tanto de la inicial maquinaria del horror que comenzó a instalarse durante la Guerra Civil, con las primeras presas políticas de la época, a una práctica generalizada que continuó perfeccionándose al calor de las necesidades y el curso que fueron tomando las políticas del dictador a lo largo de sus casi 40 años de régimen represor y totalitario. 

 

Y así, en un contexto rodeado siempre del miedo y el silencio, como todo lo que ocurría en la vida pública franquista, el robo de niños recién nacidos, si bien comenzó como una purga o castigo aleccionador, fue después mutando sus intereses de acuerdo con las necesidades imperantes de las clases dominantes de la época, como muy bien analiza Cecilia Valdez en su artículo para el medio argentino Pagina 12. Normalmente, el relato posterior que estos bebés recibían, cuando ya eran más mayores, solía ser la confesión de que eran adoptados, y de que sus padres habían muerto en cualquier accidente. El marco jurídico de la época propiciaba, sobre todo para el caso de las madres presas políticas, que sus hijos quedaran bajo custodia del Estado, que permitía incluso el cambio de apellido de esos niños. A todo ello hay que sumar las características de una sociedad profundamente machista, donde la mujer estaba absolutamente controlada. En la España de esos años y hasta 1972, la mujer no era mayor de edad hasta los 21 años, pero es que hasta los 25 años continuaba bajo la tutela de sus padres, si no se casaba antes, en cuyo caso pasaba a estar bajo la tutela del marido. Hechos cotidianos, como la firma de un préstamo, no podían ser ejecutados sólo por la propia voluntad de la mujer, necesitando la firma del marido. El nacionalcatolicismo franquista instaló todo un sistema institucionalizado que regía y ordenaba el comportamiento de la mujer de la época, bajo un papel absolutamente sumiso y supeditado al marido, cuya única función era contentar a su esposo, y ocuparse de los hijos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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