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18 mayo 2016 3 18 /05 /mayo /2016 23:00

Quienes creemos que la falsa conciencia existe realmente sostenemos que las preferencias de la gente pueden ser producto de un sistema económico, político y cultural contrario a sus intereses, y que éstos sólo pueden identificarse legítimamente cuando la gente sea plenamente consciente de su elección libre y esté capacitada para elegir

Vicente Romano (“La formación de la mentalidad sumisa”)

Nos quedábamos en el último artículo de la serie discutiendo sobre aquéllos aspectos que el pensamiento dominante consideraba tabús, conceptos que demonizaba y de los que no quería saber nada, como el del reparto. Pero nosotros tenemos que ofrecer un pensamiento alternativo. ¡Pero si no puede ser tan difícil! ¿Cómo arreglamos esto? A ver, pensemos un poco, pero hagámoslo de verdad. Pensemos con la cabeza, con la racionalidad, con la verdad, con la razón, pero pensemos también con el corazón, con el sentimiento, pensemos con toda la fuerza de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Se trata de poner la economía al servicio del conjunto de la ciudadanía, y no al revés como ahora ocurre. Se trata de repartir el trabajo, la riqueza, el tiempo libre, los derechos, la libertad, la responsabilidad, el poder. Y aquí es donde la democracia ha lugar. La democracia es la que nos puede permitir hacer ese reparto, puesto que la democracia equivale a igualdad, igualdad de participación, e igualdad de oportunidades. No hay poder más repartido que el poder del pueblo. Sólo si el poder es repartido, si las decisiones y las responsabilidades son repartidas, podrá repartirse todo lo demás. Si las decisiones las siguen tomando unos pocos, continuarán dirigiendo nuestra mente, dictándonos aquéllo que es bueno y malo para nuestra sociedad. 

 

Tomemos las riendas. Tomemos el control desde lo popular, desde la participación, y desde la democracia. Eso, de entrada, no nos garantizará que el pueblo en su conjunto se libere de un día para otro de la aplastante influencia del pensamiento dominante, pero por lo menos, comenzaremos el camino de su liberación, de nuestra liberación. Sobre el tema que nos ocupa, al consumir menos, al consumir más responsablemente, al endeudarnos lo estrictamente necesario, además de poder sobrevivir mejor cada uno de nosotros dentro del capitalismo, contribuiremos también a combatir al propio capitalismo. No debemos caer en la trampa de pensar que sólo podremos acceder a la riqueza generada por la sociedad si la economía genera mucha, muchísima riqueza, si ésa siempre crece, hasta al infinito. Eso simplemente es una falacia. No es posible hacerlo, simplemente porque no es sostenible en el tiempo, dentro de los límites de un sistema físico, de un entorno natural (nuestro planeta) finito. Debemos concienciarnos de una vez por todas de que es imposible y perjudicial para nuestro hábitat, y por consiguiente para nuestra propia especie, crecer económicamente sin parar. Esto no significa que debamos renunciar al crecimiento económico, sólo implica que debemos entender el "crecimiento" de otra forma, aplicando otros parámetros, considerando otros objetivos. Y debemos concienciarnos también de que YA existe suficiente riqueza para que ésta pueda ser disfrutada por todos. Pero el pensamiento dominante esconde estas verdades, y nos dice por ejemplos que no hay dinero para todos, que no hay alimentos para todos. Mentiras. 

 

Burdas mentiras. Los expertos han demostrado que nuestro planeta, nuestros hábitats y nuestros recursos naturales pueden generar alimentos para muchos más habitantes que los que hay hoy día sobre la faz de la Tierra. Pero al pensamiento dominante no le interesa que estas verdades se sepan, porque entonces, estaría más legitimado que exigiéramos cada uno lo nuestro. Debemos por tanto aspirar a que la riqueza generada por todos sea disfrutada también por todos, y no acaparada por unos pocos, ni sometida a especulación, ni distribuida injustamente, lo cual genera las actuales desigualdades, entre países, y entre clases sociales. Éste debe ser por tanto el objetivo principal de un sistema económico racional y civilizado: satisfacer las necesidades humanas, de todos los seres humanos, generar riqueza (sin obsesionarse porque ésta siempre crezca), entender de otro modo nuestro "crecimiento", y sobre todo, repartir justa y equitativamente la riqueza generada. ¿De qué sirve generar cada vez más riqueza si ésta sólo es disfrutada por cada vez menos personas (en proporción al total de la población), por quiénes ya no saben qué hacer con el dinero, pero sin embargo quieren todavía más, y más, y más? ¿Es todo esto lógico? ¿Responde a alguna racionalidad humana? ¿Corresponde a un sistema racional de una especie supuestamente inteligente, como la nuestra? Una economía tiene éxito si consigue que sus individuos puedan vivir digna y felizmente. No perdamos de vista lo esencial. No nos dejemos engañar por la absurda dinámica capitalista, por la avaricia de los poderosos que se obsesionan con el dinero, con el poder, con generar más y más riqueza para acapararla. 

 

Y que con dicha obsesión, que es lo más peligroso de todo, ponen en serio riesgo, ponen en grave peligro de subsistencia lo que nos afecta a todos, y lo que todos necesitamos, como son nuestro aire, nuestro mar, nuestro sol, nuestros ríos, nuestros bosques, en una palabra, nuestros recursos naturales. La dinámica del capitalismo ha llegado a tal grado de perversidad que por la sagrada ley de la acaparación de la riqueza, está poniendo en peligro la sostenibilidad del planeta. Entraría aquí también en juego un concepto del que se habla mucho últimamente, pero de nuevo, se habla de él equivocadamente, falazmente, de forma torticera y manipulada. Con tal de establecer un nuevo engaño masivo, el pensamiento dominante recurre a conceptos que están muy bien vistos, para dotarlos de otro perverso significado. Se trata de los denominados "eufemismos", de los que tanto usan y abusan las clases dominantes. Nos referimos a la tan cacareada "austeridad". Hace pocos días, el Ministro de Asuntos Exteriores, aún en funciones (esperemos que ya por poco tiempo), declaraba públicamente: "Nos hemos pasado cuatro pueblos con la austeridad". Un nuevo cínico e indecente comentario que se une a tantos otros. La austeridad, que es un concepto con gran carga positiva si se usa de forma adecuada, ha sido como decimos manipulado para referirse a la implantación de un terrible sistema de transferencias de rentas y de recursos desde el ámbito público al privado. Veamos. 

 

La austeridad, como tantos otros conceptos, se  ha tergiversado, se ha prostituido en función de los intereses de la clase dominante. El pensamiento dominante ha cogido este concepto y le ha aplicado su especial barniz, transformándolo interesadamente para disfrazar sus auténticas intenciones. En aras a la austeridad, y mientras la clase dominante continúa enriqueciéndose, nuestros gobernantes están saqueando al pueblo de todas las conquistas que las generaciones anteriores alcanzaron para nosotros: una sanidad pública, una educación pública, un sistema público de pensiones, y unos derechos sociales y laborales que han permitido que, desde mediados del siglo pasado, las clases trabajadoras puedan disfrutar de una vida mínimamente digna. Pues bien, con esta última crisis del capitalismo, el pensamiento dominante está justificando el ir desmantelando progresivamente dichas conquistas, dichos derechos, ejecutando un expolio, un saqueo, un procedimiento de desposesión del mundo público, el que sirve a toda la ciudadanía, en beneficio de los más poderosos. ¿Y cómo lo están haciendo? No se puede hacer esto por las buenas, y de un día para otro. Necesitan algunas excusas, y algunas estrategias. Y así, están atacando en diferentes frentes de forma simultánea. Las estrategias fundamentales ya las explicamos en su momento en esta misma serie de artículos, cuando nos referimos y explicamos los diversos trucos que el pensamiento dominante utiliza para inculcarnos sus valores y sus conceptos. Y la excusa (son varias, pero la fundamental de todas ellas) tiene que ver con una pregunta que nos hacíamos varios artículos atrás, cuando destacábamos la importancia de preguntarnos "¿Por qué?": el déficit público. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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