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1 mayo 2016 7 01 /05 /mayo /2016 23:00

No se puede construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo: propiedad privada, mercado, dinero, mercancías, competitividad

Ernesto Che Guevara

En definitiva, el enfoque materialista que proyectaron Marx y Engels no es un enfoque materialista al uso, es decir, no es que el Marxismo se centre en el materialismo, ni abogue por él, en el sentido del culto a la propiedad, a lo material, a las riquezas, a las posesiones, a los objetos, a las cosas. Nada de eso. Ellos vienen a decir que la libertad (en el sentido del libre albedrío), por ejemplo, como las ideas en general, están condicionadas por la realidad, por las condiciones y circunstancias materiales de la existencia. Y si nos fijamos un poco, estos mismos principios pueden ser extrapolados a toda actividad humana. Vamos a proponer dos ejemplos muy distintos, pero con un fundamento común. Pensemos por ejemplo en las Artes Marciales orientales (Kung-Fu, Karate, Taekwondo, Judo, etc.), que fueron creadas por sus practicantes primigenios (labriegos y trabajadores que no podían portar armas) ante la necesidad de defenderse mediante los utensilios más básicos de que disponían, que no eran otros que su propio cuerpo, y sus herramientas cotidianas y utensilios de trabajo. Su realidad material y social, sus necesidades de autodefensa frente a los ataques de los bandidos, les provocaron tal necesidad. 

 

O bien, como segundo ejemplo, totalmente distinto al anterior, pensemos en la gestación histórica de nuestro Arte Flamenco en Andalucía. Igualmente, las necesidades no satisfechas de un pueblo, la opresión que sufría, la marginación y la privación de sus derechos más elementales, la necesidad vital de rebelarse y protestar ante dicha realidad social de aquélla época (finales del siglo XVIII y principios del XIX), provocaron en los cuerpos y en las gargantas que dicha situación favoreciera una forma nueva y distinta de expresión artística, que se canalizó bajo instrumentos, formas y estilos musicales muy especiales, en perfecta armonía entre las aportaciones milenarias del pueblo andaluz y del pueblo gitano. Y de nuevo en este caso, la necesidad material, la angustia vital, las indignas condiciones de su existencia, llevaron al pueblo andaluz (y al gitano, integrado perfectamente en la Baja Andalucía mejor que en ningún otro sitio de España) a la creación de este arte único y universal, Patrimonio de la Humanidad, y una de las músicas más ricas y profundas de todo Occidente. En ambos casos citados (los pueblos orientales con las Artes Marciales y el pueblo gitano-andaluz con el Arte Flamenco), únicos en el mundo, y procedentes de regiones tan distantes geográficamente, se puede apreciar hasta qué punto son ciertos los postulados del Marxismo: las condiciones materiales de la existencia humana son el principal estímulo para la canalización de las ideas, del pensamiento, de la conducta, de las artes, del conocimiento, de la voluntad, en fin, de todo aquéllo que va modelando la historia de las sociedades humanas. 

 

Y en esto consiste básicamente el enfoque materialista al que estamos haciendo referencia. En dar preponderancia a lo material, en sostener que lo material influye más en lo espiritual que al revés. En entender y admitir la tremenda influencia que las condiciones reales (materiales) de la existencia proyectan sobre las concepciones, ideas, pensamientos y actitudes humanas. Y el enfoque dialéctico, por su parte, viene a resaltar la dialéctica como esencia del método científico bajo el que el Marxismo estudia la realidad. La dialéctica estudia el movimiento, el enfrentamiento, la evolución, la interrelación dinámica entre los agentes y los procesos, sus contradicciones. Bajo este prisma, Marx y Engels construyeron todo un corpus científico, todo un edificio histórico y social donde se basa su teoría y se vincula su práctica. Por tanto, es absolutamente esencial comprender bien estos conceptos para entender correctamente el Marxismo, y no ofrecer o difundir imágenes tergiversadas de él. Imágenes que no se corresponden con la realidad que sus creadores y colaboradores difundieron, y que han hecho mucho daño a la teoría y praxis ligadas al Marxismo, contribuyendo a que éste haya quedado diluido, distorsionado, desvirtuado o incomprendido. Y ni qué decir tiene que dichas imágenes equivocadas del Marxismo han sido utilizadas en su contra por sus principales detractores para difundir su mala prensa. Si a todo ello le unimos la confusión provocada por falsos "regímenes comunistas", como el posterior a la Revolución Rusa de 1917 (estalinismo) o el actual del Partido Comunista Chino, o de la República de Corea del Norte, que detentan regímenes de auténtico capitalismo de Estado, y de represión de las libertades fundamentales, en muchos aspectos más cruel y déspota que los regímenes capitalistas occidentales, alcanzaremos a explicar por qué el auténtico Marxismo no es mejor conocido y apoyado. 

 

Debemos por tanto centrarnos en cómo podemos transformar nuestra sociedad. Es necesario retocar la teoría marxista sobre todo por cuanto respecta a la lucha política para posibilitar la transición al socialismo. Y en dicha parte del Marxismo el principal concepto a considerar es, sin duda, el de la dictadura del proletariado. Este concepto no fue suficientemente desarrollado por Marx y Engels en su día, y no ha sido suficientemente cuestionado hasta ahora, o se ha hecho (por parte de los detractores) de una manera excesivamente maniquea, demagógica y torticera, para rechazarlo por completo o para aceptarlo tal cual fue postulado en su día. Alrededor de este concepto (y algunos otros) es donde el Marxismo debe renovarse. Alrededor de este concepto deben hacerse los mayores esfuerzos por hacerlo progresar. Pongamos por tanto las cosas en su sitio (sin pretender sentar cátedra de nada, sólo exponemos nuestra humilde opinión): cuando Marx y Engels pensaban en la "dictadura del proletariado", no pensaban en un régimen de partido único dictatorial, más bien al contrario, pensaban en una democracia obrera, de una amplitud, profundidad y calidad superiores a la democracia burguesa. 

 

De entrada, revisemos la nomenclatura y la terminología, que es otro foco de posible confusión: podemos y debemos usar indistintamente los términos "proletariado", "pueblo", "masas" o "mayoría" como sinónimos. Por ello, el concepto "dictadura del proletariado" se puede considerar sinónimo del concepto "dictadura democrática" (en refencia al gobierno del pueblo) o del concepto "dictadura de la mayoría" (de la inmensa mayoría social, se entiende, opuesta en sus intereses a la élite privilegiada o burguesía, dueña de los medios de producción). En definitiva, se trataría de la "dictadura" de una clase (o de varias) o de una vanguardia que representa a la mayor parte de la población, la idea fundamental es la represión explícita por la fuerza de una minoría por una mayoría, o si se quiere, la exclusión de una minoría (la burguesía) de la democracia. En la actualidad, podemos considerar que la mayor parte de la población pertenece al proletariado, entendiendo éste, en un sentido amplio, como el conjunto de trabajadores asalariados que trabajan por cuenta ajena (en cualquier sector de la economía, público o privado), es decir, que no poseen los medios de producción, y necesitan vender su fuerza de trabajo para poder subsistir. Basta recordar la definición que daba Engels a la palabra "proletariado": "Por proletariado se entiende la clase de los trabajadores asalariados modernos, que ya no poseen medios de producción propios, y dependen de la venta de su fuerza de trabajo para poder vivir". Y por tanto, el proletariado (aún con sus subdivisiones internas, y bajo sus distintas formas) representa la clase mayoritaria de la sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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