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8 mayo 2016 7 08 /05 /mayo /2016 23:00
Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (124)

Es evidente que la única alternativa contra este sistema destructor es emprender la doctrina comunista y la cuestión no es de si hacerlo empuñando las armas o no, otro aspecto en el que se nos hace perder el tiempo. La cuestión primordial hoy es, organizarse como los desposeídos que somos y crear las condiciones para echar a andar la revolución comunista que tenga la capacidad de reacción y de triunfo, ante los coletazos, la burguesía mundial, local y sus aliados

Camilo Valqui

En el artículo anterior nos quedamos intentando explicar el contexto de la propuesta de "Dictadura del proletariado" por parte de Marx y Engels, y la necesidad de rechazar este concepto bajo el marxismo actual. En efecto, el concepto de "proletariado" ha experimentado una profunda evolución desde las teorías marxistas originales, no tanto en su fundamento principal (clase trabajadora que no posee los medios de producción, y necesita vender su fuerza de trabajo para sobrevivir), sino en cuanto a su evolución, y su configuración actual. Desde la etapa postfordista hasta nuestros días, la clase trabajadora ha dejado de responder a los estereotipos clásicos, entrando en un proceso de reconversión, división y subclasificación que llega hasta la actualidad. Pero como decimos, no es éste el motivo para rechazar el concepto original de "dictadura del proletariado", sino que su principal motivación se basa en entender que la auténtica solución, si se quiere caminar hacia el fin de la lucha de clases (esto, es, hacia una disolución de las clases), es abogar por un sistema de democracia plena, de alto nivel, profunda y completa, que integre todas las manifestaciones y ámbitos de la sociedad, incluyendo, cómo no, a la propia economía, en lo que hemos denominado un sistema de "propiedad social" (ver nuestra serie de artículos "Objetivo: Democracia"). 

 

Porque deberíamos partir de la siguiente pregunta inicial: en vez de cualquier sistema de toma del poder por la fuerza, y de cualquier práctica represora por parte de cualquier clase hacia otra clase social, ¿no es más eficaz, además de más ética, una gestión controlada por los propios gestionados, lo que equivale a decir más democrática? No podemos olvidar que el "socialismo" (entre comillas, para destacar que fue una versión fracasada) implementado bajo los regímenes estalinistas careció de una de sus características esenciales y definitorias, como es la democracia obrera, es decir, la democracia en su sentido más amplio y profundo, la democracia aplicada no sólo en la política, sino también en la economía. Sin la democracia no es posible el socialismo porque el socialismo es, por definición y sobre todo, democracia. La apropiación de los medios de producción por parte del Estado es una condición necesaria para el socialismo, pero no suficiente. El Estado debe ser, a su vez, también apropiado...¿por quién? Por el conjunto de la ciudadanía. El Estado debe también ser gestionado democráticamente por el conjunto de la sociedad. El capitalismo de Estado NO es el socialismo. Es un paso hacia el socialismo, pero no es socialismo todavía. El socialismo implica llegar a una gestión planificada, controlada e intervenida por el Estado, racional, más o menos centralizada, de la economía. Pero también, y sobre todo, consiste en alcanzar una gestión democrática de la economía, independientemente del grado de centralización o descentralización adoptado, una gestión democrática de la sociedad en general, y en todas sus facetas. 

 

De esta forma, lo que caracteriza al socialismo, más que el grado de centralización o descentralización adoptado, es sobre todo el carácter democrático de la gestión económica y social en general. Y ello porque en el socialismo se busca, sobre todo, satisfacer las necesidades sociales, repartir la riqueza generada de la manera más equitativa posible, pero para ello primero hay que generar riqueza, para ello debe lograrse también una economía rentable. La rentabilidad debe existir en cualquier economía. La diferencia radica en la forma en que ésta se consiga, en la importancia que se le conceda, y en la manera en que se canalice hacia el resto de la sociedad dicha riqueza generada. Generar riqueza es lo mismo que lograr rentabilidad. El socialismo, a diferencia del capitalismo, busca primordialmente compaginar esa rentabilidad con la equidad en el reparto, dando prioridad a ésta última. El capitalismo busca sobre todo la rentabilidad y espera que la riqueza generada se distribuya de alguna manera (en la práctica ya sabemos cómo se distribuye), pero la rentabilidad es la que manda, la economía capitalista gira en torno al beneficio y logra cierta rentabilidad (entendiendo por rentable que genera riqueza) haciendo que cada individuo busque obsesivamente el beneficio propio, haciendo que cada uno se busque la vida, tal como se hace en la selva. De ahí que su escala de valores descansa sobre el individualismo, el egoísmo y la competitividad. El problema es que en esa guerra de todos contra todos por el beneficio personal no todos los contendientes batallan en igualdad de condiciones, tal como así se hace también en la selva. El fuerte domina. Es más, el fuerte se hace cada vez más fuerte. Con el tiempo, esa batalla es cada vez más desigual. Es decir, la jungla es cada vez más jungla. 

 

La lucha de clases es una lucha desigual, porque aunque la clase trabajadora es más numerosa, los efectos de la falta de concienciación social sobre sí misma, además de la propia propaganda capitalista, la han debilitado. Pero en cambio, la conciencia de clase social sí está muy arraigada (incluso subliminalmente) en la clase capitalista, que practican su lucha cotidianamente, incesantemente, por mucho que lo nieguen, por mucho que digan que es algo del pasado, y que son conceptos e ideas obsoletas, fracasadas y trasnochadas. Pero aquí no se trata de modas, sino de necesidades. Incluso cuando las clases populares y trabajadoras hace tiempo que no practican la lucha de clases, pues apenas se defienden, la lucha de clases se niega a desaparecer y se intensifica en las épocas de crisis, como la actual, cuando el sistema muestra su auténtico rostro, cuando el Estado se quita el disfraz y evidencia su carácter clasista, burgués, incluso cruel y despiadado, cuando las clases dominantes vuelven a atacar, no contentas todavía con lo que tienen. Por tanto, no nos dejemos engañar: mientras existan las clases, por lo menos mientras el contraste entre ellas sea importante, la lucha de clases perdurará. Negarla es negar la materia prima de la propia sociedad capitalista. Con el tiempo la desigualdad en el capitalismo tiende a retroalimentarse, incluso amenaza al propio orden capitalista, a la misma sociedad humana. Con el tiempo, la lucha de clases se agudiza. El sistema muestra sus contradicciones, es presa de sus debilidades y de sus inconsistencias, presenta su dialéctica. Podrá haber altibajos, pero la tendencia a largo plazo del sistema capitalista es clara e inevitable. 

 

El socialismo busca, precisamente, un equilibrio más sólido en la sociedad humana, y lo hace explícitamente, no implícitamente. Es decir, delimita las acciones que el sistema ha de desarrollar para garantizar dicho equilibrio, y no deja que el sistema se equilibre por sí mismo. No espera por tanto que ese equilibrio se alcance espontáneamente. Y de aquí proviene, fundamentalmente, la dificultad del socialismo respecto del capitalismo, pues en éste, en principio, se deja todo en manos de la naturaleza, se espera que el orden se alcance por sí mismo, de una forma natural, no controlada ni impuesta, dejando que los individuos actúen en aras de su supervivencia o de su afán de prosperidad individual, dejando que el mercado se autoregule por sí mismo, dejando que las fuerzas de la naturaleza actúen por sí mismas, en vez de controlarlas, haciendo así que el ser humano sea dominado por la economía, por su sistema de convivencia, en vez de dominarlo, haciendo así que la sociedad humana sea víctima en vez de dueña de sí misma, haciendo así que el individuo esté al servicio de la economía, en vez de al contrario. Mientras el ser humano no tome el control sobre sí mismo, rija sus destinos en sociedad, regule las normas económicas que garantizan la armonía social, su evolución irá en su contra, en vez de a su favor. La ausencia de reglas en el capitalismo (más allá de la búsqueda egoísta del propio beneficio, del éxito en la sociedad) conducirá al ser humano a su propia destrucción en vez de a su liberación. El ser humano que va poco a poco dominando la naturaleza, inevitablemente, se topa con el desafío de, además de evolucionar tecnológicamente, hacerlo también socialmente, de controlar las fuerzas sociales que rigen su propia vida en común, y no sólo las fuerzas de la acumulación de capital. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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Comentarios

antonio 05/14/2016 16:44

''La apropiación de los medios de producción por parte del Estado es una condición necesaria para el socialismo, pero no suficiente. El Estado debe ser, a su vez, también apropiado...¿por quién? Por el conjunto de la ciudadanía''. Ok. Si has llegado hasta ese paso político has llegado lejos, y hasta lo suficiente para que si funcione un socialismo democrático. Los ciudadanos deben poseer el mando y control de su Estado. Mando y propiedad icon su titularidad jurídica via '' acciones soberanas indiviudales'. Si no se llega a ese paso, si deseado por los primeros comunistas, el Estado quedará en manos de partidos, burocracias, etc..Ya pasó con el socialismo real. Saludos

Rafael Silva 05/14/2016 16:51

Completamente de acuerdo contigo, Antonio. Sólo la apropiación ciudadana del Estado podrá garantizar un auténtico sistema democrático en todas sus vertientes, y constituir la garantía de que no se implantan capitalismos de Estado ni burocracias corruptas en torno al mismo. Muchas gracias por tu comentario.

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