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22 mayo 2016 7 22 /05 /mayo /2016 23:00
Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (126)

El materialismo histórico es una doctrina determinista. Su tesis fundamental afirma que es la existencia social lo que determina la conciencia social. La historia de las sociedades humanas se puede explicar y no es fortuita o arbitraria. Su desarrollo no depende de caprichos imprevisibles, ni de mutaciones genéticas, ni de algunos «grandes hombres» o de una multitud atomizada. Se explica en último término por la estructura fundamental de la sociedad de cada época determinada y por las contradicciones esenciales de esta estructura. Desde que la sociedad está dividida en clases, se explica por la lucha de clases

Ernest Mandel

Bien, vamos a insistir una vez más en nuestra visión de acabar con el capitalismo, enfrentado a la idea de acabar con la iniciativa privada, o con los mercados. Para que todo esto quede claro, y no ofrezca ningún lugar a posibles dudas o malentendidos. Frente a una parte de la izquierda que considera que finiquitar el actual sistema económico implica terminar con el mercado y la noción de empresa (iniciativa privada), nosotros entendemos que el Socialismo del siglo XXI es perfectamente compatible con la existencia de un nicho para la empresa privada. El sector público o "social" (como lo hemos llamado) debe ser amplio, fuerte y poderoso, pero eso no implica que no puedan existir empresas privadas. Hemos de tener en cuenta que la existencia de mercados y de intercambios comerciales son muy anteriores a la era capitalista (los fenicios, con fama de buenos negociantes, ya tenían en la antigüedad un buen mercado formado). Pero las empresas deben constituirse únicamente como organizaciones que tengan como objetivo producir algo (un bien, servicio o producto) de interés para la colectividad. Lo que el socialismo no puede admitir bajo ningún concepto es que las empresas, la iniciativa privada, puedan gobernar todos los aspectos de nuestra vida, puedan hacerse más poderosas que los propios Estados, puedan dirigir la economía, puedan mercantilizar (convertir en mercancía) los derechos humanos o de la naturaleza, o puedan constituir monopolios (u oligopolios) sobre actividades consideradas servicios públicos fundamentales. 

 

Por lo demás, la iniciativa privada puede continuar existiendo sin problemas. La perversión actual del capitalismo no reside pues en la existencia de la propia iniciativa privada, sino en que ésta ha dirigido el mercado hacia tres factores, como son el trabajo humano, el dinero (entendido como especulación) y los recursos naturales, que no pueden constituirse en mercancía, porque ello implica violar flagrantemente los derechos más elementales de la propia vida. El capitalismo, en su actual fase de neoliberalismo agresivo y salvaje, los mercantiliza, los desnaturaliza, los prostituye, terminando con el sentido mismo de la vida humana, en aras del enriquecimiento sin límites de una élite social. Un enriquecimiento a todas luces irracional, porque destruye los elementos básicos de la propia vida. Pervierte los valores humanos, los degrada, y saquea la naturaleza, destruyendo los recursos naturales que son de todos, y a todos pertenecen. Es aquí, por tanto, donde el socialismo se enfrenta al capitalismo. Es aquí donde se muestran sus radicales diferencias, sus diametralmente opuestos enfoques. No obstante, también queremos aclarar que el hecho de que sea lícita la iniciativa privada, no quiere decir que también lo sea la propiedad privada, en su sentido actual, esto es, entendida como un sagrado derecho inalienable que domina sobre todos los demás. Véase, por citar sólo un ilustrativo ejemplo, el enfrentamiento entre el hecho de que existan viviendas vacías pertenecientes a una determinada entidad financiera (propiedad privada), enfrentada al terrible hecho de que existan personas y familias sin una vivienda digna en nuestro país. 

 

Por tanto, donde Marx abogaba por "abolir la propiedad privada y sustituirla por la propiedad social", el Socialismo del siglo XXI aboga por instaurar la propiedad social de los grandes sectores estratégicos de la economía (para garantizar los derechos humanos y la satisfacción de las necesidades básicas), pero mantener la propiedad privada y la iniciativa privada para aquéllos otros sectores, bienes, servicios o productos que no formen parte de este ámbito. Y donde Marx abogaba por "abolir el trabajo asalariado como medio para eliminar las clases y sus antagonismos", el Socialismo del siglo XXI aboga por instaurar mecanismos e instrumentos (como la Renta Básica, tratada ampliamente en artículos anteriores de esta misma serie) que permitan al conjunto de la población obtener del sistema las garantías suficientes para una vida digna, independientemente de si se trabajo o no de forma asalariada, o de cualquier otra forma. Es decir, el Socialismo actual debe garantizar al conjunto de la ciudadanía las condiciones materiales para su existencia digna, garantizando que ninguna persona tenga que depender de la venta de su fuerza de trabajo para poder subsistir, alcanzando de esta forma cotas de libertad social nunca antes alcanzadas. 

 

Sobre los posibles modelos de organización, propiedad y democratización de las empresas, existen muchas variantes que se pueden adoptar. Desde el colectivismo al estatismo, pasando por todas sus variantes o matices. Entendemos que muchas empresas públicas puedan funcionar mejor desde el colectivismo (cada empresa pertenece a sus propios trabajadores, ellos mismos la poseen y la gestionan), y otras desde el estatismo (cada empresa pertenece al Estado, al conjunto de la sociedad). Pero como hemos dicho, el modelo de propiedad social mezcla los tres elementos (propiedad estatal, propiedad de los trabajadores y propiedad de la ciudadanía) repartidos por igual, garantizando de esta forma lo que creemos es el mejor sistema de democracia económica. El colectivismo tiene la ventaja de que los trabajadores/as, los gestores/as y los poseedores/as de los medios de producción son los mismos. Por su parte, el estatismo tiene la ventaja de que la economía puede planificarse mejor de manera global, de acuerdo con el interés general. Colectivismo implica mayor autonomía y libertad de los trabajadores/as, siempre que todos tengan las mismas opciones de pertenecer a cualquier empresa. Estatismo implica mejor planificación central de la economía. El colectivismo tiene como inconveniente que puede provocar desigualdades entre trabajadores/as de diversas empresas o sectores, puede incluso crear ciertas formas de capitalismo, además de una cierta descoordinación general. 

 

Bajo el colectivismo (o cooperativismo) puro, las empresas compiten entre sí pero pertenecen a todos sus trabajadores/as, convertidos así en una nueva suerte de "capitalistas". El estatismo por su parte tiene como inconveniente que los trabajadores son gestionados por otros, lo que puede dar lugar a conatos de burocratismo, nepotismo y corrupción. En este caso, bajo el modelo estatista puro, la figura capitalista que posee la propia empresa desaparece, pues se sustituye por el Estado, por el conjunto de la sociedad, pero son sus altos funcionarios, como representantes de la empresa, quienes se encargan de gestionarla, de tomar las decisiones estratégicas de acuerdo con el interés general (suponiendo un Estado verdaderamente democrático). Pero como decimos, las fracasadas experiencias del "socialismo real" desarrolladas durante el pasado siglo nos confirman los peligros que el modelo estatista posee, que al final desemboca en un capitalismo de Estado puro y duro. Véase el modelo actual chino como paradigma de lo que estamos contando. El colectivismo, por su parte, puede derivar en un capitalismo semi-privado, en una especie de capitalismo popular. Por ello, como ya hemos argumentado desde anteriores artículos, pensamos que la mejor solución es combinar ambos modelos, el colectivista y el estatista, imponiéndoles además el modelo ciudadano, es decir, reservando una tercera pata de la propiedad social para comités representantes de la soberanía popular, impidiendo de este modo los inconvenientes de los otros modelos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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