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30 mayo 2016 1 30 /05 /mayo /2016 23:00
Autor: Fer

Autor: Fer

Aunque en el presente artículo no represento a nadie más que a mi mismo, me consta que muchos aficionados y estudiosos del arte flamenco no estamos de acuerdo con la asociación que hoy día se mantiene entre el mundo taurino y el mundo flamenco. Es cierto, como vamos a exponer a continuación, que dicha conexión ha existido en el origen de ambos mundos, y que se ha venido manteniendo durante mucho tiempo, pero actualmente, somos muchos los que pensamos que el paralelismo entre ambas manifestaciones no obedece a ninguna realidad constatable, y sólo perjudica al mundo del arte flamenco. No tenemos nada en contra de que se sigan explicando en su origen muchos conceptos, términos, estéticas y actitudes comunes en ambas manifestaciones, pero al igual que la propia renovación de las letras en el cante, y en los estilos o palos flamencos, pensamos que la asociación con lo taurino es algo del pasado, que no obedece a nuestra realidad del siglo XXI. Vamos a intentar explicarlo y fundamentarlo. 

 

Partamos de la idea de que la filosofía inherente al flamenco se plasma en una expresión (como en el resto de las artes), es decir, en una estética y en unos modos plástico, visual y sonoro, que delimitan el universo de la expresión jonda. Pero nuestro concepto de estética flamenca no se limita al cante, al baile o al toque, sino que nos remite a un mundo más amplio de horizontes. Porque lo flamenco engloba también una determinada forma de vivir, de sentir, de estar, de expresarse, de pensar, todo ello impregnado de lo andaluz. Lo flamenco se podría resumir como una actitud ante la vida. Y de esta forma, se puede cantar, bailar o tocar flamenco, pero también se puede escribir flamenco, o pintar flamenco. Lo flamenco comprende toda una filosofía del ser, de la vida y de la muerte. Y es cierto que en el origen de esta estética flamenca, se integró todo lo taurino. Y este es el motivo de que la tauromaquia y el arte flamenco estén estrecha y tradicionalmente vinculados. Y la historia de sus protagonistas también. No es éste el lugar para desarrollar un ensayo exhaustivo, lo cual se saldría del espacio y de los objetivos del presente artículo (y además ya han realizado otros autores de forma magistral), pero sí expondremos brevemente algunos puntos de contacto que pueden servir de ilustrativos ejemplos para entender tal asociación histórica. Para empezar, los lugares de reunión de cantaores/as y toreros eran tradicionalmente los mismos. Muchos toreros y banderilleros han sido y son aficionados al flamenco, y muchos incluso han hecho incursiones en el cante, en el baile o en la guitarra. 

 

Por otra parte, muchos artistas flamencos han sido y son aficionados al toreo, e incluso han llegado a hacer sus pinitos en el ruedo. Esto ha llevado incluso a algunos escritores flamencos a establecer parangones entre los artistas del flamenco y del toreo, como hizo por ejemplo Anselmo González Climent en su obra "Andalucía en los toros, el cante y la danza", o a bautizar nuevos conceptos híbridos, como el de "Tauroflamencología". Y también existen infinidad de términos, conceptos y expresiones taurinas que se usan también en el flamenco, como puedan ser "temple", "tercio", "remate" o "desplante", por citar algunas. Otros autores han asociado diversos estilos de toreo con la filosofía impregnada en algunos cantes, afirmando que se puede torear "por soleares" (esto es, con estilo reposado y solemne) o "por bulerías" (más rítmico y airoso). Y en el mundo de las letras flamencas, sobre todo las clásicas, es totalmente evidente la correspondencia expresada entre ambos mundos, como por ejemplo en la letra de seguiriya que dice: "A un torito en plaza / No le temo tanto / Como a una malina lengua / Y a un testigo falso". Y por supuesto, el "Olé" es expresión común a ambas manifestaciones. En definitiva, vestuario, gestos, términos, afición y protagonistas han sido comunes en ambos mundos. 

 

Por tanto, no dudamos en establecer conexiones, tanto históricas, como sociales y estéticas, entre una y otra manifestación, entre el flamenco y la tauromaquia. Porque en efecto, se trata de dos mundos nacidos como hijos de la opresión de un pueblo, Andalucía, como dos expresiones culturales de un pueblo, el andaluz, que en su origen creó tanto el flamenco como la tauromaquia a modo de manifestaciones anestesiantes ante una cruda e injusta realidad social. Pero con el paso del tiempo, ambas manifestaciones corren caminos muy distintos. Durante la primera mitad del siglo XX, y especialmente durante la dictadura franquista (período que podemos denominar como el "nacionalflamenquismo"), dicha asociación entre ambos mundos, es decir, entre el mundo del flamenco y el del toreo, no fue más que otra manifestación de esa Andalucía de charanga y pandereta que quisieron exportar, de esa Andalucía inculta, ligada al folklore intrascendente, esa Andalucía superficial que vendía muy bien en el extranjero mediante imágenes y estampas típicas y tópicas de toreros y flamencos. Por su parte, y aún reconociendo la tauromaquia como tradición cultural de un pueblo, entendemos que las tradiciones (que en realidad forman parte de un todo más extenso como es el Folklore, donde cabe todo el conjunto de manifestaciones populares, como leyendas, creencias, tradiciones, festejos, juegos, música, adivinanzas, cuentos...en definitiva, todo el patrimonio cultural de un pueblo) no son inmutables, es decir, no podemos verlas como si fueran una foto fija. Al igual que las artes, o las ciencias, en general la cultura, van evolucionando con el tiempo. 

 

Y así, no tendría sentido cantar hoy una seguiriya como se cantaba a inicios del siglo XX, como de hecho los guitarristas flamencos no tocan hoy como tocaban los del siglo pasado. Sin embargo, no cuestionamos al arte flamenco porque entendemos que es eso, un arte. Es decir, hubo un momento en su historia que dejó de pertenecer a la órbita del folklore, de la música popular, para pasar a la órbita de las artes. En efecto, la riqueza de nuestro folklore andaluz, más la aportación de músicas foráneas y del pueblo gitano, sirvieron de base para modular unos estilos musicales nuevos y distintos, y del folklore se pasó al arte flamenco cuando los cantes dejaron de ser corales, el acompañamiento dejó de ser múltiple, y los mensajes se volvieron más intimistas. El cante flamenco es, de hecho, la expresión de una tragedia cantada en primera persona. Bien, ¿podemos incluir la tauromaquia también en esa órbita? Tradicionalmente se ha denominado como "el arte de Cúchares" (por Francisco Arjona Herrera, "Curro Cúchares", torero del siglo XIX), y aquí tenemos el problema. Porque si no lo elevamos a la categoría de arte, hemos de reconocer, al hilo de lo anterior, que pensamientos, creencias, actitudes o festejos que pudieran valorarse en el pasado bajo un cierto criterio, pasan a valorarse desde otro criterio muy distinto, según avanza el grado de conciencia, de conocimiento y de sensibilidad de la Humanidad.

 

Por ejemplo, si retrocedemos un par de siglos, el Hombre no tenía la conciencia de la importancia de la Ecología, disciplina de estudio que no existía como tal, pero que hoy día existe, y a la cual se le concede cada vez mayor importancia, formando parte fundamental y eje transversal de todas las políticas públicas que se vayan a proyectar sobre los territorios. Y ello, simplemente, porque el Hombre ha comprendido, con el paso del tiempo, que el cuidado del planeta es un aspecto fundamental a tener en cuenta sobre todas las actividades humanas, porque de lo contrario, el mundo se volverá cada vez más insostenible desde todos los puntos de vista. Pero podemos poner ejemplos de otro tipo. En tiempos de los Reyes Católicos, todas las leyes se caracterizaban por una crueldad tremenda, por ejemplo a los ladrones se les cortaban las manos en castigo de sus acciones. Pero sin embargo hoy día, nadie plantearía semejante salvajada en el Congreso de los Diputados. Todas estos ejemplos, y muchísimos más que podríamos poner (al igual que en el campo de la ciencia) deben ayudarnos a comprender que las tradiciones culturales de un pueblo, pueden y deben ajustarse, de cara a su respeto y mantenimiento, bajo puntos de vista actualizados, teniendo en cuenta todo el corpus científico, moral y social vigente de forma mayoritaria en cada momento de nuestra Historia. Lo contrario implica únicamente querer mantener fosilizados, a toda costa, tradiciones que con el tiempo dejan de tener sentido. 

 

Pues bien, muchos flamencos entendemos que eso es justo lo que está ocurriendo con la tauromaquia. Desde que el movimiento de liberación animal da sus primeros pasos en la década de los 70 del siglo pasado, los diversos movimientos animalistas y ecologistas nos ofrecen otra visión del respeto que hemos de tener para con el mundo animal, erradicando la explotación de las diversas especies por parte del hombre, así como los diversos espectáculos, festejos, tradiciones o actividades donde concurra cualquier tipo de maltrato animal. Y así, mientras el arte flamenco se inscribe sin duda en la órbita de las manifestaciones musicales, y también en el carácter, idiosincrasia y filosofía del pueblo andaluz, pensamos que la tauromaquia se inscribe en la órbita de las manifestaciones ligadas a las tradiciones, pero donde el componente de maltrato animal supera a todas las demás. Reivindicamos el arte flamenco y lo asociamos con la manifestación profunda de nuestra Andalucía, una Andalucía oprimida durante siglos por señoritos, aristócratas, capitalistas y terratenientes. Esa misma Andalucía también forjó la tauromaquia con los mismos metales, pues en su origen, las circunstancias de marginalidad crean esa necesidad de enfrentamiento con el toro bravo, ya que la vida no vale mucho y se puede jugar con ella. Y frente al imperio de los señoritos a caballo, la vieja Andalucía reivindicaba el triunfo de los toreros sacados en hombros por el pueblo, y que éste elevaba a la categoría social de héroes. 

 

Pero al igual que nuestro arte flamenco protagoniza su renacimiento a partir de los años 50 del siglo pasado, y surgen nuevos estudiosos, letristas y artistas que reivindican la vuelta y recuperación del auténtico espíritu para el flamenco, alejado de los tópicos y facilones clichés andaluces, también durante el siglo pasado nace el movimiento de liberación animal, o movimiento animalista, que nos debe hacer repensar todas las actividades, espectáculos, festejos, manifestaciones o tradiciones populares donde intervenga el maltrato animal, para repudiarlas y erradicarlas. Y en ésas estamos. Muchos amantes del flamenco pensamos por tanto que ya es hora de pasar página en cuanto a la histórica asociación entre el toreo y el flamenco, y desligar ambos mundos, que aunque nacidos de una misma realidad antropológica en sus orígenes, hoy día entendemos que deben ser desgajados, por seguir caminos culturales distintos, y por entender que mientras el arte flamenco se sitúa adscrito con plena categoría como una de las músicas más ricas del mundo, la tauromaquia es una actividad, un festejo o una manifestación que debe ser abolida, al encontrarse dentro de las manifestaciones del folklore encuadradas en aquéllas donde interviene el maltrato y el sufrimiento animal.

 

En conclusion, muchos amantes, profesionales y estudiosos del flamenco no nos sentimos toreros, no nos gusta la mal llamada "fiesta nacional", nos declaramos y reconocemos antitaurinos, abogamos por su prohibición definitiva, y no nos sentimos identificados con la permanente asociación que se hace en recintos, peñas, exposiciones y actuaciones entre el mundo del toreo y el mundo flamenco. Entendemos que es una asociación superada, perteneciente únicamente al pasado, y que hay que eliminar en cuanto a la estilística de las letras flamencas, y la estética particular de lo jondo. Aún reconociendo, porque es un hecho histórico, que el mundo del flamenco y del toreo han compartido orígenes comunes, nos pronunciamos a favor de una renovación tanto de las letras flamencas (para eliminar las referencias al mundo del toreo, pero también de otras manifestaciones, como el machismo) como de la permanente asociación "natural" que aún hoy día muchos se empeñan en mantener, y emplazamos a los estudiosos, aficionados y artistas que compartan esta visión a que lo manifiesten públicamente, y dejemos de exportar y asociar la imagen del toreo asociada a la imagen de nuestro arte flamenco. 

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Published by Rafael Silva - en Cultura
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