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3 julio 2016 7 03 /07 /julio /2016 23:00
Autor: Josetxo Ezcurra

Autor: Josetxo Ezcurra

[...] Hay dos mundos:
El salvaje.
El menos salvaje.
El salvaje es el mundo de la fuerza bruta, el de la
ley del más fuerte, de los cárteles de la droga, los
escuadrones de la muerte, los dictadores y esbirros,
los ataques terroristas, la guerra entre bandas, el
odio interétnico, los asesinatos en masa, las violaciones
masivas.
El menos salvaje es el mundo del poder civilizado,
los gobiernos y los ejércitos, las multinacionales
y los bancos, las compañías petroleras, del «impacto e intimidación», de «la muerte que viene del cielo»,
el genocidio, la violación económica masiva.
[...] Ambos mundos son el mismo mundo

Don Winslow

Afirmábamos en los artículos anteriores de la serie que uno de los principios a alcanzar para poder fomentar el pacifismo a escala internacionalista, es vivir en concordia, en armonía, en paz interior dentro de tu propio país. Pues bien, el ejemplo paradigmático de ello son los Estados Unidos de América (USA), al cual le hemos dedicado ya una serie de artículos propia (USA: Estado de Guerra Permanente), que recomiendo a los lectores que aún no la hayan seguido. Y en efecto, la paranoia armamentística de Estados Unidos, su actitud ante el resto del mundo, su afán imperialista, su cáncer guerrerista, su obsesión de control y dominación mundial, su liderazgo indiscutible en la globalización del capitalismo y el neoliberalismo, van indisolublemente ligados a su cultivo interno de las armas de fuego. Su actitud prepotente, su estado de guerra permanente hacia el exterior, van estrechamente unidos a su estado de guerra permanente en el interior. Y el primer dato que tenemos que ofrecer al respecto, que pone en entredicho las opiniones que se escuchan por doquier, es que los principales responsables de la violencia criminal masiva contra los propios ciudadanos estadounidenses, cuadran más con el perfil del propio ciudadano norteamericano promedio, que con terroristas extranjeros, radicalizados y fanáticos. 

 

Lo explica muy bien Gustavo Veiga en este artículo para el medio argentino Pagina 12, al cual nos remitimos. La lista de atentados con víctimas estadounidenses suele completarse con victimarios de la misma nacionalidad. Hablan su idioma, residen legalmente en Estados Unidos, conocen su cultura, y responden al prototipo de hombre blanco joven. Por supuesto, no usan turbante ni sus mujeres llevan velo islámico. Pero eso sí, son amantes de las armas, poseen licencia para tenerlas, y en su propio domicilio suelen encontrarse siempre varias. Son los mismos que perpetraron masacres en la Escuela Secundaria Columbine (1999), en Fort Hood (2009), en el Cine Aurora de Colorado (2012), o en el Colegio Primario Sandy Hook en Newtown (Connecticut) en 2012, donde murieron varias decenas de niños y jóvenes estudiantes. Como decimos, los asesinos suelen ser jóvenes racistas, adeptos a las armas, hijos de la propia cultura estadounidense, prototipos del perfil de su ciudadanía. Sin embargo, continúa existiendo la creencia popular norteamericana de que el terrorismo interno de Estados Unidos es debido a la presencia de extranjeros. 

 

Y es que la idiosincrasia del ciudadano medio, la propia historia norteamericana desde su fundación, los valores en los que descansa la tremenda falacia del "sueño americano", la Segunda Enmienda de su Constitución (que tiene más de 225 años), y la terrible presión ejercida por el lobby de las armas (representado fundamentalmente por la Asociación Nacional del Rifle), perfilan una aceptación social y psicológica del uso y posesión de las mismas de una forma mayoritaria. La mayoría de líderes norteamericanos (hace pocos días lo expresó de forma muy significativa el candidato republicano Donald  Trump) piensan que la forma de detener estas masacres es armando todavía más a la población. Afirman y están convencidos de que "Lo único que puede detener a una persona mala con un arma es una persona buena con un arma". Es su versión del famoso dicho "Si quieres la paz, prepárate para la guerra". Pero están equivocados. Las estadísticas dicen lo contrario, pero ellos, desde su ignorancia, continúan alimentando esta infernal posesión de armas de fuego. Y curiosamente, cada vez que ocurre un atentado de estas características, la venta de armas de fuego se dispara, y suben las acciones de las mayores empresas fabricantes de armas. 

 

Por su parte, los ingresos de la industria armamentística norteamericana aumentaron en promedio un 6,5% anualmente desde el año 2011, y se espera que totalicen 15.800 millones de dólares durante 2016. El típico rifle AR-15, como el que se usó en la reciente matanza del Club Pulse de Orlando, se puede adquirir sin problemas por algo menos de 800 dólares. En 2014 se fabricaron más de 9 millones de armas en Estados Unidos. Hoy día se estima que circulan en USA entre 270 y 310 millones de armas. Su población total supera los 321 millones de personas, por lo cual hay casi un arma por ciudadano/a, y la cantidad de matanzas anuales que suceden resulta en promedio casi una diaria. El panorama es absolutamente irracional, extremadamente peligroso, y como decíamos al comienzo, este comportamiento social norteamericano encaja perfectamente con la actitud que ellos exportan como país y como Gobierno. Una actitud violenta y guerrerista en el interior, se traduce en un violento y bélico gobierno hacia el exterior. Una actitud ciudadana hostil hacia dentro, se traduce y corresponde en una actitud hostil, dominante y avasalladora del gobierno estadounidense hacia el resto de países del mundo. Queda demostrado. Se puede exponer más alto, pero no más claro. El mayor país intervencionista del mundo, es el país que más cantidad de armas consume en su mercado interno. El país más injerencista y violento es, a su vez, aquél que registra más matanzas indiscriminadas en su interior. ¿Alguien puede pensar que ambos factores no están estrechamente relacionados? 

 

La paz es un sentimiento, una práctica y una convicción. La paz representa una opción ante el mundo, ante la vida que nos rodea, una actitud y un valor vital. La paz por tanto hay que sentirla, y hay que practicarla. Queda automáticamente desautorizado para hablar de paz aquél que apueste por las guerras, tanto internas como externas, tanto en su interior como en su exterior. Porque al igual que el Hombre, en sentido aislado, no podrá estar en armonía con el mundo y con el resto de las personas si no lo está consigo mismo, los países y gobiernos que engendren violencia dentro de sus fronteras, son los primeros candidatos a exportar dicha inestabilidad, dicha violencia y dicho estado de guerra permanente a su exterior. En la serie de artículos referida lo hemos explicado largo y tendido, lo hemos expuesto con todo lujo de detalles, con todo tipo de argumentos y razonamientos. No existe otra salida. Primero hemos de creer en la paz, después hemos de cultivarla en nuestro interior, y después hemos de exportarla hacia el exterior. Si estos tres actos no se dan en secuencia, y ello ocurre por todos los países y organizaciones del globo (o al menos por la mayoría de ellos), jamás tendremos un escenario de paz auténtica y duradera. Es hora de ponerse las pilas. Es hora de armarnos...de paz. Continuaremos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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