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26 julio 2016 2 26 /07 /julio /2016 23:00
¿Qué podemos hacer con los bancos? (y VI)

Se ha levantado la manta para descubrir “las vergüenzas” de las Cajas de Ahorros, pero no se ha hecho lo mismo con los bancos privados porque lo que se ha buscado no ha sido conocer la realidad del sistema, sino provocar una demolición programada del sistema de cajas para que así los bancos privados ocupen su franja de mercado como vía de recuperación de su quebranto patrimonial

Vicenç Navarro y Juan Torres

Es necesaria por tanto la socialización del sector bancario bajo control ciudadano, porque los poderes capitalistas demostraron hasta qué punto eran capaces de cometer delitos y asumir riesgos, de los cuales se niegan a responsabilizarse, con el solo objetivo de aumentar sus ganancias, porque sus actividades comportan periódicamente un elevado coste para la sociedad, porque la sociedad que queremos construir debe estar guiada por la búsqueda del bien común, de la justicia social y de la reconstitución de una relación equilibrada entre los humanos y los otros componentes de la naturaleza. Por todo ello es necesario socializar y democratizar radicalmente la mayor parte del sector bancario. Bien, pero una vez expuestos los antecedentes, razones y motivaciones que nos llevan a exigir dicha socialización, hemos de matizar y completar este concepto. Así, la pregunta general sería: ¿qué se esconde bajo la expresión "socializar el sector bancario"? Pues básicamente los siguientes puntos:

 

1.- La expropiación sin indemnización (o con la sola indemnización simbólica de un euro) de los grandes accionistas, mientras que los pequeños accionistas serán indemnizados convenientemente. 

 

2.- La concesión al sector público del monopolio de la actividad bancaria, con sólo una excepción: la existencia de un sector bancario cooperativo, o de banca ética, de pequeño tamaño (sometido a las regulaciones fundamentales del sector público) y de carácter especializado (regional y sectorial) y un claro comportamiento ético (donde el lucro no fuera su principal motivación, aunque sí habría de ser sostenible financieramente).

 

3.- La creación de un servicio público de ahorro, de crédito y de inversiones, doblemente estructurado: por una parte, una red de sucursales cercanas a la ciudadanía, y por la otra, la creación de agencias especializadas a cargo de las actividades de gestión de fondos y de financiación de inversiones que no puedan cubrir los ministerios responsables de los diferentes ámbitos: sanidad, educación, energía, transportes públicos, pensiones, transición ecológica, etc. Estos ministerios deberán estar dotados del presupuesto necesario para la financiación de las inversiones que les corresponden. Las agencias especializadas intervendrían en los ámbitos y en las actividades en los que no alcancen las competencias y las esferas de acción de estos ministerios, con el fin de asegurar que no queden aspectos desatendidos. 

 

4.- La definición, con participación ciudadana, de una carta sobre los objetivos que se quieren alcanzar y las misiones que se quieren proseguir, que ponga de manifiesto un servicio público del ahorro, del crédito y de la inversión al servicio de unas prioridades definidas según un proceso de planificación democrática. La formulación colectiva de los objetivos finales debe trascender a la concepción del sector bancario como una herramienta pública bajo control del gobierno, y enfocarse más bien a devenir un sistema sobordinado formalmente a la apropiación democrática y colectiva en la búsqueda de metas de desarrollo sociales conformadas por trabajadores de la banca en colaboración con otras demandas sectoriales y colectivas. 

 

5.- La transparencia (de la contabilidad) de las cuentas que deberán presentarse al público de manera comprensible. 

 

Todas estas facetas comprenderían el término "socialización", utilizada, como hemos explicado en entregas anteriores, con preferencia sobre "nacionalización" o "estatización", para indicar claramente hasta qué punto es esencial el control ciudadano, compartiendo decisiones entre dirigentes, trabajadores, clientes, asociaciones, representantes electos locales y representantes de instancias bancarias públicas, nacionales y regionales. Por lo tanto, es necesario definir de manera democrática el ejercicio de un control ciudadano activo y responsable sobre el sector bancario. Asímismo, es necesario alentar el ejercicio de un control de actividades de la banca por parte de los propios trabajadores de su sector, y su participación activa en la organización del trabajo. Es necesario también que los órganos de gobierno de los bancos remitan anualmente un informe público sobre su gestión. Se debe privilegiar un servicio de proximidad y de calidad que rompa con las políticas de "externalización" llevadas a cabo actualmente. Hay que estimular al personal de los establecimientos financieros (incluso mediante cursos de formación) para que garanticen a sus clientes un trato humano, que cultiven la comunidad, y un auténtico servicio de asesoría, que facilite el desarrollo económico, social y ecológico, rompiendo con las políticas comerciales agresivas de ventas forzadas, sin la suficiente información, o sin consentimiento debidamente informado. En ese sentido, el carácter ético de la nueva banca socializada deberá ser elemento primordial de la misma.

 

Estamos completamente convencidos de que la socialización del sector bancario y su integración en el catálogo de servicios públicos permitirán:

 

1.- Que los mercados financieros ya no tengan la misma influencia sobre la ciudadanía y los gobiernos. Con ello ganará la democracia, la justicia social y el bien común.

 

2.- Que la financiación de los proyectos de la ciudadanía, de empresas y de las Administraciones Públicas sea algo real y tangible. Con ello ganará la economía real, aquélla dedicada a la satisfacción de las necesidades, y perderá la economía especulativa, dedicada al lucro insaciable e indecente.

 

3.- Que la dedicación de la actividad bancaria al bien común facilite la transición hacia una economía postcapitalista, productivista y ecosocialista. Con ello ganarán también, además de la inmensa mayoría social, la naturaleza, el medio ambiente, y los derechos humanos.

 

Porque consideramos que el ahorro, el crédito, la seguridad de la liquidez monetaria y la preservación de la integridad de los sistemas de pago son asuntos de interés general, que no se pueden ni deben dejar en manos privadas, y por esa razón fundamental, preconizamos la creación de un servicio público bancario para la socialización de las empresas del sector financiero y de seguros, abandonando el carácter privado y oligopólico que actualmente poseen. Porque los bancos son actualmente un útil esencial del sistema capitalista y de un modo de producción que perjudica al planeta, que genera un desigual reparto de los recursos, que siembra guerras y precarización de la vida, que recorta cada día un poco más los derechos laborales y sociales, y ataca las instituciones y el concepto mismo de democracia, es esencial tomar el control y hacer de ellos instrumentos al servicio de la colectividad. La socialización del sector bancario no puede considerarse solamente como un eslógan o una reivindicación que será autosuficiente, y que los dirigentes aplicarán después de haber tomado la buena dirección. Esta socialización debe concebirse, en cambio, como un gran objetivo político a alcanzar mediante un proceso dirigido por una dinámica ciudadana.

 

No solamente se necesita que los movimientos sociales organizados ya existentes (como los sindicatos) lo prioricen en su agenda, y que los diferentes sectores del tejido civil (colectividades locales, pequeñas y medianas empresas, asociaciones de consumidores, etc.) se posicionen en ese sentido, sino también, y sobre todo, que los empleados y empleadas de la banca sean sensibles a la función social de su trabajo, y a las mejoras de las que gozarían si los bancos fueran socializados. Y para ello hace falta mucha concienciación popular, mucha labor pedagógica, mucha lucha contra el pensamiento dominante y los grandes poderes económicos, que se negarán hasta el final a dicha transformación, y pondrán todo lo que esté en sus manos (que es mucho) para impedir dicho proceso. Hay que iniciar procesos participativos en los que los usuarios, desde sus oficinas bancarias, soliciten ser parte del proceso de redefinición de lo que debe ser un banco al servicio de la mayoría. Está claro que sólo una potente movilización popular podrá garantizar que la socialización del sector bancario llegue a concretarse, porque esta medida afecta al propio corazón, a la propia esencia, a la misma arquitectura del sistema capitalista. Si un gobierno de izquierda no toma esta medida, sus acciones no podrán provocar un cambio radical sustancial, que rompa con la lógica dominante del sistema, y permita un nuevo proceso de emancipación social.

 

Pero la socialización del sector bancario y de seguros debe formar parte de un programa mucho más extenso de medidas complementarias, que permitan, como hemos indicado más arriba, iniciar una transición hacia un modelo postcapitalista, postextractivista, y postneoliberal, encaminado hacia la meta final socialista. Tal programa, que debería tener una dimensión europea (aunque esto último ya es más complicado), aunque comience por uno o varios países determinados, comprendería especialmente el abandono de las políticas de austeridad en relación a los derechos sociales y servicios públicos, el fin de los rescates bancarios y las políticas favorables a la industria privada, la auditoría de la deuda pública y posterior repudio de la parte de la misma considerada ilegítima o insostenible, la instauración de una verdadera reforma fiscal progresiva (con una fuerte imposición al capital), la reducción generalizada del tiempo de trabajo con contratos compensatorios y mantenimiento del salario, una serie de medidas para garantizar la igualdad entre hombres y mujeres, la socialización del sector de la energía (otro sector estratégico de la economía real), el desarrollo pleno y efectivo de los servicios públicos (con potenciación de la tasa de empleo en los mismos) y de la protección social, y el establecimiento de una política determinada para la transición ecológica. Hoy día, la socialización integral del sistema bancario es realmente una urgente necesidad económica, social, política y democrática. Finalizamos aquí esta breve serie de artículos, que esperamos haya sido de utilidad a los lectores. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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