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24 agosto 2016 3 24 /08 /agosto /2016 23:00
Escuela Pública y Religión: Incompatibles (II)

En el primer artículo de esta breve serie, nos centramos en explicar la necesidad de abogar por un modelo de escuela 100% pública, intentando desmontar todas las falacias que se esconden detrás del supuesto derecho a la "libertad educativa" (o derecho a la libre elección de centro, o derecho a que los hijos se eduquen como quieran sus padres, o como queramos expresarlo). Bien, pero queremos dejar absolutamente clara nuestra postura, para no albergar posibles malentendidos: ¿Es que queremos prohibir la escuela privada? Por supuesto que no. Pero la escuela privada, a la que cualquier padre y/o madre que lo desee y pueda pagarla tiene derecho a llevar a sus hijos/as, no debe ser nunca financiada mediante fondos públicos, ya que si son las familias con mayores posibilidades económicas las que quieren que sus hijos/as estudien en otro tipo de colegios (con otro profesorado, con otros medios, con otras instalaciones, con otro plan de estudios, con otras exigencias y criterios de selección...), deberán asumir los propios padres y madres (y demás organizaciones interesadas) la inversión necesaria para mantener dicho tipo de escuelas. El resto de la sociedad no debe participar de los deseos y de las exigencias de unos pocos privilegiados. Esto sería lo justo. Y por supuesto, si tal o cual escuela privada desea incluir en su programa de estudios la asignatura de religión, no hay nada que objetar. 

 

Bien, habiendo dejado claro el tema de la escuela privada, vamos a hablar ahora sobre el modelo mixto de escuela, esto es, la escuela público-privada, que se expresa en nuestro país mediante los denominados "Conciertos Educativos", y que denomina a sus escuelas, "Escuelas Concertadas". Y el hecho es que estos conciertos educativos, como muy bien explica Agustín Moreno en este artículo para el medio Cuarto Poder, representan toda una perversión educativa. Aunque ya existían centros de este tipo anteriormente, la llamada "Escuela Concertada" aparece en nuestro país a partir de la primera legislatura de Felipe González (PSOE), en 1982, justificada en la excusa de que había que universalizar el derecho a la educación (principio muy loable con el que estamos absolutamente de acuerdo, pues la Educación ha de entenderse en última instancia como un derecho humano), y estos conciertos educativos iban a poder hacer llegar la escuela a la inmensa mayoría de niños y niñas de todos los rincones de nuestro país. La idea ha ido creciendo desde entonces, y hoy día, somos el tercer país de Europa con más educación concertada. ¿Cuál es el típico modelo de escuela concertada? Pues un modelo público-privado, donde los conciertos se establecen con organizaciones religiosas (que son las que tenían las instalaciones necesarias ya preparadas), donde existe una parte de financiación pública, pero donde el ideario, plan de estudios, normativas, exigencias, criterios de selección, y prácticas internas las dictan las organizaciones que están detrás de estas escuelas (como decimos, de carácter religioso en su inmensa mayoría). Todo ello fue además reforzado mediante los Conciertos con la Santa Sede de 1979, que prorrogaban y ampliaban los de la época franquista de 1953.

 

Incluso hasta aquí podríamos legimar esa "libertad educativa" de la que hablábamos al principio. Pero los problemas comienzan cuando el Estado, a través de las leyes y presupuestos de sus Gobiernos, comienza a discriminar a la escuela pública y a favorecer a la escuela concertada, cuyos principios y prácticas van claramente en contra de los de la escuela pública. ¿Y cuál es la primera práctica que implementan las escuelas concertadas? La segregación del alumnado. Entiéndase por "segregación" cualquier tipo de distinción de trato, incluso el referido a la separación física, entre unos alumnos y otros, en función de libre criterio de dicha escuela concertada. Es típica la segregación por sexo (escuelas o aulas de niños y otras de niñas), o la segregación racial. Por ejemplo, en el citado artículo se refiere que Barcelona tiene centros concertados sin ningún alumno inmigrante, o que mientras algunos colegios públicos superan el 70% de estudiantes de origen extranjero, un colegio concertado no llega al 6%. Diversas asociaciones de padres, de hecho, han denunciado en reiteradas ocasiones la situación de guetización y empobrecimiento de unos centros (públicos) frente al clasismo y elitismo de otros (concertados). Porque la cuestión, no lo olvidemos, es que todos están financiados con fondos públicos, es decir, provenientes de los impuestos que pagamos todos. 

 

La escuela concertada también fomenta la competitividad entre los propios centros, mediante sistemas como el modelo bilingüe, la zona única de escolarización y los centros de excelencia. Pero como decimos, lo peor de todo es que se va produciendo progresivamente una descarada desviación de recursos públicos que se dejan de aportar a la escuela pública, para favorecer a la escuela concertada. Y así, mientras en la escuela pública se recorta el gasto por estudiante, se aumentan los ratios profesor/alumno y se descuida el equipamiento, la escuela concertada va evolucionando en sentido contrario. Con el tiempo, la implantación de este perverso modelo conduce a la subsidiariedad de la educación pública respecto a la privada. Lo que se pretende, a tenor de lo visto y comprobado, es que la escuela pública se convierta en un elemento residual, en vez de en la opción inmensamente mayoritaria. Y como afirma Agustín Moreno: "Para ello se ha aplicado un proceso nada sutil de privatización: cierre de grupos y centros públicos, al tiempo que se regala suelo público y conciertos, a veces incluso en condiciones delictivas" (en efecto, véase la trama de corrupción llamada "Púnica" para contemplar casos de este tipo). No son determinados casos aislados, es el sistema que evoluciona progresivamente hacia este modelo "concertado", que a su vez deriva hacia un modelo privatizador, segregador, doctrinario, elitista y corrupto. 

 

El problema lo crea la doble red existente (pública-concertada) que pervierte gravemente nuestro sistema educativo. No se pueden dedicar recursos públicos a un modelo "mixto" que instaura un tipo de escuela discriminatoria, en vez de integradora. Las consecuencias que nos ha traído este absurdo modelo son evidentes: pérdida de alumnado en la escuela pública, creación de guetos y deterioro de la calidad educativa. Porque la calidad educativa no podemos medirla en cantidad o calidad de las instalaciones, o en puestos en el "ránking" de dicho centro, sino en calidad del programa educativo que se imparte. Y desde este punto de vista, está claro que la escuela concertada quiebra el principio de igualdad de oportunidades, y con ello la equidad y la cohesión social. Por tanto, frente a la falacia vertida en torno al supuesto "derecho a elegir" de los padres, hemos de reivindicar el progresivo desmantelamiento de la red de centros concertados, para que o bien se adscriban totalmente a la red pública, o bien se conviertan en centros absoutamente privados, con las consecuencias derivadas que ello implica. Pero los centros concertados, como estamos viendo, representan una auténtica perversión educativa, por los motivos que hemos expuesto. Pero aún daremos más argumentos en las siguientes entregas, y comenzaremos a discutir el asunto de la religión, que es el que nos ocupa fundamentalmente. 

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Published by Rafael Silva - en Educación
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