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9 agosto 2016 2 09 /08 /agosto /2016 23:00
Autor: Kalvellido

Autor: Kalvellido

Lo más grave de la dominación neoliberal es el control que ha logrado de nuestras mentes. El neoliberalismo nos ha hecho que pensemos nuestra vida como si fuera una empresa

Alberto Betancourt

Otra manifestación tremendamente típica de la perversa acción e influencia que el pensamiento dominante ejecuta sobre nuestras mentes, es la relativa a la creciente aceptación social del "emprendedurismo", o lo que es lo mismo, de hacerse empresario. Al estar la polìtica muy influida por las directrices que los mismos quieren implantar, el imparable ascenso de la ideología de los llamados "emprendedores" nos envuelve hoy día con una fuerza arrolladora. Evelyn Patricia Martínez nos lo explica muy bien en este artículo, al que remito a los lectores para mayor información. Tenemos, en primer lugar, la ideología "emprendedurista", que ha de conseguir fundamentalmente que los oprimidos asuman como propios las ideas y discursos de sus opresores. Básicamente, esto significa que, según ella, si tengo un jefe que me explota, la solución no es reeducar al jefe para que respete los derechos de sus trabajadores, sino abandonar a ese jefe y ser mi propio jefe, explotándome a mí mismo, lo cual, al menos, estará más justificado, porque dicha explotación revertirá no en beneficios para mi jefe, sino para mi. Paulo Freire, en su obra "Pedagogía del oprimido", afirma que los síntomas más directos son que los oprimidos "hablan como ellos, actúan como ellos, piensan como ellos, desean lo mismo que sus opresores".

 

El discurso económico dominante busca que existan cuantas más empresas mejor, para que el paradigma ideológico del "emprendedurismo" se extienda lo máximo posible. De esta forma, la ideología del emprendedor se legitima socialmente, ya que todo el mundo se hace cómplice de ella. El capitalismo neoliberal insiste mucho en esta idea sobre todo para el grueso de los desempleados, que son perfectos candidatos a embarcarse en nuevas "aventuras empresariales". Bajo este discurso, se les incita a que monten su propio negocio, a que se hagan empresarios (pequeños empresarios en principio, o simplemente "autónomos" de sus jefes), negocio que poco a poco podrán ir aumentando, hasta llegar a convertirse en grandes empresarios. Hacen de esta meta la ilusión de muchas personas. Consagran muchos esfuerzos en su consecución, sobre todo implantando medidas socio-laborales que apoyen a estos colectivos de "pequeños empresarios", a la vez que se demoniza a los trabajadores asalariados, y aún mucho más a los empleados públicos y a los funcionarios, que constituyen el modelo a abatir, porque el dogma neoliberal persigue que haya cuantos menos, mejor, como estrategia para debilitar al Estado y a sus empresas y organismos públicos. Se van imponiendo de esta forma los valores del individualismo, de la competencia y del egoísmo personal como los únicos válidos para alcanzar esa meta, y por tanto, llegar a triunfar, a ser poderosos, a ser felices, y a constituir un referente social, un espejo donde mirarse.

 

Esta ideología "emprendedurista" es absolutamente necesaria para poder seguir reproduciendo el sistema, favoreciendo sus motores y alimentando sus necesidades, tanto material como culturalmente. Todo ello se complementa con estrategias de ataque a los sindicatos, a la negociación colectiva, al refuerzo del poder y de la hegemonía empresarial, y a la asunción social del éxito de los grandes patronos como un cénit demostrativo del éxito personal y social. Y todo ello se adereza y complementa también con los patrocinios o mecenazgos que se conceden a los empresarios en todas las iniciativas de carácter social, para ofrecer un mensaje de refuerzo de su necesidad social. Los grandes empresarios son imitados, son tenidos como referentes, sus empresas patrocinan todos los grandes eventos laborales, sociales, culturales, científicos o deportivos, y la continua evolución de sus ganancias es ofrecida como "buenas noticias" en los informativos y diarios económicos. Las revistas y publicaciones de moda se inspiran en ellos, y se convierten en auténticos héroes del modelo. Mientras, los empleados públicos o simplemente asalariados de la empresa privada son atacados, recortados, desmantelados, infravalorados, despedidos, y se convierten en un referente para la mediocridad social. 

 

En el fondo, lo que le interesa a la ideología neoliberal, lo que verdaderamente subyace debajo de toda esta estrategia, es que se vaya perdiendo el sentido de lo colectivo, de lo común, de la organización, de la cooperación, de la reciprocidad y de la solidaridad. Quieren destruir todos esos valores, resumidos en la máxima que ya enunciara Margaret Thatcher ("No existe la sociedad, sólo existen los individuos"), y para ello, el paradigma emprendedor es un perfecto modelo, un proyecto de la individualización de todo. En palabras de Santos Ortega: "Una economía hecha de trabajadores que se comportan como unidades-empresa, y no como grupos de asalariados, conlleva la generalización de la forma-empresa (...) Una sociedad integrada bajo el principio rector de la forma-empresa, que se infiltra en todas las relaciones sociales. También en la familia o en el Estado". La colonización mental de todos estos valores nos conduce a la idea de que el pobre es pobre porque no quiere emprender, porque no tiene iniciativa, porque es un parásito social, porque es un derrotado. El modelo emprendedor incita a la competencia permanente, para poder ser un "triunfador". Y bajo los falaces valores del talento, la innovación, el mérito, la iniciativa, el carisma, etc., se van inculcando una serie de actitudes y de comportamientos sociales, en función a dichas metas, que convierten la sociedad en una auténtica selva. Pero estos valores, como decimos, son una completa y absoluta falacia. 

 

Lo son porque, en realidad, el modelo esconde expresamente las auténticas razones que lo rigen: en realidad quien "fracasa" es el resultado directo de las relaciones de expoliación del capitalismo monopólico. Y se ocultan los procesos sociales que han posibilitado ese "talento" del emprendedor. Los datos están ahí, y se pueden hacer miles de cuestionarios para demostrarlo: el rico no es rico por sus cualidades de "talento", carisma o iniciativa, sino que su riqueza ha sido creada por las relaciones de explotación de las fuerzas del trabajo, que crean continuamente plusvalores que no son reconocidos por el sistema. Influye también la invisibilización del aporte del trabajo no remunerado y del cuidado que realizan, en su mayoría, las mujeres, para reproducir la fuerza de trabajo y mantener la vida. De esta forma, el gran empresario posee riqueza porque hereda, niega, oprime y explota. Esa es su única racionalidad. Su único credo. Sus únicos valores. Sus permanentes objetivos. No existe tal talento, lo que hay es explotación, lo único que existe es dominio en las relaciones de producción. Pero estamos ignorando, no obstante, otro de los motivos, y no menor (quizá el fundamental de los grandes empresarios), por el que son ricos y poderosos, y sus empresas tienen éxito: la influencia. El modelo emprendedor justifica que cuando se llega a un cierto grado de poder, ese poder, transformado falazmente en valores de "experiencia, sabiduría, influencia y prestigio", consagra aún la consecución de más poder. Y así, el gran empresario no es normalmente el principal accionista de su empresa, sino que se sienta en los Consejos de Administración de muchas empresas más, con lo cual sus beneficios y su poder se multiplican. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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