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23 agosto 2016 2 23 /08 /agosto /2016 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (43)

Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio

Albert Einstein

El pensamiento dominante nos lleva a introducirnos y a aceptar también otra serie de hechos bajo su prisma exclusivo. Hacemos valoraciones de acontecimientos, hechos y opiniones de forma sesgada, y bajo los criterios de la mayoría, sin detenernos a intentar establecer un juicio crítico. Por ejemplo, tomemos el caso de la violencia. Como seres humanos civilizados que pretendemos ser, está claro que debemos posicionarnos contra todo tipo de violencia, de todo grado o magnitud, y de todo origen, pero a su vez, debemos comprender que el rango de la violencia es muy amplio, que la violencia ofrece muchas "caras" o facetas distintas, que la violencia se manifiesta de muchas formas, que posee múltiples rostros. Debemos por tanto analizar, y darnos cuenta, por ejemplo, de que una secuencia de actos de violencia física, material, callejera, terrorista, repentina, pero sostenida en el tiempo, normalmente no surge porque sí, sino que típicamente suele obedecer a otra violencia "invisible", psicológica, sutil y continua. Debemos aprender a darnos cuenta de que la violencia puede provenir de todo tipo de cultos obsesivos (a las personas, a las ideas, a los objetos...), o bien de cualquier forma de integrismo o fanatismo cultural, político, religioso o ideológico. El rápido y simplista (pero interesado) análisis de que los violentos son malos y el resto son buenos, no suele conducirnos a ninguna conclusión correcta. Es más aconsejable analizar profundamente las motivaciones y las causas que conducen a tales estallidos de violencia, y atender a sus auténticas raíces. 

 

O por ejemplo, tenemos el caso de los nacionalismos o patriotismos exacerbados, que normalmente siempre sirven al poder establecido, al poder dominante, bien sea antiguo o emergente, para desviar la atención sobre los verdaderos problemas, para hacernos olvidar que lo realmente importante son las personas, para hacernos creer que hay algo superior a las personas (tradiciones, territorios, naciones, imperios...), patriotismo normalmente utilizado por el poder para justificarse, para someter y para controlar al pueblo, nacionalismo y patriotismo en nombre de los cuales se han hecho y se siguen haciendo muchas de las mayores barbaridades de la Historia de la Humanidad. La alienación, como vemos, es múltiple, y nos ataca desde muchos frentes a la vez. En el fondo, el pensamiento dominante sólo pretende camuflar el hecho de que las clases dominantes y poderosas (capitalistas, en nuestra época) pretenden enriquecerse y dominar por completo a las clases populares. Es una bomba disfrazada de ideología con el objetivo supremo de vencer definitivamente a las clases humildes y trabajadoras. Evidentemente, las formas en que se ha intentado llevar a cabo, el contexto de cada país y el contexto internacional, hacen que su puesta en práctica no sea tan simple, sino que bastante compleja. Pero si nos damos cuenta, si lo analizamos profundamente, y a tenor de los ya múltiples ejemplos que venimos contando en esta serie de artículos, comprobaremos que la esencia del pensamiento dominante es profundizar en el capitalismo, enriquecer a las clases capitalistas, dominar a las clases populares, alienarlas y controlarlas todavía más. Y, desde luego, los resultados prácticos así lo corroboran. Mil falacias constantes y diversas contribuyen a ello, a difundir su perversa ideología y a instalar su régimen constante de expolio a los más débiles. Y por fin, cuando todas las piezas del puzzle se colocan en su sitio correcto, se contempla el bosque con total nitidez. 

 

Por consiguiente, intentemos liberarnos por todos los medios, y con todas nuestras fuerzas, de los dogmas del pensamiento dominante actual, más aún, intentemos no someternos a los dogmas capitalistas y pensemos por nosotros mismos con un poco de razonamiento lógico y de sentido común. Consideremos el siguiente ejemplo básico: si un padre o madre de familia humilde trae a casa una cantidad de comida insuficiente para los suyos, ¿qué hará para que todos puedan comer? ¿dará una ración entera a unos hijos, mientras que a otros no les dará nada? ¿o más bien repartirá lo poco que haya traído entre todos sus hijos, para que ninguno se quede sin comer? Este ejercicio de la razón más elemental nos dice que si queremos combatir el desempleo, debemos disminuir la jornada laboral, debemos evitar las horas extraordinarias, debemos proteger a los trabajadores, a la mayoría, de las minorías depredadoras insaciables. Sí, de aquéllas que provocan las crisis que luego debemos pagar los comunes mortales. Pero, además, por si no nos fiamos de nuestro sentido común (pues éste también puede engañarnos al ser también blanco del pensamiento único), si contrastamos con otros economistas y analistas críticos con el sistema actual, veremos que dichas recetas son también defendidas por ellos. Debemos por tanto dejar de pensar "a la manera capitalista", al modo en que nos perjudica, el que nos condena a la miseria o a la amenaza de sucumbir ante ella. Debemos comenzar a pensar acorde a nuestros intereses, de acuerdo con nuestra realidad, pero con amplitud de miras. Debemos ser realistas. De lo que se trata es de repartir, para lo cual debemos primero repartir el poder, debemos conquistar primero la verdadera democracia, como nos decía muy acertadamente Rosa Luxemburgo

 

Bien, pues otro fenómeno muy actual a analizar, justo para separarlo de las malas influencias del pensamiento dominante, es el de la corrupción. Hoy dia se habla de ella hasta la saciedad, desgraciadamente, pues durante años de gobiernos bipartidistas (de PP o de PSOE) se han detectado comportamientos corruptos (que necesitan a un corruptor y a un corruptible) que han implicado a políticos, empresarios, funcionarios, etc. La corrupción está a la orden del día. Continuamente salen nuevos casos a la palestra, y no hay noticiero que no nos traiga alguna comunicación al respecto. La corrupción se ha convertido en el cáncer no ya de nuestra política, sino de toda nuestra sociedad. Y ante ella, ante su enorme magnitud, el pensamiento dominante se limita, como siempre, a unas cuantas conclusiones falaces: "Todos son iguales", "Pero la mayoría no son corruptos", "Quien la haga que la pague", "Por una manzana podrida no vamos a tirar el cesto", y otras simplezas por el estilo. Pero como todo lo demás, la corrupción es un típico fenómeno espejo de nuestra sociedad, de los cimientos de la misma, de los flujos de intereses interconectados, de las reglas y objetivos que la propician, la permiten, la legitiman y la jalean. Vamos a seguir a continuación la exposición de José López en su artículo "La sociedad corrupta", que recomiendo a mis lectores. El autor comienza estableciendo una distinción entre grados, pero que confluyen todos ellos, en mayor o menor medida, en engordar a la sociedad corrupta en la que vivimos. 

 

Y así, José López explica: "Porque no se trata sólo de un problema de unas cuantas manzanas podridas, el cesto entero lo está. Casi todos estamos, en mayor o menor medida, corruptos. Y es que si no olvidamos en qué consiste en verdad el capitalismo, nos daremos cuenta de que este sistema se basa en que unos pocos se apropien de una gran parte de la riqueza generada por la sociedad en su conjunto. No es sólo corrupción lo que hacen algunos con el dinero público, sino también la apropiación de la mayor parte de la riqueza generada en las empresas privadas por sus dueños y sus ejecutivos. También es corrupción que los directivos de las empresas se suban los sueldos escandalosamente al mismo tiempo que los empleados ven año tras año disminuir los suyos, al mismo tiempo que se producen despidos masivos, incluso cuando las empresas van bien. Y es que el capitalismo es esencialmente la dictadura económica ejercida por los dueños de los medios de producción y sus cómplices. La corrupción masiva es un síntoma inequívoco de la escasa democracia que tenemos. Una democracia política bajo mínimos, aparente, cuyo principal fin es evitar que la democracia llegue al centro de gravedad de la sociedad: la economía". Así es, en efecto. Hemos de concluir que es nuestra propia mentalidad capitalista la que es corrupta, porque legitima un sistema cuyos mimbres están construidos en base a la generación de riqueza de forma ilegítima, injusta, irracional y desproporcionada. Si todos participamos de este sistema, es lógico que nuestra mentalidad sea permisiva ante la corrupción. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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