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31 julio 2016 7 31 /07 /julio /2016 23:00
Autor: Josetxo Ezcurra

Autor: Josetxo Ezcurra

Reducir el terrorismo a una locura inhumana de un grupo de chalados que se dejan manejar por mentes oscuras de inspiración religiosa es un análisis de escasa entidad política e intelectual. Pura propaganda del sistema de la globalización. El fenómeno de violencia indiscriminada obedece a causas estructurales y la mayor responsabilidad recae en los centros de poder occidentales y en el régimen-mundo neoliberal

Armando B. Ginés

Bien, comenzaremos hablando sobre el denominado "fundamentalismo islámico", para ir centrándonos en el tema que nos ocupa, que no es otro que el terrorismo internacional. Vamos a ayudarnos tomando como referencia este magnífico artículo de Marcelo Colussi para el medio argenpress.info, que recomiendo encarecidamente a mis lectores. En los primeros artículos de nuestra serie sobre "La transmisión del pensamiento dominante", ya discutimos las diversas estrategias de intoxicación ideológica y mediática, y una de ellas era la que se podía enunciar como "Crear problemas y después ofrecer soluciones". Porque en efecto, una gran parte de lo que actualmente pensamos sobre las ideas básicas de nuestro sistema-mundo (en expresión de Immanuel Wallerstein) tiene que ver con las grandes mentiras expandidas por los poderes dominantes. Y de esta forma, se ven como "problemas" asuntos que, en realidad, han sido pre-fabricados por esos mismos poderes. Pues bien, el fundamentalismo islámico es un conjunto de intrincadas manifestaciones que abarcan no sólo lo político, sino también lo cultural, lo histórico, lo social, y lo económico, y por tanto, se nos manifiesta de forma muy compleja. 

 

Y precisamente debido a lo complejo del asunto, se trata muchas veces, sobre todo desde el punto de vista occidental, de forma banal, superficial y tópico. Al igual que el asunto de los refugiados, es un tema-idea-problema impuesto por los medios de comunicación de masas, sin duda con intencionalidad política manifiesta, y por tanto abordado de forma muy parcial y sesgada. De entrada, el fundamentalismo islámico se asocia según el imaginario colectivo occidental a atraso, barbarie, primitivismo, y se une a la noción de terrorismo. Todo fundamentalismo está ligado a purismo, fanatismo, ortodoxia, sectarismo. Por tanto, en una posición contraria a la tolerancia y la apertura. Suele asociarse al ámbito religioso, pero el fundamentalismo puede aplicarse a cualquier otra manifestación cultural. Etimológicamente podría entenderse como "retorno a las fuentes, a los orígenes, a los fundamentos", y en sentido estricto, tiene su origen en la publicación de unos panfletos religiosos en Estados Unidos durante los primeros años del siglo XX. Bajo el título "Los Fundamentos: un testimonio de la Verdad", esos documentos fueron escritos por pastores protestantes, y se repartían gratuitamente por las iglesias en contra de la pérdida de influencia de los principios evangélicos en dicho país. Era por tanto como una declaración cristiana de la verdad literal de la Biblia, y las personas encargadas de su divulgación fueron considerados como los "guardianes de la verdad". 

 

Como definición del fundamentalismo religioso, podemos tomar la de Ernest Gellner, que propone que "la idea fundamental es que una fe determinada debe sostenerse firmemente en su forma completa y literal, sin concesiones, matizaciones, reinterpretaciones ni reducciones". El Fundamentalismo presupone que el núcleo de la religión es la doctrina y no el ritual, y también que esta doctrina puede establecerse con precisión y de modo terminante. En este sentido, es plausible afirmar que todas las religiones, en mayor o menor medida, pueden comportar rasgos fundamentalistas. En Occidente, por ejemplo, el cristianismo ha conocido períodos históricos de fanatismo exacerbado e increíble intolerancia, como la época de la Santa Inquisición (instaurada durante el reinado de Isabel la Católica, y que existió durante más de tres siglos), que abrasó en la hoguera a 500.000 personas en nombre de la lucha contra el mal y el demonio, y en nombre de la "única fe verdadera", no sólo en nuestro país, sino allende los mares. Podemos concluir, por tanto, que el salvajismo fundamentalista no es patrimonio islámico. Porque incluso hoy día, criminalizar el uso del preservativo en el Tercer Mundo porque supuestamente es un "atentado contra la vida", tal como preconiza el Vaticano, en medio de una extendida pandemia de VIH/Sida como la que actualmente tenemos, ¿no es acaso un acto de criminal fundamentalismo cristiano?

 

Pero como decimos, el concepto de "fundamentalismo" no es exclusivo de las religiones, pudiéndose extrapolar a cualquier manifestación cultural, política, social o artística. De esta forma, cualquier idea, principio o valor que se defienda a ultranza, sin consideraciones ni mediaciones, sin adaptaciones ni actualizaciones, puede terminar siendo una postura absolutamente fanática, y por tanto, fundamentalista. Bombardear a población civil indefensa, hospitales incluidos, como hace Estados Unidos de forma frecuente (o como hizo con las bombas atómicas en Japón, o con miles de toneladas de napalm y agente naranja en Vietnam), sólo para demostrar "quién manda"...¿no se puede considerar una forma extrema y criminal de fundamentalismo político? ¿No son fundamentalistas los que se creen por encima de los demás, autorizados por Dios a ser los gendarmes del planeta, y extendiendo su dominación a sangre y fuego por los cinco continentes? ¿No son acaso fundamentalistas los que abogan por la instauración del libre mercado, la globalización neoliberal y la extensión del capitalismo sin límites, aún a costa de provocar empobrecimiento de países enteros, deudas insostenibles y desprecio por los derechos humanos? Como vemos, eso de ser "fundamentalista" tiene muchos matices. Es lo primero que hay que dejar claro. 

 

En el caso concreto del Islám, que es el que ahora nos ocupa, se define a sí mismo como una ideología que engloba religión, sociedad y política, y que se basa en su texto sagrado, El Corán. Pero éste no es un libro exclusivamente religioso. El profeta Mahoma, entre los años 622 y 632, organizó la sociedad musulmana con numerosas reglas sociales, y la tarea de un supuesto gobierno musulmán es organizar toda la vida social según esas normas, y expandir el Islam lo máximo posible, incluso a los demás ámbitos y manifestaciones de la vida: los medios de comunicación, la escuela, las relaciones interpersonales, etc. Es justo recordar también que (al igual que hicieron otras grandes civilizaciones a lo largo de la Historia) también el Islam nos dejó tiempos de grandeza extraordinarios, y desplegó durante siglos un poderoso potencial creativo, filosófico, científico y artístico, muy superior en su época al del resto de Occidente. De hecho, cuando en la actual Andalucía éramos Al-Ándalus, representábamos la región más culta y civilizada no sólo del resto de pueblos de la Península Ibérica (aún no existía eso que llamamos "España"), sino también de Europa. Al-Ándalus fue un centro social, cultural y artístico de primer orden, un vivero excepcional que unió los sedimentos culturales de la propia cultura andaluza de la época, con lo que nos trajeron los protagonistas de Oriente. Ahí están su colosal arquitectura, el álgebra, los avances médicos, sus aportaciones al arte flamenco, como testigos de un gran momento histórico de esplendor. No fue no obstante la única civilización esplendorosa de la antigüedad, también lo fueron China y otras culturas y civilizaciones, que sin duda, no pasan hoy por su mejor momento. Continuaremos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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